11 de diciembre de 2018

Los 2 Mundos de Robin Starkley - Capítulo 7: ¿Todavía nos hacemos pipí encima?




Elia, mami y yo estamos sentados en la mesa de la cocina. Cada uno delante de nuestro plato, vamos devorando el consomé que ha preparado mi hermana. Hoy le tocaba cocinar a ella.
-Puaj, esto está asqueroso –dice Elia
-¡Pero si lo has preparado tú! –se sorprende mi madre.
-¿Y qué? Es por eso que está asqueroso. Yo creo que no debería cocinar más. No sé hacerlo.
-Ese truco ya no te va a funcionar, jovencita –le recrimina Mami señalándola varias veces con el dedo índice-. Lejos quedan ya los tiempos en los que fingías no saber cocinar para escaquearte.
-Y es que no sé. ¡Es la verdad!
-Pues bien que cuando viene Clementine sí le preparas la comida.
-Eso es distinto, Mamá.
-¿En qué es distinto?
-A Clementine no tengo prepararle consomé de pato. Ella y yo nos contentamos con un par de hamburguesas.
-Pues a ver hecho hamburguesas.
-Sí, porque esto está asqueroso –apunto yo mientras me llevo cucharadas a la boca tapándome la nariz para tragar sin respirar.
-¿Ves? Hasta él lo dice!
-Basta, Robin. Deja de hacer el tonto y cómete la comida –se dirige a Elia-. La próxima vez, cocina algo que sepas y no un plato que te sirva como excusa para no volver a cocinar otra vez.
Mi hermana agacha la cabeza, aceptando su derrota. Los tres volvemos a nuestros platos a seguir comiendo en silencio mientras vemos la televisión. Hoy le tocaba elegir a Mami y nos ha puesto las noticias. En pantalla sale una mujer hablando sobre la situación de los inmigrantes en la frontera de Estados Unidos.
-Puaj –dice Elia de nuevo. Es como su aviso antes de empezar a quejarse de algo. Una alarma que previene a los demás sobre la diatriba que se avecina-. Este canal es una basura propagandística del gobierno. No sé cómo pueden defender que haya que dejar a los niños en unas jaulas separados de sus padres. Eso viola todos los derechos humanos. No sé cómo la ONU no hace nada…
-Seguro que enseguida emitirán un comunicado enseguida o algo. Aquí se han pasado tres pueblos.
Mami y Elia ven las noticias mientras las comentan. Yo bajo de nuevo la cabeza al plato e intento prepararme psicológicamente para comérmelo entero. Es una especie de puré verdoso pero con trocitos de algo que parece grasa de carne o algo. Asqueroso. No sé por qué tengo que pagar yo los desafíos de Elia a nuestra madre.
-Oye, Robin –me dice Mami sacándome de mi ensimismamiento-. He visto que esta tarde ponen en el cine de Kenosha Los Vengadores. ¿Te apetece que vayamos a verla?
La verdad es que habíamos hablado mis amigos y yo sobre ir a ver esa película, pero últimamente nuestras conversaciones giran en torno a la quedada en casa de Ronald para jugar al War of Empires.
-Pues sí que me gustaría ir a verla –contesto.
-¿Vas a ir con Ronald y Joseph? ¿Habéis hablado algo?
-La verdad es que algo sí… Pero fue hace tiempo y no ha vuelto a salir el tema.
-Pues si quieres, vamos esta tarde.
No es mal plan. Cine con Mami.
-De acuerdo.
Mami me sonríe.
-¿Vienes tú, Elia? –le pregunta.
-¿Uhm? –Elia seguía mirando las noticias-. No, Clementine y unos amigos hemos quedado para la semana que viene.
-Bueno, pues nos vamos tú y yo, Robin –y Mami me sonríe.
-No quiero spoilers, renacuajo –me advierte Elia lanzándome una miga de pan.


*****


Después de comer tengo ganas de hacer caca, así que le pido a Mami que me ponga un pañal. Voy hasta mi rincón de la cocina con él puesto y me siento en cuclillas. Empiezo a hacerme la caca cuando entra Elia. Me ve allí encogido, llevando solo camiseta y pañal y me sonríe con un poquito de chulería.
-Oh, vaya. No sabía que el baño estaba ocupado.
-¿Me quieres dejar que haga caca?
-Vale, vale. Solo he venido por un vaso de agua –Elia coge una botella de la repisa y antes de salir se inclina por el otro extremo de la mesa y me mira de nuevo.
Yo estoy con los puñitos apretados haciendo fuerza para que me salga la caca. Le miro desde mi posición de bebé y mi hermana me sonríe, esta vez con un deje de ternura.
-Qué mono estás. Con tu pañalito ahí apretando los puñitos –me imita poniendo una cara como si se estuviera estrujando el cerebro y sale de la cocina.
No me gusta nada que me vean hacer caca. Llevo desde que aprendí a andar haciéndomela en lugares escondidos, que son como pequeñas guaridas en las que nadie me ve llevar un pañal y haciendo caca. Desde que nos mudásemos a esta casa, el hueco entre la mesa de la cocina y la encimera ha sido mi sitio predilecto para hacer caca.
Estoy allí un ratito más, concentrado en hacerme la caquita y mirando al infinito. Me imagino a mis amigos si me viesen, si se enterasen de que me tienen que poner un pañal cada vez que tengo que hacer caca. Pienso en ello y es patético. Ningún niño de mi edad hace caca en un pañal.
Pero me da igual. No me gusta el váter. Entre que siempre he llevado pañales para dormir y luego tuve que llevarlos otra vez de día, Mami nunca me ha enseñado a usar el váter. Y mejor, porque me encanta llevar pañales.
Me quedo un ratito más ahí, asegurándome de que ya he terminado de hacer caca. Me toco el pañal por la zona del culete y noto que dentro hay un bulto bastante grande de caca. Seguro que no voy a poder cerrar las piernas.
Me incorporo con mi pañal lleno de caca y voy hasta el salón para que Mami me lo quite, y justo lo que pensaba: no puedo cerrar las piernas. Cuando Mami me ve entrar con mis andares pomposos y llevándome las manos al culete del pañal, ya sabe lo que hay.
-¿Ya, Robin?
-Sí –contesto.
Mami viene conmigo hasta la habitación y me tumba en la cama. Me desabrocha las cintas del pañal y comienza a limpiarme.
-La película empieza a las siete –me dice-. Así que saldremos para las seis y media. Estate preparado para esa hora, ¿vale?
-Vale –le digo mientras me limpia el culete.


*****


A las seis y veintisiete estoy ya listo en mi habitación. Me he puesto una camiseta de Los Vengadores para la ocasión y unas bermudas de algodón que simulan una tela de pantalón vaquero. Mami entra en mi cuarto ya arreglada con mi bolsa de los pañales colgada de un hombro. Abre el armario y echa dentro un par de ellos.
-Solo es por si las moscas, Robin. Ya lo sabes –me dice-. Coge el chupete si quieres y lo metemos en la bolsa también.
Mi chupete.
Lo cojo de la mesita de noche y se lo doy a Mami, que lo mete en la bolsa junto con los pañales.
En el recibidor, Mami coge su bolso y subimos al coche.
¿Por qué siempre se tiene que traer Mami los pañales a todos los sitios a los que vamos? Vale, que el bolso no parece una bolsa de pañales (de hecho es que ni lo es) y nadie se va a imaginar que allí dentro hay unos cuantos pañales y un chupete, pero aun así me molesta bastante que siempre tengamos que salir de casa con unos cuantos pañales ‘’para emergencias’’.
¿Emergencias de qué? La única emergencia que se me ocurre es que me entren unas ganas incontrolables de hacer caca y necesite un pañal, pero acabo de hacer caca, es evidente que hoy no me van a volver a dar ganas.
La otra única emergencia que se me ocurre es que me entren ganas de hacer pipí; pero puedo aguantármelas. De acuerdo, vale, quizá no pueda aguantarme tres horas, pero de ser así… ¿Qué haría Mami? ¿Me tendría que poner un pañal en público?
No quiero ni pensar eso.
Vale que tenga que llevar pañales para dormir y hacer caca, pero de puertas de mi casa hacia fuera soy un niño de 12 años normal, corriente y moliente que no necesita pañales ni chupete.
Fuera de mi casa es mi otro mundo. Y en ese mundo no soy un bebé.


*****


Llegamos al cine con tiempo. Mami compra las entradas y me pregunta si quiero palomitas. Refrescos no me compra porque me dan más ganas de hacer pipí, pero las palomitas solas me dejan la boca seca así que tampoco compramos.
Mis viajes al cine son bastante sosos, como podéis ver.
Mami mira en un poster gigante que hay colgado de la pared la información sobre la película. A ella y a Elia les gusta muchísimo el cine y siempre quieren saber hasta la última de todas las características técnicas de las películas. Se saben todos los directores, guionistas, productores, directores de fotografía, compositores, etc, de cada una de las películas que han visto, que no son pocas.
Mientras Mami está absorta mirando el poster, yo dirijo mi vista alrededor, asegurándome de que no hay nadie del cole ni otra persona que pueda conocerme y me vea ir al cine con mi madre. Eso en un colegio significa una semana de burlas como mínimo.
Mami se despega del cartel y viene hacia donde estoy yo.
-La película dura dos horas y media, Robin. ¿Quieres hacer pipí antes?
Yo la miro horrorizado.
-¿Cómo me preguntas eso aquí? –le digo entre dientes.
-¿Y dónde quieres que te lo pregunte? ¿Cuándo estemos dentro de la sala?
-No. No quiero que me lo preguntes nunca. Yo sé si tengo que hacer pipí o no. No hace falta que me lo preguntes.
Me giro como dándole la espalda por su comentario, pero lo que hago en realidad es pensar si tengo ganas de hacer pipí.
Intento establecer contacto mental con mi vejiga.
Vale, parece vacía y además hice pipí después de hacer caca, o sea que de momento no tengo ganas.
Todo en orden.
Podemos entrar en la sala.


*****


La película es una enorme montaña rusa de emociones. Desde que te sientas en la butaca, no puedes despegar los ojos de la pantalla. La historia te atrapa de una manera increíble y se van sucediendo escenas que consiguen emocionarte, ponerte de los nervios y mantenerte en tensión todo el rato.
Cuando muere cierto personaje, que no diré cuál por si alguno no la ha visto, es tanta la pena que me da y la tensión en la que estoy, que estoy a punto de hacerme pipí. Noto unas gotitas salir, pero afortunadamente, mi vejiga estaba vacía y no me cuesta nada retenerlo. Pero por si acaso, me palpo la entrepierna y el pantalón por si estuvieran mojados. Pero no. Están secos.
Gracias a Thor.
La escena esta que os he comentado tiene lugar hacia la mitad de la película, y a partir de ahí, la  historia coge un ritmo trepidante que no detendrá hasta el final. Hay un momento en el que otro personaje está a punto de morir y yo no lo puedo creer.
Y entonces pasa.
¿El personaje muere?
No, no muere.
Lo que pasa es que se me sale el pipí.
Es tanta la tensión que no puedo evitarlo. Me he olvidado de que antes casi me mojo entero. Solo quiero que ese personaje no se muera.
Empiezo a notar un líquido caliente que me baja por la entrepierna y me moja genitales, calzoncillos y pantalón, en ese orden.
Nononononono.
Me llevo las manos rápidamente a mi entrepierna y hago presión, pero es imposible. El pipí ha terminado de salir y me ha mojado entero.
Me empiezo a poner muy inquieto en mi butaca. Ya me da igual la película.
Empiezo a gemir nervioso y muy inquieto. Me salen mis gimoteos de bebé. Mami aparta la mirada de la pantalla y me mira.
-¿Qué pasa, Robin? –me pregunta preocupada.
Yo soy incapaz de contestar. Estoy restregándome los muslos uno sobre otro y encogiéndome en el asiento. Se huele mucho a pipí.
Mami también lo siente, porque se inclina hacia mí y olfatea el aire, como si todavía le quedase algún atisbo de duda.
No, su hijo de 12 años acaba de hacerse pipí encima.
Y para terminar de corroborarlo me lo pregunta. Por si quizá, por algún casual de los casuales, ese olor a pipí no estuviese producido por mí y me estuviese restregando la entrepierna por cualquier otra razón.
No se me ocurre ninguna para encogerme en mi asiento y llevarme las manos a la entrepierna.
-¿Te has hecho pipí? –me pregunta flojito con una cara de horror.
Alguien olfatea el aire detrás nuestra.
Asiento horrorizado y se me empiezan a salir las lágrimas.
En pantalla están pasando cosas alucinantes pero a Mami y a mí nos da igual. Mami se levanta de su asiento y me levanta a mí del mío tirándome de la mano para luego palpar la butaca con la palma de la mano por si también se hubiera mojado. Atravesamos la fila de asientos rápidamente y salimos de la sala.
En el pasillo no hay nadie. Todo el mundo está viendo la película.
-A ver Robin, ¿cómo es que te has hecho pipí? ¿Qué ha pasado? –me pregunta poniendo su cabeza a la altura de la mía
-No lo sé –contesto yo mientras Mami y comienza a palpar los pantalones para determinar la gravedad de la situación-. Estaba muy nervioso por la peli y no me he dado cuenta de que tenía ganas de pipí. Y cuando he intentado aparar era demasiado tarde.
Agacho la cabeza contra su barriga y comienzo a llorar.
¿Por qué? ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? ¿Por qué no puedo ser un niño de 12 años normal y corriente? ¿Por qué tengo que hacerme Pipí encima?
A veces… a veces desearía no ser un bebé. No ser el bebé de Mami. Ni de nadie. Ser un niño normal que puede quedarse a dormir en casa de sus amigos sin ningún problema. No tener que depender de nadie para irme a dormir porque me tienen que poner un pañal y darme el biberón. No tener que pedir un pañal  cada vez que fuera a hacer caca. No hacerme pipí encima…
No recuerdo la última vez tuve un accidente, o sea que tuvo que ser hace mucho.
¿Por qué?
¿Por qué a mí?
No quiero ser un bebé.
Necesito mi chupete.
Mami me ha cogido dela mano y me lleva hasta el baño a secarme. Entramos en el de señoras, que son los únicos que tienen la mesa para cambiar pañales.
-Mami, ¿me das mi chupete?
-¿Aquí, Robin? –me pregunta mirando alrededor con preocupación-. Estamos en un sitio público.
-Porfa, Mami –y rompo a llorar-. ¡¡ESTOY MUY INQUIETO!! ¡¡NECESITO MI CHUPETE!!
Mami me ve ahí en medio, llorando a moco tendido, haciendo mucho ruido y oliendo a pipí, y se da cuenta de que no va a poder limpiarme en este estado. Me dejo caer en el suelo de la  impotencia y lo golpeo con mis puñitos.
-¡¡MI CHUPETE!! ¡¡DAME MI CHUPETE!!
Estoy mojado. Pero no con un pañal. Tengo los calzoncillos y los pantalones mojados de pipí.
Me he hecho pipí encima.
Y tengo 12 años.
¿Tengo 12 años?
-Está bien, Robin. ¡ESTÁ BIEN! –Mami mete la mano en el bolso de los pañales y saca mi chupete-. Toma, pero deja de berrear.
Me lo da y lo cojo rápido y torpemente a causea del nerviosismo e inquietud y me lo meto en la boca.
Chupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchupchup.
Me voy tranquilizando poco a poco. Mami abre la mesa cambia-pañales y me sienta encima, con mis piernas colgando. Me quita los zapatos y comprueba hasta donde ha llegado el pipí.
-Por suerte los calcetines están secos –dice, y sigue quitándome la ropa.
Me saca pantalones y calzoncillos a la vez, los hace una bola y los tira a la papelera. Luego me dice que me tumbe.
-¿Qué vas a hacer? –le pregunto con mi chupete puesto.
-Voy a ponerte un pañal.
¿¿Un pañal?? ¿¿¿En público???
-No, Mami, un pañal no… -le imploro.
Mami me contesta mientras rebusca en la bolsa.
-Es lo que hay. Lo siento mucho, Robin, pero no quiero arriesgarme. Te he traído una muda limpia pero en el estado en el que estás creo que es más seguro si te pongo un pañal.
Tiene razón. Estoy muy inquieto. Necesito pañal. Puedo hacerme pipí otra vez en cualquier momento.
Mami saca un pañal de ositos con pañales y lo despliega rápidamente, me levanta las piernas y pasa el pañal por el culete. Yo lloro en silencio, moviendo mi chupete mientas Mami me coloca el pañal.
Voy a llevar un pañal en público. Fuera de mi casa. Afortunadamente toda la gente está viendo aún la película y no entra nadie en el aseo.
Verían cómo le están poniendo un pañal a un niño de 12 años.
A mí.
A Robin Starkley.
Mami me pasa el pañal por delante, lo pega a mi entrepierna hasta hace un rato mojada de pipí y me lo cierra sujetándolo ferméntemele con las dos cintas adhesivas.
Ahora se ven menos ositos.
Y ahí estoy yo. Vestido en un baño público con una camiseta, un pañal y un chupete.
Y a pesar de lo nervioso que estoy por si alguien me ve, lo cierto es que en el fondo estoy… tranquilo.
Seguro. Por llevar un pañal.
Mami saca de la bolsa de los pañales unos pantalones cortos de algodón de color gris.
-Lo siento pero en este bolso no me cabían otros.
Son unos pantalones viejos con una cintura muy ancha pero con un cordel para hacer un nudo y sujetarlos.
Mami me los pone sin problemas a pesar del abultado pañal y cierra el cordel en torno a mi cintura. Me hace un lazo y me baja la camiseta. Me pone de nuevo los zapatos y me baja de la mesa cambia-pañales.
Yo me siento como un verdadero niño pequeño. De unos 3 o 4 años. Llevo una camiseta de superhéroes, un chupete y un pantaloncito corto que no disimula para nada mi enorme pañal. Me tira mucho hacia arriba y es más que evidente que lo que llevo puesto debajo es un pañal. De hecho, toda la forma del pañal se marca por fuera del pantalón.
Mami me coge de la mano y salimos del baño. Comprueba que no hay nadie alrededor, pero aun así me quita el chupete de la boca.
Yo balbuceo molesto pero sé que es mucho mejor no llevar en este momento el chupete. Bastante doy ya el cante con el pañal.
Pero lo necesito.
Necesito un pañal.
Oh, dios. Necesito un pañal.
Quiero irme ya de aquí.
Pero sorprendentemente, los pasos de Mami no se encaminan hacia el aparcamiento, sino hasta la oficina de atención al cliente.
-¿Qué vas a hacer? ¿Por qué venimos aquí? –pregunto asustado.
-Porque hay que hacer las cosas bien, Robin. Hay que intentar ser siempre buen ciudadano.
Mi madre llama dos veces a la puerta.
-¿Sí? –la puerta se abre y aparece una chica joven vestida con el uniforme de las trabajadoras del cine.
-¡Hola! –Mami sonríe a pesar de la situación. A pesar de todo-. Veníamos para decir una cosa.
La chica nos mira extrañados pero nos deja pasar.
Aunque no está más extrañada que yo.
¿Qué les va a decir Mami? ¿Mira, le he puesto un pañal a mi hijo que tiene 12 años?
En el despacho hay un hombre de mediana edad vestido con traje sentado detrás de una mesa que miraba una montaña de papeles que tiene delante.
-Adelante, sentaos –nos dice el señor amablemente-. Bueno, ¿Qué es lo que sucede?
Yo miro a la chica, que nos mira a su vez a nosotros con cierta curiosidad.
-Gracias, pero va a ser rápido. Preferimos estar de pie.
El hombre asiente e invita a Mami a seguir.
-Verá, durante la película de Los Vengadores, mi hijo… ha… bueno, se ha hecho pis encima y… bueno, que ha mojado un poco la butaca…
-Entiendo –dice el hombre.
La chica arquea las cejas y me mira. Yo agacho la cabeza para mirar al suelo y me sonrojo.
-Si hay que pagar algo o lo que sea… lo hacemos encantados –termina Mami mirando distintivamente a la chica y al señor.
El hombre sonríe y hace aspavientos con las manos, restándole importancia al asunto.
-Señora, no se preocupe. Es algo que nos pasa a menudo. Películas de miedo, películas demasiado graciosas… Ninguna de Adam Sandler, por supuesto –ríe-. En fin, si hay niños viéndolas, a veces se les escapa el pis. No pasa nada. Tapizado nuevo y arreglado. No vamos a pedir dinero a las madres porque sus hijos puedan tener un accidente en un momento dado.
Mami suspira aliviada y le da las gracias al señor y a la chica. Esta nos sonríe y se inclina hacia mí.
-¿Todavía nos hacemos pipí encima? –me pregunta pretendiendo ser amable y con una vocecita infantil.
De nuevo el plural mayestático para referirse a mí. Nos.
Nos hemos hecho pipí. Vamos a quitarte el pañal.
Yo la miro pero no digo nada. Los ojos de la chica van rápidamente hasta la enorme forma de mi pañal marcada por fuera del pantalón y gira la cabeza no sin antes ponerse como un tomate.
-Bueno, pues muchas gracias de nuevo –dice Mami.
Me coge de la mano y salimos rápidamente del despacho.
La chica se ha dado cuenta de que llevo pañal. Y se ha puesto ella más roja que yo. Debo de dar mucha más vergüenza ajena de lo que creía.
Cuando salimos al aparcamiento está ya oscuro. Mami tira con decisión de mí para que lleguemos rápido al coche, pero yo me quedo parado y bajo mi cabecita para mirarme los pies otra vez. Da la sensación de que mis zapatos me parecen más interesantes que la película.
-¿Qué pasa ahora, Robin? –Mami se gira y me mira impaciente.
-Mami, ¿me puedes dar el chupete? –pregunto con hilo de voz.
Necesito mi chupete. Lo necesito mucho.
El gesto de mi madre cambia rápidamente y se vuelve de ternura, casi sintiendo pena por mí.
-Claro que sí, bebé. Toma tu chupetito –y mete la mano en el bolso y me lo da.
Yo me lo pongo en la boca y empiezo a chuparlo.
Está oscuro y no creo que nadie nos vea.
Y en este momento creo que me da igual si alguien lo hace.
-¿Estas mejor, Robin? –me pregunta pasándome un reconfortante brazo por los hombros.
Asiento en silencio.
Estoy mejor, pero a mil leguas de estar bien.
-Ale, vamos al coche –dice mami-. A casa.
-Mami… -le digo yo todavía sin moverme del sitio y sin dejar de mirarme la punta de los pies. Más interesantes que Los Vengadores-. ¿Puedes cambiarme el pañal?
Y es que al salir del baño me volví a hacer pipí.


*****


-¿Cómo ha ido la película? –pregunta Elia en cuanto Mami y yo entramos en casa. Se fija en mí-. ¿Por qué lleva puesto un pañal?
-Cámbialo, anda –le dice Mami mientras tira las llaves en el cenicero y deja caer los dos bolsos-. Que yo bastante follón he tenido esta tarde.

2 comentarios:

  1. Excelente, siempre es un placer leer tus historias, espero el siguiente!

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  2. Gracias Migue, la verdad es que esta historia y la velocidad de publicación me están costando la salud hahaha

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