30 de abril de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 18



Jackie



 Charlotte apagó la luz y Jackie se quedó abrazado a Ronnie, dentro de las sábanas, moviendo su chupete y pensando en la oscuridad. Pensaba en todo lo que le acababa de mostrar Charlotte. Le había enseñado un mundo completamente nuevo del que él no conocía nada en absoluto. Habían muchos más como él. Mucha más gente que llevaba pañales, usaban chupete o incluso dormían en cuna. Jackie siempre se había sentido único y la vez sólo por ser como era, pero conociendo a Charlotte y a todas las demás personas que le había mostrado, veía que eran como un pequeño grupo que tenían muchas cosas en común. Jackie quería conocerlos a todos. Era gente con la que podía encajar, como Charlotte. Eran bebés como ellos. A él no le interesaba todo eso de Adult Baby o Diaper Lover. Para él eran bebés.
Pero también había algo que le había entristecido. Jackie nunca se había dado cuenta de lo afortunado que era por tener todas esas cosas de bebé: pañales, bibes, cuna, carricoche… Pero había gente como él que no podían tener esas cosas porque eran muy grandes y ya no les cabían los pañales de bebés ni ellos cabían en las cunas de bebés. Y les resultaba muy difícil encontrar esas cosas de su talla. Eso ponía muy triste a Jackie. Ser bebé es genial. Es lo mejor del mundo. Y saber que había gente que no podía serlo porque no encontraba pañales de su talla lo entristecía mucho. Jackie llevaba unos días experimentando un sentimiento nuevo que no había conocido hasta ahora: la empatía.
Pensaba que bastantes problemas tenían ya algunos de esos bebés escondiendo su faceta por miedo a que la sociedad cruel los rechazase como para no poder experimentarla totalmente. Era muy injusto. Y había que hacer algo. Con ese pensamiento se dispuso a dormir, no sin antes palparse su pañal por fuera del pijama y recordarse a sí mismo lo afortunado que era.
Se despertó con un suave meneo en el hombro. Era Cindy. Lo zarandeaba delicadamente y le susurraba que ya era hora de despertarse, que iban a ver a su mami. Jackie se incorporó y miró hacia su derecha. Charlotte aún dormía abrazada a Mordisquitos. Cindy fue a despertarla también. Le tocó el hombro como a Jackie y le dio un beso de Buenos días en la frente. Charlotte se desperezó estirando sus bracitos con los puños cerrados y abriendo mucho la boca para bostezar. Cindy se incorporó y se apartó un mechón de pelo de la cara. Se dirigió hasta la cuna plegable de Jackie y le dio su biberón de leche calentita. Jackie lo aferró con sus manitas y comenzó a tomárselo. Cindy se dirigió hasta la cama de Charlotte y le preguntó cómo había amanecido.
-Tengo pipí –le contestó sonrojándose un poquito a la vez que se reía.
Cindy comenzó a cambiarle el pañal. La tumbó bocarriba y le bajó los pantaloncitos del pijama. Le desabrochó las cintas del pañal y se lo extrajo. Jackie miraba cómo le quitaban el pañal a Charlotte. En ese momento, ella lo miró. Jackie entendió su mirada y asintió mientras se tomaba el biberón.
-Cindy… -empezó Charlotte.
-Dime, cielo –le dijo su hermana mientras la limpiaba.
-¿Me puedes poner otro pañal? –le preguntó en voz bajita y muy rápido.
Pero Cindy la entendió. Y no puso ninguna cara de extrañeza.
-Claro que sí, mi vida –le dijo sonriendo.
Charlotte también sonreía, muy tímidamente, pero sonreía.
Cindy cogió otro pañal del armario y se dirigió hasta donde estaba Charlotte tumbada. Le levantó las piernas y le pasó el pañal por debajo. Luego le pasó la parte delantera entre las piernas y se lo sujetó con las dos cintas. Después la tomó en peso y le empezó a dar golpecitos cariñosos en el pañal.
-Ay, mi bebé –decía-. Que ya lleva pañalito de día.
La dejó sentada sobre la cama y fue hasta la cuna de Jackie. Lo sacó y lo puso sobre la cama de Charlotte.
-Venga, Jackie. Que ahora te toca a ti el cambio de pañal.
Le desabrochó los botoncitos del pijama y le extrajo con cuidado los brazos de las mangas. Jackie se pasó el biberón de una mano a otra para que Cindy lo tuviera más fácil. Después le sacó las piernecitas y Jackie se quedó desnudo a excepción del pañal. Cindy le desabrochó las cintas y le extrajo el pañal. Le levantó el culito tirándole hacia arriba de las piernas y comenzó a limpiarle. Todo esto mientras él se tomaba el biberón. A continuación, le volvió a levantar las piernas para pasarle el pañal nuevo por el culito. Cuando lo tuvo bien colocado, le pasó por la entrepierna la parte delantera del pañal y se lo sujetó fuertemente con las dos cintas adhesivas.
De esta manera, sobre la cama de Charlotte estaban ella y Jackie llevando los dos un pañal. Ella abrazada a Mordisquitos y él tomándose el biberón.
-Ooooooooh –exclamó Cindy con una ternura que Jackie no había oído nunca en su voz-. ¡Pero que monos que estáis! Esperad aquí que voy a por la cámara.
Volvió enseguida y cuando fue a echar la foto, Jackie le dijo que esperase, que no quería que el bibe le tapase la cara, y lo dejó a un lado. Charlotte hizo lo mismo con Mordisquitos y abrazó a Jackie. Éste, sorprendido en un principio, le devolvió el abrazo. Y mientras los dos miraban a cámara, Cindy sacó la foto.
-¡Pero que monos que salís! –exclamó de nuevo Cindy mientras veía la foto en la pantallita de la cámara.
Jackie y Charlotte se miraron, y él volvió a su bibe, que ya estaba casi vacío. Cindy tomó en peso a Jackie y a Charlotte de la mano y los llevó hasta la cocina. Allí, sentó a Jackie en una silla, le puso a Charlotte su tazón de leche con cereales y se preparó un café para ella.
Cuando acabaron los tres de desayunar, Cindy le dijo a Jackie que la secretaria de su mami, Alicia, iba a acompañarlos en su visita a la cárcel, que la había llamado anoche y tenía que decirles algo muy importante a los tres. Jackie asintió y a los diez minutos estaba vestido y esperando a Cindy junto a la puerta. Ella venía de darle las últimas instrucciones a Charlotte, que se iba a quedar sola.
-… Y si llaman al timbre, no abras. Miras primero por la mirilla y si es alguien que conoces entonces sí. No enciendas el gas. No cojas cuchillos… Y creo que eso es todo.
-No me has dicho que no queme la casa –Charlotte apareció detrás suya llevando sólo una camiseta y el pañal.
-Ah, se me olvidaba –contestó Cindy irónicamente, siguiéndole el juego a su hermana-. El extintor está en la cocina –hizo una pausa en la que le sonrió-. Ten cuidado anda.
Y salió con Jackie de la casa.
En el trayecto hasta la cárcel, Jackie iba sentado en la parte de atrás del coche. Miraba la carretera, nervioso y excitado, pues tenía muchas ganas de ver a su madre. Mientras, Cindy no dejaba de darle vueltas al hecho de haber dejado a su hermana en casa e iba pensando en voz alta.
-Que no abra la puerta, no encienda el calentador… Creo que se lo he dicho todo, y aún así, tengo la sensación de que me he olvidado de algo importante…
Llegaron a la puerta de la cárcel. Era un edificio rectangular con murallas muy altas y una alambrada de espino que coronaba la parte superior. Salieron los dos del coche. Alicia les estaba esperando en la puerta.
-Buenos días, Cindy. Hola, John –les saludó.
-Mejor Jackie –contestó él.
Alicia asintió.
-¿Pasamos? –dijo.
-Por supuesto –respondió Cindy.
Tuvieron que atravesar varios controles en los que todos fueron cacheados. Jackie se puso muy nervioso cuando le tocaban por la zona del pañal, avergonzado un poco de tener que llevar un pañal y ser un bebé en un sitio público, pero luego recordó que gracias a los periodistas de la prensa amarilla, todo el mundo sabía que llevaba pañales.
Llegaron a la sala de visitas y se sentaron en una de las mesas redondas que poblaban la habitación. Al poco, su madre apareció por la puerta del fondo, con una mono naranja, el pelo recogido en una coleta, esposada y flanqueada por dos guardias. Jackie se levantó para ir corriendo a darle un abrazo, pero Alicia lo sujetó.
-Espera un momento. Es mejor no hacer movimientos bruscos.
Su madre se acercaba, y al verlos, dirigió su mirada hacia él y sonrió. Se le escaparon unas lágrimas. Se sentó en la mesa y los guardias le quitaron las esposas.
-Tenéis quince minutos –dijo uno de ellos, y ambos se marcharon.
-¡Mi bebé! –dijo su mamá cuando se fueron.
Jackie se levantó y la abrazó. Ambos se cubrieron de besos por toda la cara, se abrazaron muy fuerte. Su madre, lo tomaba sobre su regazo y le daba golpecitos en su pañal.
-¡Aaaaay, mi bebé! –exclamó-. ¡Tenía tantas ganas de tenerte entre mis brazos! ¿Quieres teta, mi amor?
Jackie dudó un momento. Y esto le sorprendió, pues era la primera vez en su vida que no contestaba con un sí rotundo y feliz cuando su mami le preguntaba si quería teta. De todas formas, ya estaba mamando de su seno, succionando leche con sus labios pegados al pezón de su mami, así que ese pensamiento se le fue de la cabeza enseguida.
-Han tenido que darme un sacaleches para poder sacarme la leche durante estos días, porque las tetas me iban a reventar. Aunque últimamente parece que no producen tanta leche –le dijo a Cindy y Alicia.
Y era verdad. Jackie notaba las tetas de su madre más pequeñas de lo normal.
-Me alegro de verla, Karen –dijo Alicia.
-Y yo, señora –corroboró Cindy.
-No me llames señora, Cindy –le dijo su mami-. tengo entendido que mi hijo te ha nombrado jefa en funciones de la Mansión Largue.
-Así es, Karen –contestó Cindy. Jackie podía notar su voz un poco temblorosa-. Aún así, la última palabra la tiene siempre Jackie. Yo sólo intento darle los mejores consejos.
-Y muy bien que lo haces, Cindy. Y se nota que Jackie te escucha. Mi hijo no habría podido hacerlo sin ti. Y yo no habría podido elegir mejor a su niñera.
-Cindy es mi amiga –dijo Jackie sin despegar la boca de la teta, que estaba siguiendo la conversación, pues la teta de mami no la estaba disfrutando tanto como lo hacía antes.
-Bien, si podemos ponernos ya con el tema que nos ocupa… –dijo Alicia.
-Alicia es una mujer que vive para su trabajo, Cindy. Ya la irás conociendo –dijo su madre-. Y extraordinariamente bien que lo hace –añadió.
-Gracias, Karen –contestó. A continuación abrió su maletín y empezó a sacar papeles-. Bien, como ya sabemos, los únicos que tenían acceso a todas las cámaras de seguridad eran los miembros del consejo, cada uno de ellos controlaba una zona de las cámaras. Y como hemos perdido parte de la grabación de todas ellas, podemos afirmar que se trata de un complot. Y éste no tenía otro objetivo que desacreditar a Karen Largue. Que no haya imágenes en las cámaras de seguridad del día en el que asesinaron a Gertrudis y a Emma es la prueba de que cada miembro del consejo borró la parte de las cámaras que controlaba.
-¿Y la parte de Karen? –preguntó Cindy.
-¿Perdón?
-La parte de Karen. Las cámaras que controlaba ella. ¿Ahí no se ven pruebas de lo que pasó ese día?
-Las cámaras de Karen sólo están situadas en la planta en la que se encuentra su despacho. Y no la pisaron en ningún momento ese día.
-Qué lástima… -Cindy estaba decepcionada.
-Lo sé –Alicia continuó-. Sabiendo esto, podemos deducir que fueron ellos los que asesinaron a Gertrudis y a Emma, aunque no podemos demostrarlo, ya que la hora y la fecha de las cámaras de seguridad ha sido editada; y a ojos del juez y la fiscalía, no se ha producido ningún corte en la grabación, por lo que se puede deducir que durante esa parte de la grabación que ha sido borrada, fue cuando tuvo lugar el asesinato de Gertrudis y Emma.
-¿Cómo han editado la fecha y la hora de las grabaciones? –preguntó su madre.
-Al borrar una parte de la grabación, la hora que aparece en la pantalla sufre un corte. Lo que han hecho ha sido retrasarla, para que ese corte nunca se haya producido.
-¿No podemos demostrar que ha sido una manipulación? Por ejemplo, con los relojes de pared que hay por los pasillos. Si las cámaras los han grabado y éstos marcaban una hora distinta… -sugirió Cindy.
-Lo he pensado –contestó Alicia-. Pero he hablado con abogados y me han dicho que como mucho, eso podría considerarse una prueba circunstancial, ya que los relojes puede ser que vayan adelantados –hizo una pausa-. En cuanto a la muerte de Emma y Gertrudis, al no haberse encontrado el arma del crimen, el juez ha dictaminado que se mataron entre ellas por una discusión sobre fidelidad a la empresa que se les fue de las manos.
-¡¿Qué clase de gilipollez es esa?! –gritó su madre, que se movió y Jackie tuvo que volver a recostarse para seguir mamando, aunque ya lo hacía por inercia-. ¡¿De dónde ha salido ese juez?!
-He estado investigando. Se llama Cells Wolves. Tenía una sociedad hace unos años con Terry Gillbert y fue compañero de la universidad de Florth Vincent. Está untado hasta las cejas.
-¡Me cago en todo! –gritó su mami de nuevo.
Jackie también estaba furioso. Dejó de tomar teta y se sentó, aún sobre el regazo de su madre, para escuchar más atentamente.
-También he descubierto cual ha podido ser el móvil causante de todas estas desgracias contra su familia, Karen.
-¿No es suficiente con el odio que tiene a mi familia Florth Vincent? –Preguntó irónicamente mientras se guardaba la teta.
-El día que aparecieron los cadáveres de Emma y Gertrudis, fui a casa de ambas para darles el pésame a sus familias en nombre de Modas Largue. Y lo que pasó en casa de la última me dejó fría. Fui recibida de malos modos, me dijeron que Gertrudis odiaba a la familia Largue por tenerla como una esclava trabajando y por no haberle subido el sueldo ni un centavo durante todos sus años de servicio. Me dijeron, y aquí viene lo gordo, que lo mejor que pudo hacer Gertrudis fue traicionarla y decirle a Florth Vincent que su hijo todavía llevaba pañales, usaba chupete, dormía en cuna y… Bueno, todas esas cosas… Y que eso hizo que los miembros del consejo trazasen todo el plan de obligarte a mostrar a tu hijo en público. Ellos querían organizar un disturbio para que la verdadera faceta de Jackie saliese a la luz, pero que de eso te encargaste tú despidiendo a todos esos trabajadores que montaron el piquete en la puerta del hotel.
Jackie estaba realmente furioso. Esa panda de gente había arruinado a su madre, la habían separado de él y casi habían destrozado toda su vida. Sentía su sangre hervir.
-Quiero verlos fuera. Fuera de la empresa de mi familia, fuera de mi vida. Y quiero sus cabezas. Empezando por la de Vincent.
¿Quién había dicho eso? Jackie se sorprendió. ¡Un momento! ¡Había sido él! ¡Esas palabras salieron de su boca! ¿No era genial?
-Hay una posibilad –dijo Alicia mirando a su madre-. He estado rebuscando en los papeles de Modas Largue y he descubierto la solución –sacó un papel de su maletín y lo puso de manera que su madre pudiera leerlo-. Es un documento de John Largue Sr. y firmado por un notario, lo que le da validez legal, que establece que en el caso en el que su mujer no pudiese seguir al frente de Modas Largue, la empresa pasaría directamente a manos de su hijo Jonh Large Jr. y éste dispondría de todo el capital de la misma para hacer uso como considere oportuno. Y en el caso de que su hijo fuese aún menor de edad, éste podría disponer de alguien de confianza elegido por Karen Largue para que le ayudase en la tarea de dirigir Modas Largue.
-¿Mi ex-marido ha firmado eso? –se extrañó su madre.
-Sí, señora –respondió Alicia-. Es evidente que sabía que algo así podría pasar más pronto que tarde y quería asegurarse de que teníais las espaldas cubiertas.
Su madre parecía muy feliz. Increíblemente feliz. Y Jackie también. El cúmulo de emociones que acababa de sentir hizo que se hiciese pipí encima. Pero no le importó en ese momento. Ya le cambiarían el pañal luego. Lo importante era que podría deshacerse de todos los que casi le arruinan la vida.
-¿Dice ahí algo de que no pueda elegir a dos personas para que aconsejen a mi hijo para dirigir la empresa? –preguntó su madre.
Alicia lo leyó por encima.
-No, señora.
-Bien, porque quiero que seáis vosotras dos –hubo una pausa en la que Alicia y Cindy miraron a su madre-. Alicia ha demostrado que está más que capacitada para dirigir una empresa. Mirad toda la tierra que ha movido para salvarnos el pellejo, se lo merece. Y seguro que le dará a mi hijo los mismos buenos consejos que me ha dado a mí. Y Cindy es como una segunda madre para Jackie. Pero más que eso, es como su hermana, su confidente… Pero más importante que eso: es su amiga y se quieren. Confío en que sepa llevar siempre a mi hijo por el buen camino y que le dé un toque de atención cuando se desvíe del mismo para que no cometa los mismos errores que ello, como en el caso de Gertrudis.
Acordaron un nuevo reparto del capital de Modas Largue, ya que Jackie quería repartirlo entre las personas que a su juicio lo merecían. Él se limitó a decir  para quiénes quería que fuera, y su madre, Alicia y Cindy a darle el visto bueno. Sobre todo, estas dos últimas.
Se despidieron de su madre. Jackie le da un fuerte abrazo y promete venir a verla en cuanto pueda. Ella le dice que no es necesario. Que no le gusta que la vea así. Que sea muy bueno y que cuide de todo. Que ya no es el bebé que era, que ya es mayor.
-¡Yo no quiero dejar de ser bebé! –le dice mientras la abraza.
-Y no dejes nunca de serlo, mi amor. Pero ahora la gente te tiene que ver fuerte. Vas a entrar en un mundo difícil, y tienes que estar preparado.
Durante el trayecto de vuelta al piso de Cindy, Jackie no dijo nada. Iba en silencio pensando. Había algo que se le escapaba y no conseguía saber qué era. Cindy tampoco decía nada. Conducía en silencio, aunque Jackie sabía que estaba muy feliz.
Llegaron al apartamento, y al abrir la puerta, Charlotte se les echó encima.
-¡¡Cindy!! ¡¡Por fin habéis vuelto!! –y abrazó a los dos.
-¡Claro que sí, Charlikity! –contestó Cindy mientras le revolvía el pelo-. No hemos estado fuera tanto tiempo.
-¡Pero tengo pipí en el pañal y no había nadie para cambiarme! –y pegó la cabeza al cuerpo de Cindy y empezó a llorar.
-¡Oooh, Charlikity…! –Cindy se puso de rodillas para estar a su altura y la abrazó-. ¡Eso era lo que se me olvidaba! Ahora que llevas pañal, no te puedes quedar sola, mi vida. Necesitas a alguien para que te cambie. Pero no te preocupes, mi amor, que a partir de ahora no te voy a dejar sola nunca.
-¿Me lo prometes? –le preguntó Charlotte haciendo pucheros.
-Te lo prometo, mi vida –afirmó Cindy mientras levantaba la mano a la altura de su cara, en un gesto muy solemne-. Ale, vamos a cambiarte ese pañal, que mi bebecita tiene que estar sequita –y se fue de la mano con ella hacia su habitación.
-Eeeeh… -empezó Jackie-. Yo también tengo pipí.
Cindy rió.
-Pues venga, mi otro bebé –y lo cogió también de la mano-. Vamos a cambiarte a ti también el pañal, que mis bebecitos tienen que estar sequitos.
Cindy los cambió. Luego les dio la comida. Se comportaba con Charlotte como si fuera una bebé como Jackie: le dio de comer, le hizo mimitos, la tomó… Después pasaron ella y Jackie toda la tarde juagando sobre la alfombra del salón. Era la primera vez que tenía una amiga de su edad con la quien jugar. Cindy los cambió de pañal, les dio la cena y luego vieron los tres una película abrazados sobre el sofá. Cuando llegó la hora de dormir, Cindy llevó primero a Charlotte a su cama y luego a Jackie a su cuna. Les volvió a cambiar el pañal a los dos, y no fue hasta que Cindy le dijo a Charlotte que esos pañales se le iban a quedar pequeños enseguida cuando Jackie se acordó de lo que se le había escapado hasta ese momento.
Sonrió y dejó que Cindy le cambiase el pañal. 

9 de abril de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 17



Charlotte



Charlotte estaba ensimismada contemplando a Jackie. Su hermana ya le había hablado mucho de él y ella le había preguntado mucho por él. Pero una cosa era oír lo que le contaban y otra verlo con sus propios ojos.
Jackie parecía incapaz de valerse por sí mismo. Al llegar al piso, ella había tenido que ayudarle a quitarse el traje que llevaba, y luego él le pidió que le tumbase sobre la cama para ponerle el pijama, porque no sabía cómo hacerlo. Después, Jackie buscó en su maleta el chupete y el alce de peluche y los tomó consigo. Se puso el chupete en la boca rápidamente y abrazó a su peluche, muy parecido a como ella abrazaba a Mordisquitos. Se habían quedado un rato en silencio sin saber muy bien qué hacer, hasta que ella le sugirió para romper el hielo de ir a ver la televisión. Y allí permanecieron en un silencio roto únicamente por el ruido de la televisión y el chupeteo de Jackie.
Charlotte lo miraba de soslayo de vez en cuando con cierta admiración y envidia. Jackie era un bebé. Tenía que llevar pañales, usar chupete y tomar teta. Y todo el mundo lo veía como algo normal. A nadie le extrañaba que un niño de 12 años todavía se comportase como si fuera un bebé. Él podía ir por ahí llevando su pañal mientras ella tenía que esconderse para chuparse el dedo. Era injusto ver como nadie le repudiaba por ser un bebé y ella tenía que escondérselo a sus padres.
Sin embrago, lo suyo era diferente. Ella a ojos de la gente, llevaba pañales para dormir porque mojaba la cama. Nadie sabía que en realidad le gustaba jugar a que era una bebita y su hermana o su mami le cambiaba el pañal.
Por eso sentía fascinación por Jackie y siempre le preguntaba a su hermana por él. Y ahora lo tenía delante suya; llevando un pañal mientras su hermana le daba palitos en la espalda para que expulsase los gases.
-Es un bebé –le dijo sin mover los labios.
Cuando ya hubo eructado un par de veces, Cindy volvió a sentar a Jackie en la silla. Jackie se puso inmediatamente el chupete en la boca.
Charlotte lo contempló sin darse cuenta que el pescado que tenía en el plato se le estaba quedando frío.
-¡Charlotte! –dijo de pronto su hermana mientras daba una palmada al lado suya-. Cómete el pescado, vamos –le dio un beso en la frente muy suave.
Charlotte acachó la cabeza y siguió comiendo.
-A ver, Jackie –dijo su hermana al nuevo huésped de la casa-, ven aquí que te de las natillas –y lo sentó encima suya.
Charlotte sintió un poco de envidia. Ella también quería que su hermana le diera las natillas y la sentase sobre su regazo. Quería llevar pañal siempre y chuparse el dedo delante de todo el mundo. Quería que su madre le diese teta… Al acordarse de esto último, sintió un pinchazo en el corazón y se le empezaron a humedecer los ojos. Vio el pescado que tenía sobre el plato borroso, hipó y una lágrima le empezó a recorrer la mejilla. Y después de eso, dos torrentes de lágrimas le empezaron a caer de los ojos y lloraba desconsoladamente. Cindy dejó a Jackie rápidamente sobre la silla y corrió a abrazarla. Le sujetó la cabeza y la pegó contra su pecho mientras le acariciaba el pelo y lloraba con ella. Charlotte pensó que su hermana no le diría nada, y si lo hacía, a ella no le importaba, pero lo necesitaba. Así que empezó a chuparse el dedo.
Enseguida sintió otros brazos que la rodeaban. Jackie se había levantado de su sitio y las había abrazado a las dos, mientras lloraba en silencio con su chupete puesto. Los tres habían perdido a sus madres. Eran tres personas unidas por el dolor.
Lloraron en silencio un rato más. La primera en recomponerse fue su hermana. Se separó de ellos y los dejó abrazados mientras se secaba lo ojos.
-Bueno… Basta ya de llorar, que vamos a inundar la casa y le vamos a hacer goteras a la vecina de abajo –dijo-. Venga, vamos a recomponernos, chicos –dijo con dulzura.
Charlotte soltó el brazo con el que abrazaba a Jackie y se sacó el pulgar de la otra mano de la boca. Estaba un poco arrugado. Miró a su hermana, pero ella no le dijo nada. Sólo le sonrió.
Cindy trajo su silla al lado de la de Charlotte y sentó a Jackie encima. Abrió unas natillas y empezó a dárselas despacio. Jackie abría la boca dócilmente y dejaba que su hermana le diera de comer.
-Bueno, Charlotte –dijo su hermana de forma divertida sin dejar de mirar a Jackie-, ¿qué te parece nuestro invitado?
A Charlotte le pilló por sorpresa. Era muy tímida con la gente que no conocía.
-Bien… -dijo casi en un susurro.
-¿Habéis hablado algo? –siguió Cindy.
-No… -contestó Charlotte-. Bueno, le he ayudado a ponerse el pijama y nada más –dijo con la esperanza de que se hablase sobre Jackie y del porqué de que llevase pañales todavía, ya que no se atrevía a sacar el tema.
-¿Sí? –su hermana se dirigió ahora a Jackie-. ¿Te ha ayudado Charlotte a ponerte el pijama?
Jackie asintió en silencio mientras tragaba.
-Que bonica –dijo Cindy mientras le daba un beso en la mejilla.
En ese momento, Jackie habló. Era la primera vez que lo hacía desde que Charlotte lo conocía, ya que hasta ahora, sólo había hablado con gestos, pero lo que dijo era una de las cosas que Charlotte más curiosidad tenía por oír. No por la frase en sí, sino por lo que venía a continuación.
-Cindy, tengo pipí.
-¿Te has hecho pipí, Jackie? –le dijo su hermana. Obviamente era una pregunta retórica-. Pues venga, termínate las natillas y te cambio el pañal.
Cindy también se apresuró en terminarse su plato de pescado, en el que el aceite se había solidificado formando una película alrededor del mismo. Jackie se terminó la última cucharada de natillas y se movió inquieto encima de Cindy. Su hermana pareció entender lo que el bebé quería.
-Venga, te llevo ya a cambiarte.
Cindy se levantó con Jackie en peso y fue hasta su habitación. Charlotte esperó un momento y se levantó con la intención de ver cómo le cambiaban el pañal a Jackie. Se dirigió hasta la habitación de su hermana y abrió la puerta. Dentro, estaba sobre la cama Jackie, con el pijama mono abierto, acostado bocarriba y su hermana le sostenía las piernas en alto mientras le limpiaba. El pañal que le había quitado estaba hecho una bola en la esquina del cuarto.
-¿Qué pasa, Charlitikity? –le dijo su hermana mientras seguía cambiando de pañal a Jackie.
Charlotte se quedó congelada. No había previsto una respuesta para cuando su hermana le preguntase qué había ido a hacer a la habitación.
-Esto… Eh… No encuentro los yogures de coco –sabía perfectamente que su hermana no compraba nunca yogures de coco, por lo que fue una buena improvisación.
-Llevo meses sin comprar yogures de coco, Charlotte –contestó mientras le pasaba un pañal limpio por debajo del culete a Jackie. Él no dio muestras de percatarse de la presencia de Charlotte, simplemente siguió dócil mientras su hermana le cambiaba el pañal-. Coge uno de los de limón, son tus favoritos.
-Vale… -Charlotte cerró la puerta y volvió hasta la cocina.
Acababa de ver cómo le cambiaban el pañal a un niño mayor que ella. Se puso un poco celosa. A ella siempre le ponían o le quitaban el pañal, no se lo cambiaban como a los bebés. Esperó a que su hermana volviese con Jackie en brazos, pero en lugar de eso, ambos se dirigieron a su habitación. Se oyeron ruidos dentro mientras Charlotte intentaba averiguar a qué pertenecían. Se tomó el yogur y se quedó sentada en la mesa sin saber qué hacer. Hasta que tomó una decisión. La habitación era suya así que podía entrar cuando quisiera.
Cruzó el pequeño pasillo y abrió la puerta. Dentro se encontró con una cuna plegable al lado de su cama, por lo que no había sitio para llegar hasta la pared de enfrente. Jackie estaba sobre su cama agitando sus brazos y sus piernas mientras su hermana terminaba de prepararle su cuna.
-Ah, hola Charlotte. ¿Has terminado ya de cenar?
-Sí. ¿Qué haces? –le preguntó ella.
-Jackie va a dormir contigo. Quiero reunir en la misma habitación a los dos que llevan pañales de esta casa –dijo sonriendo-. Le estoy preparando su cuna.
Charlotte no dijo nada. Ni siquiera sabía si le había hablado alguna vez de ella a Jackie. Quizá Jackie se acabase de enterar de que ella también llevaba pañales, pero en cualquier caso, no parecía que el bebé que estaba acostado sobre su cama fuera a decir algo al respecto.
-Cindy, quiero bibe –dijo Jackie.
-Enseguida te lo preparo, cielo. Voy a terminar de ponerte las mantitas en tu cuna.
-¿Mañana iremos a ver a mami? –preguntó. Su voz salía algo amortiguada por su chupete.
-Sí, mañana iremos a ver a mami –respondió su hermana-. Charlotte –se dirigió ahora a ella-, ve poniéndote el pijama mientras yo le preparo el biberón a Jackie. Cuando vuelva, te pongo el pañal mientras él se lo toma.
Charlotte obedeció. No le importó desnudarse delante de Jackie, pues era un bebé y en ese momento sólo le prestaba atención a su alce de peluche. Su hermana volvió enseguida con un biberón de leche caliente en una mano. Se lo dio a Jackie, que inmediatamente lo aferró con sus manitas y comenzó a tomárselo. Cindy lo levantó en peso y lo dejó suavemente sobre la cuna. Después le llevó  su peluche y lo dejó a su lado.
-Venga, Charlotte. Ven que te ponga el pañal.
Charlotte se subió rápidamente sobre la cama y se acostó bocarriba. Su hermana sacó su pañal del armario y empezó a ponérselo. Le bajó el pantaloncito del pijama y le levantó las piernas con una mano mientras que con la otra le pasaba el pañal por debajo. Charlotte miraba de reojo a Jackie por si éste la miraba mientras le ponían el pañal, pero estaba concentrado en tomarse su bibe y no apartaba la vista del techo.
Cuando su hermana terminó de ponerle su pañal, le dio un golpecito cariñoso en el culito. Charlotte se rió y se metió debajo de las sábanas. Regresó a la superficie con Mordisquitos y lo puso junto a ella en la almohada. Su hermana estaba al lado de la cuna de Jackie y le sujetaba el biberón con la mano mientras él estiraba sus bracitos. Terminó de tomárselo y bostezó. Se le escapó un eructo y rió, muy parecido a como ella se había reído cuando le habían puesto el pañal, con un risita de bebé travieso. Su hermana le pellizcó la barriguita y Jackie se llevó las manos a la parte delantera del pañal mientras sonreía detrás de su chupete.
Charlotte se dio cuenta en ese momento de lo bebé que podía llegar a ser Jackie. Mucho más que ella.
Cindy le dio un beso en la frente, se dirigió hasta su cama y le dio un beso en la mejilla a Charlotte, luego recogió el biberón de Jackie y se dirigió hasta la puerta de la habitación.
-Que durmáis bien, mis bebés –dijo antes de salir. Apagó la luz y cerró la puerta.
Los pasos de su hermana se escuchaban alejarse en el pasillo. Dentro de la habitación sólo se oía el chupete de Jackie moviéndose en su boquita mientras intentaba conciliar el sueño. Aprovechando que su hermana había ido ya a su habitación, Charlotte pensó que era ahora o nunca.
Encendió la luz con el interruptor que estaba junto a su cama.
Se incorporó en la cama y miró a la cuna de Jackie. Éste la miraba acostado todavía bocarriba, moviendo su chupete. Se quedaron un rato mirándose, hasta que Jackie rompió el hielo.
-¿Qué pasa? –preguntó con voz tímida.
-¿Por qué llevas pañales? –fue la primera cosa que se le vino a Charlotte a la cabeza, que se había quedado en blanco.
-Porque me hago pipí y caca encima –contestó Jackie, que no había entendido muy bien a qué venía esa pregunta.
-¿Y los has llevado siempre? –volvió a preguntar Charlotte. En realidad sabía la respuesta a esas preguntas porque se lo había dicho su hermana, pero quería escucharlo de la boca de Jackie para corroborar que todo era verdad, aunque no había dudado de su hermana ni por un momento.
-Siempre –contestó Jackie-. No recuerdo un solo día de mi vida en el que no haya estado con pañales.
-¿Y por qué los llevas?
-Ya he contestado a esa pregunta –dijo en voz un poco alta.
-Baja la voz o mi hermana vendrá –le dijo flojito Charlotte-. Me refiero a por qué te gusta llevar pañales, si es que te gusta.
-No es que me guste o me deje de gustar –dijo en voz bajita-. Es que me hago pipí y caca encima y me tienen que poner un pañal. Lo veo normal. Como una persona cuando se pone calzoncillos o braguitas. Pues yo me pongo pañales.
-¿Y tomar teta? ¿Eso te gusta? –Charlotte se había sentado con las piernas cruzadas en la cama y miraba de frente a la cuna de Jackie.
-¿Cómo sabes que tomo teta? –Jackie se sentó también sobre sus mantitas y miró a Charlotte.
-Baja la voz –le volvió a decir-. Me lo ha contado mi hermana. Pero tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. Bueno, con nosotras. Puedes confiar en mi hermana, es la mejor persona que he conocido… Junto con mi madre… -se puso muy triste al acordarse de su madre.
-Pobrecita… -Jackie se percató de su tristeza-. ¿La querías mucho?
-¿Acaso no quieres tú a la tuya? –dijo mientras se le escapaban las lágrimas.
-Tienes razón –Jackie parecía molesto consigo mismo-. ¿Qué clase de pregunta te he hecho? Por favor, perdóname.
-No importa –Charlotte se secó las lágrimas con el puñito cerrado y se frotó los ojos.
-Escucha –empezó Jackie-. No hablemos de tu mami, ¿vale? Ni de la mía. Hablemos de ti… O de mí, ¿qué más quieres saber?
Charlotte se quedó pensativa, con lo que los recuerdos de su madre desaparecieron de su cabeza.
-Umm… -dijo mientras se le venía otra pregunta a la mente. Y se acordó de que Jackie no le había respondido a si le gustaba tomar teta-. ¿Te gusta tomar teta?
-Sí –respondió Jackie-. Me encanta acurrucarme junto a mami y tomar su teta… Pero… ¡Eh! Hemos dicho que no íbamos a hablar más de nuestras mamis. Pregúntame otra cosa, va.
-Tienes razón –Charlotte cogió a Mordisquitos y lo puso sobre sus piernas mientras pensaba.
-¿Tiene nombre? –le preguntó Jackie.
-¿Perdón?
-Tú peluche –dijo Jackie señalando a Mordisquitos-. Que si tiene nombre.
-Ah –exclamó Charlotte-. Sí, tiene nombre. Se llama Mordisquitos –dijo mientras lo levantaba para enseñárselo mejor a Jackie-. ¿Y el tuyo?
-También –contestó Jackie-. Se llama Ronnie.
-Que chuli. ¿Y desde cuándo lo tienes?
-Desde que he llevado pañales y tomado teta –dijo Jackie sonriendo.
-¿Desde siempre? –preguntó Cindy sonriendo también.
-¡Sí!
Y los dos rieron.
-¡A ver, los bebés parlanchines! –oyeron la voz de su hermana desde su habitación-. U os dormís, o uno se viene aquí conmigo.
Los dos rieron ahora por lo bajini. Charlotte mordiéndose el dedo, y Jackie su chupete.
-Jo, ¿sabes que te tengo mucha envidia? –le confesó Charlotte.
-¿Sí? –se sorprendió Jackie-. ¿Por qué?
-Pues porque a mí también me gusta ser un bebé… -Charlotte bajó la cabeza-. Y me gustaría que me cambiasen el pañal como a ti, y me dieran bibe, y me acostaran en una cunita y… Y bueno, todas esas cosas…
-¿Y por qué no se lo dices a Cindy? –le preguntó Jackie.
-Porque no sé cómo reaccionaría –le dijo-. A lo mejor le digo que quiero ser un bebé, se enfada y empieza a enseñarme a dormir sin pañal… Y a mí me encanta llevar pañal para dormir… Pero… Pero ojalá pudiera llevarlo todo el día…
Jackie se levantó y se apoyó en los barrotes de su cuna para acariciarla.
-No te pongas triste, Charlotte –le dijo mientras estiraba el brazo para pasarle la mano por el pelo-. A Cindy le encanta cambiarme el pañal y darme bibe. Estoy seguro que si le dices que te lo haga a ti, se pondrá igual de contenta, o más incluso. Al fin y al cabo, tú eres su hermana.
-Ya… Es posible… Pero es que te veo a ti y a los demás a los que vuestras mamis os cambian el pañal y… Y me pongo muy triste porque yo también quiero ser una bebita siempre.
-¿Los demás? –Jackie parecía extrañado-. ¿Hay más como yo?
Charlotte se quedó sorprendida, y se le esfumó la tristeza.
-¿No lo sabes?
-¿Si no sé qué?
-Todos los que hay como nosotros –le contestó Charlotte.
-No –respondió Jackie, y se quitó el chupete de la boca-. ¿Hay más como nosotros?
-¿No conoces el mundo AB/DL?
-No. ¿Qué es eso?
Charlotte estaba estupefacta. ¿Cómo era posible que Jackie Largue, que se había convertido en el Adult Baby más famoso del mundo no supiera a qué grupo pertenecía?
-¿Nunca has entrado en Internet? –le preguntó Charlotte.
-Nunca he tenido ordenador –respondió Jackie.
Charlotte no podía creer lo que oía. Jackie vivía en la total ignorancia. No había contado con tener que explicarle a Jackie lo que era. Estaba segura de que lo sabría.
-AB/DL son las siglas de Adult Baby y Diaper Lover –empezó-. Adult Baby significa que te gusta ser un bebé. Diaper Lover que te gusta sólo llevar pañal. En nuestro caso, como todavía no tenemos 18 años, no somos Adult Baby, sino Teen Baby. Pero vamos, viene a ser lo mismo.
-¿Entonces yo soy un Adult Baby? Es decir… ¿Un Teen Baby?
-Umm –pensó Charlotte-. Tampoco lo eres exactamente. Un Adult Baby es un hombre que quiere ser bebé. En tu caso no tienes elección. Pero también te gusta ser un bebé así que es complicado. No hay una palabra exacta para definirnos tampoco. Nos gusta ser bebés, pero además tenemos que llevar pañales, y en tu caso, tomar teta. Yo creo que nos podemos definir simplemente como bebés.
-Aaah… -Jackie estaba asombrado. Quizá era demasiada información para asimilarla de golpe-. Entonces, ¿dices que hay más como nosotros?
-Oh, claro –respondió Charlotte-. Muchísima gente. Y yo conozco a varios.
-¿Sí? –Jackie parecía realmente emocionado-. ¿Y me los podrías presentar?
Charlotte se hundió un poco.
-No… Lo siento… Es que sólo los conozco de Internet –se apresuró a añadir al ver la cara de Jackie.
-Oh, vaya…
-Pero sí quieres, te los puedo enseñar –dijo, pues lo veía muy triste.
-¡Sí!
-Baja la voz –le dijo de nuevo.
-Perdón –dijo Jackie en un susurro-. Sí –repitió en un susurro casi inaudible.
Charlotte gateo por la cama hasta su pequeño escritorio. La habitación era tan pequeña que ni siquiera tuvo que bajarse de la cama para coger su ordenador portátil de la mesa, pues llegaba estirando la mano. Volvió hasta donde estaba Jackie y lo ayudó a pasarse a su cama. Jackie se agarró a la barandilla de su cuna plegable y Charlotte tiró de sus manos para que cayera sobre su cama. Al hacerlo, el colchón hizo más ruido del que le hubiera gustado a los dos, y se quedaron un rato en silencio por si escuchaban la voz de su hermana, pero ésta parecía que se había quedado dormida ya.
 Charlotte encendió su ordenador y entró en Internet. Jackie nunca había entrado en Internet, así que todo era nuevo para él. Miraba asombrado la pantalla mientras Charlotte entraba en su correo electrónico.
-Mira –le dijo a Jackie mientras clicaba en la foto de uno de sus contactos-. Este es Robin. Tiene 13 años. Vive en Chicago. Lleva pañales para dormir porque se hace pipí en la cama, pero también se los pone cuando tiene que hacer caca. Le gusta ser un bebé, así que cuando llega a su casa después del cole, le pide a su mami que le ponga un pañal. A su madre no le importa que Robin sea un bebé. Le deja estar con chupeta por la casa y también le da biberón. Duerme en una cama, pero está intentando convencer a su mami para que le compre una cuna. Vive también con su hermana mayor, que también le cambia el pañal y le da el bibe.
Jackie miraba la foto de Robin, con ojos como platos. Aparecía tumbado sobre la cama llevando sólo un pañal y abrazado a su Coyote de peluche. Robin le había dicho en una de sus conversaciones que esa foto también la tenía su hermana en su habitación, pues tanto a ella como a su madre le gustaba la faceta de bebé de Robin.
Charlotte se volvió a poner triste. Envidiaba a Robin por la vida que llevaba y envidiaba también a Jackie. Ser una bebita era su sueño…
-También está Ady –dijo mientras entraba en el perfil de su otra amiga y clicaba la foto. Sólo iba a enseñarle a Jackie las fotos de perfil de sus amigos, ya que tenían las demás bloqueadas para que sólo pudieran verlas sus contactos, y Jackie ni siquiera tenía Internet-. Ella vive en Barcelona y también ha sido una bebé desde que nació. Duerme en una cuna, toma biberón y su mami la saca a pasear en un carricoche. Le gusta mucho el Heavy Metal, los cómics de superhéroes y Harry Potter.
Se puso más triste al ver la foto de Ady en su cuna mirando a la cámara mientras sonreía de forma traviesa, y decidió enseñarle a Jackie otra cosa del mundo AB/DL porque si seguía viendo fotos de sus amigos, se pondría más triste.
Estuvieron un rato más navegando por Internet; Charlotte le mostró toda la repercusión que había tenido su doble accidente a la entrada y a la salida del Wallace Place, que lo había convertido en una persona muy famosa dentro del mundo AB/DL. Le enseñó todos los comentarios de apoyo que había hacia él en Internet, ya que Charlotte estaba segura que sólo había oído los odiosos comentarios de la prensa amarilla. Le enseñó también la web de Andytalecorner, dónde había historias de pañales muy chulas; y un vídeo de You Tube de una chica de 18 años que todavía usaba chupete.
Cuando terminó le dijo que todavía quedaban muchas cosas AB/DL por enseñarle, pero que era muy tarde y ya no tenían tiempo. Aunque quería saber su opinión sobre todo lo que acababa de ver, así que se lo preguntó.
-¿Mi opinión? -Jackie parecía que quería decir muchas cosas pero no encontraba las palabras-. A ver… todo esto es nuevo para mí. Esos cometarios de apoyo, todas esas personas que también llevan pañales… En fin…
-¿Qué te ha parecido? –le preguntó sonriendo, pues creía saber ya su respuesta-. Con una palabra, defínelo.
-Maravilloso –contestó-. Saber que no estás sólo en el mundo es maravilloso.
Charlotte sonrió, pero Jackie se quedó mirando la última foto que había en la pantalla.
-¿Por qué ese chico lleva un pañal de bebé? Está claro que no le vale.
-¿Qué? –Charlotte estaba distraída, disfrutando de que Jackie por fin supiera lo que era, pero volvió a la realidad y miró a la pantalla del ordenador-. ¿Eso? Ah, no es nada. Sólo que mucha gente no tiene tanta suerte como nosotros y le cuesta encontrar pañales y cositas de bebé de su talla. Tú eres millonario así que Dodot los hace especiales para ti, y yo soy pequeñita y me valen los de bebé; pero otra gente no tiene tanta suerte.
Jackie se quedó pensativo, moviendo su chupete de un extremo a otro de su boca. Charlotte miró la hora en el reloj de su mesilla de noche y se dio cuenta de lo tarde que era.
-Bueno, será mejor que nos acostemos ya o mañana no podremos ni levantarnos –dijo.
Apagó su ordenador y ayudó a Jackie a volver a su cuna; le empujó por el pañal mientras él se agarraba a la barandilla y Jackie cayó sobre sus mantitas. Le pasó a Ronnie, que lo cogió entre sus brazos y se metió entre las sábanas con él.
-Buenas noches, Charlotte –le dijo antes de acurrucarse junto a Ronnie y prepararse para quedarse dormido.
-Buenas noches, Jackie -le contestó mientras le volvía a dar al interruptor de la luz.

4 de abril de 2016

Últimos 4 capítulos de Canción de Leche y Pañales

Hola a todas y a todos,
Se acerca el final de Canción de Leche y Pañales, sólo quedan 4 capítulos.
Todavía no hay nada resuelto y os prometo que ningún personaje acabará como empezó.
En el próximo capítulo tendrá lugar el encuentro entre Jackie y Charlotte; ambos tienen muchas cosas de las que hablar y la conversación entre los dos marcará un antes y un después en la vida de Jackie.
Dicho esto, podéis hacer vuestras teorías y conspiraciones sobre cómo creéis que acabará la historia hahaha
Nos vemos muy pronto en el siguiente capítulo! :)
Se os quiere!!!

18 de marzo de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 16





Cindy





Cindy estaba de pie, la lluvia le caía sobre la cabeza, pegándole los mechones de pelo a la cara. El paraguas colgaba inerte de uno de sus brazos. No oía lo que decía el cura. Nunca había sido creyente. De hecho, era una atea consagrada, pero su madre siempre había querido un funeral religioso. Y tampoco se le ocurría ninguna otra manera de hacer un funeral.
Miro a su izquierda y vio a su hermana, sorbiéndose los mocos. Ella si sostenía el paraguas sobre su cabeza. Charlotte era demasiado pequeña para pasar por todo esto. A Cindy también le costaba soportarlo. Pero tendría que ser fuerte. Por ella misma y por su hermana. Miro a su alrededor. Podía mirar a cualquier lado menos al ataúd de su madre. Vio a muy pocas personas en el funeral; dos amigas de su madre; Gonzalo, el cocinero de la Mansión Largue; su hermana; Laura y Carla, sus dos mejores amigas…. Y a Jackie. El pequeño lactante estaba allí, de pie, sin carricoche y sin chupete, con una expresión seria en su rostro y mirando al suelo. No había ningún atisbo de comportamiento infantil en su pose, y el traje negro y sobrio que llevaba ayudaba también a ello. Hasta se había quitado el pendiente de la oreja. Dejó de pensar en él y volvió con su mente al funeral de su madre. El cielo estaba gris y llovía copiosamente. Muy apropiado. Era un día triste, el más triste en la vida de Cindy. Había perdido a su padre hace cuatro años en un accidente de coche, y ahora había perdido a su madre. Pero, sobre todo, le dolía por Charlotte. Había asistido a demasiados funerales para su edad, y era tan pequeña, tan dependiente… Era una injusticia que una personita como su hermana hubiera tenido que ver como sus dos padres morían.
Sentía que las lágrimas le empezaban a correr por las mejillas, aunque la lluvia las disimulaba. Aún así, sus ojos hinchados la delataban. Recordó como había empezado todo.
Estaba en la Mansión Largue guardando ropita de Jackie mientras éste mamaba de la teta de su madre cuando sonó el teléfono. La llamaban del hospital. A su madre le había dado un infarto en su casa y los vecinos, al escuchar el golpe que hizo al caer al suelo, llamaron a la ambulancia. Y le pedían que fuera corriendo para el hospital.
Salió todo lo deprisa que pudo de la casa, y condujo rápidamente hasta el hospital. Por el camino, llamó a Carla para que recogiera a Charlotte del cole y le diera la comida. Cuando se tranquilicen las cosas la llamaría ella para decirle que todo iba bien.
Porque en ese momento, Cindy creía que todo iba a ir bien.
Llegó al hospital y los médicos le dijeron que su madre estaba muy grave, que la habían sedado e iban a esperar a ver como pasaba la noche. Cindy les dio las gracias y salió a comer algo y llamar a Charlotte. La voz de su hermana sonó preocupada y llorosa. Le dijo lo que había pasado y entonces ella se echó a llorar. Cindy la consoló como pudo a través del teléfono y le pidió que le dijera a Carla que se pusiese. Le comunicó a Carla que su hermanita llevaba pañales para dormir y que esa noche le iba a tocar a ella ponérselos. Carla le dijo que no se preocupase, que ella se ocupaba de todo y que se quedase tranquila. Cindy le dio las gracias y colgó.
Fue entonces, para distraerse, cuando puso la televisión. Vio en todas las cadenas como Karen Largue entraba esposada en un coche de policía con una teta fuera. Se enteró de que la habían acusado del asesinato de Gertrudis y de que pedían 15 años de cárcel. Cindy, lejos de preocuparse por su trabajo, se atormentó pensando el suplicio que debería estar pasando el pobre Jackie. Le vinieron de golpe todos los pensamientos, como un obús incontrolable;  su madre, Jackie, su hermana, su trabajo, hasta Karen Largue…
Su jefa podía tener muchos defectos, pero Cindy estaba segura de que no era una asesina. Llamó a Alicia Sanders, la ayudante de su jefa. La encontró muy atareada, pues estaba intentando descubrir quién le había tendido la trampa a Largue. Sabía quién, pero necesitaba pruebas. Alicia la colgó sin casi despedirse y Cindy se quedó a oscuras en la habitación, con el móvil colgando de una mano, y sin menos compañía que el pitido del aparato que medía las constantes de su madre.
Al día siguiente, una manita la despertó zarandeándola. Era Charlotte, que había venido con Carla antes de ir al colegio. Le preguntó que cómo estaba su madre y Cindy le dijo la verdad: sin cambios.
Carla le dijo que Cindy se había portado muy bien. Se había comido toda la cena y dejó que le pusiera el pañal tranquilamente, aunque por la mañana se había levantado con pipí.
Charlotte rio tímidamente mientras se sonrojaba.
-Eso es normal –le dijo Cindy a Carla mientras acariciaba a su hermana.
Cindy aupó a Charlotte y su hermanita le dio un beso en la frente a su madre. Salió con Carla, y juntas se fueron al colegio. Cindy se quedó allí toda la mañana, esperando que llegase el médico.
Lo hizo casi dos horas más tarde de lo que le tocaba. Y es que Cindy, no tenía dinero para un hospital mejor.
Pero casi deseaba que el médico nunca hubiese llegado.
Las noticias que le dio no pudieron ser peores; su madre tenía obstruidas la vena cava superior y la aorta, que impedían que la sangre pudiese ser bombeada con la suficiente fuerza. Esto hacía que su corazón tuviese que trabajar el triple que uno sano. Y ya estaba cansado de hacerlo. Estaba en su último sprint. Le dijo que llamase a su familia porque a su madre le podían quedar horas.
Y tras darle una palmada en el hombro y decirle un ‘Lo siento’ que sonó a ‘En realidad me da igual’, el médico salió de la habitación.
Cindy no sabía qué hacer. Había fallado. Siempre encontraba una solución para todo pero ahora había fracasado. Su madre se estaba muriendo y no podía hacer nada. Se sentó en la silla que había junto a la cama y la observó durmiendo, con la respiración entrecortada. La máquina que medía su pulso cada vez tardaba más en hacer el siguiente pitido. Miró a la tele sin sonido que había colgada en la pared y vio a la criada Sara empujando el carrito de Jackie en la entrada del juzgado. Era el juicio de su jefa.
Apartó la vista de la televisión pensando que ya tendría tiempo de preocuparse de eso. ahora lo que le interesaba era no separarse ni un momento de su madre. Le cogió la mano, deseando que se despertase para poder decirle unas últimas palabras, decirle por última vez que la quería…
Pensó en todos los momentos buenos que había pasado con su madre: cuando venía corriendo a su cuarto porque se había despertado con una horrible pesadilla, y su madre la apretaba contra su pecho y le dejaba tomar un poco de teta a pesar de ser algo mayor, como se sentaba junto a ella en el suelo para jugar con sus juguetes, como le dejó llevar chupete hasta los 12 años, cuando le dijo que estaba embarazada y que iba a ser una hermana mayor, cuando nació Charlotte, lo unidas que estuvieron tras la muerte de su padre…
Pasó toda la mañana sujetándole la mano, hasta que los pitidos de las constantes desaparecieron por completo para convertirse en un único y largo pitido. Abrazó el cuerpo sin vida de su madre, se secó las lágrimas y llamó al médico. El doctor certificó el fallecimiento de su madre e hizo los preparativos para que se la llevasen al depósito. Cindy miró la televisión. Otra personita la necesitaba.
Cindy llegó al juzgado justo cuando Karen Largue salía acosada delante de un grupo de paparazzis.
Detrás de ellos, iba corriendo Jackie. Al encontrarse se abrazaron muy fuerte y ambos compartieron lágrimas por la pérdida de sus madres.
Subió junto con Benson y Jackie a la limusina que les llevaría de nuevo a la Mansión Largue. Benson todavía tenía el ojo morado pero condujo como siempre. Sara no subió a la limusina porque Cindy le había dado el día libre, y el siguiente también, y el siguiente, y el siguiente… Así hasta nuevo aviso.
Llegaron a una mansión más silenciosa que de costumbre. Estaban todos los criados esperando en el hall. Gonzalo, nada más verla, corrió a abrazarla. Era el único que estaba al tanto de los problemas familiares de Cindy. Jackie la cogió de la mano y le preguntó si podía cambiarle el pañal. Le dijo que por supuesto, así que lo aupó y lo llevó arriba. Les dijo a los demás trabajadores que esperasen ahí, y todos le hicieron caso.
Jackie estaba muy inquieto. Cindy tuvo que acunarle contra su pecho y mecerlo para que se tranquilizase. Cuando estuvo ya más calmado, le pudo cambiar el pañal.
-¿Cómo estás, Cindy? –le preguntó Jackie mientras ella le desabrochaba las cintas del pañal mojado.
-Mal, Jackie. ¿Y tú, mi amor?
-Mal también… -parecía muy triste. Echo de menos a mi mami.
-Y yo a la mía Jackie –Cindy le extrajo el pañal.
-Cindy… -empezó Jackie.
-Dime, cariño –comenzó a limpiarle.
-¿Qué va a pasar ahora?
Cindy pensó un momento. Iba improvisando sobre la marcha. Le había venido todo de golpe. Ahora tenía que cuidar del bebé al que le estaba cambiando el pañal. Después lloraría a su madre y cuidaría de su otro bebé.
-Ahora, vas a venirte a vivir conmigo. Al menos provisionalmente –le empezó a poner el pañal nuevo-. Le diremos a Benson que suba tu cuna plegable a la limusina. Les daré el día libre a los demás criados de la Mansión Largue hasta que sepamos a quien le pertenece ahora que tu madre está en la cárcel y cuál es tu nuevo papel en todo.
-¿Mi nuevo papel? –se extrañó Jackie.
-Sí –Cindy le abrochó el body y lo aupó para llevarlo hasta el parque de juegos-. Ahora es muy posible que te toque a ti hacerte cargo de Modas Largue, y de esta casa y de la gente que trabaja en ella.
-¿Hasta de ti?
-Hasta de mi, cielo. Ahora tú eres mi jefe.
Eso pareció poner a Jackie muy nervioso.
-Pero Cindy, yo no quiero ser tu jefe. Tú eres mi amiga. Quiero que seamos amigos.
-Y lo somos, Jackie. Pero las cosas están así.
-No, Cindy. Las cosas van a estar como yo quiera. De momento, te cedo el mando hasta que sepa que hacer, ¿vale? Que te he visto dar órdenes y lo haces muy bien.
Fue un comentario tan mono que Cindy le pellizcó la mejilla.
-Vale, Jackie –le dejó en el parque de juegos y salió- Coge los juguetes que quieras llevarte, ¿vale? Voy a prepararte la ropita para venirte a mi casa.
Bajó hasta el hall. Allí les dijo a los criados que no sabía que era lo que iba a pasar, pero que de momento, estaban de vacaciones hasta nuevo aviso. Gonzalo se acercó a ella y le dijo que para cualquier cosa que le necesitara, podría llamarla. Cuando Benson se iba, lo detuvo para darle las instrucciones de la que iba a ser su última tarea: llevarla a ella y a Jackie hasta su piso, pero antes tenía que ir al funeral de su madre.
Ahora, veía desfilar delante suya a las personas, dándole el pésame a ella y a su hermana. Pero no las oía hablar, sólo movían los labios. Llegó Jackie, vestido de manera solemne con el traje que Di Carlo le había tenido que hacer corriendo. Sabía que llevaba puesto un pañal porque se lo había cambiado ella, pero no tenía en ese momento ni una pizca de bebé. La abrazó y siguió andando detrás de Gonzalo, que era la única persona que conocía.
Cuando bajaron el ataúd de su madre, llovía más fuerte todavía. A Cindy le vino un pensamiento gracioso y absurdo a la cabeza; que pasaría si se llenaba de agua el agujero y su madre se quedaba flotando dentro de su caja de madera, como los muertos piratas que arrojaban por la borda.
Por fin terminó el entierro. El cura le pidió 50 dólares por haber dicho el nombre de su madre 4 veces, pero Cindy se negó a dárselos.
Llegó a su piso calada hasta los huesos, empujando el carrito de Jackie con una mano, y con su hermana Charlotte de la otra.
Sacó a Jackie del carrito y lo tomó. Él estaba seco, y Charlotte también, que iba aguantando un paraguas.
-Bueno chicos, voy a ducharme y os preparo la cena –dejó a Jackie en el suelo-. Jackie, le dije a Benson que dejase tu maleta sobre la cama. Ve y cámbiate de ropa que seguro que lo estás deseando. Charlotte –se dirigió a su hermana-, ayúdale tú si ves que él no puede.
Se dirigió al cuarto de aseo a darse una ducha caliente. Se quedó un rato debajo del agua. No pensaba en nada, era curioso. Pero de todas formas, le relajó enormemente.
Al salir, encontró a Jackie vestido con un pijama mono, con su chupete puesto y abrazando a Ronnie. Estaba sentado al lado de Charlotte en el sofá, y veían juntos la televisión en silencio.
Preparó para cenar pescado a la plancha para ella y para su hermana. Y a Jackie le hizo una papilla de cereales y fruta.
Charlotte comía mirando como ella le daba la cena a Jackie, y como lo aupó y le dio golpes en la espalda para que soltase los gases. Al estar Jackie de espaladas a Charlotte, aprovechó para decirle a su hermana moviendo sólo los labios: ‘Es un bebé’.

26 de febrero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 15




Jackie



Jackie se despertó en su cuna. Estaba muy adormilado, pero bostezó sonoramente y se desperezó contra los barrotes. El chupete se le cayó al hacerlo, de modo que lo buscó en la oscuridad y se lo volvió a poner en la boca. Cogió a Ronnie y gateó hasta el vigila-bebés, que estaba colgado en una de las esquinas de la cuna.
-Mami, estoy despierto –le dijo.
Suponía que lo iba a escuchar su mami, pues Cindy había tenido que irse por la mañana. A Jackie le rugió el estómago. Tenía bastante hambre. Desde lo del hotel, sólo se alimentaba de teta, por lo que solía tomar mucho más que antes. Necesitaba la teta de su mami; que le acariciarse, le acunase y le diera golpecitos en su pañal mientras mamaba. Se palpó el pañal por debajo y se dio cuenta de que tenía pipí, por lo que antes de tomarse la teta, su mami tendría que cambiarlo. A Jackie le encantaba que le cambiasen el pañal, pero cuando sabía que después le tocaba teta, se mostraba inquieto, pues quería que le cambiasen pronto para poder engancharse al pezón de su mami. Se puso de pie en la cuna y fue cuando mami entró.
-Mami tengo hambre. Y pipí.
-¿Qué mi bebecito tiene pipí en su pañal? –le dijo mientras lo tomaba en brazos-. Pues vamos a cambiarle enseguida –le hizo cosquillitas en la barriga, que hicieron que Jackie se riera.
Mami lo tumbó en el cambiador y Jackie agitó sus piernecitas inquieto. Quería que mami lo cambiase pronto para poder tomarse la teta. Mami lo tranquilizó susurrándole y Jackie se abrazó a Ronnie, listo para disfrutar con el cambio de pañal. Mami le desabrochó suavemente los botoncitos del body y se lo sacó por su cabecita con mucho cuidado. Jackie se quedó desnudo solamente a excepción del pañal.se llevó las manos al mismo y empezó a mover su chupete. Mami abrió uno de los cajones del cambiador y sacó un pañal limpio. Lo dejó al lado de Jackie y empezó a quitarle el que llevaba puesto. Le desabrochó las cintas adhesivas. Jackie separó las manitas del pañal y estiró los brazos por encima de su cabeza mientras mami le seguía cambiando. Le levantó las piernecitas y extrajo su pañal mojado. Después empezó a limpiarle cuidadosamente antes de ponerle el otro pañal. Cuando ya estuvo limpio, mami le volvió a levantar las piernas, le pasó el pañal por detrás y luego por delante, y cuando estuvo ajustado a su cintura, se lo apretó muy fuerte. Jackie ya estaba cambiado. Agitó sus piernecitas y sus bracitos y sonrió desde detrás de su chupete.
Mami fue hasta el armario y volvió con un pijama mono de color azul. Le encantaban esos pijamas, pues eran muy cómodos y se sentía muy a gusto con ellos. Le encantaba andar (o gatear) por la casa con ellos. En ese momento, le rugió la barriga.
-Mami, quiero teta –le dijo cuando llegó con el pijama.
-Sí, Jackie. Ya lo sé –le dijo mientras le acariciaba el pelo -. Y mami te va a dar de su tetita después de ponerte el pijamita, ¿vale, mi amor?
-Vale –dijo sonriendo.
Mami le levantó una pierna a Jackie y le paso una patita del pijama. Después hizo lo propio con la otra. Le levantó la espaldita y le paso la parte del pijama por detrás. A continuación le pasó los dos bracitos por las mangas y le subió la cremallera de la parte delantera. Jackie se llevó de nuevo las manitas al pañal y rió. Mami le sonrió con mucha ternura y lo aupó en brazos y empezó a acunarlo. Jackie quería ya su teta. Mami lo llevó hasta el sillón de la habitación y se sentó en él en su regazo. Le quito el chupete suavemente y Jackie empezó a hacer el gesto de mamar con la boca. Se puso inquieto y Ronnie cayó al suelo, pero a Jackie no le importaba. Lo cogería después. Ahora su prioridad era tomarse ya la teta. Mami se abrió la blusa y sacó su enorme teta llena de leche. Jackie se estiró hacia ella, pegó los labios al pezón, mami le sujetó su cabecita y Jackie empezó a mamar. Se tomaba la leche con mucha ansia, pues era de lo único que se estaba alimentando últimamente. Se acurrucó en su regazo y mami lo abrazó más. Jackie agarró la teta con sus manitas para colocársela mejor y siguió mamando. Le encantaba estar en ese sitio. La teta de su mami. sentía una pazo total enganchado al pezón y notando como la leche caía en su garganta y como los brazos de mami lo rodeaban y lo protegían. Mami empezó a darle golpecitos suaves en su pañal. A Jackie eso le gustaba mucho. Sentía que en ese momento era un bebé total. Necesitaba a su mami para alimentarse, para que lo cambiara y para todo. No podía hacer nada sin ella. Contento, siguió tomando teta. Cerró los ojos para disfrutar de esa sensación. Cuando los abrió, mami estaba mirando cómo se alimentaba de ella, como Jackie movía los labios enganchados al enorme pezón de mami y cogía el seno con sus manitas. Mami le sonreía con una ternura infinita y le apartó los mechones de su rubia melena que le caían por delante. Jackie estaba realmente a gusto. Se acomodó todavía más contra ella, de manera que ya no le hacía falta agarrar la teta con las manos para que le fuera más fácil mamar. Ahora era mami la que se sujetaba bien su teta para que Jackie estuviera más cómodo. Jackie estuvo mamando un buen rato más.
De pronto la puerta se abrió de repente. Jackie no se fijó en quién era, pues estaba mirando hacia la teta de mami.
-Señora Largue –dijo la voz de un hombre que no conocía-, soy el teniente O’Callahan, Distrito de Los Ángeles. Queda usted detenida como sospechosa del asesinato de Emma Blanc y Gertrudis Talafé. Tiene derecho a un abogado y a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.
Jackie había oído las palabras del hombre pero no las había asimilado. De pronto, un policía que también había entrado, levantó a su mami y otro lo cogió a él por la cintura y empezó a separarlo de la teta de mami. Pero no lo lograba. Jackie estaba unido con sus labios al pezón de mami. El policía tiraba y tiraba, pero la boca de Jackie no se separaba de la teta de mami. Jackie no la mordía ni hacía más fuerza que de costumbre. Simplemente no se separaban. Jackie estaba unido a su mami por algo muy fuerte. Sin embargo, haciendo un esfuerzo descomunal, los policías consiguieron separar a madre e hijo por fin
-¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!! ¡¡¡No os la llevéis!!! ¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!!! –el policía lo puso en brazos de Sara, una de las criadas que había entrado junto con los policías. También estaba Gertrudis, el ama de llaves.
-¡¡Mi bebé!! ¡¡¡Soltad a mi bebé!! –gritaba su mami intentando zafarse de los brazos del policía. Todavía tenía la teta fuera y goteaba leche-. ¡¡¡Soltadlo por favor!!! ¡¡¡Soy inocente –en ese momento, entre el policía y el primer hombre que había hablado, empezaron a ponerle unas esposas-.  ¡¡¡Dejad al menos que termine de darle la teta!!! ¡¡¡MI BEBEEEEEEEEEE!!!!
Jackie de pronto comprendió lo que pasaba. Se puso muy, muy inquieto. Tanto como lo había estado a la entrada y a la salida del hotel. Se hizo pipí encima.
-¡¡¡¡¡MAMIIIIII!!!!! –gritaba en brazos de Sara, intentando alcanzarla con los suyos.
Los hombres se llevaron a su mami fuera de la habitación de Jackie.
-Quédense ustedes aquí –les dijo el último policía a Sara, que tenía a Jackie tomado, y que salía detrás de ellos.
Jackie estaba realmente asustado. Su mami no era una asesina. ¿Qué estaba pasando? Saltó de los brazos de Sara y fue hasta la ventana. Allí vio en la entrada un coche de policía y cientos de periodistas que se agolpaban en la puerta. Los dos policías y el otro hombre arrastraban a su mami por el jardín. Ni siquiera le habían dejado guardarse la teta. La metieron en la parte de atrás del coche abriéndose paso entre todos los periodistas que se agolpaban contra ellos y que siguieron agolpados contra el cristal una vez la puerta se hubo cerrado. El coche de policía salió muy rápidamente con las sirenas puestas y todas las furgonetas de los periodistas salieron detrás de él.
Jackie saltó de los brazos de Sara y empezó a moverse inquieto por la habitación. Se volvió a hacer pipí encima.
Su chupete. Necesitaba su chupete. Fue hasta el sillón donde mami había estado dándole la teta y se lo puso en la boca. De pronto se dio cuenta. Estaba sólo. Por primera vez en su vida, estaba sin mami y sin Cindy. Se puso muy muy inquieto y empezó a andar por su habitación de un sitio a otro. Se cayó y siguió gateando entonces. Sara lo observaba todo estupefacta, sin moverse.
No estaba mami. No estaba Cindy. Tenían que cambiarle el pañal. ¿Qué hacía? No podía razonar. Estaba en estado de shock. Se hizo caca encima. Se sentó en el suelo y dejó que saliera. Cuando se levantó para seguir gateando se dio cuenta que tenía un pañal con dos pipís y una caca sin quitar. Miró a su alrededor y vio a Sara.
-Cámbiame el pañal –le ordenó.
-Pero, señor… -balbuceó.
-¡¿No me has oído?! –le dijo-. Tengo pipí y caca en el pañal. Así que cámbiamelo. ¡Cámbiame el pañal! ¡¡Cámbiame!! ¡¡¡CÁMBIAME!!!
-Pero, ¿cómo…? –Balbuceó.
-¡Me subes al cambiador, me quitas este pañal y me pones otro! ¡¡Vamos!! –Se estaba enfadando. Y estaba muy inquieto por lo de mami.
Sara lo subió al cambiador. Torpemente, le desabrochó los botoncitos del pijama. Le soltó las cintas del pañal y se lo extrajo. Comenzó a limpiarle.
-¿Qué haces? –preguntó una voz a sus espaldas.
-Tenía caca y le estoy cambiando el pañal, María –le contestó Sara.
-¿Y por qué lo haces tú?
-No está Largue. No está Cindy. Alguien tiene que hacerlo.
-¿Pero sabes cambiar un pañal?
-No es muy difícil. Tengo un primo pequeño y se lo cambié una vez.
Sara terminó de cambiarle el pañal. Lo hizo bastante mal pero por lo menos tenía el pañal limpio de nuevo.
-Ahora méteme en la cuna –le dijo.
Sara lo cogió en peso y lo llevó hasta su cuna. Jackie no sabía si era porque habían arrestado a Mami, porque Cindy no estaba, porque le habían puesto un pañal bastante mal o por una combinación de las tres, pero el caso es que antes de llegar a la cuna se hizo pipí otra vez.
-¡Espera! –le dijo a Sara cuando estaba a punto de descargarlo dentro como si fuera una caja de patatas-. Tengo pipí otra vez.
-¡¿Mes estás tomando el pelo?! –le preguntó mirándole a la cara.
- No te estoy tomando el pelo –Jackie se enfureció-. Y será mejor que me vuelvas a cambiar el pañal y esta vez me dejes en la cuna y no abras la boca.
Sara lo llevó al cambiador. Le volvió a cambiar de manera torpe y lo llevó a la cuna. Cuando lo dejó dentro, Sara apagó la luz y salió de la habitación.
Jackie tuvo que taparse el mismo. Se puso bocabajo a la misma vez que se cubría con las sábanas. Se abrazó a Ronnie y se quedó durmiendo moviendo su chupete.
Lo despertó una mano conocida. Jackie abrió los ojos y vio a Cindy sonriéndole desde fuera de la cuna.
-¿Cómo está mi rey? –le dijo.
-¡Cindy! –Jackie se tiró a su cuello.
Cindy lo aupó y lo sacó de la cuna. Jackie vio que Sara también estaba en su habitación, lo que lo molestó un poco.
-¡Mi bebé! –dijo Cindy mientras lo acunaba-. ¿Cómo estás?
-Mal… -empezó a recordarlo todo-. Se han llevado a mami, Cindy. Y tú no estabas… Y… Y…
-Oh, no hagas pucheritos, mi amor –Cindy le limpió las lágrimas de los ojos con el dedo pulgar-. Que Cindy ya está aquí para cuidarte. ¿Tienes pipí?
-Sí…
-Pues venga, vamos a cambiarte ese pañal.
-¿Cuántos pañales va a usar hoy este niño? –preguntó Sara, que estaba de brazos cruzados observando la escena.
-Los que le hagan falta, Sara –le contestó Cindy-. Creo que tienes cosas que hacer. Te aconsejo que vayas a ocuparte de ellas.
-Tú no me mandas, Cindy –le contestó Sara de buena manera-. Será mejor que recuerdes…
-¡Eh Sara! –le cortó Jackie-. Será mejor que le hagas caso a Cindy y vayas a hacer lo que tienes que hacer. ¡Largo!
Sara lo miró, luego a Cindy, y salió corriendo de la habitación.
-No hacía falta eso, Jackie –le dijo Cindy, aunque sonreía, mientras lo llevaba al cambiador.
-No me gusta que te hablen así –le contestó-. En ausencia de mami, mandas tú. Díselo a todos cuando bajes.
Cindy lo tumbó en el cambiador. Le desabrochó los botoncitos del pijama y luego las cintas adhesivas del pañal. La manera de la que lo hizo Sara estaba a años luz.
-Oye, Cindy –le dijo Jackie mientras lo cambiaba-. ¿Por qué has tenido que irte?
Cindy suspiró y lo miró a los ojos.
-Mi madres se ha puesto muy enferma, Jackie. Me llamaron del hospital diciendo que la habían ingresado –le empezaron a saltar las lágrimas.
-¡Cindy! –Jackie se incorporó cuando Cindy le estaba limpiando y la abrazó. Ella le devolvió el abrazo-. Jo, Cindy… No llores…
-Ya está –dijo mientras se secaba las lágrimas-. Ya se me está pasando.
Cindy terminó de cambiarle el pañal y lo llevó hasta el sillón de donde lo habían separado de mami esa mañana. Allí, había un biberón. Cindy se sentó, puso a Jackie en su regazo, cogió el biberón y le acercó la tetina a los labios. Jackie la recibió encantado, y empezó a chuparla y a tomarse la leche. Prefería mil veces antes mamar de mami, pero estar recostado encima de Cindy mientras ella le sujetaba el biberón y Jackie la abrazaba por la cintura también hacía que se sintiese muy cómodo. Terminó de tomarse le bibe, Cindy lo aupó y comenzó a sacarle los gases. Cuando se tiró dos eructos lo llevó de nuevo hasta la cuna.
-Debes dormir mucho, Jackie. Mañana es un día muy importante.
-¿Qué pasa mañana? –preguntó una vez estuvo posado en el colchón de su cuna.
-Mañana es el juicio de tu mami, cielo. Y debes de ir.
Jackie se empezó a poner nervioso de nuevo, pero esta vez no mojó el pañal. No quería volver a salir de la Mansión Largue. Quería quedarse siempre allí. Con su pañal, su chupete, su cuna y abrazado a mami tomando su teta.
-No sabemos si tu mami va a volver a casa, Jackie –le dijo Cindy, que era como si le estuviese leyendo el pensamiento-. Las pruebas en su contra son muy fuertes; y es la única sospechosa ya que es la única persona que tenía acceso a todas las cámaras de seguridad.
-¡¡Pero mami es inocente!! –Jackie gritó y se le cayó el chupete.
-Ya lo sé, cielo –le dijo Cindy mientras le acariciaba un mechón de pelo de la frente y le volvía a poner el chupete que ella le había comprado en la boca-. Yo lo sé, ella lo sabe y tú lo sabes. Pero los jueces no y están deseando meterla en la cárcel, mi amor.
Se empezó a poner realmente intranquilo. Cindy lo notó y lo sacó de la cuna. Lo apretó contra su pecho y comenzó a acunarlo.
-Lo que es la vida, Jackie. Ayer teníamos a nuestras mamis con nosotros y hoy quizá estemos a punto de perderlas. Pero tranquilo, mi bebé. Yo no te voy a dejar sólo nunca. A mí chempre me vas a tener, mi amor.
-¡Y tú a mí, Cindy! –y se abrazó más fuerte a ella.
Allí, en sus brazos, se dio cuenta de que lo estaba pasando muy mal. Podría perder a su mami para siempre. Pero Cindy se estaba portando increíblemente bien con él. De pronto se puso en su lugar. Cindy si podría perder a su mami para siempre. Y estaba ahí con él. Dándole el biberón y cambiándole de pañal como a un bebé. Ella podría estar con ella, cuidándola ahora que le hacía tanta falta.
-Cindy –se quitó el chupete de la boca como hacía cada vez que tenía que decir algo importante-, no hace falta que te quedes conmigo esta noche. Ni que mañana vengas al juicio. Vete con tu mami, que te necesita más que yo.
-¡Oh, Jackie! –Cindy lo miró con una enorme sonrisa-. ¿De verdad que puedo?
-¡Claro que sí! Yo puedo pasar una noche sólo. Además, tengo siempre a Ronnie para que me haga compañía. Mañana que Sara me cambie el pañal como pueda y ya está. Intentaré no hacerme pipí esta noche.
-¡Gracias, Jackie! Eres un cielo, mi vida! –Y le dio un sonoro beso en la mejilla que hizo que se ruborizase un poquito.
Cindy lo abrazó. Lo dejó de nuevo en la cuna, lo arropó, le dio un beso en la frente y un tirón cariñoso del asa del chupete y salió de la habitación.
Al día siguiente, Jackie estaba cambiado (Sara le puso el pañal mejor que ayer pero aún le quedaba mucho por aprender a esa chica), se había tomado su biberón (Sara empezó a dárselo como pudo, pero Jackie, asqueado porque ella no paraba de querer meterle el bibe hasta la garganta, la echó y le dijo que ya se lo acababa él) y estaba en el carricoche listo para salir.
Había decidido que ya que el mundo sabía que llevaba pañales, usaba chupete e iba en carrito, no había ninguna razón para volver a tener que ir con un traje y sin su chupete.
-Pero, señor… –protestó Sara
-Nada de ‘’peros’’, Sara –contestó mientras le ponía el body y un peto de color azul-. En ausencia de mami, aquí mando yo. ¿Entendido?
-Sí, señor.
Salieron de la Mansión Largue y, para su sorpresa, no había ni un solo periodista esperando en la puerta. Debían de estar todos en el juicio de su mami. Jackie se alegraba. Odiaba a los periodistas. Aunque, según le dijo Cindy cuando le dio su nuevo chupete, no todos eran tan malos como los que Jackie había conocido. Así pues, no hubo ningún problema para llegar a la limusina que conducía Benson.
Durante el viaje, se sintió muy inquieto. No era consciente, o no quería ser consciente, pero era un día muy importante, pues quizá mami podría acabar en la cárcel. Se puso nervioso y empezó a mover su chupete más rápido, deseando no hacerse pipí, pues no sabía si podría sobrevivir a un nuevo cambio de pañal de Sara.
Al llegar a los juzgados, Benson aparcó en la manzana de atrás, de manera que Jackie puso subirse al carricoche con total tranquilidad. De pronto aparecieron cuatro hombres vestidos de traje que medirían unos tres metros cada uno. Detrás de ellos iba la ayudante de mami en Modas Largue; Alicia, recordó Jackie que se llamaba.
-Buenos días –saludó-. No nos conocemos pero a ellos sí que los conozco –le hablaba sólo a Sara-. Me llamo Alicia Sanders. Soy la ayudante personal de Karen Largue en Modas Largue. Os presento a Bartolo, Burtolo, Cartolo y… Bueno, éste seguro que tiene un nombre parecido. He pensado que después de los desagradables incidentes que ocurrieron en el hotel, os vendría bien llevar una escolta. Apartarán a todos esos pseudo-periodistas de la prensa amarilla y podréis entrar en el juzgado. Es la sala número 3. Hay que ver que prisa tiene la justicia cuando le interesa –añadió.
Los cuatro gorilas hicieron su trabajo igual de bien que Alicia. Les apartaron a todo el mundo y Jackie pudo entrar sin recibir flashes dentro de su carricoche.
Una vez en la sala de juicio, Jackie le dijo a Sara que lo sacase del carrito y lo tomase. Quería ver a su mami cuando entrase. Al poco, su mami entró por la puerta de la sala y recorrió el pasillo entre dos policías. Iba esposada y tenía un aspecto lamentable; despeinada y con la misma ropa que vestía cuando se la llevaron de casita.
Jackie se enfureció. No se sentía inquieto ni indefenso. Quería golpear a esos guardias. Y a los periodistas que había en la sala. Y a todos.
Llamó a su mami, pero entre el griterío que se montó cuando entró y que se habían sentado al final, ella no lo escuchó. Quiso bajarse de Sara y correr hacia ella, pero no le dejó. Furioso también con Sara, comenzó a mover su chupete y a hacer mucho ruido con él.
Durante el juicio, Jackie no entendía muy bien qué es lo que decían. Las palabras eran muy complejas para él. Sin embargo, nunca olvidaría el final. Cuando después de toda la perotata de los abogados, el juez declaró culpable a Karen Largue y la sentenció a 15 años de cárcel.
Jackie se puso aún más furioso. Se hizo pipí en el pañal. Era la primera vez que mojaba el pañal por estar furioso. Comenzó a saltar en su asiento. Los periodistas se percataron de su presencia y comenzaron a hacerle fotos a diestro y siniestro.
Todo iba muy rápido; mami se volvía a ir esposada y la marabunta de gente iba detrás de ellos. Jackie se guardó el chupete en uno de los bolsillos del peto por si se le caía y echó a correr detrás de ellos. Se coló entre las piernas y los cuerpos de la gente y casi llegó hasta su mami, pero unos brazos familiares lo rodearon. Se giró esperando encontrarse a Sara y soltarle una reprimenda, pero en su lugar, se encontró la cara hinchada por las lágrimas de Cindy.
-¡Cindy! –Jackie estaba incrédulo. Se lanzó a su pecho a llorar-. ¿Qué haces aquí?
-Verás, cielo –le contestó Cindy al tiempo que se le volvían a saltar las lágrimas-. No hay nada que pueda hacer ya por mi madre.