12 de febrero de 2019

Los 2 Mundos de Robin Starkley - Capítulo 12: Tú mismo




Estamos en el sótano de Ronald. Joseph, Eddy, Ronald y yo. es por la noche y estamos jugando al War of Empires. Parece que ha llegado el día y no está saliendo tan mal. El juego está bastante entretenido, mola más de lo que pensé en un momento y se me da bastante bien. Hay una mesa con sándwiches, panchitos, patatas fritas y cortezas de cerdo y también varias botellas de refrescos. No sé por qué me preocupaba. Es una fiesta normal y corriente.
Cuando termino mi turno, le paso el mando a Eddy para que juegue con Ronald y yo me levanto a coger más comida de la mesa. Me echo un par de sándwiches de Nocilla en un plato y me sirvo Fanta de naranja en un vaso de plástico. Y entonces me miro la entrepierna. Llevo puesto un pañal. Se me había olvidado que Mami me había puesto un pañal antes de venir. Me empiezo a poner muy nervioso y miro a mis amigos, pero están todos absortos mirando la pantalla y no se han dado cuenta de que llevo un pañal.
¿Ahora qué hago?
Disimular un pañal es cosa bien complicada, y mucho más los míos que son muy abultados. Me miro de nuevo la entrepierna y veo que el pañal se marca muchísimo por fuera del pantalón de pijama. De pronto ya no tengo hambre. Dejo el plato y el vaso de nuevo en la mesa y me cubro con las manos el pañal, una por delante y otra por detrás. Es una acción inútil. Mis pañales son enormes, y este, de hecho, abulta más que de costumbre, que ya es decir.
Oh, no… Se nota muchísimo…
No puedo quedarme aquí parado el resto de la noche, y más aún de pie, totalmente expuesto.
-¡Eh, Robin! –me grita Joseph-. ¿Vienes o qué? Eddy le está dando una paliza a Ronald y te va a tocar enseguida.
-Sí –contesto-. Voy… voy…
Y ando hasta el sofá donde están sentados, rogando de camino para que mis amigos no se den cuenta de que llevo un pañal. Llego hasta el sofá y me siento al lado de Ronald. El pañal hace mucho ruido. Van a descubrir que lo llevo, fijo.
-¿A qué se huele? –pregunta de repente Ronald olfateando el aire.
No, por favor…
-Parece pañal mojado –se responde él mismo-. Como los de mi hermano.
-Ya ves –corrobora Joseph-. ¡Qué peste!
-Pues no viene de muy lejos –dice Eddy, que de pronto ya no juega al War of Empires.
Oh, no…
Estoy muy inquieto, se me empieza a escapar el pipí.
-¡Joder, Robin! –me grita Joseph, y todos se giran-. ¿Te has meado encima?
-Yo… yo… -balbuceo.
-No es que se haya meado –dice Eddy-. Es que lleva puesto un pañal. ¡Fijaos! –y señala a mi entrepierna.
-No… No es un pañal… -trato de decir yo.
Estoy muy inquieto. Me levanto del sofá y voy andando hacia atrás tapándome con las dos manos la entrepierna, pues todos se han levantado y vienen hacia mí.
-¿Cómo no va a ser un pañal eso? Es enorme, joder –dice Joseph.
Los tres me arrinconan contra la pared. Yo sigo haciéndome pipí.
-¿Es que todavía llevas pañales? –me pregunta Ronald burlándose.
-No… No es eso… -respondo a punto de echarme a llorar.
-¡Eres un bebé que lleva pañales! –me grita Joseph, que no para de señalarme y reírse.
Yo me encojo en la esquina de la pared. El pipí sigue saliendo.
¿Pero qué me pasa?
-¡El bebé que lleva pañales! –vuelve a gritar Joseph.
-¡Lleva pañales, lleva pañales! –repiten a coro Ronald y Eddy.
No. Esto no puede estar pasando.
No.
NOOOOOO.
Mis tres amigos han llegado hacia mí. Yo no puedo echarme más para atrás ni encogerme más. Estoy desnudo. Solo llevo un pañal. Todavía sigo haciéndome pipí.
-Dejadme en paz, por favor… -les suplico, intentado cubrir el pañal con mis manos-. Os lo suplico, por favor…
Mis amigos siguen burlándose de mí, señalándome y riéndose socarronamente.
-Por favor…
No puedo soportarlo más. Todo mi mundo se está viniendo abajo. Al final ha pasado.
-No…
Mi vida se ha ido al traste.
-Nooo….
Mis amigos están sobre mí riéndose estridentemente y haciéndome burla.
-NOOOO….
Que alguien me ayude.
-¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!
Me incorporo de repente en la cama y noto como el chorro de pipí termina de salir y moja mi pañal. El corazón me late a mil. El chupete se me ha caído de la boca y estoy mojado y sudoroso. Wile no está a mi lado.
Me pongo a llorar.
Hago mucho ruido. Lloro de manera muy fuerte y llevándome las manos al pañal, como si todavía quisiera ocultarlo de mis amigos. Me dejo caer sobre las mantas y berreo con la cara aplastada sobre ellas. Noto las lágrimas cayendo por mis mejillas y mojando las sabanas. Estoy hecho un lío de mantas, mocos y lágrimas. Lloro muy fuerte.
Por favor, que venga alguien y me salve.
Me vuelvo a sentir solo y desprotegido, como en el sueño.
La puerta de mi cuarto se abre de un golpe y Mami aparece en el umbral, encendiendo  la luz de mi cuarto de un manotazo.
-¡Robin! –viene hacia mí corriendo y cerrándose la bata-. ¿Qué te pasa, mi amor?
Yo sigo llorando cuando me levanta en peso y me aprieta junto a ella.
-Ya está, cielo, ya está… -dice mientras me da suaves palmaditas en la espalda y se empieza a mecer conmigo en brazos-. Era una pesadilla… Ya está.
Yo no puedo dejar de llorar. Estoy solo y mis amigos han descubierto que llevo pañales. Siguen riéndose de mí. Oigo sus risas en mi cabeza y veo sus dedos señalándome mientras se mofan.
-Venga, Robin… Ya pasó –Mami sigue intentando tranquilizarme.
<<-¡Es un bebé, es un bebé! –sigo oyendo en mi cabeza>>
Estoy solo y expuesto. Desnudo y con un pañal.
Lloro contra la bata de Mami.
-¿Qué pasa? –oigo la voz adormilada de Elia.
-Tu hermano ha tenido una pesadilla –le dice Mami.
-Oh, pobrecito –siento unas manos acariciándome la espalda y un beso en la coronilla.
-No es la primera vez que le pasa –dice Mami.
-¿Le preocupará algo?
-Oh, ya lo creo que le preocupa algo –contesta Mami-. Venga, ayúdame a calmarlo antes de que despierte a todos los vecinos. Ya está, Robin –Mami me besa-. Ya está, mi bebé –me dice con voz flojita.
-¿Tiene el chupete? –pregunta Elia.
-Se le ha debido caer. Busca por las sabanas –contesta Mami mientras sigue meciéndome-. Ya pasó, bebé. Era solo una pesadilla.
-Pues aquí no lo veo –contesta Elia.
-Pues mira mejor –contesta Mami, que se está empezando a poner nerviosa. Yo no dejo de llorar-. Venga, Robin –se mece más rápido-. Ya está, bebé.
-Pues yo no lo veo –repite Elia-. Toma a Wile.
Un brazo de Mami se separa de mí y al volver, noto un bulto suave en mi espalda. Mami coge a Wile por su cinturita y lo pone delante de mía.
-Mira, Robin. Es tu amiguito.
Yo saco la cabeza de los pechos de Mami y lo miro mientras interrumpo mi llanto.
-Aquí está Wile –Mami lo agita delante de mis ojos-. No quiero que llores, Robin –dice Mami poniendo lo que para ella sería una voz de Wile.
Vuelvo a llorar. Wile no habla. Nunca ha hablado, ni en los Looney Tunes ni conmigo.
-Buen intento, Mamá –le dice Elia sarcásticamente-. No sé si has visto alguna vez los Looney Tunes, pero el Coyote no habla.
-Al menos intento hacer algo –responde Mami mientras vuelve a mecerme.
-Necesita el chupete pero no lo encuentro –Elia sigue removiendo las sabanas.
-Mira por el suelo, a ver si se le ha caído de la cama. Ya está, Robin.
Yo tengo el pañal muy mojado, y sigo estando indefenso delante de los que yo creía que eran mis amigos, mientras se ríen de mí y me señalan socarronamente, burlándose de mí y de mi pañal.
-¡Aquí está! –dice Elia triunfante-. Estaba debajo de la cama.
-Dámelo, rápido –Mami coge el chupete, le sopla un poco y me lo pone rápidamente en la boca-. Mejor así, ¿no?
Yo empiezo a chupar mi chupete muy rápido. El llanto se detiene de inmediato.
Chupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup.
Ya no estoy tan inquieto. Ya no estoy solo. Tengo mi chupete y estoy con Mami y Elia. Todo ha sido un sueño. Me tranquilizo poco a poco y chupo mi chupete. Mi respiración se vuelve pausada y vuelvo a abrir los ojitos poco a poco. Veo a Elia, que me mira y sonríe tiernamente. Levanto la cabecita y miro a Mami, que me mira con expresión aliviada y dulce.
-Ya está, mi bebé –me besa en la coronilla-. Solo ha sido un sueño. Una horrible pesadilla. ¿Estar mejor? –me vuelve a besar.
Estoy mejor pero aún me siento incapaz de hablar.
-Aaaay, atún, que un día nos vas a dar un susto de muerte –me dice mi hermana, y me besa también.
Yo apoyo la cabeza sobre las tetas de Mami y muevo mi chupete con la mirada perdida.
-Hay que cambiarle el pañal, que tiene pipí –dice Mami.
-Bueno, pero de eso ya te ocupas tú –contesta Elia mientras se dirige a la puerta-. ¿Qué es lo que le pasa? –pregunta antes de salir-. No es la primera vez que se despierta en mitad de la noche, pero nunca ha estado así de inquieto.
-Es por una quedada que tiene con sus amigos –contesta Mami mientras me deja suavemente en la cama. Yo agito mis extremidades inquieto al verme separado de su cuerpo, pero recuerdo que es porque van a cambiarme el pañal y me tranquilizo un poco-. Van a quedarse a dormir para probar no sé qué videojuego y tiene que dormir fuera con pañales.
-Joé, pobrecito –Elia me mira con ternura-. Bueno, me alegra que haya decidido por fin mostrarse tal como es… O parciamente como es. Me voy a la cama. Mañana nos vemos –y sale de mi cuarto.
-Hasta mañana, cariño.
Mami me baja los pantalones del pijama y descubre mi pañal. Me sube un poquito la camiseta para que no le moleste al despegar las cintas y me las abre. Frunch, frunch. Separa la parte de delante del pañal de mi cuerpecito y me levanta las piernas para sacarme el pañal entero. Yo muevo el chupete y miro al techo mientras ella me limpia. Me siento más tranquilo aunque todavía tengo el susto en el cuerpo por la pesadilla. Mami le da un toquecito al móvil de la cama y los avioncitos comienzan a girar. Lo miro y me calmo mucho más. Me trasmiten mucha paz y tranquilidad. Mami va al armario y regresa con un pañal. No alcanzo a ver si es de conejitos, ositos o cochecitos, camiones y semáforos, pero me d igual. Es un pañal al fin y al cabo. Mami lo abre y me lo pasa por el culete levantándome las piernas, luego lo pasa por delante y me lo sujeta muy fuerte con las dos cintas adhesivas.
-Ya está, bebé –me dice Mami a la par que me besa la barrigota-. Ya tienes tu pañal.
Yo intento sonreír un poco pero no me sale. Sigo aún algo inquieto. No quiero que Mami se vaya.
-Ahora a dormir, ¿vale, bebé? –Mami me sube los pantalones del pijama y me da a Wile-.Voy a arreglarte un poco la cama que está toda hecho un lío.
-Mami… -le digo muy flojito.
-¿Qué pasa, bebé? –Mami se gira rápidamente hacia mí con expresión preocupada.
-¿Puedo dormir esta noche contigo? Estoy un poco inquieto…
Mami me mira un segundo.
-¡Claro que sí, bebé! –me contesta efusivamente-. ¡Vente, vamos a la habitación de Mami!
Estiro los brazos para que Mami me aúpe y ella me coge en brazos, pone a Wile entre mi pecho y sus tetas y salimos de mi cuarto.
Voy a dormir con Mami, hacía tiempo que no lo hacía. En su cama grande.
Llegamos a la habitación de Mami y me deja sobre la cama. Yo agito mis piernas un poquito, feliz de poder dormir a su lado. La cama huele a ella y a pañales. Es un olor que se ha quedado adherido para siempre. Yo me encojo abrazando a Wile y muevo el chupete.  Mami se mete en la cama y nos cubre a los dos con la gran sabana. Gateo por debajo de ella hasta llegar a su lado y me acurruco al lado de su barriga, como si estuviera todavía en su vientre. Como si fuera el más pequeño de los bebés. Mami me da una palmadita cariñosa en el culete, por fuera de mi pañal y con ese brazo me acerca todavía más a ella. Yo me aferro más a Wile y balbuceo flojito.
-Shhh, mi bebé… -dice Mami con voz dulce-. Es hora de dormir…
Me acomodo abrazando con un brazo a Wile y paso el otro por la cintura de Mami. Mi cabecita reposa justo debajo de sus pechos. Mami me besa en la coronilla y ahora sí, después de una horrible pesadilla y tras recibir un cambio de pañal, mimos de Elia y Mami y estando acostado en su cama con ella, donde absolutamente nada ni nadie puede hacerme daño, chupo mi chupete hasta quedarme dormido.


*****


Mis amigos están ahora en mi habitación. Yo estoy en la cama, cubierto completamente con las sabanas e intentando respirar lo más flojito posible para que no se percaten de mi presencia. Con una mano abrazo a Wile contra mi pecho y con la otra intento que el chupete no haga ruido, pues estoy muy nerviosos y no paro de moverlo. Voy vestido únicamente con un pañal. Uno de ositos.
-Eh, ¿dónde está Robin? –oigo a Joseph preguntar.
-Ni idea –contesta Eugene, ¿qué está haciendo él aquí?-. Su madre nos dijo que iba a estar en su cuarto.
-¿Has mirado debajo de las sabanas, caaaabron?
¿También está César aquí?
<<-Por favor no levantéis las sabanas –pienso>>.
Me abrazo más fuerte a Wile, se me empieza a escapar el pipí. Noto como el pañal empieza a abultarse lentamente. Alguien aparta todas las sabanas a la vez de un tirón y me encuentro con todos mis amigos mirándome: Ronald, Joseph, Eddy, Johnny, Eugene, César y Miles. Yo me intento cubrir el pañal y empiezo a llorar mientras ellos me miran y se ríen de mí.
-¡El bebito que lleva pañales! ¡El bebito que lleva pañales! –repiten todos mientras me tiran de pañal.
-No… Dejadme… -les imploro-. Es mi pañal… Es mi pañal… Dejadme
Ellos me ignoran completamente y siguen tirándome del pañal, que yo sigo mojando.
-No… dejadme… Nooo…. ¡¡¡¡NOOOOOOO!!!!
Me agito convulsivamente en la cama de Mami y pataleo a diestro y siniestro. Noto como el pipí termina de salir. Estoy bocarriba y me agito inquieto.
-Robin… Robin… -Mami enciende su lamparita de noche y se gira hacia mí-. ¿Qué pasa, cielo?
-Mami… Mami, ayúdame –imploro con los ojitos aún cerrados.
-Es una pesadilla, mi amor –me dice Mami mientras me acaricia la barriguita.
Abro los ojos. La habitación de Mami está semi iluminada por la tenue luz de la lamparita de noche. Yo estoy algo sudoroso, aunque no tanto como antes, y no estoy tan inquieto porque tengo el chupete en la boca. Además de que estar en la cama de Mami me tranquiliza bastante. Exhalo aire un par de veces, dejando que salga por la boca mientras sujeto el chupete con los dientes. Mami me acaricia la barriga mientras me mira con gesto preocupado.
-¿Estás bien, Robin?
Estoy mejor que antes. Ha sido otra pesadilla.
-Sí –contesto con voz flojita mientras empiezo a mover mi chupete de nuevo-. Era una pesadilla.
-Mi pobre bebé –Mami me pasa unos dedos por el cabello-. Ven aquí.
Mami pone una mano en mi abultado culete y me atrae hacia ella. Yo encojo los bracitos y me dejo arrastrar por la cama. Cojo a Wile, que estaba entre Mami y yo, y lo pego a mi cuerpecito. Mami me pega al suyo, y cuando me tiene acurrucado y me ha cubierto de nuevo con las mantas, me da un cálido beso en la coronilla.
-¿Qué soñabas, bebé? –me pregunta.
Me cuesta recordarlo. Solo puedo acordarme de la sensación de angustia y vulnerabilidad al verme expuesto delante de mis amigos en pañales, como en las historias AB/DL que he leído por internet.
-Estaba en mi habitación y venían mis amigos y me veían de bebé –contesto muy flojito y muy rápido.
-Pobrecito –Mami me vuelve a besar-. Tranquilo que ahora estás con Mami y no te va a pasar nada –dice mientras me da unos suaves palitos en el pañal, y yo sé que sabe que tengo pipí.
Dejo que me mime un poquito mientras voy cerrando los ojos, intentando dormirme de nuevo. Rodeado por los brazos de Mami estoy tranquilo. Me siento muy protegido por todos lados, como si Mami hiciera un campo de fuerza con su cuerpo: su barriguita me cubre por delante, sus tetas por encima, con sus brazos me rodea la espalda y con su mano sujeta mi pañal por debajo.
-Mami, me he vuelto a hacer pipí –le digo muy flojito, a punto de caer de nuevo en otro sueño que esperemos no se convierte en otra pesadilla.
-Te cambio cuando nos levantemos, ¿vale, bebé? –me planta un beso en la frente-. Queda poco para que amanezca. Intenta dormir un poquito, cielo.
-Mami… -la llamo muy flojito, con los ojos cerrados y moviendo mi chupete pausadamente, al compás de mi respiración.
-Dime, bebé.
-¿Me cantas la canción del pañal?
Y Mami empieza muy flojito:
-Ni gota, ni gota. Ni gota ni gota….
Pero no alcanzo a oír el final. Ya me he quedado dormido.


*****


Me despiertan unos ruidos que se me antojan familiares pero los oigo muy lejanos. Me duele mucho la cabeza y estoy muy cansado. Parece que no hubiera dormido nada. Noto el pañal muy hinchado, he debido de hacerme pipí otra vez. En efecto, al cambiar de postura lo noto muy pesado, tirando de mí hacia abajo mientras intento dar la vuelta. Abro los ojitos un poco y veo la habitación de Mami parcialmente iluminada por la luz matinal que entra débilmente por los orificios de la parte de arriba de la persiana. Los ruidos familiares que escucho son Elia y Mami hablando en el recibidor. Si Mami está levantada, a mí no me debe de quedar mucho. Enseguida subirá para cambiarme el pañal, darme el biberón y prepararme para el colegio. Pero estoy taaaan cansado, y la cabeza me da vueltas… Solo quiero dormir…
La cama de Mami parece muy grande ahora que no está ella. Me siento un poco desprotegido. Quiero sitios pequeños, como mi cama, los brazos de Mami… O una cuna. Me abrazo a la almohada en un gesto inconsciente para buscar protección. Me imagino que es Mami. Hasta huele un poco a ella, pero también a Wile y pañales. Cierro los ojitos de nuevo para escapar de la luz. La maldita luz… Solo quiero oscuridad y dormir…
Las voces de mi hermana y Mami se vuelven cada vez más nítidas. Y entonces oigo que hablan de mí.
-¿Y eso? –pregunta extrañada mi hermana.
-Ha pasado muy mala noche, Elia. Después de acostarlo en mi cama, tuvo otra pesadilla.
-¿En serio? –la voz de mi hermana suena preocupada.
-Sí, y se volvió a hacer pipí. Voy a cambiarlo que le debe estar a punto de explotar el pañal.
Mami y Elia entran en la habitación. Yo me intento hacer el dormido, para no preocuparlas más, como si verdaderamente estuviese en un sueño profundo y hubiese descansado toda la noche.
-Robin… -Mami me zarandea delicadamente el hombro.
-Míralo, qué mono abrazando la almohada.
Yo balbuceo como si estuviese dormido un Qué pasa.
-Voy a cambiarte, cielo –me contesta Mami-. Hoy no vas a ir al colegio. Te dejo descansar.
Una noticia genial. Intento que no se me note la alegría continuando con mi fingido estado de sueño. Mami me destapa y me separa delicadamente de la almohada, poniéndome bocarriba en la postura del cambio de pañal. Yo balbuceo molesto pero ella me calma chasqueando suavemente la lengua. Mi hermana se une también para intentar calmarme y me pasa una mano por el pelo, acariciándome delicadamente el cuero cabelludo y pasándome los mechones por detrás de la oreja.
Es en momentos así, cuando soy totalmente el centro de atención, cuando recibo mimos por partida doble, de Mami y de Elia, cuando me siento un poco culpable por ser como soy. Si yo fuera un niño de 12 años normal y corriente, no estaría aquí siendo mimado por mi madre y mi hermana mientras me cambian el pañal. Para empezar no estaría ni en la cama de Mami, ni habría tenido pesadillas porque la expectativas de la Noche D me llenarían de emoción, no de miedo y pesares horribles de lo que podría pasar si me descubriesen llevando pañales, además la D sería por Diversión.
Porque si fuera un niño de 12 años normal, no llevaría pañales. Pero no, tengo que llevar un pañal y usar chupete como un bebé. Y Mami y Elia tienen que estar pendientes de mí y dejando de lado su trabajo y sus estudios respectivamente.
-No quiero que lleguéis tarde –les digo abriendo los ojos mientras Mami me limpia tras haberme quitado el pañal.
-No pasa nada, cielo –me contesta Mami-. Tenemos tiempo.
-Además –añade Elia-, ¿cómo te íbamos a dejar con ese pañalote lleno de pipí?
Las necesito.
Las necesito para que me cambien el pañal.
Soy un maldito bebé que no puede valerse por sí mismo.
Noto que me voy a poner a llorar otra vez. Muevo el chupete rápidamente para calmar mi ansia. Elia lo nota y coge a Wile para ponerlo entre mis brazos. Lo asgo contra mi pecho mientras Mami me levanta las piernas y me pasa el pañal por el culito.
Ahora no quiero ser un bebé. Quiero ser un niño normal. El arrebato de culpabilidad al ver a Mami y a Elia cuidándome a la vez, como si yo fuera un príncipe mimado y ellas las criadas que satisfacen mis deseos hace que me sienta muy miserable.
Ojalá no hubiera tenido esas pesadillas. Ojalá no hubiera tenido que venir a dormir a la cama de Mami. Ojalá no me diera miedo ir a dormir a casa de mis amigos. Ojalá no llevase pañales…
Cavo para buscar la raíz de todos mis males y siempre es la misma: el pañal. Mi condición de bebé.
No sabéis la suerte que tenéis vosotros de ser normales. De poder ir de campamento y dormir con vuestros amigos y que esas sean las mejores experiencias de vuestra vida. Yo nunca he podido hacer nada de eso porque soy un bebé que lleva pañales, como me gritaban mis amigos en mis pesadillas.
Tenían razón.
Ahora mismo me siento tan mal conmigo mismo que soy incapaz de sentir nada más. No es tristeza. Es una desolación personal al verme incapaz de llevar una vida normal. Al verme entre dos mundos pero con la sensación de que no pertenezco a ninguno.
No soy un niño de 12 años normal y corriente.
No soy un bebé normal y corriente.
¿Qué soy? ¿A qué mundo pertenezco?
¿Cuándo dejaré los pañales y el chupete?
Mami ya me ha terminado de cambiarme el pañal. No me he dado cuenta de que ha salido de la habitación porque estaba ocupado con mis cavilaciones mentales. Elia se ha quedado conmigo y sigue mimándome, y yo desearía que estuviese camino de la universidad, riendo con Clementine y con sus otros amigos, llevando en definitiva, una vida normal. Y no cuidando de su hermano de 12 años que todavía lleva pañales.
Entonces me di cuenta.
No estaba fastidiando solo mi vida. Estaba perturbándoles la vida a las dos personas que yo más quería en el mundo. Ellas se merecían una vida mejor.
Mami llegó con mi biberón. Agitaba la leche en su interior y venía hacía mí sonriendo, como si no le importase darle un biberón a un niños de 12 años. Como si le gustase.
-¿Te quedas tú con él? –le dice Elia-. Yo me tengo que ir a clase.
-Sí, vete tranquila –le dice Mami sentándose en el borde de la cama-. Yo le doy el bibe y me marcho. Voy bastante bien de tiempo.
-Vale –Elia se incorpora y se echa por el hombro el maletín con sus pesados libros de arquitectura-. Hoy volveré tarde. Pórtate bien, atún.
-Adiós, cariño.
Elia sale del cuarto y Mami y yo la oímos escaleras abajo cerrar la puerta de casa de un portazo, como es su estilo. Mami centra ahora toda su atención en mí, que la miro anhelante, pensando en todo en lo que me acabo de dar cuenta, mientras muevo mi chupete en silencio. El pañal sigue al descubierto. Lo miro, es uno de conejitos.
-¿Te apetece bibe, Robin? –me pregunta Mami pasándome una mano por la barriguita.
-Me lo puedo tomar yo, Mami –le digo-. Tú vete al trabajo.
-No pasa nada, Robin. Ya te he dicho que voy bien de tiempo.
-Pero es que…
-¿Qué te pasa en esa cabecita? Que noto enseguida cuando estás dándole vueltas a algo.
-Lo siento.
Mami deja el biberón sobre la mesita de noche y se acomoda en la cama a mi lado sujetándose la cabeza con el codo apoyado en el colchón y mirándome a los ojos. Le da igual si se le arruga el batín de enfermera.
-¿Qué sientes?
-Todo –las lágrimas comienzan a brotar.
-Robin… -Mami me pasa el pelo por detrás de la oreja y sus ojos comienzan a humedecerse también.
-Las pesadillas, dormir en tu cama, los pañales, el biberón… Todo… -ahora sí, lloro expulsando todo lo que tengo dentro-.
-Mi amor… -Mami se acerca a mí, me coge de la cabeza y me aprieta junto a su pecho.
-Siento que tengáis que estar cuidando de mí… Tú y Elia… -mi voz suena ahogada, casi ininteligible entre el llanto, el chupete y una teta de Mami aplastada contra mi cara.
-¿Cómo no voy a cuidar de mi hijo? ¿Cómo Elia no va a cuidar de su hermano pequeño?
-Pero llevar pañales todavía… Venirme a tu cama por una pesadilla… ¡Eso es de bebés!
-Tú eres mi bebé.
Mami lo dice en serio. Soy su bebé. No le importa tener que estar cambiándome los pañales o consolándome después de una pesadilla.
Mi Mami.
Me lanzo a su cuello y casi estamos los dos a punto de caernos de la cama. Yo apoyo la barbilla sobre su hombro y dejo las lágrimas salir.
La culpabilidad sigue royéndome el cerebro. Si fuera un niño de 12 años como los demás nada de esto habría pasado. Pero eso significaba dejar de usar pañales, chupete y bibe, y perder también todos los mimitos que Mami le hace a su bebé. Pero ser un bebé con 12 años significa también no poder hacer una vida de un niño de 12 años normal, por mucho que Mami se empeñe. No puedo quedarme a dormir fuera de casa. Tú a un bebé no le dejarías irse a dormir con sus amigos. Pues yo no soy ni un niño de 12 años ni tampoco un bebé. Me debato continuamente entre dos mundos, como la portada de ese cómic de Spiderman en Civil War donde aparece en el centro mientras los superhéroes de ambos bandos tiran de él a cada lado, y el pobre Spidey sin poder hacer nada, partido en dos, llevando el traje de Iron Spider por un lado y su traje clásico por la otra.
Mami y yo seguimos un rato abrazados. Las lágrimas han establecido una tregua y han cortado ambos manantiales que circulaban por mis mejillas. Mami me cambia de postura mientras ella se sienta sobre su cama con las piernas cruzadas y a mí me coloca sobre ellas. Luego estira el brazo hasta la mesita de noche y coge mi biberón, que acerca a mis labios. Yo los rodeo en torno a la tetina. Comienzo a desayunar.
Como un bebé. Como he desayunado toda mi vida.
Pienso en mis amigos. Me los imagino aquí, mirándome mientras me tomo el biberón en brazos de Mami llevando un pañal. Pienso en la vergüenza ajena que les daría y en como eso rompería para siempre el devenir de mi mundo. Habría un antes y un después tras ver a Robin Starkley siendo un bebé.
No tenéis ni idea de lo que es ocultar una parte tan importante de ti mismo; ocultarte tú mismo, de hecho. Ocultarte a ti mismo de tus amigos. Viviendo una mentira de la puerta de tu casa hacia fuera.
Robin Starkley, el niño de 12 años que juega al futbol y a videojuegos.
Una máscara para ocultar a Robin Starkley, el bebé que lleva pañales y usa chupete.
Dos caras de una misma moneda que en el mundo exterior siempre cae hacia arriba, ocultando mi pañal por la parte de abajo.
¿Quién soy en realidad?
Vivo dos vidas y camino por la frontera que las separa, escorándome en cada momento hacia un lado, como si mis dos vidas fueran dos países a punto de atacarse mutuamente, y mi máscara el muro de Berlín que las mantiene a raya, en una especie de guerra fría en mi interior.
Me acabo el biberón y Mami me echa los gases y después me pone el chupete, me carga en peso y se vuelve a inclinar para coger a Wile de su cama y nos dirigimos los tres a mi cuarto.
-He llamado a la tía Marie para que venga a cuidarte, Robin –me informa Mami-. Yo me tengo que ir ya, pero ella llegará enseguida. Supongo que vendrá con la pequeña, Felicia, que todavía no va a la guardería –Mami me recuesta en mi cama, que tiene todas las sabanas en su sitio y luce un aspecto muy diferente al de ayer por la noche-. Me gustaría que durmieras y descansases, ¿vale? –me arropa-. Si hay que cambiarte o algo, díselo a ella, por favor, no te cortes. Tiene dos niñas pequeñas y está más que acostumbrada a cambiar pañales.
No me hacía especial ilusión tener a mi tía en casa, pero mejor ella que Gayle o cualquiera de sus hijas metomentodo y de miradas altanas. Además, la hija mayor, Laëtitia, no vendría, que siempre me tenía que ver con pañal o informarle al mundo de que llevaba uno puesto.
Además, estoy tan cansado…
Solo quiero dormir…
Pongo a Wile a mi lado y lo aferro con un bracito. Luego me acomodo y empiezo a mover el chupete para quedarme dormido.

5 de febrero de 2019

Los 2 Mundos de Robin Starkley - Capítulo 11: Es lo que tienen los bebés




Ronald, Joseph, Eddy, Miles y yo estamos sentados en las escaleras del patio. Es la hora del recreo y miramos como los demás juegan al fútbol. Nos hemos apartado del resto de gente a propósito, para poder hablar de la noche del War of Empires, a la que llamaremos a partir de ahora Noche D, por Desgracia y por Desastre.
El problema es que Miles se ha quedado con nosotros porque está cansado del fútbol y los chicos mayores no le dejan jugar al baloncesto con ellos, así que estamos todos hablando de otras cosas mientras hacemos tiempo a ver si le da por ir al baño, comprarse el almuerzo o simplemente irse a otro sitio.
-Entonces Arrow, bueno, ya es Flecha Verde, se descuelga y va tumbando uno por uno a todos los gánsteres que le van saliendo –esto lo digo yo, que si no puedo hablar de videojuegos mi único otro tema de conversación por el que no me llamarían bebé (o no tanto) son las series de la tele.
-Joder, Robin –me dice Joseph-, no sé cómo puedes ver las series esas de The CW. Son tan cutres….
-Bueno, pero a mí me entretienen –respondo.
-Para eso ponte a ver… No sé… Narcos o algo así en Netflix.
-No me gustan las series de droga y de matar por matar.
-Claro que no. porque eres un niñito pequeño que solo ve superhéroes.
-Tú también ves cosas de Superhéroes, Joseph –le dice Eddy-. Nos insististe a todos para ir a ver la nueva de Los Vengadores al cine.
-Pero eso es distinto, croqueta –le replica Joseph.
-¿Por qué es distinto, cara de palo? –le espeta Eddy, que no se achanta ante él.
-Venga tíos, dejadlo ya –les dice Ronald a los dos.
-¡Joder! –exclama de pronto Miles-. ¡Vaya puñado de frikis! Me largo antes de que alguien me diga que no puedo estar sentado aquí porque es su sitio –se levanta-. Me largo a jugar a fútbol. Será mejor que estar aquí aguantando paridas de superhéroes.
Se larga.
-Será subnormal el tío –dice Ronald cuando se asegura de que Miles no puede oírle-. A veces me dan ganas de estrellarle la cabeza contra un bordillo, en plan American Story X.
-Déjalo –Joseph mira también a los chicos jugar-. En parte tiene razón, somos unos malditos frikis.
-Frikis son ellos con su Messi juega mejor que tal o Buffon ha estado en tal equipo, luego en cual y luego en pascual. O saberse de memoria todas las copas que ha ganado el Manchester United y qué jugador marcó o dejó de marcar. Me dirás que eso no es también de frikis –dice Eddy con asco.
-A lo que vamos, chicos –Ronald da una palmada y se frota las manos-. Ya tenemos fecha para la noche del War of Empires.
-¿De verdad? –Eddy y Joseph se acerca a Ronald y lo miran emocionados y yo no puedo por menos que fingir que también lo estoy.
-Así es –sigue Ronald-. Mi madre se puso un poco pesada porque tiene que cuidar de Stuart… Ya sabéis, pañales, biberones, todo eso… -yo agacho la cabeza un poco para que no me vean enrojecer, como siempre que alguien menciona la palabra Pañal, o Biberón. O cualquiera relacionada con bebés-. Entonces estaba un poco reticente, pero a base de ser pesado y tener que sacar la basura todos los días y limpiar el desván unas cuantas veces, he conseguido que me deje.
-¡Toma ya! –Joseph le da una palmada en el hombro-. ¡Sacrificándose por el equipo!
-Entonces ¿cuándo va a ser? –pregunta Eddy.
-Este finde no, mi madre recibe a un hermano de Oregón. Será el siguiente. ¡No hagáis planes para dentro de dos findes porque vamos a pasar la noche más memorable de nuestras vidas!
-¡¡SÍÍÍÍ!! –gritan Joseph y Eddy y nos cogen a todos para un abrazo colectivo.
-¿A qué sería la hostia si ahora estos tíos te regalan otro juegazo?-le pregunta Joseph a Ronald una vez nos hemos separado.
-No creo que vaya a tener tanta suerte.
Guarda un poco de suerte para mí, Ronald. La voy a necesitar.


*****


Cuando llego a casa estoy muy inquieto, así que lo primero que hago es ponerme el chupete y lo segundo tirarme sobre la cama a chuparlo y ver los avioncitos girar.
Al final ha pasado. Está ya aquí. Uno de los momentos que más temía en mi vida ha llegado.
Es pensar en estar delante de mis amigos llevando un pañal y se me revuelve el estómago. Es una pesadilla hecha realidad.
Van a ver el otro lado de Robin.
El Robin bebé.
¿El verdadero Robin?
Últimamente no sé si soy el Robin de 12 años que sale con sus amigos, va al colegio y juega a videojuegos o el Robin que necesita pañales, chupete y que su Mami le dé un biberón.
Conforme se acerca la fecha de la Noche D mis dos mitades están cada vez más difusas, preparándose para chocar. Y quién sabe cuál será el producto resultante de esa colisión.
Es como una fuerza irresistible chocando contra un objeto inamovible, siendo la fuerza irresistible los planes sociales y el objeto inamovible un pañal que tengo que llevar para dormir.
Bueno, y para hacer caca, y cuando me siento inquieto… Pero ahora solo me preocupa tener que llevarlo para dormir.
Como si no fuera bastante ya.
-¿Qué hago, Wile? –le pregunto a mi peluche. Lo abrazo luego contra mi pecho sintiendo su contacto-. Tú no llevas pañales y no tienes estas preocupaciones. Solo eres un peluche. Y yo soy un niño y un bebé a la misma vez.
Oigo a Mami que me llama para comer y me apresuro a bajar las escaleras.


*****


-¿El chupete en la mesa, Robin?
Me lo quito y bajo la vista hasta las mini hamburguesas que hay en mi plato.
Mami me compra todavía comida de niños pequeños. También tengo trocitos de pescado con forma de pececitos y estrellas de mar y a veces me compra algún huevo de chocolate con sorpresa en el interior.
Sin embargo no puedo estar con un chupete en la mesa.
-Mami –le digo con voz flojita-, ¿después de comer puedes ponerme a dormir la siesta?
-Claro, Robin –me contesta. Luego me mira algo preocupada-. ¿Te pasa algo?
-Estoy un poquito inquieto –le digo bajando de nuevo la cabeza.
-¿Y eso?
-Dentro de dos fines de semana es lo de Ronald… ¿Qué voy a hacer?
-¿Cómo que qué vas a hacer? Pues ir.
-¿Con pañal?
-No puedes dejar de hacer vida normal por llevar pañales para dormir, Robin.
-Pero se van a reír de mí…
Dios, se van a reír mucho.
No quiero.
No quiero y no quiero.
Necesito mi chupete.
Hago ademán de cogerlo y veo que Mami no me dice nada. Me lo pongo en la boca y unas lágrimas empiezan a salirme de los ojos. Lo muevo en mi boquita.
Chup, chup, chup, chup, chup, chup, chup
Mami no me dice nada. Ni siquiera que me lo quite en la mesa. Me mira, compasiva y con un deje de tristeza mientras su hijo de 12 años chupa un chupete.
-Robin… -me dice flojito al cabo de un poco-. Son tus amigos, no se van a reír… A Ronald lo conoces desde hace seis años… Os han puesto pañales a los dos juntos.
-Eso fue hace mucho –contesto mientras sorbo los mocos.
-Da igual, eso es un vínculo. Ronald y tú sois como hermanos. De pequeños os decían Ro-Ro.
Suelto una risita nerviosa.
-Odiaba eso.
Mami sonríe también.
-Lo sé.
-¿Y Joseph?
-Lo aceptará también –me responde.
-¿Y Eddy?
-¿Eddy es el nuevo que no conozco?
-Ha ido a nuestra clase siempre, pero ha empezado a salir con nosotros este año. No sabíamos que le gustaban los videojuegos.
-Pues lo aceptará también.
-¿Cómo lo sabes?
-Son tus amigos.
-No –respondo-. Son los amigos del Robin de 12 años, no del Robin bebé.
-Son el mismo Robin –me dice Mami.
Sigo chupando mi chupete. He perdido el apetito.
-Díselo –me dice Mami-. Diles que tienes que llevar pañales para dormir. No hace falta que les digas nada más. No les hables del chupete, no les hables del biberón.
-¿Es necesario que se lo diga?
-Yo no te voy a obligar, esa es tu decisión –me dice Mami-. Pero a esa quedada tienes que ir. El pañal no puede evitar que hagas una vida normal –me repite.
-Prefiero no decírselo –digo.
-Como tú quieras.
-¿Entonces? –la miro a los ojos moviendo el chupete.
-¿Entonces qué?
-¡¿Cómo lo vamos a hacer para ponerme el pañal?!
Mami hace una pequeña pausa.
-¿Quieres que te lo ponga yo o la madre o el padre de Ronald?
-¡¿¿Has perdido la cabeza??! ¡¡Pues tú!!
Mami asiente.
-Pues me tocará quedarme arriba con los padres de Ronald hasta que sea la hora de acostaros.
-¿Lo harás? –le pregunto anhelante.
-¡Pues claro que lo haré! He hecho cosas más duras por ti, ¿sabes? Te di a luz.
-¡Mami, esto es serio! –protesto.
-Vale, vale –asiente, aunque aún sonríe-. Lo siento.
-Vale. ¿Entonces qué? –quiero que todo el plan esté lo más claro posible para así estar más tranquilo aunque sé que eso es imposible.
-Entonces me quedo, os acostáis, y cuando se duerman subes arriba, te pongo el pañal, bajas y te vuelves a acostar –me mira-. Es lo único que se me ocurre.
-Está bien.
No es el mejor plan del mundo pero a mí no se me ocurre otro mejor.
-Pero no te vayas a quedar durmiendo cuando os acostéis –me advierte Mami-. Porque me tocará bajar a buscarte y si tus amigos aún están despiertos me verán ahí. O aún peor, puedes hacerte pipí –me mira y yo he dejado de mover el chupete. No había caído en esa laguna del plan-. ¿Puedo confiar en ti para eso, Robin? –me pregunta seriamente.
Sí, puede confiar en mí.
Y además no me queda otra.
-Sí –respondo.
Mami asiente y vuelve a su plato.
Yo miro mis mini hamburguesas pero no tengo ni pizca de hambre. Vuelvo a mover mi chupete y estoy inquieto.
Quiero pañal.
-Mami –ella me mira-. ¿Puedes acostarme a dormir la siesta?
-Pero si no has comido nada, Robin –me dice Mami.
-No tengo hambre –respondo flojito-. Estoy inquieto.
-Está bien –se levanta y viene hacia mí-. Vente, vamos –y me ofrece su mano.
Yo la cojo y andamos los dos juntos hasta mi cuarto. Allí, como siempre: me tumbo bocarriba y espero a que Mami me ponga el pañal.
Regresa a la cama con un pañal de ositos. Me baja los pantalones y me quita los calzoncillos. Después abre el pañal y me lo pasa por el culito levantándome las piernas, luego me lo pasa por la entrepierna y me lo abrocha muy fuerte con las cintas.
Ya llevo un pañal.
El bebé ya lleva su pañal.
Me siento más seguro.
El pañal me protege, pienso con mi vocecita de bebé.
No sabía que la tenía también en mi cabeza.
-El bebé ya lleva su pañal –le digo a Mami con mi voz de bebé llevándome las manos al pañal.
-Claro que sí –Mami me da un beso de esquimal y luego uno normal en la barriguita-. El pañal para mi bebé.
Yo me incorporo sentado en la cama y Mami me quita la camiseta y me pone la parte de arriba del pijama. Yo la dejo hacer mientras muevo mi chupete sin pensar en nada. Después me vuelvo a tumbar en la cama y Mami me pone los pantalones del pijama. Me da una palmadita en el culete, sobre el abultado pañal, por fuera del pantalón, y yo gateo hasta dentro de las sábanas. Cojo a Wile y lo pongo a mi lado. Mami baja la persiana y sale de la habitación, dejándome a oscuras.
Y dentro de la cama, yo no tengo sueño.
Solo quería estar cobijado, con mi pañal, Wile y mi chupete.
Me palpo la parte de delante del pañal y disfruto de la sensación de seguridad que me da llevarlo puesto. Gateo dentro de las sábanas y balbuceo un poco como un bebé.
Ahora soy un bebé.
-Soy un bebé, Wile –le digo-. Y Mami me tiene que poner pañales porque soy un bebe –me río con mi risita traviesa de bebé.
Ahora me da igual la Noche D o cualquier otra cosa. Soy un bebé y los bebés no tienen preocupaciones.
Me pongo a jugar debajo de las sábanas al Sr.B. Es un juego que me inventé hace muchos años, cuando vi un capítulo de Código KND en el que los chicos del barrio se enfrentaban a un adulto pero en un cuerpo de bebé, que llevaba pañales y todo. El juego consiste básicamente en ser el Sr.B y tener a dos cuidadores-secretarios que me sacan de la cuna, me cambian el pañal, me ponen el chupete y me dan el biberón. En la serie solo aparece llevando pañales pero yo le he añadido todo lo demás, porque ser un bebé sin usar chupete, tomar biberón o dormir en cuna no le veo mucho sentido.
Me invento situaciones de lo más dispares porque el Sr.B solo aparece en un capítulo, así que se me tienen que ocurrir más ardiles para poner en aprietos al Comando KND y que a mí me tengan que cambiar el pañal. Ahora mi cama tiene un móvil así que juego a que en realidad es una hélice y estoy en una cuna, y así puedo escapar del Comando KND.
Ojalá tuviese una cuna…
Cuando no se me ocurren más ideas para jugar, me abrazo a Wile de lado y muevo mi chupete, dejando la mente en blanco, disfrutando del momento. Me entran ganas de hacer pipí así que me lo hago encima.
Entonces oigo que Mami está hablando por teléfono en el salón. Debe de ser por teléfono porque no he oído la puerta de casa abrirse. Mami no suele hablar por teléfono a estas horas porque es su momento para ver Downton Abbey, así que debe ser importante.
No teniendo nada mejor que hacer, salgo de la cama, notando que el pañal pesa mucho más a causa del pipí.
Esto, si durmiese en una cuna no podría hacerlo.
Cojo a Wile entre mis brazos y abro la puerta de mi cuarto sin hacer ruido. Llevando calcetines y teniendo el suelo de moqueta, no se me oye andar. Solo el sonido que hace el pañal, que viene fatal cuando se quiere pasar desapercibido, pero aun así Mami está en el salón y no lo oye.
-¿Y entonces Stuart está bien?
Mami debe de estar hablando con la madre de Ronald.
Pausa. La madre de Ronald le estará contando cómo está su hijo pequeño.
-Es normal, hija. Es lo que tienen los bebés –pequeña pausa-. Sí, por eso. Que estamos curadas en salud en lo de cuidar bebés.
¿Qué le está diciendo?
Estoy inquieto. Si Mami ha llamado a la madre de Ronald para lo creo que lo ha hecho, le va a decir enseguida que Robin, el mejor amigo de su hijo, con 12 años todavía lleva pañales.
-Sí, bueno, Joseline. Te llamaba para saber cómo estabas, porque llevamos mucho tiempo sin hablar. Los críos son ya mayores y no nos necesitan –pausa-. Ajá.
Me siento en la escalera, con abrazado a Wile, intentando no perderme palabra de la conversación.
-Sí, ya me ha contado Robin lo de que han quedado para jugar los juegos esos raros que les gustan –pausa-. Nada, mujer. Si el follón lo tienes tú con los críos allí metidos –la madre de Ronald habla-. Claro, si lo haría aquí pero yo es que no tengo sótano y allí los críos están más a su bola.
Pausa. Hablan por el otro lado
-El caso es, Joseline, que te llamaba por Robin –pausa-. Oh, no. nada malo –le dice Mami-. Es solo que… A ver… Bueno, que el niño todavía usa pañal para dormir…
Ya está. Ya lo ha hecho.
Se me sale un poquito de pipí.
-Sí… Entonces… Bueno, ya sabes cómo son los críos… Robin no quiere que se enteren.
Primera persona fuera de mi familia que sabe que llevo pañales.
Con 12 años.
-¡Claro! –exclama Mami-. Si yo le he dicho que no pasa nada, pero Robin no quiere decírselo… Entonces he pensado que… -se interrumpe-. No, no… Quiere que se lo ponga yo… -se vuelve a interrumpir-. Exacto, sí… He pensado en quedarme allí hasta que los otros se duermen y ponerle el pañal en una habitación o… -la madre de Ronald le dice algo-. Claro, y al día siguiente pues tendría que ir antes de que se despierten los demás y quitárselo, qué remedio –la madre de Ronald vuelve a hablar-. Un follón, sí. Pero lo que no hagamos por los hijos…
Me empiezo a sentir mal…
Miro mi pañal y por un momento lo odio.
No quiero pañal.
No quiero ser un bebé.
Quiero ser un niño normal…
-No, él no quiere que se lo pongas tú. Le da vergüenza… -pequeña pausa-. Sí, bueno, normal… ¿Entonces no habría problema con esto? –la madre de Ronald contesta-. Pues muchas gracias, mujer. De verdad sé que es un follón, te lo agradezco mucho… -Joseline le dirá que de nada-. Ya, pero bueno, es complicado todo esto… -pausa-. Oh no, no es que Robin esté enfermo ni nada, es solo… Bueno... que… se hace pis en la cama.
Ya he oído bastante.
Ahora se pondrán a hablar de lo pobrecito que soy teniendo que llevar pañales para dormir. Me sé esa conversación de memoria. Mami la ha tenido con todos mis tíos.
Vuelvo con Wile y mi pañal a mi cuarto, que ahora pesa más que nunca y no solo por el pipí que lleva dentro.
Ser un bebé está bien.
Pero a veces… a veces desearía poder dormir siempre con calzoncillos.


*****


Al final me quedé dormido.
Mami me despierta meciéndome el hombro y yo abro los ojitos adormilado. Las sábanas están hechas un amasijo, yo estoy repantingado en la cama y Wile está en el suelo.
Me siento mojado.
Mami pone una manita sobre el pañal.
-¿Cuánto pipí te has hecho? –me pregunta, aunque yo sé que es una pregunta retórica-. El pañal ha estado a punto de desbordarse… Menos mal que son buenos…
Como respuesta, yo muevo mi chupete con los ojos medio cerrados.
-Voy a cambiarte antes de que te irrites, cariño.
Mami va hasta el armario y regresa con otro pañal también de ositos. Lo deja a mi lado y comienza a quitarme el mojado.
Me desabrocha las cintas, me lo abre, me levanta las piernas y me lo extrae.
-Uy, sí que pesa –dice mientras lo sostiene con una mano-. ¿Pero cuánto pipí se ha hecho mi bebé? –de nuevo es una pregunta retórica.
Su bebé.
-Venga, vamos a limpiarte enseguida y a ponerte otro pañalito.
Mami hace exactamente lo que dice: me seca muy bien y me pone otro pañal.
Yo me siento mejor.
Se me escapa una risita de bebé.
-Me encanta verte reír, bebé –me dice Mami y me da un besito en la barrigota.
Luego me hace muchas cosquillas, en la barriguita y en los costados. Yo me río, agitando mis extremidades como un bebé.
¿Qué me pasa?
Hace… bueno, hace no sé cuánto tiempo porque no sé lo que que he dormido, pero hace un rato estaba renegando de ser un bebé, y ahora no puedo imaginar nada mejor que llevar un pañal y poder comportarme como un bebé.
-A gu gu –balbuceo.
-¿A gu gu? –Mami me mira y sonríe-. ¿Qué quiere mi bebé?
-Gu gu ga –balbuceo de nuevo con mi chupete-. Ga ga.
Solo quiero ser tu bebé, Mami.
Mami empieza a hacerme pedorretas en la barriguita. Yo me río más y pataleo.
Al final me voy a hacer pipí encima.
Mami termina con las cosquillas y vuelve a mirarme, sentada en la cama apoyada con un brazo mientras que con la otra me acaricia el pelo.
-Qué mono eres, bebé.
Yo balbuceo de nuevo, con el chupete lleno de saliva.
Mami se percata y me lo quita. Sé que va a limpiarlo pero durante el tiempo que no lo tengo en la boca hago el gesto de chuparlo con los labios. Mami lo limpia en su camiseta y me lo vuelve a dar. Lo recibo anhelante y lo chupo más rápido.
-¿Tiene hambre mi bebé?
La verdad es que sí. No he comido casi nada.
-Ga ga –contesto.
-Mami te ha preparado un bibe –me dice mirándome con avidez-. ¿Quieres que Mami te dé el bibe?
-¡Ga ga! –contesto emocionado.
Bibe con Mami.
Mami me coge en peso y me levanta. En sus brazos, con mi pañal apoyado en su antebrazo, bajamos las escaleras y llegamos al salón. En la televisión está Downton Abbey pausada y en la mesa mi biberón caliente.
Mami se sienta en el sofá y me coloca sobre su regazo. Yo muevo mi chupete inquieto. Hasta que Mami no lo ha dicho, no he caído en el hambre que tengo. Quiero mi bibe.
Mami coge el biberón de la mesa y comprueba la temperatura vertiendo un par de gotitas en su muñeca.
-Está perfecta –me quita el chupete de la boca con cuidado y lo deja sobre la mesa-. Abre la boquita, bebé –me dice, aunque no hace ninguna falta.
Abro la boca y recibo el biberón. Mami me lo da con una mano mientras que la otra sujeta mi cuerpecito. Yo tengo los brazos rodeando su cintura y la miro a los ojos mientras chupo la tetina, tomándome la leche.
Mami me mira con amor mientras me acurruca y me alimenta. De vez en cuando me da un besito en la frente o me aparta un mechón de pelo de la boca. Yo me río y unas gotitas de leche se desprenden por la comisura de los labios, y ella me la limpia y me vuelve a dar un beso.
Cuando me acabo el biberón, Mami me hace expulsar los gases y se sienta conmigo encima a seguir viendo la serie de la profesora de Harry Potter.  A mí me entran ganas de hacer caca, pero llevo un pañal y soy un bebé, así que me la hago encima.
No voy hasta mi rinconcito, no.
¿Para qué?
Soy bebé que lleva pañales porque se hace pipí y caca encima.
Así que me hago caca allí.
No recuerdo cuando fue la última vez que me hice caca en el mismo sitio en el que me habían entrado las ganas, no en mi rincón. Normalmente, si estoy en la cama con un pañal y tengo que hacer caca sí que me la hago allí, porque me da pereza salir levantarme y ya llevo puesto el pañal.
Pero ahora es la primera vez que decido hacerme caca en el mismo sitio en el que estoy, y eso es algo que nunca había podido hacer porque siempre tengo que hacer caca estando solo.
Pero ahora me la he hecho aquí. Encima de Mami.
Dejo que la caca salga y la voy sintiendo reposar en el pañal, sobre el regazo de Mami.
Cuando termino la miro.
-Mami. Caca.
-¿Tienes que hacer caca, bebé? –me pregunta acariciándome un mechón de pelo.
-No, ya me la he hecho –respondo.
Mami olfatea el aire, luego baja su cabeza y pega la nariz a la parte trasera de mi pañal.
-¿Te has hecho caca, Robin? –me pregunta extrañada-. ¿Aquí?
-Sí –respondo flojito-. ¿Qué pasa?
-Nada, cielo, nada –me responde, y la extrañez desaparece parcialmente de su rostro-. Es que como siempre te vas a hacer caca a tu rinconcito, me ha sorprendido que te la hagas aquí, pero bueno, llevas puesto un pañal, así que lo mismo da. Te cambio, ¿no?
-Sí –respondo poniéndome el chupete.
Mami me lleva de nuevo en brazos hasta mi habitación, y yo puedo sentir en el culete toda la caca. Mami me deja sobre la cama y me cambia.
Me cambia como siempre, con ternura y mimos. Sea caca o pipí. Mami se asegura que quede bien limpito antes de ponerme el otro pañal, y cuando lo hace, firma el cambio con un besito en la tripita.


*****


Es la hora de dormir. He pasado toda la tarde siendo un bebé. Primero con Mami en el sofá viendo la serie esa tan aburrida. Después ha legado Elia y hemos estado los tres. Ellas me hacían cosquillas y yo me reía como un bebé y pataleaba. No he hablado más allá de decir Mami, pipí cuando he mojado el pañal, todo lo demás han sido balbuceos y gimoteos. A Elia también le ha gustado. A pesar de lo que diga, sé que le encanta verme como a un bebé. Luego Mami se ha ido y yo me he quedado con Elia jugando. Ella se señalaba partes de la cara y yo le tenía que decir cómo se llamaban.
Yo se las señalaba con el chupete y mi vocecita de bebé.
Como a un bebé cuando le enseñas palabras.
Como hacía con ella las mañanas que pasábamos solos en casa de tía Gayle.
Mami ha traído la cena al salón y hemos cenado los tres juntos en el mismo sofá mientras veíamos Mulán, una de mis películas favoritas.
Mami me está cambiando de pañal para irme a dormir. Yo espero dócil a que termine para poder tomarme el bibe que reposa sobre el escritorio, al lado del trabajo de historia de un niño de 12 años.
-He hablado con la madre de Ronald esta tarde, Robin –me dice mientras me empieza a poner el pañal nuevo, uno de conejitos.
Mami me cuenta toda la conversación que ha tenido por teléfono y yo finjo no saber nada.
-Entonces hacemos eso –dice mientras me abrocha las cintas sobre los conejos sujetando las aes, bes y ces-. Te pongo el pañal cuando se vayan a dormir y luego te lo quito antes de que os levantéis. Te diré la hora para que te pongas una alarma en el móvil.
No digo nada. Muevo mi chupete pensativo.
Me viene de nuevo la inquietud.
¿Por qué no puedo ser un bebé normal y corriente?
Con mis pañales, mi chupete y mi biberón.
Con Wile haciéndome compañía y con un móvil de avioncitos sobre mi cama.
Con Mami cambiándome el pañal y haciéndome muchas cosquillitas.
A veces… A veces desearía llevar siempre un pañal.