26 de febrero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 15




Jackie



Jackie se despertó en su cuna. Estaba muy adormilado, pero bostezó sonoramente y se desperezó contra los barrotes. El chupete se le cayó al hacerlo, de modo que lo buscó en la oscuridad y se lo volvió a poner en la boca. Cogió a Ronnie y gateó hasta el vigila-bebés, que estaba colgado en una de las esquinas de la cuna.
-Mami, estoy despierto –le dijo.
Suponía que lo iba a escuchar su mami, pues Cindy había tenido que irse por la mañana. A Jackie le rugió el estómago. Tenía bastante hambre. Desde lo del hotel, sólo se alimentaba de teta, por lo que solía tomar mucho más que antes. Necesitaba la teta de su mami; que le acariciarse, le acunase y le diera golpecitos en su pañal mientras mamaba. Se palpó el pañal por debajo y se dio cuenta de que tenía pipí, por lo que antes de tomarse la teta, su mami tendría que cambiarlo. A Jackie le encantaba que le cambiasen el pañal, pero cuando sabía que después le tocaba teta, se mostraba inquieto, pues quería que le cambiasen pronto para poder engancharse al pezón de su mami. Se puso de pie en la cuna y fue cuando mami entró.
-Mami tengo hambre. Y pipí.
-¿Qué mi bebecito tiene pipí en su pañal? –le dijo mientras lo tomaba en brazos-. Pues vamos a cambiarle enseguida –le hizo cosquillitas en la barriga, que hicieron que Jackie se riera.
Mami lo tumbó en el cambiador y Jackie agitó sus piernecitas inquieto. Quería que mami lo cambiase pronto para poder tomarse la teta. Mami lo tranquilizó susurrándole y Jackie se abrazó a Ronnie, listo para disfrutar con el cambio de pañal. Mami le desabrochó suavemente los botoncitos del body y se lo sacó por su cabecita con mucho cuidado. Jackie se quedó desnudo solamente a excepción del pañal.se llevó las manos al mismo y empezó a mover su chupete. Mami abrió uno de los cajones del cambiador y sacó un pañal limpio. Lo dejó al lado de Jackie y empezó a quitarle el que llevaba puesto. Le desabrochó las cintas adhesivas. Jackie separó las manitas del pañal y estiró los brazos por encima de su cabeza mientras mami le seguía cambiando. Le levantó las piernecitas y extrajo su pañal mojado. Después empezó a limpiarle cuidadosamente antes de ponerle el otro pañal. Cuando ya estuvo limpio, mami le volvió a levantar las piernas, le pasó el pañal por detrás y luego por delante, y cuando estuvo ajustado a su cintura, se lo apretó muy fuerte. Jackie ya estaba cambiado. Agitó sus piernecitas y sus bracitos y sonrió desde detrás de su chupete.
Mami fue hasta el armario y volvió con un pijama mono de color azul. Le encantaban esos pijamas, pues eran muy cómodos y se sentía muy a gusto con ellos. Le encantaba andar (o gatear) por la casa con ellos. En ese momento, le rugió la barriga.
-Mami, quiero teta –le dijo cuando llegó con el pijama.
-Sí, Jackie. Ya lo sé –le dijo mientras le acariciaba el pelo -. Y mami te va a dar de su tetita después de ponerte el pijamita, ¿vale, mi amor?
-Vale –dijo sonriendo.
Mami le levantó una pierna a Jackie y le paso una patita del pijama. Después hizo lo propio con la otra. Le levantó la espaldita y le paso la parte del pijama por detrás. A continuación le pasó los dos bracitos por las mangas y le subió la cremallera de la parte delantera. Jackie se llevó de nuevo las manitas al pañal y rió. Mami le sonrió con mucha ternura y lo aupó en brazos y empezó a acunarlo. Jackie quería ya su teta. Mami lo llevó hasta el sillón de la habitación y se sentó en él en su regazo. Le quito el chupete suavemente y Jackie empezó a hacer el gesto de mamar con la boca. Se puso inquieto y Ronnie cayó al suelo, pero a Jackie no le importaba. Lo cogería después. Ahora su prioridad era tomarse ya la teta. Mami se abrió la blusa y sacó su enorme teta llena de leche. Jackie se estiró hacia ella, pegó los labios al pezón, mami le sujetó su cabecita y Jackie empezó a mamar. Se tomaba la leche con mucha ansia, pues era de lo único que se estaba alimentando últimamente. Se acurrucó en su regazo y mami lo abrazó más. Jackie agarró la teta con sus manitas para colocársela mejor y siguió mamando. Le encantaba estar en ese sitio. La teta de su mami. sentía una pazo total enganchado al pezón y notando como la leche caía en su garganta y como los brazos de mami lo rodeaban y lo protegían. Mami empezó a darle golpecitos suaves en su pañal. A Jackie eso le gustaba mucho. Sentía que en ese momento era un bebé total. Necesitaba a su mami para alimentarse, para que lo cambiara y para todo. No podía hacer nada sin ella. Contento, siguió tomando teta. Cerró los ojos para disfrutar de esa sensación. Cuando los abrió, mami estaba mirando cómo se alimentaba de ella, como Jackie movía los labios enganchados al enorme pezón de mami y cogía el seno con sus manitas. Mami le sonreía con una ternura infinita y le apartó los mechones de su rubia melena que le caían por delante. Jackie estaba realmente a gusto. Se acomodó todavía más contra ella, de manera que ya no le hacía falta agarrar la teta con las manos para que le fuera más fácil mamar. Ahora era mami la que se sujetaba bien su teta para que Jackie estuviera más cómodo. Jackie estuvo mamando un buen rato más.
De pronto la puerta se abrió de repente. Jackie no se fijó en quién era, pues estaba mirando hacia la teta de mami.
-Señora Largue –dijo la voz de un hombre que no conocía-, soy el teniente O’Callahan, Distrito de Los Ángeles. Queda usted detenida como sospechosa del asesinato de Emma Blanc y Gertrudis Talafé. Tiene derecho a un abogado y a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.
Jackie había oído las palabras del hombre pero no las había asimilado. De pronto, un policía que también había entrado, levantó a su mami y otro lo cogió a él por la cintura y empezó a separarlo de la teta de mami. Pero no lo lograba. Jackie estaba unido con sus labios al pezón de mami. El policía tiraba y tiraba, pero la boca de Jackie no se separaba de la teta de mami. Jackie no la mordía ni hacía más fuerza que de costumbre. Simplemente no se separaban. Jackie estaba unido a su mami por algo muy fuerte. Sin embargo, haciendo un esfuerzo descomunal, los policías consiguieron separar a madre e hijo por fin
-¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!! ¡¡¡No os la llevéis!!! ¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!!! –el policía lo puso en brazos de Sara, una de las criadas que había entrado junto con los policías. También estaba Gertrudis, el ama de llaves.
-¡¡Mi bebé!! ¡¡¡Soltad a mi bebé!! –gritaba su mami intentando zafarse de los brazos del policía. Todavía tenía la teta fuera y goteaba leche-. ¡¡¡Soltadlo por favor!!! ¡¡¡Soy inocente –en ese momento, entre el policía y el primer hombre que había hablado, empezaron a ponerle unas esposas-.  ¡¡¡Dejad al menos que termine de darle la teta!!! ¡¡¡MI BEBEEEEEEEEEE!!!!
Jackie de pronto comprendió lo que pasaba. Se puso muy, muy inquieto. Tanto como lo había estado a la entrada y a la salida del hotel. Se hizo pipí encima.
-¡¡¡¡¡MAMIIIIII!!!!! –gritaba en brazos de Sara, intentando alcanzarla con los suyos.
Los hombres se llevaron a su mami fuera de la habitación de Jackie.
-Quédense ustedes aquí –les dijo el último policía a Sara, que tenía a Jackie tomado, y que salía detrás de ellos.
Jackie estaba realmente asustado. Su mami no era una asesina. ¿Qué estaba pasando? Saltó de los brazos de Sara y fue hasta la ventana. Allí vio en la entrada un coche de policía y cientos de periodistas que se agolpaban en la puerta. Los dos policías y el otro hombre arrastraban a su mami por el jardín. Ni siquiera le habían dejado guardarse la teta. La metieron en la parte de atrás del coche abriéndose paso entre todos los periodistas que se agolpaban contra ellos y que siguieron agolpados contra el cristal una vez la puerta se hubo cerrado. El coche de policía salió muy rápidamente con las sirenas puestas y todas las furgonetas de los periodistas salieron detrás de él.
Jackie saltó de los brazos de Sara y empezó a moverse inquieto por la habitación. Se volvió a hacer pipí encima.
Su chupete. Necesitaba su chupete. Fue hasta el sillón donde mami había estado dándole la teta y se lo puso en la boca. De pronto se dio cuenta. Estaba sólo. Por primera vez en su vida, estaba sin mami y sin Cindy. Se puso muy muy inquieto y empezó a andar por su habitación de un sitio a otro. Se cayó y siguió gateando entonces. Sara lo observaba todo estupefacta, sin moverse.
No estaba mami. No estaba Cindy. Tenían que cambiarle el pañal. ¿Qué hacía? No podía razonar. Estaba en estado de shock. Se hizo caca encima. Se sentó en el suelo y dejó que saliera. Cuando se levantó para seguir gateando se dio cuenta que tenía un pañal con dos pipís y una caca sin quitar. Miró a su alrededor y vio a Sara.
-Cámbiame el pañal –le ordenó.
-Pero, señor… -balbuceó.
-¡¿No me has oído?! –le dijo-. Tengo pipí y caca en el pañal. Así que cámbiamelo. ¡Cámbiame el pañal! ¡¡Cámbiame!! ¡¡¡CÁMBIAME!!!
-Pero, ¿cómo…? –Balbuceó.
-¡Me subes al cambiador, me quitas este pañal y me pones otro! ¡¡Vamos!! –Se estaba enfadando. Y estaba muy inquieto por lo de mami.
Sara lo subió al cambiador. Torpemente, le desabrochó los botoncitos del pijama. Le soltó las cintas del pañal y se lo extrajo. Comenzó a limpiarle.
-¿Qué haces? –preguntó una voz a sus espaldas.
-Tenía caca y le estoy cambiando el pañal, María –le contestó Sara.
-¿Y por qué lo haces tú?
-No está Largue. No está Cindy. Alguien tiene que hacerlo.
-¿Pero sabes cambiar un pañal?
-No es muy difícil. Tengo un primo pequeño y se lo cambié una vez.
Sara terminó de cambiarle el pañal. Lo hizo bastante mal pero por lo menos tenía el pañal limpio de nuevo.
-Ahora méteme en la cuna –le dijo.
Sara lo cogió en peso y lo llevó hasta su cuna. Jackie no sabía si era porque habían arrestado a Mami, porque Cindy no estaba, porque le habían puesto un pañal bastante mal o por una combinación de las tres, pero el caso es que antes de llegar a la cuna se hizo pipí otra vez.
-¡Espera! –le dijo a Sara cuando estaba a punto de descargarlo dentro como si fuera una caja de patatas-. Tengo pipí otra vez.
-¡¿Mes estás tomando el pelo?! –le preguntó mirándole a la cara.
- No te estoy tomando el pelo –Jackie se enfureció-. Y será mejor que me vuelvas a cambiar el pañal y esta vez me dejes en la cuna y no abras la boca.
Sara lo llevó al cambiador. Le volvió a cambiar de manera torpe y lo llevó a la cuna. Cuando lo dejó dentro, Sara apagó la luz y salió de la habitación.
Jackie tuvo que taparse el mismo. Se puso bocabajo a la misma vez que se cubría con las sábanas. Se abrazó a Ronnie y se quedó durmiendo moviendo su chupete.
Lo despertó una mano conocida. Jackie abrió los ojos y vio a Cindy sonriéndole desde fuera de la cuna.
-¿Cómo está mi rey? –le dijo.
-¡Cindy! –Jackie se tiró a su cuello.
Cindy lo aupó y lo sacó de la cuna. Jackie vio que Sara también estaba en su habitación, lo que lo molestó un poco.
-¡Mi bebé! –dijo Cindy mientras lo acunaba-. ¿Cómo estás?
-Mal… -empezó a recordarlo todo-. Se han llevado a mami, Cindy. Y tú no estabas… Y… Y…
-Oh, no hagas pucheritos, mi amor –Cindy le limpió las lágrimas de los ojos con el dedo pulgar-. Que Cindy ya está aquí para cuidarte. ¿Tienes pipí?
-Sí…
-Pues venga, vamos a cambiarte ese pañal.
-¿Cuántos pañales va a usar hoy este niño? –preguntó Sara, que estaba de brazos cruzados observando la escena.
-Los que le hagan falta, Sara –le contestó Cindy-. Creo que tienes cosas que hacer. Te aconsejo que vayas a ocuparte de ellas.
-Tú no me mandas, Cindy –le contestó Sara de buena manera-. Será mejor que recuerdes…
-¡Eh Sara! –le cortó Jackie-. Será mejor que le hagas caso a Cindy y vayas a hacer lo que tienes que hacer. ¡Largo!
Sara lo miró, luego a Cindy, y salió corriendo de la habitación.
-No hacía falta eso, Jackie –le dijo Cindy, aunque sonreía, mientras lo llevaba al cambiador.
-No me gusta que te hablen así –le contestó-. En ausencia de mami, mandas tú. Díselo a todos cuando bajes.
Cindy lo tumbó en el cambiador. Le desabrochó los botoncitos del pijama y luego las cintas adhesivas del pañal. La manera de la que lo hizo Sara estaba a años luz.
-Oye, Cindy –le dijo Jackie mientras lo cambiaba-. ¿Por qué has tenido que irte?
Cindy suspiró y lo miró a los ojos.
-Mi madres se ha puesto muy enferma, Jackie. Me llamaron del hospital diciendo que la habían ingresado –le empezaron a saltar las lágrimas.
-¡Cindy! –Jackie se incorporó cuando Cindy le estaba limpiando y la abrazó. Ella le devolvió el abrazo-. Jo, Cindy… No llores…
-Ya está –dijo mientras se secaba las lágrimas-. Ya se me está pasando.
Cindy terminó de cambiarle el pañal y lo llevó hasta el sillón de donde lo habían separado de mami esa mañana. Allí, había un biberón. Cindy se sentó, puso a Jackie en su regazo, cogió el biberón y le acercó la tetina a los labios. Jackie la recibió encantado, y empezó a chuparla y a tomarse la leche. Prefería mil veces antes mamar de mami, pero estar recostado encima de Cindy mientras ella le sujetaba el biberón y Jackie la abrazaba por la cintura también hacía que se sintiese muy cómodo. Terminó de tomarse le bibe, Cindy lo aupó y comenzó a sacarle los gases. Cuando se tiró dos eructos lo llevó de nuevo hasta la cuna.
-Debes dormir mucho, Jackie. Mañana es un día muy importante.
-¿Qué pasa mañana? –preguntó una vez estuvo posado en el colchón de su cuna.
-Mañana es el juicio de tu mami, cielo. Y debes de ir.
Jackie se empezó a poner nervioso de nuevo, pero esta vez no mojó el pañal. No quería volver a salir de la Mansión Largue. Quería quedarse siempre allí. Con su pañal, su chupete, su cuna y abrazado a mami tomando su teta.
-No sabemos si tu mami va a volver a casa, Jackie –le dijo Cindy, que era como si le estuviese leyendo el pensamiento-. Las pruebas en su contra son muy fuertes; y es la única sospechosa ya que es la única persona que tenía acceso a todas las cámaras de seguridad.
-¡¡Pero mami es inocente!! –Jackie gritó y se le cayó el chupete.
-Ya lo sé, cielo –le dijo Cindy mientras le acariciaba un mechón de pelo de la frente y le volvía a poner el chupete que ella le había comprado en la boca-. Yo lo sé, ella lo sabe y tú lo sabes. Pero los jueces no y están deseando meterla en la cárcel, mi amor.
Se empezó a poner realmente intranquilo. Cindy lo notó y lo sacó de la cuna. Lo apretó contra su pecho y comenzó a acunarlo.
-Lo que es la vida, Jackie. Ayer teníamos a nuestras mamis con nosotros y hoy quizá estemos a punto de perderlas. Pero tranquilo, mi bebé. Yo no te voy a dejar sólo nunca. A mí chempre me vas a tener, mi amor.
-¡Y tú a mí, Cindy! –y se abrazó más fuerte a ella.
Allí, en sus brazos, se dio cuenta de que lo estaba pasando muy mal. Podría perder a su mami para siempre. Pero Cindy se estaba portando increíblemente bien con él. De pronto se puso en su lugar. Cindy si podría perder a su mami para siempre. Y estaba ahí con él. Dándole el biberón y cambiándole de pañal como a un bebé. Ella podría estar con ella, cuidándola ahora que le hacía tanta falta.
-Cindy –se quitó el chupete de la boca como hacía cada vez que tenía que decir algo importante-, no hace falta que te quedes conmigo esta noche. Ni que mañana vengas al juicio. Vete con tu mami, que te necesita más que yo.
-¡Oh, Jackie! –Cindy lo miró con una enorme sonrisa-. ¿De verdad que puedo?
-¡Claro que sí! Yo puedo pasar una noche sólo. Además, tengo siempre a Ronnie para que me haga compañía. Mañana que Sara me cambie el pañal como pueda y ya está. Intentaré no hacerme pipí esta noche.
-¡Gracias, Jackie! Eres un cielo, mi vida! –Y le dio un sonoro beso en la mejilla que hizo que se ruborizase un poquito.
Cindy lo abrazó. Lo dejó de nuevo en la cuna, lo arropó, le dio un beso en la frente y un tirón cariñoso del asa del chupete y salió de la habitación.
Al día siguiente, Jackie estaba cambiado (Sara le puso el pañal mejor que ayer pero aún le quedaba mucho por aprender a esa chica), se había tomado su biberón (Sara empezó a dárselo como pudo, pero Jackie, asqueado porque ella no paraba de querer meterle el bibe hasta la garganta, la echó y le dijo que ya se lo acababa él) y estaba en el carricoche listo para salir.
Había decidido que ya que el mundo sabía que llevaba pañales, usaba chupete e iba en carrito, no había ninguna razón para volver a tener que ir con un traje y sin su chupete.
-Pero, señor… –protestó Sara
-Nada de ‘’peros’’, Sara –contestó mientras le ponía el body y un peto de color azul-. En ausencia de mami, aquí mando yo. ¿Entendido?
-Sí, señor.
Salieron de la Mansión Largue y, para su sorpresa, no había ni un solo periodista esperando en la puerta. Debían de estar todos en el juicio de su mami. Jackie se alegraba. Odiaba a los periodistas. Aunque, según le dijo Cindy cuando le dio su nuevo chupete, no todos eran tan malos como los que Jackie había conocido. Así pues, no hubo ningún problema para llegar a la limusina que conducía Benson.
Durante el viaje, se sintió muy inquieto. No era consciente, o no quería ser consciente, pero era un día muy importante, pues quizá mami podría acabar en la cárcel. Se puso nervioso y empezó a mover su chupete más rápido, deseando no hacerse pipí, pues no sabía si podría sobrevivir a un nuevo cambio de pañal de Sara.
Al llegar a los juzgados, Benson aparcó en la manzana de atrás, de manera que Jackie puso subirse al carricoche con total tranquilidad. De pronto aparecieron cuatro hombres vestidos de traje que medirían unos tres metros cada uno. Detrás de ellos iba la ayudante de mami en Modas Largue; Alicia, recordó Jackie que se llamaba.
-Buenos días –saludó-. No nos conocemos pero a ellos sí que los conozco –le hablaba sólo a Sara-. Me llamo Alicia Sanders. Soy la ayudante personal de Karen Largue en Modas Largue. Os presento a Bartolo, Burtolo, Cartolo y… Bueno, éste seguro que tiene un nombre parecido. He pensado que después de los desagradables incidentes que ocurrieron en el hotel, os vendría bien llevar una escolta. Apartarán a todos esos pseudo-periodistas de la prensa amarilla y podréis entrar en el juzgado. Es la sala número 3. Hay que ver que prisa tiene la justicia cuando le interesa –añadió.
Los cuatro gorilas hicieron su trabajo igual de bien que Alicia. Les apartaron a todo el mundo y Jackie pudo entrar sin recibir flashes dentro de su carricoche.
Una vez en la sala de juicio, Jackie le dijo a Sara que lo sacase del carrito y lo tomase. Quería ver a su mami cuando entrase. Al poco, su mami entró por la puerta de la sala y recorrió el pasillo entre dos policías. Iba esposada y tenía un aspecto lamentable; despeinada y con la misma ropa que vestía cuando se la llevaron de casita.
Jackie se enfureció. No se sentía inquieto ni indefenso. Quería golpear a esos guardias. Y a los periodistas que había en la sala. Y a todos.
Llamó a su mami, pero entre el griterío que se montó cuando entró y que se habían sentado al final, ella no lo escuchó. Quiso bajarse de Sara y correr hacia ella, pero no le dejó. Furioso también con Sara, comenzó a mover su chupete y a hacer mucho ruido con él.
Durante el juicio, Jackie no entendía muy bien qué es lo que decían. Las palabras eran muy complejas para él. Sin embargo, nunca olvidaría el final. Cuando después de toda la perotata de los abogados, el juez declaró culpable a Karen Largue y la sentenció a 15 años de cárcel.
Jackie se puso aún más furioso. Se hizo pipí en el pañal. Era la primera vez que mojaba el pañal por estar furioso. Comenzó a saltar en su asiento. Los periodistas se percataron de su presencia y comenzaron a hacerle fotos a diestro y siniestro.
Todo iba muy rápido; mami se volvía a ir esposada y la marabunta de gente iba detrás de ellos. Jackie se guardó el chupete en uno de los bolsillos del peto por si se le caía y echó a correr detrás de ellos. Se coló entre las piernas y los cuerpos de la gente y casi llegó hasta su mami, pero unos brazos familiares lo rodearon. Se giró esperando encontrarse a Sara y soltarle una reprimenda, pero en su lugar, se encontró la cara hinchada por las lágrimas de Cindy.
-¡Cindy! –Jackie estaba incrédulo. Se lanzó a su pecho a llorar-. ¿Qué haces aquí?
-Verás, cielo –le contestó Cindy al tiempo que se le volvían a saltar las lágrimas-. No hay nada que pueda hacer ya por mi madre.

9 de febrero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 14

Aquí tenéis el decimocuarto capítulo de Canción de Leche y Pañales :)
Es más largo hasta la fecha, creo. No estoy seguro. Aprovecho también para recordaros que el apartado de esta historia no está completo por vete tú a saber que problema informático...
Bueno, no os entretengo más; disfrutad!!


Karen



Karen estaba sentada en el sillón de la habitación de su hijo. Tenía a Jackie en sus brazos mientras le daba de mamar. Jackie estaba realmente mono: se abrazaba a ella con sus bracitos y chupaba sus pezoncitos con su boquita para tomarse la leche. Karen lo acariciaba mientras su hijo se alimentaba de ella. Hacía dos días que habían tenido que abandonar el hotel, y Jackie había pasado los peores días de su vida. Karen se sentía especialmente furiosa por aquello. Jackie era su bebé. Y hacía cuanto podía para que no le faltase de nada. Aunque últimamente, a lo mejor incrementado por todo lo que había salido en los medios, se preguntaba si Jackie no era mayor ya para tomar teta, llevar pañales, tener chupete y dormir en cuna. Sin embrago, cuando lo veía aferrarse a su teta con sus manitas, se le olvidaba todo. Jackie había tenido 5 días muy inquietos: le habían humillado públicamente dos veces y para colmo, había perdido su chupete. Le habían comunicado a Jackie que un reportero lo encontró y lo estaba subastando en internet. Y según parecía, la puja estaba alcanzando grandes cotas de dinero. Karen pensó en pujar durante un instante cuando se enteró, pero luego pensó que el chupete podría estar sucio, o que incluso podrían haberle instalado un chip localizador y saber dónde estaba su bebé en cualquier momento. De todas formas, se preguntaba quién podría pujar por un chupete de su hijo, porque era inconfundible que el chupete era el de Jackie: amarillo con su nombre escrito en el asa. Ella quería comprarle un chupete nuevo, uno que estuviese a la altura de Jackie Largue, pero Cindy se había adelantado. Ayer, un día después de la salida del hotel, apareció con un chupete naranja corriente que habría comprado en una tienda de barrio. A Jackie le encantó, le dio las gracias, un fuerte abrazo y la cubrió de besos antes de ponerse el chupete en la boca. Karen sintió envidia. Por un momento pensó que Cindy quería quitarle a su bebé y se le pasó por la cabeza despedirla. Sin embrago, a Jackie se le veía muy feliz con ella. Karen frunció los labios, y con la más falsa de sus sonrisas le dio las gracias a Cindy y le dijo a Jackie que estaba muy guapo con su nuevo chupete.
En ese momento, Cindy estaba guardando la ropita de Jackie en su armario. Jackie estaba concentrado en mamar. Karen pensó que eso era algo que nunca le podrían quitar; ella era la única que podía darle la teta a Jackie. Y eso era lo que a Jackie más le gustaba del mundo. Karen lo miró con ternura: Jackie mamaba con los ojos cerrados chupando su pezón. Separó los bracitos de la cintura y enganchó la teta con las manitas para colocársela mejor. Karen lo agarró por si se caía y comenzó a darle palitos en su pañal. Jackie le sonrió y se le salieron unas gotitas de leche. Karen se las limpió de la comisura de los labios y él siguió mamando. Paró un momento y se llevó las manos a la parte delantera del pañal.
-Me he hecho pipí, mami –dijo.
-¿Te has hecho pipí Jackie? Bueno, pues  termina de tomarte la tetita y luego te cambio el pañal, ¿vale, mi bebé?
-Vale –y volvió a pegar los labios al pezón y a seguir mamando.
-Señora –Cindy se había acercado hasta donde estaban. Llevaba el móvil en la mano-. Es de mi casa. Y es importante. ¿Puedo salir fuera a hablar?
-Sí.
No le hacía especialmente gracia que Cindy abandonara su puesto de trabajo, pero así estaría separada de Jackie. Sabía que esta era una rabieta infantil, pues Cindy era la niñera de Jackie y tenía que pasar tiempo con él.
Volvió a mirar a su hijo mientas mamaba. Iba vestido sólo con un body por lo que su abultado pañal se notaba mucho. A Karen le encantaba que Jackie fuera todavía un bebé. Lo miró con mucha ternura. Jackie mamaba concentrado en la tarea y ella le acariciaba el pelo. Parecía tan débil, tan indefenso. La necesitaba para protegerlo. Para que a su bebé no le pasase nada.
De pronto, Karen entro con la cara descompuesta.
-Señora –parecía muy nerviosa -. Tengoqueirmeamicasaseñora.
Karen no la entendió muy bien. O no quiso entenderla.
-¿Perdona? ¿Cómo dice? Me has hecho creer, Cindy, que querías irte a tu casa.
-No es que quiera irme, señora. Es que debo irme. Además, ni siquiera voy a mi casa. Voy al hospital. Han ingresado a mi madre –parecía realmente apurada.
Jackie despegó los labios del pezón y miró a Cindy con cara de preocupación. Karen intentó que se volviera a enganchar a la teta pero no había manera. Así que se guardó su enorme seno. Pero lo que más le molestaba era que tenía que dejar que Cindy se fuera.
-Está bien, Cindy. Puedes irte –accedió de mala gana.
-Muchas gracias, señora –hizo una pequeña reverencia-. Adiós, Jackie.
-Adiós, Cindy –dijo Jackie-. Espero que no sea nada.
-Gracias, corazón.
-Ya puedes irte, Cindy.
La chica salió rápidamente.
Jackie se volvió a girar contra ella y le metió la mano por la blusa para sacarle la teta.
-Sigo queriendo teta, mami.
-Toma, mi amor –y Karen se sacó una teta y se la volvió a ofrecer a Jackie, que inmediatamente pegó los labios y siguió mamando.
Estuvo un ratito más tomándose la teta. Jackie no paraba de pedirle teta los últimos días. Desde que le humillaron a la entrada del hotel no quería otra cosa que mamar. Hecho que se intensificó con la humillación en su salida. De hecho, casi no se alimentaba de otra cosa. Sólo quería su leche. Así que últimamente las tomas de Jackie se habían hecho más largas. Y a la misma vez, ella producía más leche. Su interior sabía que a su bebé no podía faltarle de nada, así que mientras Jackie quisiera leche, ella iba a producirla. Cuando Jackie se cansó de mamar, Karen lo cogió para ir a cambiarle el pañal. Lo puso sobre el cambiador y le quitó los botoncitos del body. Se lo levantó un poco para dejar al descubierto el pañal. Jackie empezó a agitarse.
-Chupete… Mami, quiero chupete… -decía.
Karen fue hasta la cuna y allí lo encontró, revuelto entre las sábanas de su bebé junto a Ronnie estaba el chupete que Cindy le había comprado. Se lo llevó a Jackie y se lo puso en la boquita, e inmediatamente empezó a moverlo. Ahora sí que pudo proceder a cambiarle el pañal.
Le desabrochó las cintas y le separó el pañal del cuerpecito, le levantó las piernas y lo extrajo. Le limpió cuidadosamente y de manera muy tierna. Jackie le sonreía y se reía de manera muy graciosa. Cuando ya estuvo limpio, Karen cogió un pañal nuevo, le levantó de nuevo las piernas, se lo pasó por debajo y luego entre las piernas, se lo ajustó y le abrochó fuertemente las dos cintas adhesivas. Jackie ya estaba cambiado. Se llevó las manitas al pañal y se río con esa risita de bebé tan suya. Karen le volvió a abrochar los botoncitos del body lo levantó en peso. Le encantaba cambiarle el pañal a Jackie. Era lo que más le gustaba después de darle teta. Jackie estaba muy vulnerable y le encantaba ver su reacción cuando ya tenía un pañal sequito. Jackie bostezó y se abrazó a ella. A pesar de que era por la mañana, se ve que tenía sueño. Y no podía reprochárselo, había pasado unos días muy malos. Llevó a Jackie hasta la cuna y lo dejó dentro. Jackie gateó hasta donde estaba Ronnie y se abrazó a él, haciéndose un ovillo. Karen lo arropó y le dio un beso en la frente. Fue hasta la ventana y bajó la persiana. Con la habitación a oscuras, ya se oía el chupeteo de su hijo. Encendió la luz para no tropezar y salió cerrando la puerta con mucho cuidado.
En el pasillo, Karen suspiró. Se acomodó bien las tetas dentro del sujetador y se dirigió a la cocina. Cuando bajó al hall se encontró con Sara, la sirvienta más joven.
-¿Y Gertrudis? –le preguntó-. ¿Tampoco ha venido a trabajar hoy?
Gertrudis era la sirvienta que más tiempo llevaba trabajando en la Mansión Largue. Su ausencia sin justificar no tenía buena pinta.
-Llámala a su casa, Sara. No vaya a ser que le haya pasado algo –le dijo a la criada.
-Sí, señora. Enseguida, señora –dijo-. Pero mientras tanto, la señora tiene una visita. Le espera en la sala del fondo.
¿Una visita? ¿De qué se trataba para que fueran a visitarla a su casa? A lo mejor era Roderick Marsell, que iría a verla para aportarle el capital que le faltaba a Modas Largue. Con todo el jaleo de lo de Jackie, ya casi se había olvidado que el motivo de ir al hotel era para conseguir que la empresa de Marsell salvase Modas Largue.
Cuando llegó a la sala, no se encontró con Roderick Marsell, sino con Alicia Sanders. Parecía muy preocupada.
-Señora –se puso de pie en cuanto entró -. Ha habido un terrible problema en Modas Largue, señora.
-Siéntate –le dijo con amabilidad señalando el sofá-. ¿Qué es lo que ocurre?
-Su criada, Gertrudis, ha aparecido muerta de un disparo en la Sala de Juntas.
Karen trató un rato de asimilar lo que acababa de oír. ¿Qué tenía que ver Gertrudis con su empresa?
-¿Qué estás diciendo Alicia?
-Y eso no es todo, señora. También ha aparecido muerta, y también de un disparo con una bala del mismo calibre, la encargada de la Sala de Juntas, Emma Blanc.
Karen estaba en una especie de estado de shock.
-¿Un atraco? –fue lo primero que se le ocurrió. ¿Pero Gertrudis que pintaba en eso?
-No, señora. No se llevaron nada. Pero quien quiera que fuera, lo hizo desde dentro. Desconectó las cámaras de seguridad porque conocía los códigos. Y nadie sabe todos los códigos de las cámaras de segurdad excepto usted. Por lo tanto…
-… Se trata de un complot –terminó Karen.
-Alguien quiere desacreditarla, señora.
Karen tenía un nombre en mente desde el principio.
-Florth Vincent. Odia a mi familia más que nadie.
-Pero no es el único que tiene motivos. Todos los del Consejo de Administración quieren verla en la calle.
-Y además son ellos los que conocen el resto de códigos para desactivar las cámaras. Pero sigo sin saber qué pinta Gertrudis en todo esto.
-Lo averiguaré, señora.
Karen estaba realmente nerviosa. La situación la sobrepasaba.
-¿Qué me aconsejas que haga, Alicia?
-Que espere, señora. Usted es inocente. Esta situación se aclarará. Yo me encargaré de eso. Usted quédese con su familia. Su hijo la necesita.
-Muchas gracias, Alicia. Eres una gran trabajadora… Y una gran amiga.
-Sólo hago mi trabajo, señora.
-Llámeme Karen.
-Sólo hago mi trabajo, Karen –sonrió.
Karen se dio cuenta de que Alicia podía ser la única persona en el mundo que de verdad podría llamar amiga. Porque tampoco había vuelto a saber nada de Roderick Marsell ni de su capital desde que hablaron en el baile de la cena del Wallace Place.
Alicia salió de la habitación. Karen sentía unas ganas enormes de llorar. Los del Consejo de Administración le habían tendido una trampa. Querían eliminarla. Y habían recurrido a una táctica que hasta ella consideraba ruin. Pero no podían salirse con la suya. Ella iba a ganarles. Por Jackie. Oh, Jackie. ¡Cuánto sufriría su bebé si a ella le pasase algo! Pero no le iba a pasar nada. Alicia era eficiente y lo conseguiría. Encontraría la relación entre las dos balas y Flotrh Vincent. Todo esto llevaba su firma. Parecía que después de tantos años, por fin se había vengado de la familia Largue. Le había quitado a Karen el control de la compañía. Pero no, no lo había hecho. No aún. Se puso tan nerviosa por su hijo que le dio una subida de leche y manchó la blusa.
Se maldijo a sí misma y salió corriendo de la sala. Llegó hasta su habitación sin tropezarse con nadie. Se quitó la blusa y el sujetador y vio que goteaba leche desde sus enrojecidos pezones. Se limpió con un pañuelo y maldijo que Jackie estuviese durmiendo para poder acercárselo a su teta, pero afortunadamente tenía un sacaleches en su habitación. Se lo pegó al pezón y empezó a sacarse la leche. Se sintió más aliviada. Evidentemente, no era lo mismo que cuando Jackie mamaba de sus tetas pero le valía para el momento. Se quedó toda la mañana en su habitación, pensando. Ni siquiera bajó a comer.
A media tarde, sonó por su vigila-bebés la voz de Jackie.
-Mami, estoy despierto. Tengo hambre.
Karen salió enseguida para su habitación. Era normal que Jackie tuviese hambre, pues no había comido nada en todo el día. Sólo su teta. Y seguro que ahora quería más teta. Y ella estaba encantada de que su bebé pegase sus labios a su pezoncito.
Entró y lo encontró de pie en la cuna, apoyado en los barrotes. Estaba realmente adorable. Con su chupete, sosteniendo a Ronnie con un bracito y con el abultado pañal que se notaba debajo del body.
-Mami, tengo hambre –le dijo cuando entró-. Y tengo pipí.
-¿Qué mi bebecito tiene pipí en su pañal? –le dijo con voz dulce al tiempo que lo aupaba-. Pues vamos a cambiarle enseguida –y le hizo cosquillitas en la barriga, con lo que se rió muy infantil.
Tumbó a Jackie en el cambiador, éste agitó sus extremidades inquieto. Karen lo tranquilizó con un chisteo muy dulce y él se abrazó a su peluche y dejó que su mami le cambiase de pañal. Karen le desabrochó el body, y se lo quitó. Durante un instante, contempló a su bebé llevando sólo un pañal y un chupete, y abrazado a su peluche favorito. Estaba tan mono, tan vulnerable. Sintió muchas ganas de darle teta pero antes tenía que cambiarle el pañal. Abrió uno de los cajones de abajo y sacó un pañal. Lo puso al lado de Jackie mientras le quitaba el que llevaba puesto. Le desabrochó las cintas, le levantó las piernas y lo extrajo. Le limpió y le volvió a levantar las piernas para ponerle el pañal. Le pasó la parte del culete por debajo y luego el resto por la entrepierna. Le pasó la parte del pañal por delante y se lo sujetó muy fuerte con las 2 cintas adhesivas. Jackie se agitó en el cambiador, contento de estar sequito.
Karen fue hasta el armario para coger un pijama mono y ponérselo. A Jackie le encantaba estar en casa con esos pijamas, no llevarlos sólo para dormir; además, estaba muy mono con ellos.
Al volver al cambiador, Jackie estaba moviendo su chupete muy rápido.
-Mami, quiero teta.
-Sí, Jackie. Ya lo sé –le dijo mientras le acariciaba el pelo -. Y mami te va a dar de su tetita después de ponerte el pijamita, ¿vale, mi amor?
-Vale –le dijo sonriendo.
Karen le puso el pijama a su bebé con mucha delicadeza y ternura. Después, lo tomó en brazos y empezó a acunarlo. Llevó a su hijo lactante de 12 años hasta el sillón de la habitación, cuya única utilidad era precisamente esa: darle la teta a Jackie. Karen se sentó y luego puso a su bebé sobre su regazo. Le quitó el chupete, y Jackie ya estaba haciendo el gesto con su boquita de mamar. Se empezó a agitar y Ronnie se cayó al suelo. Karen se abrió la blusa y se sacó un pecho por debajo del sujetador. Jackie se estiró un poco hacia arriba para enganchar el pezón con sus labios y empezó a mamar. Karen lo abrazó mientras Jackie tomaba su teta. Sentía como Jackie le sacaba la leche y le agarraba la teta con sus manitas. Su bebé se acurrucó más contra ella. Karen le iba dando golpecitos en el pañal y le acariciaba sus mechones de pelo. Jackie se estaba tomando la teta con mucha ansia. Mamaba y mamaba y se acurrucaba más contra ella.
De pronto la puerta se abrió de repente. Un hombre vestido con un traje marrón, una camisa blanca y una corbata roja portaba una placa en la perchera de la chaqueta. Le seguían dos policías; y detrás iban Sara y Concepción.
-Señora Largue, soy el teniente O’Callahan, Distrito de Los Ángeles. Queda usted detenida como sospechosa del asesinato de Emma Blanc y Gertrudis Talafé. Tiene derecho a un abogado y a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.
Un policía la levantó mientras el otro le apartaba a Jackie de su teta. Jackie se resistía a dejarla. No separa su boca de su pezón, ni sus brazos de su cintura.
-¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!! ¡¡¡No os la llevéis!!! ¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!!!
Haciendo mucha fuerza, por fin consiguieron separarlo de ella. El policía le pasó su bebé a Sara. Karen también se resistía.
-¡¡Mi bebé!! ¡¡¡Soltad a mi bebé!! ¡¡¡Soltadlo por favor!!! ¡¡¡Soy inocente!!! –se agitaba como una loca mientras el policía la retenía y el teniente O`Callaham le ponía las esposas-. ¡¡¡Dejad al menos que termine de darle la teta!!! ¡¡¡MI BEBEEEEEEEEEE!!!!
-¡¡¡¡¡MAMIIIIII!!!!! –gritaba su hijo en brazos de Sara, extendiendo los suyos hacia ella.
Y así, a rastras, esposada y con una teta fuera que goteaba leche, Karen Largue abandonó la mansión que llevaba su apellido.