26 de febrero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 15




Jackie



Jackie se despertó en su cuna. Estaba muy adormilado, pero bostezó sonoramente y se desperezó contra los barrotes. El chupete se le cayó al hacerlo, de modo que lo buscó en la oscuridad y se lo volvió a poner en la boca. Cogió a Ronnie y gateó hasta el vigila-bebés, que estaba colgado en una de las esquinas de la cuna.
-Mami, estoy despierto –le dijo.
Suponía que lo iba a escuchar su mami, pues Cindy había tenido que irse por la mañana. A Jackie le rugió el estómago. Tenía bastante hambre. Desde lo del hotel, sólo se alimentaba de teta, por lo que solía tomar mucho más que antes. Necesitaba la teta de su mami; que le acariciarse, le acunase y le diera golpecitos en su pañal mientras mamaba. Se palpó el pañal por debajo y se dio cuenta de que tenía pipí, por lo que antes de tomarse la teta, su mami tendría que cambiarlo. A Jackie le encantaba que le cambiasen el pañal, pero cuando sabía que después le tocaba teta, se mostraba inquieto, pues quería que le cambiasen pronto para poder engancharse al pezón de su mami. Se puso de pie en la cuna y fue cuando mami entró.
-Mami tengo hambre. Y pipí.
-¿Qué mi bebecito tiene pipí en su pañal? –le dijo mientras lo tomaba en brazos-. Pues vamos a cambiarle enseguida –le hizo cosquillitas en la barriga, que hicieron que Jackie se riera.
Mami lo tumbó en el cambiador y Jackie agitó sus piernecitas inquieto. Quería que mami lo cambiase pronto para poder tomarse la teta. Mami lo tranquilizó susurrándole y Jackie se abrazó a Ronnie, listo para disfrutar con el cambio de pañal. Mami le desabrochó suavemente los botoncitos del body y se lo sacó por su cabecita con mucho cuidado. Jackie se quedó desnudo solamente a excepción del pañal.se llevó las manos al mismo y empezó a mover su chupete. Mami abrió uno de los cajones del cambiador y sacó un pañal limpio. Lo dejó al lado de Jackie y empezó a quitarle el que llevaba puesto. Le desabrochó las cintas adhesivas. Jackie separó las manitas del pañal y estiró los brazos por encima de su cabeza mientras mami le seguía cambiando. Le levantó las piernecitas y extrajo su pañal mojado. Después empezó a limpiarle cuidadosamente antes de ponerle el otro pañal. Cuando ya estuvo limpio, mami le volvió a levantar las piernas, le pasó el pañal por detrás y luego por delante, y cuando estuvo ajustado a su cintura, se lo apretó muy fuerte. Jackie ya estaba cambiado. Agitó sus piernecitas y sus bracitos y sonrió desde detrás de su chupete.
Mami fue hasta el armario y volvió con un pijama mono de color azul. Le encantaban esos pijamas, pues eran muy cómodos y se sentía muy a gusto con ellos. Le encantaba andar (o gatear) por la casa con ellos. En ese momento, le rugió la barriga.
-Mami, quiero teta –le dijo cuando llegó con el pijama.
-Sí, Jackie. Ya lo sé –le dijo mientras le acariciaba el pelo -. Y mami te va a dar de su tetita después de ponerte el pijamita, ¿vale, mi amor?
-Vale –dijo sonriendo.
Mami le levantó una pierna a Jackie y le paso una patita del pijama. Después hizo lo propio con la otra. Le levantó la espaldita y le paso la parte del pijama por detrás. A continuación le pasó los dos bracitos por las mangas y le subió la cremallera de la parte delantera. Jackie se llevó de nuevo las manitas al pañal y rió. Mami le sonrió con mucha ternura y lo aupó en brazos y empezó a acunarlo. Jackie quería ya su teta. Mami lo llevó hasta el sillón de la habitación y se sentó en él en su regazo. Le quito el chupete suavemente y Jackie empezó a hacer el gesto de mamar con la boca. Se puso inquieto y Ronnie cayó al suelo, pero a Jackie no le importaba. Lo cogería después. Ahora su prioridad era tomarse ya la teta. Mami se abrió la blusa y sacó su enorme teta llena de leche. Jackie se estiró hacia ella, pegó los labios al pezón, mami le sujetó su cabecita y Jackie empezó a mamar. Se tomaba la leche con mucha ansia, pues era de lo único que se estaba alimentando últimamente. Se acurrucó en su regazo y mami lo abrazó más. Jackie agarró la teta con sus manitas para colocársela mejor y siguió mamando. Le encantaba estar en ese sitio. La teta de su mami. sentía una pazo total enganchado al pezón y notando como la leche caía en su garganta y como los brazos de mami lo rodeaban y lo protegían. Mami empezó a darle golpecitos suaves en su pañal. A Jackie eso le gustaba mucho. Sentía que en ese momento era un bebé total. Necesitaba a su mami para alimentarse, para que lo cambiara y para todo. No podía hacer nada sin ella. Contento, siguió tomando teta. Cerró los ojos para disfrutar de esa sensación. Cuando los abrió, mami estaba mirando cómo se alimentaba de ella, como Jackie movía los labios enganchados al enorme pezón de mami y cogía el seno con sus manitas. Mami le sonreía con una ternura infinita y le apartó los mechones de su rubia melena que le caían por delante. Jackie estaba realmente a gusto. Se acomodó todavía más contra ella, de manera que ya no le hacía falta agarrar la teta con las manos para que le fuera más fácil mamar. Ahora era mami la que se sujetaba bien su teta para que Jackie estuviera más cómodo. Jackie estuvo mamando un buen rato más.
De pronto la puerta se abrió de repente. Jackie no se fijó en quién era, pues estaba mirando hacia la teta de mami.
-Señora Largue –dijo la voz de un hombre que no conocía-, soy el teniente O’Callahan, Distrito de Los Ángeles. Queda usted detenida como sospechosa del asesinato de Emma Blanc y Gertrudis Talafé. Tiene derecho a un abogado y a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.
Jackie había oído las palabras del hombre pero no las había asimilado. De pronto, un policía que también había entrado, levantó a su mami y otro lo cogió a él por la cintura y empezó a separarlo de la teta de mami. Pero no lo lograba. Jackie estaba unido con sus labios al pezón de mami. El policía tiraba y tiraba, pero la boca de Jackie no se separaba de la teta de mami. Jackie no la mordía ni hacía más fuerza que de costumbre. Simplemente no se separaban. Jackie estaba unido a su mami por algo muy fuerte. Sin embargo, haciendo un esfuerzo descomunal, los policías consiguieron separar a madre e hijo por fin
-¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!! ¡¡¡No os la llevéis!!! ¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!!! –el policía lo puso en brazos de Sara, una de las criadas que había entrado junto con los policías. También estaba Gertrudis, el ama de llaves.
-¡¡Mi bebé!! ¡¡¡Soltad a mi bebé!! –gritaba su mami intentando zafarse de los brazos del policía. Todavía tenía la teta fuera y goteaba leche-. ¡¡¡Soltadlo por favor!!! ¡¡¡Soy inocente –en ese momento, entre el policía y el primer hombre que había hablado, empezaron a ponerle unas esposas-.  ¡¡¡Dejad al menos que termine de darle la teta!!! ¡¡¡MI BEBEEEEEEEEEE!!!!
Jackie de pronto comprendió lo que pasaba. Se puso muy, muy inquieto. Tanto como lo había estado a la entrada y a la salida del hotel. Se hizo pipí encima.
-¡¡¡¡¡MAMIIIIII!!!!! –gritaba en brazos de Sara, intentando alcanzarla con los suyos.
Los hombres se llevaron a su mami fuera de la habitación de Jackie.
-Quédense ustedes aquí –les dijo el último policía a Sara, que tenía a Jackie tomado, y que salía detrás de ellos.
Jackie estaba realmente asustado. Su mami no era una asesina. ¿Qué estaba pasando? Saltó de los brazos de Sara y fue hasta la ventana. Allí vio en la entrada un coche de policía y cientos de periodistas que se agolpaban en la puerta. Los dos policías y el otro hombre arrastraban a su mami por el jardín. Ni siquiera le habían dejado guardarse la teta. La metieron en la parte de atrás del coche abriéndose paso entre todos los periodistas que se agolpaban contra ellos y que siguieron agolpados contra el cristal una vez la puerta se hubo cerrado. El coche de policía salió muy rápidamente con las sirenas puestas y todas las furgonetas de los periodistas salieron detrás de él.
Jackie saltó de los brazos de Sara y empezó a moverse inquieto por la habitación. Se volvió a hacer pipí encima.
Su chupete. Necesitaba su chupete. Fue hasta el sillón donde mami había estado dándole la teta y se lo puso en la boca. De pronto se dio cuenta. Estaba sólo. Por primera vez en su vida, estaba sin mami y sin Cindy. Se puso muy muy inquieto y empezó a andar por su habitación de un sitio a otro. Se cayó y siguió gateando entonces. Sara lo observaba todo estupefacta, sin moverse.
No estaba mami. No estaba Cindy. Tenían que cambiarle el pañal. ¿Qué hacía? No podía razonar. Estaba en estado de shock. Se hizo caca encima. Se sentó en el suelo y dejó que saliera. Cuando se levantó para seguir gateando se dio cuenta que tenía un pañal con dos pipís y una caca sin quitar. Miró a su alrededor y vio a Sara.
-Cámbiame el pañal –le ordenó.
-Pero, señor… -balbuceó.
-¡¿No me has oído?! –le dijo-. Tengo pipí y caca en el pañal. Así que cámbiamelo. ¡Cámbiame el pañal! ¡¡Cámbiame!! ¡¡¡CÁMBIAME!!!
-Pero, ¿cómo…? –Balbuceó.
-¡Me subes al cambiador, me quitas este pañal y me pones otro! ¡¡Vamos!! –Se estaba enfadando. Y estaba muy inquieto por lo de mami.
Sara lo subió al cambiador. Torpemente, le desabrochó los botoncitos del pijama. Le soltó las cintas del pañal y se lo extrajo. Comenzó a limpiarle.
-¿Qué haces? –preguntó una voz a sus espaldas.
-Tenía caca y le estoy cambiando el pañal, María –le contestó Sara.
-¿Y por qué lo haces tú?
-No está Largue. No está Cindy. Alguien tiene que hacerlo.
-¿Pero sabes cambiar un pañal?
-No es muy difícil. Tengo un primo pequeño y se lo cambié una vez.
Sara terminó de cambiarle el pañal. Lo hizo bastante mal pero por lo menos tenía el pañal limpio de nuevo.
-Ahora méteme en la cuna –le dijo.
Sara lo cogió en peso y lo llevó hasta su cuna. Jackie no sabía si era porque habían arrestado a Mami, porque Cindy no estaba, porque le habían puesto un pañal bastante mal o por una combinación de las tres, pero el caso es que antes de llegar a la cuna se hizo pipí otra vez.
-¡Espera! –le dijo a Sara cuando estaba a punto de descargarlo dentro como si fuera una caja de patatas-. Tengo pipí otra vez.
-¡¿Mes estás tomando el pelo?! –le preguntó mirándole a la cara.
- No te estoy tomando el pelo –Jackie se enfureció-. Y será mejor que me vuelvas a cambiar el pañal y esta vez me dejes en la cuna y no abras la boca.
Sara lo llevó al cambiador. Le volvió a cambiar de manera torpe y lo llevó a la cuna. Cuando lo dejó dentro, Sara apagó la luz y salió de la habitación.
Jackie tuvo que taparse el mismo. Se puso bocabajo a la misma vez que se cubría con las sábanas. Se abrazó a Ronnie y se quedó durmiendo moviendo su chupete.
Lo despertó una mano conocida. Jackie abrió los ojos y vio a Cindy sonriéndole desde fuera de la cuna.
-¿Cómo está mi rey? –le dijo.
-¡Cindy! –Jackie se tiró a su cuello.
Cindy lo aupó y lo sacó de la cuna. Jackie vio que Sara también estaba en su habitación, lo que lo molestó un poco.
-¡Mi bebé! –dijo Cindy mientras lo acunaba-. ¿Cómo estás?
-Mal… -empezó a recordarlo todo-. Se han llevado a mami, Cindy. Y tú no estabas… Y… Y…
-Oh, no hagas pucheritos, mi amor –Cindy le limpió las lágrimas de los ojos con el dedo pulgar-. Que Cindy ya está aquí para cuidarte. ¿Tienes pipí?
-Sí…
-Pues venga, vamos a cambiarte ese pañal.
-¿Cuántos pañales va a usar hoy este niño? –preguntó Sara, que estaba de brazos cruzados observando la escena.
-Los que le hagan falta, Sara –le contestó Cindy-. Creo que tienes cosas que hacer. Te aconsejo que vayas a ocuparte de ellas.
-Tú no me mandas, Cindy –le contestó Sara de buena manera-. Será mejor que recuerdes…
-¡Eh Sara! –le cortó Jackie-. Será mejor que le hagas caso a Cindy y vayas a hacer lo que tienes que hacer. ¡Largo!
Sara lo miró, luego a Cindy, y salió corriendo de la habitación.
-No hacía falta eso, Jackie –le dijo Cindy, aunque sonreía, mientras lo llevaba al cambiador.
-No me gusta que te hablen así –le contestó-. En ausencia de mami, mandas tú. Díselo a todos cuando bajes.
Cindy lo tumbó en el cambiador. Le desabrochó los botoncitos del pijama y luego las cintas adhesivas del pañal. La manera de la que lo hizo Sara estaba a años luz.
-Oye, Cindy –le dijo Jackie mientras lo cambiaba-. ¿Por qué has tenido que irte?
Cindy suspiró y lo miró a los ojos.
-Mi madres se ha puesto muy enferma, Jackie. Me llamaron del hospital diciendo que la habían ingresado –le empezaron a saltar las lágrimas.
-¡Cindy! –Jackie se incorporó cuando Cindy le estaba limpiando y la abrazó. Ella le devolvió el abrazo-. Jo, Cindy… No llores…
-Ya está –dijo mientras se secaba las lágrimas-. Ya se me está pasando.
Cindy terminó de cambiarle el pañal y lo llevó hasta el sillón de donde lo habían separado de mami esa mañana. Allí, había un biberón. Cindy se sentó, puso a Jackie en su regazo, cogió el biberón y le acercó la tetina a los labios. Jackie la recibió encantado, y empezó a chuparla y a tomarse la leche. Prefería mil veces antes mamar de mami, pero estar recostado encima de Cindy mientras ella le sujetaba el biberón y Jackie la abrazaba por la cintura también hacía que se sintiese muy cómodo. Terminó de tomarse le bibe, Cindy lo aupó y comenzó a sacarle los gases. Cuando se tiró dos eructos lo llevó de nuevo hasta la cuna.
-Debes dormir mucho, Jackie. Mañana es un día muy importante.
-¿Qué pasa mañana? –preguntó una vez estuvo posado en el colchón de su cuna.
-Mañana es el juicio de tu mami, cielo. Y debes de ir.
Jackie se empezó a poner nervioso de nuevo, pero esta vez no mojó el pañal. No quería volver a salir de la Mansión Largue. Quería quedarse siempre allí. Con su pañal, su chupete, su cuna y abrazado a mami tomando su teta.
-No sabemos si tu mami va a volver a casa, Jackie –le dijo Cindy, que era como si le estuviese leyendo el pensamiento-. Las pruebas en su contra son muy fuertes; y es la única sospechosa ya que es la única persona que tenía acceso a todas las cámaras de seguridad.
-¡¡Pero mami es inocente!! –Jackie gritó y se le cayó el chupete.
-Ya lo sé, cielo –le dijo Cindy mientras le acariciaba un mechón de pelo de la frente y le volvía a poner el chupete que ella le había comprado en la boca-. Yo lo sé, ella lo sabe y tú lo sabes. Pero los jueces no y están deseando meterla en la cárcel, mi amor.
Se empezó a poner realmente intranquilo. Cindy lo notó y lo sacó de la cuna. Lo apretó contra su pecho y comenzó a acunarlo.
-Lo que es la vida, Jackie. Ayer teníamos a nuestras mamis con nosotros y hoy quizá estemos a punto de perderlas. Pero tranquilo, mi bebé. Yo no te voy a dejar sólo nunca. A mí chempre me vas a tener, mi amor.
-¡Y tú a mí, Cindy! –y se abrazó más fuerte a ella.
Allí, en sus brazos, se dio cuenta de que lo estaba pasando muy mal. Podría perder a su mami para siempre. Pero Cindy se estaba portando increíblemente bien con él. De pronto se puso en su lugar. Cindy si podría perder a su mami para siempre. Y estaba ahí con él. Dándole el biberón y cambiándole de pañal como a un bebé. Ella podría estar con ella, cuidándola ahora que le hacía tanta falta.
-Cindy –se quitó el chupete de la boca como hacía cada vez que tenía que decir algo importante-, no hace falta que te quedes conmigo esta noche. Ni que mañana vengas al juicio. Vete con tu mami, que te necesita más que yo.
-¡Oh, Jackie! –Cindy lo miró con una enorme sonrisa-. ¿De verdad que puedo?
-¡Claro que sí! Yo puedo pasar una noche sólo. Además, tengo siempre a Ronnie para que me haga compañía. Mañana que Sara me cambie el pañal como pueda y ya está. Intentaré no hacerme pipí esta noche.
-¡Gracias, Jackie! Eres un cielo, mi vida! –Y le dio un sonoro beso en la mejilla que hizo que se ruborizase un poquito.
Cindy lo abrazó. Lo dejó de nuevo en la cuna, lo arropó, le dio un beso en la frente y un tirón cariñoso del asa del chupete y salió de la habitación.
Al día siguiente, Jackie estaba cambiado (Sara le puso el pañal mejor que ayer pero aún le quedaba mucho por aprender a esa chica), se había tomado su biberón (Sara empezó a dárselo como pudo, pero Jackie, asqueado porque ella no paraba de querer meterle el bibe hasta la garganta, la echó y le dijo que ya se lo acababa él) y estaba en el carricoche listo para salir.
Había decidido que ya que el mundo sabía que llevaba pañales, usaba chupete e iba en carrito, no había ninguna razón para volver a tener que ir con un traje y sin su chupete.
-Pero, señor… –protestó Sara
-Nada de ‘’peros’’, Sara –contestó mientras le ponía el body y un peto de color azul-. En ausencia de mami, aquí mando yo. ¿Entendido?
-Sí, señor.
Salieron de la Mansión Largue y, para su sorpresa, no había ni un solo periodista esperando en la puerta. Debían de estar todos en el juicio de su mami. Jackie se alegraba. Odiaba a los periodistas. Aunque, según le dijo Cindy cuando le dio su nuevo chupete, no todos eran tan malos como los que Jackie había conocido. Así pues, no hubo ningún problema para llegar a la limusina que conducía Benson.
Durante el viaje, se sintió muy inquieto. No era consciente, o no quería ser consciente, pero era un día muy importante, pues quizá mami podría acabar en la cárcel. Se puso nervioso y empezó a mover su chupete más rápido, deseando no hacerse pipí, pues no sabía si podría sobrevivir a un nuevo cambio de pañal de Sara.
Al llegar a los juzgados, Benson aparcó en la manzana de atrás, de manera que Jackie puso subirse al carricoche con total tranquilidad. De pronto aparecieron cuatro hombres vestidos de traje que medirían unos tres metros cada uno. Detrás de ellos iba la ayudante de mami en Modas Largue; Alicia, recordó Jackie que se llamaba.
-Buenos días –saludó-. No nos conocemos pero a ellos sí que los conozco –le hablaba sólo a Sara-. Me llamo Alicia Sanders. Soy la ayudante personal de Karen Largue en Modas Largue. Os presento a Bartolo, Burtolo, Cartolo y… Bueno, éste seguro que tiene un nombre parecido. He pensado que después de los desagradables incidentes que ocurrieron en el hotel, os vendría bien llevar una escolta. Apartarán a todos esos pseudo-periodistas de la prensa amarilla y podréis entrar en el juzgado. Es la sala número 3. Hay que ver que prisa tiene la justicia cuando le interesa –añadió.
Los cuatro gorilas hicieron su trabajo igual de bien que Alicia. Les apartaron a todo el mundo y Jackie pudo entrar sin recibir flashes dentro de su carricoche.
Una vez en la sala de juicio, Jackie le dijo a Sara que lo sacase del carrito y lo tomase. Quería ver a su mami cuando entrase. Al poco, su mami entró por la puerta de la sala y recorrió el pasillo entre dos policías. Iba esposada y tenía un aspecto lamentable; despeinada y con la misma ropa que vestía cuando se la llevaron de casita.
Jackie se enfureció. No se sentía inquieto ni indefenso. Quería golpear a esos guardias. Y a los periodistas que había en la sala. Y a todos.
Llamó a su mami, pero entre el griterío que se montó cuando entró y que se habían sentado al final, ella no lo escuchó. Quiso bajarse de Sara y correr hacia ella, pero no le dejó. Furioso también con Sara, comenzó a mover su chupete y a hacer mucho ruido con él.
Durante el juicio, Jackie no entendía muy bien qué es lo que decían. Las palabras eran muy complejas para él. Sin embargo, nunca olvidaría el final. Cuando después de toda la perotata de los abogados, el juez declaró culpable a Karen Largue y la sentenció a 15 años de cárcel.
Jackie se puso aún más furioso. Se hizo pipí en el pañal. Era la primera vez que mojaba el pañal por estar furioso. Comenzó a saltar en su asiento. Los periodistas se percataron de su presencia y comenzaron a hacerle fotos a diestro y siniestro.
Todo iba muy rápido; mami se volvía a ir esposada y la marabunta de gente iba detrás de ellos. Jackie se guardó el chupete en uno de los bolsillos del peto por si se le caía y echó a correr detrás de ellos. Se coló entre las piernas y los cuerpos de la gente y casi llegó hasta su mami, pero unos brazos familiares lo rodearon. Se giró esperando encontrarse a Sara y soltarle una reprimenda, pero en su lugar, se encontró la cara hinchada por las lágrimas de Cindy.
-¡Cindy! –Jackie estaba incrédulo. Se lanzó a su pecho a llorar-. ¿Qué haces aquí?
-Verás, cielo –le contestó Cindy al tiempo que se le volvían a saltar las lágrimas-. No hay nada que pueda hacer ya por mi madre.

9 de febrero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 14

Aquí tenéis el decimocuarto capítulo de Canción de Leche y Pañales :)
Es más largo hasta la fecha, creo. No estoy seguro. Aprovecho también para recordaros que el apartado de esta historia no está completo por vete tú a saber que problema informático...
Bueno, no os entretengo más; disfrutad!!


Karen



Karen estaba sentada en el sillón de la habitación de su hijo. Tenía a Jackie en sus brazos mientras le daba de mamar. Jackie estaba realmente mono: se abrazaba a ella con sus bracitos y chupaba sus pezoncitos con su boquita para tomarse la leche. Karen lo acariciaba mientras su hijo se alimentaba de ella. Hacía dos días que habían tenido que abandonar el hotel, y Jackie había pasado los peores días de su vida. Karen se sentía especialmente furiosa por aquello. Jackie era su bebé. Y hacía cuanto podía para que no le faltase de nada. Aunque últimamente, a lo mejor incrementado por todo lo que había salido en los medios, se preguntaba si Jackie no era mayor ya para tomar teta, llevar pañales, tener chupete y dormir en cuna. Sin embrago, cuando lo veía aferrarse a su teta con sus manitas, se le olvidaba todo. Jackie había tenido 5 días muy inquietos: le habían humillado públicamente dos veces y para colmo, había perdido su chupete. Le habían comunicado a Jackie que un reportero lo encontró y lo estaba subastando en internet. Y según parecía, la puja estaba alcanzando grandes cotas de dinero. Karen pensó en pujar durante un instante cuando se enteró, pero luego pensó que el chupete podría estar sucio, o que incluso podrían haberle instalado un chip localizador y saber dónde estaba su bebé en cualquier momento. De todas formas, se preguntaba quién podría pujar por un chupete de su hijo, porque era inconfundible que el chupete era el de Jackie: amarillo con su nombre escrito en el asa. Ella quería comprarle un chupete nuevo, uno que estuviese a la altura de Jackie Largue, pero Cindy se había adelantado. Ayer, un día después de la salida del hotel, apareció con un chupete naranja corriente que habría comprado en una tienda de barrio. A Jackie le encantó, le dio las gracias, un fuerte abrazo y la cubrió de besos antes de ponerse el chupete en la boca. Karen sintió envidia. Por un momento pensó que Cindy quería quitarle a su bebé y se le pasó por la cabeza despedirla. Sin embrago, a Jackie se le veía muy feliz con ella. Karen frunció los labios, y con la más falsa de sus sonrisas le dio las gracias a Cindy y le dijo a Jackie que estaba muy guapo con su nuevo chupete.
En ese momento, Cindy estaba guardando la ropita de Jackie en su armario. Jackie estaba concentrado en mamar. Karen pensó que eso era algo que nunca le podrían quitar; ella era la única que podía darle la teta a Jackie. Y eso era lo que a Jackie más le gustaba del mundo. Karen lo miró con ternura: Jackie mamaba con los ojos cerrados chupando su pezón. Separó los bracitos de la cintura y enganchó la teta con las manitas para colocársela mejor. Karen lo agarró por si se caía y comenzó a darle palitos en su pañal. Jackie le sonrió y se le salieron unas gotitas de leche. Karen se las limpió de la comisura de los labios y él siguió mamando. Paró un momento y se llevó las manos a la parte delantera del pañal.
-Me he hecho pipí, mami –dijo.
-¿Te has hecho pipí Jackie? Bueno, pues  termina de tomarte la tetita y luego te cambio el pañal, ¿vale, mi bebé?
-Vale –y volvió a pegar los labios al pezón y a seguir mamando.
-Señora –Cindy se había acercado hasta donde estaban. Llevaba el móvil en la mano-. Es de mi casa. Y es importante. ¿Puedo salir fuera a hablar?
-Sí.
No le hacía especialmente gracia que Cindy abandonara su puesto de trabajo, pero así estaría separada de Jackie. Sabía que esta era una rabieta infantil, pues Cindy era la niñera de Jackie y tenía que pasar tiempo con él.
Volvió a mirar a su hijo mientas mamaba. Iba vestido sólo con un body por lo que su abultado pañal se notaba mucho. A Karen le encantaba que Jackie fuera todavía un bebé. Lo miró con mucha ternura. Jackie mamaba concentrado en la tarea y ella le acariciaba el pelo. Parecía tan débil, tan indefenso. La necesitaba para protegerlo. Para que a su bebé no le pasase nada.
De pronto, Karen entro con la cara descompuesta.
-Señora –parecía muy nerviosa -. Tengoqueirmeamicasaseñora.
Karen no la entendió muy bien. O no quiso entenderla.
-¿Perdona? ¿Cómo dice? Me has hecho creer, Cindy, que querías irte a tu casa.
-No es que quiera irme, señora. Es que debo irme. Además, ni siquiera voy a mi casa. Voy al hospital. Han ingresado a mi madre –parecía realmente apurada.
Jackie despegó los labios del pezón y miró a Cindy con cara de preocupación. Karen intentó que se volviera a enganchar a la teta pero no había manera. Así que se guardó su enorme seno. Pero lo que más le molestaba era que tenía que dejar que Cindy se fuera.
-Está bien, Cindy. Puedes irte –accedió de mala gana.
-Muchas gracias, señora –hizo una pequeña reverencia-. Adiós, Jackie.
-Adiós, Cindy –dijo Jackie-. Espero que no sea nada.
-Gracias, corazón.
-Ya puedes irte, Cindy.
La chica salió rápidamente.
Jackie se volvió a girar contra ella y le metió la mano por la blusa para sacarle la teta.
-Sigo queriendo teta, mami.
-Toma, mi amor –y Karen se sacó una teta y se la volvió a ofrecer a Jackie, que inmediatamente pegó los labios y siguió mamando.
Estuvo un ratito más tomándose la teta. Jackie no paraba de pedirle teta los últimos días. Desde que le humillaron a la entrada del hotel no quería otra cosa que mamar. Hecho que se intensificó con la humillación en su salida. De hecho, casi no se alimentaba de otra cosa. Sólo quería su leche. Así que últimamente las tomas de Jackie se habían hecho más largas. Y a la misma vez, ella producía más leche. Su interior sabía que a su bebé no podía faltarle de nada, así que mientras Jackie quisiera leche, ella iba a producirla. Cuando Jackie se cansó de mamar, Karen lo cogió para ir a cambiarle el pañal. Lo puso sobre el cambiador y le quitó los botoncitos del body. Se lo levantó un poco para dejar al descubierto el pañal. Jackie empezó a agitarse.
-Chupete… Mami, quiero chupete… -decía.
Karen fue hasta la cuna y allí lo encontró, revuelto entre las sábanas de su bebé junto a Ronnie estaba el chupete que Cindy le había comprado. Se lo llevó a Jackie y se lo puso en la boquita, e inmediatamente empezó a moverlo. Ahora sí que pudo proceder a cambiarle el pañal.
Le desabrochó las cintas y le separó el pañal del cuerpecito, le levantó las piernas y lo extrajo. Le limpió cuidadosamente y de manera muy tierna. Jackie le sonreía y se reía de manera muy graciosa. Cuando ya estuvo limpio, Karen cogió un pañal nuevo, le levantó de nuevo las piernas, se lo pasó por debajo y luego entre las piernas, se lo ajustó y le abrochó fuertemente las dos cintas adhesivas. Jackie ya estaba cambiado. Se llevó las manitas al pañal y se río con esa risita de bebé tan suya. Karen le volvió a abrochar los botoncitos del body lo levantó en peso. Le encantaba cambiarle el pañal a Jackie. Era lo que más le gustaba después de darle teta. Jackie estaba muy vulnerable y le encantaba ver su reacción cuando ya tenía un pañal sequito. Jackie bostezó y se abrazó a ella. A pesar de que era por la mañana, se ve que tenía sueño. Y no podía reprochárselo, había pasado unos días muy malos. Llevó a Jackie hasta la cuna y lo dejó dentro. Jackie gateó hasta donde estaba Ronnie y se abrazó a él, haciéndose un ovillo. Karen lo arropó y le dio un beso en la frente. Fue hasta la ventana y bajó la persiana. Con la habitación a oscuras, ya se oía el chupeteo de su hijo. Encendió la luz para no tropezar y salió cerrando la puerta con mucho cuidado.
En el pasillo, Karen suspiró. Se acomodó bien las tetas dentro del sujetador y se dirigió a la cocina. Cuando bajó al hall se encontró con Sara, la sirvienta más joven.
-¿Y Gertrudis? –le preguntó-. ¿Tampoco ha venido a trabajar hoy?
Gertrudis era la sirvienta que más tiempo llevaba trabajando en la Mansión Largue. Su ausencia sin justificar no tenía buena pinta.
-Llámala a su casa, Sara. No vaya a ser que le haya pasado algo –le dijo a la criada.
-Sí, señora. Enseguida, señora –dijo-. Pero mientras tanto, la señora tiene una visita. Le espera en la sala del fondo.
¿Una visita? ¿De qué se trataba para que fueran a visitarla a su casa? A lo mejor era Roderick Marsell, que iría a verla para aportarle el capital que le faltaba a Modas Largue. Con todo el jaleo de lo de Jackie, ya casi se había olvidado que el motivo de ir al hotel era para conseguir que la empresa de Marsell salvase Modas Largue.
Cuando llegó a la sala, no se encontró con Roderick Marsell, sino con Alicia Sanders. Parecía muy preocupada.
-Señora –se puso de pie en cuanto entró -. Ha habido un terrible problema en Modas Largue, señora.
-Siéntate –le dijo con amabilidad señalando el sofá-. ¿Qué es lo que ocurre?
-Su criada, Gertrudis, ha aparecido muerta de un disparo en la Sala de Juntas.
Karen trató un rato de asimilar lo que acababa de oír. ¿Qué tenía que ver Gertrudis con su empresa?
-¿Qué estás diciendo Alicia?
-Y eso no es todo, señora. También ha aparecido muerta, y también de un disparo con una bala del mismo calibre, la encargada de la Sala de Juntas, Emma Blanc.
Karen estaba en una especie de estado de shock.
-¿Un atraco? –fue lo primero que se le ocurrió. ¿Pero Gertrudis que pintaba en eso?
-No, señora. No se llevaron nada. Pero quien quiera que fuera, lo hizo desde dentro. Desconectó las cámaras de seguridad porque conocía los códigos. Y nadie sabe todos los códigos de las cámaras de segurdad excepto usted. Por lo tanto…
-… Se trata de un complot –terminó Karen.
-Alguien quiere desacreditarla, señora.
Karen tenía un nombre en mente desde el principio.
-Florth Vincent. Odia a mi familia más que nadie.
-Pero no es el único que tiene motivos. Todos los del Consejo de Administración quieren verla en la calle.
-Y además son ellos los que conocen el resto de códigos para desactivar las cámaras. Pero sigo sin saber qué pinta Gertrudis en todo esto.
-Lo averiguaré, señora.
Karen estaba realmente nerviosa. La situación la sobrepasaba.
-¿Qué me aconsejas que haga, Alicia?
-Que espere, señora. Usted es inocente. Esta situación se aclarará. Yo me encargaré de eso. Usted quédese con su familia. Su hijo la necesita.
-Muchas gracias, Alicia. Eres una gran trabajadora… Y una gran amiga.
-Sólo hago mi trabajo, señora.
-Llámeme Karen.
-Sólo hago mi trabajo, Karen –sonrió.
Karen se dio cuenta de que Alicia podía ser la única persona en el mundo que de verdad podría llamar amiga. Porque tampoco había vuelto a saber nada de Roderick Marsell ni de su capital desde que hablaron en el baile de la cena del Wallace Place.
Alicia salió de la habitación. Karen sentía unas ganas enormes de llorar. Los del Consejo de Administración le habían tendido una trampa. Querían eliminarla. Y habían recurrido a una táctica que hasta ella consideraba ruin. Pero no podían salirse con la suya. Ella iba a ganarles. Por Jackie. Oh, Jackie. ¡Cuánto sufriría su bebé si a ella le pasase algo! Pero no le iba a pasar nada. Alicia era eficiente y lo conseguiría. Encontraría la relación entre las dos balas y Flotrh Vincent. Todo esto llevaba su firma. Parecía que después de tantos años, por fin se había vengado de la familia Largue. Le había quitado a Karen el control de la compañía. Pero no, no lo había hecho. No aún. Se puso tan nerviosa por su hijo que le dio una subida de leche y manchó la blusa.
Se maldijo a sí misma y salió corriendo de la sala. Llegó hasta su habitación sin tropezarse con nadie. Se quitó la blusa y el sujetador y vio que goteaba leche desde sus enrojecidos pezones. Se limpió con un pañuelo y maldijo que Jackie estuviese durmiendo para poder acercárselo a su teta, pero afortunadamente tenía un sacaleches en su habitación. Se lo pegó al pezón y empezó a sacarse la leche. Se sintió más aliviada. Evidentemente, no era lo mismo que cuando Jackie mamaba de sus tetas pero le valía para el momento. Se quedó toda la mañana en su habitación, pensando. Ni siquiera bajó a comer.
A media tarde, sonó por su vigila-bebés la voz de Jackie.
-Mami, estoy despierto. Tengo hambre.
Karen salió enseguida para su habitación. Era normal que Jackie tuviese hambre, pues no había comido nada en todo el día. Sólo su teta. Y seguro que ahora quería más teta. Y ella estaba encantada de que su bebé pegase sus labios a su pezoncito.
Entró y lo encontró de pie en la cuna, apoyado en los barrotes. Estaba realmente adorable. Con su chupete, sosteniendo a Ronnie con un bracito y con el abultado pañal que se notaba debajo del body.
-Mami, tengo hambre –le dijo cuando entró-. Y tengo pipí.
-¿Qué mi bebecito tiene pipí en su pañal? –le dijo con voz dulce al tiempo que lo aupaba-. Pues vamos a cambiarle enseguida –y le hizo cosquillitas en la barriga, con lo que se rió muy infantil.
Tumbó a Jackie en el cambiador, éste agitó sus extremidades inquieto. Karen lo tranquilizó con un chisteo muy dulce y él se abrazó a su peluche y dejó que su mami le cambiase de pañal. Karen le desabrochó el body, y se lo quitó. Durante un instante, contempló a su bebé llevando sólo un pañal y un chupete, y abrazado a su peluche favorito. Estaba tan mono, tan vulnerable. Sintió muchas ganas de darle teta pero antes tenía que cambiarle el pañal. Abrió uno de los cajones de abajo y sacó un pañal. Lo puso al lado de Jackie mientras le quitaba el que llevaba puesto. Le desabrochó las cintas, le levantó las piernas y lo extrajo. Le limpió y le volvió a levantar las piernas para ponerle el pañal. Le pasó la parte del culete por debajo y luego el resto por la entrepierna. Le pasó la parte del pañal por delante y se lo sujetó muy fuerte con las 2 cintas adhesivas. Jackie se agitó en el cambiador, contento de estar sequito.
Karen fue hasta el armario para coger un pijama mono y ponérselo. A Jackie le encantaba estar en casa con esos pijamas, no llevarlos sólo para dormir; además, estaba muy mono con ellos.
Al volver al cambiador, Jackie estaba moviendo su chupete muy rápido.
-Mami, quiero teta.
-Sí, Jackie. Ya lo sé –le dijo mientras le acariciaba el pelo -. Y mami te va a dar de su tetita después de ponerte el pijamita, ¿vale, mi amor?
-Vale –le dijo sonriendo.
Karen le puso el pijama a su bebé con mucha delicadeza y ternura. Después, lo tomó en brazos y empezó a acunarlo. Llevó a su hijo lactante de 12 años hasta el sillón de la habitación, cuya única utilidad era precisamente esa: darle la teta a Jackie. Karen se sentó y luego puso a su bebé sobre su regazo. Le quitó el chupete, y Jackie ya estaba haciendo el gesto con su boquita de mamar. Se empezó a agitar y Ronnie se cayó al suelo. Karen se abrió la blusa y se sacó un pecho por debajo del sujetador. Jackie se estiró un poco hacia arriba para enganchar el pezón con sus labios y empezó a mamar. Karen lo abrazó mientras Jackie tomaba su teta. Sentía como Jackie le sacaba la leche y le agarraba la teta con sus manitas. Su bebé se acurrucó más contra ella. Karen le iba dando golpecitos en el pañal y le acariciaba sus mechones de pelo. Jackie se estaba tomando la teta con mucha ansia. Mamaba y mamaba y se acurrucaba más contra ella.
De pronto la puerta se abrió de repente. Un hombre vestido con un traje marrón, una camisa blanca y una corbata roja portaba una placa en la perchera de la chaqueta. Le seguían dos policías; y detrás iban Sara y Concepción.
-Señora Largue, soy el teniente O’Callahan, Distrito de Los Ángeles. Queda usted detenida como sospechosa del asesinato de Emma Blanc y Gertrudis Talafé. Tiene derecho a un abogado y a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra.
Un policía la levantó mientras el otro le apartaba a Jackie de su teta. Jackie se resistía a dejarla. No separa su boca de su pezón, ni sus brazos de su cintura.
-¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!! ¡¡¡No os la llevéis!!! ¡¡¡¡MAMIIIIIIII!!!!!
Haciendo mucha fuerza, por fin consiguieron separarlo de ella. El policía le pasó su bebé a Sara. Karen también se resistía.
-¡¡Mi bebé!! ¡¡¡Soltad a mi bebé!! ¡¡¡Soltadlo por favor!!! ¡¡¡Soy inocente!!! –se agitaba como una loca mientras el policía la retenía y el teniente O`Callaham le ponía las esposas-. ¡¡¡Dejad al menos que termine de darle la teta!!! ¡¡¡MI BEBEEEEEEEEEE!!!!
-¡¡¡¡¡MAMIIIIII!!!!! –gritaba su hijo en brazos de Sara, extendiendo los suyos hacia ella.
Y así, a rastras, esposada y con una teta fuera que goteaba leche, Karen Largue abandonó la mansión que llevaba su apellido.

20 de enero de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 13




Robert



Robert McKenzie llegaba tarde a la reunión de ese día. Lo habían avisado con muy poco tiempo. La noche de antes. Cuando habían tenido lugar los acontecimientos. Al parecer, en la presentación del hijo de Largue en la cena del Wallace Place, a la que ningún otro directivo de Modas Largue había acudido para mostrar su rechazo hacia Karen Largue, éste se había mostrado llevando un pañal y comportándose como un bebé. Y su salida del hotel al día siguiente en un carricoche y llevando chupete y nuevamente un pañal lo había confirmado. Robert se frotó las manos aquella noche. Se la pasó entera viendo todas las tertulias de la prensa amarilla y saboreando el final de Karen Largue. Lo que habían planeado los miembros del Consejo de Administración de Modas Largue como un empuje para la compañía se terminó convirtiendo en algo mucho mejor: la caída en desgracia de Karen Largue. Esa mujer estaba acabada. Ella lo sabía. Ellos lo sabían. Sólo quedaba cronometrar lo que tardaba en estrellarse contra el suelo. Realmente había sido un golpe de suerte que el hijo de Karen y John Largue fuera aún un bebé.
Robert iba relajándose en el coche. Su chófer conducía tranquilamente y él iba aún más tranquilo en la parte de atrás leyendo el periódico. Una foto de John Largue Jr. ocupaba la portada. En ella se veía al crío tirado sobre el suelo, bocarriba, agitando sus extremidades mientras lloraba y llevando un pañal al descubierto. Parecía muy poco probable que el niño se hubiera bajado el pantalón el sólo allí en medio, pero no se veía ninguna mano tirando del mismo. Robert suponía que habían sido los periodistas quienes le habían bajado los pantalones y luego eliminado sus manos con Photoshop para publicar la imagen. De hecho, se podía apreciar como el suelo no era igual en su conjunto.
Sonrió. La ayuda de la prensa era fundamental para derrocar y mantener tiranos en el poder. Miró su reloj. Si seguía retrasándose le costaría una reprimenda del Consejo de Administración. Poseía el 30% de Modas Largue, pero los auténticos jefes del Consejo eran Esther Lorrian y Florth Vincent. Sobre todo Florth Vincent, impulsado por su odio hacia los Largue.
-Es muy importante que tengamos la reunión mañana, Robert –le había dicho Florth, su amigo y compañero del Consejo el mismo día que Jackie salió del hotel-, Largue estará pasando el día en su casa meditando las consecuencias de lo ocurrido y es nuestra única oportunidad.
Su chófer llegó al edificio de la empresa.
-Ven a recogerme en una hora –le dijo mientras se bajaba del coche.
-Por supuesto, señor –le contestó sin mover la cabeza ni para mirarle.
Robert McKenzie era un hombre duro. Con sus trabajadores y con su familia.
Modas Largue estaba inusualmente vacía, pero se trataba de un día festivo.
Cuando llegó al penúltimo piso de la empresa le estaba esperando la encargada de esa planta.
-Le he dicho lo mismo a los demás miembros del consejo –le anunció-, que hoy no había convocada ninguna reunión.
-Es una situación extraordinaria, Emma –le dijo él secamente.
Cuando entró en la sala de juntas se encontró con Florth Vincent y con el resto de miembros del Consejo: Terry Gillbert, Evan Lincert y Esther Lorrian. Todos lo saludaron cuando ocupó su sitio.
-Bien, ahora que estamos todos –comenzó Florth-, podemos empezar con esta reunión no oficial de Modas Largue –hizo una pausa pero nadie dijo nada-. Todos sois conocedores de los sucesos ocurridos ayer en el Wallace Place. Al igual que yo, decidisteis no asistir por una razón de discrepancia con nuestra jefa. Y como predecimos todos, las acciones de Modas Largue han caído una cifra considerable desde que se le vio el pañal a ese crío, concretamente un 57%. Esto es una barbaridad caballeros. Deja esta empresa en una situación mucho más precaria y complicada de lo que ya se encontraba. Es por eso que Karen Largue, por su ineficacia como empresaria y su ineptitud como madre, debe abandonar esta empresa.
-¿Cómo predecimos todos? –la expresión de Florth había cogido por sorpresa a Robert
-Que Largue debe largarse es algo que ya sabíamos todos desde que ocupó su cargo tras la muerte de su marido –apuntó Esther sonriéndole-, sin embargo, creo que esto dejaría a Modas Largue en una situación muy comprometida. ¿Quién se quedaría al frente? ¿Nosotros?
-Desde luego, ese es el plan, Esther –contestó Lincert-. Pero creo que nuestro amigo Florth tiene una idea mejor.
-Sí. Así es. Propongo que el jefe sea, de puertas para afuera, su hijo: John Largue.
-¡¿Qué?! ¿¿Ese imbécil que lleva pañales?? –saltó Robert, olvidándose del comentario que había hecho Florth.
-De puertas para afuera, compañero. Aquí dentro, seguiríamos mandando nosotros.
-¿Entonces por qué poner al crío? –preguntó. Era evidente que se le escapaba algo
-Porque para la opinión popular…y de la prensa…sería mucho mejor que esto siguiera siendo considerado como una empresa familiar. El impacto sería menor. A primera vista la empresa seguiría siendo llevada por los Largue, pero nosotros actuaríamos desde la sombra. Mandaríamos desde la sombra. Nos enriqueceríamos desde la sombra. El crío sería simplemente una marioneta. Por Dios, todavía lleva pañales, no tiene que ser muy difícil de manejar.
-Precisamente por ese hecho de seguir llevando pañales me parece que va a ser muy difícil de manejar. Si su madre no ha conseguido ni siquiera quitarle el pañal, ¿qué te hace pensar que nosotros podremos manejarlo? –preguntó Esther.
-Su madre lo quiere, Esther. Ya te lo dije en la última reunión. Para nosotros es sólo un peón prescindible.
-Exactamente –corroboró Gillbert.
-Hazle caso al hombre del gato aplastado en la cabeza, Esther –dijo Florth riéndose. Desde que nos enteramos de lo del hijo de Largue, el plan se me vino sólo a la cabeza.
-¿De qué estáis hablando? –Robert estaba totalmente fuera de lugar- ¿Qué plan?
-El plan para echar a Karen Largue, Robert –le dijo Esther.
-El plan era que presentase a su hijo al mundo para que crecieran los beneficios. Aunque me encante la idea, nadie dijo de echar a Largue.
Los cuatro intercambiaron miradas cómplices.
-¿Quién se iba a creer que presentar al hijo de la jefa al mundo haría que aumentasen los ingresos de una empresa? –dijo Lincert mientras sonreía.
-Alguien tan estúpido como Karen Largue –respondió Florth mirando a Robert.
-Alguien tan estúpido que no tiene ni idea de cómo funciona una empresa.
-¿Qué queréis decir? ¡¿Qué sabíais que no funcionaría?! –Robert estaba que echaba chispas-. ¡¡¡Pues nos ha costado una caída de las acciones de un 75%, caballeros!!
-Siéntate, Robert –le dijo Florth.
Se dio cuenta de que se había puesto de pie en algún momento.
-Todo estaba planeado –le dijo Esther.
-¿Cómo que planeado? –preguntó mientras se serenaba poco a poco.
-Nosotros sabíamos que pasaría esto cuando le dijimos a Largue que mostrase a su hijo al mundo –le dijo Lorrian.
-¿Cómo que lo sabíais? ¿Queréis decir que sabías lo del…? –se paró de pronto. Las piezas empezaban a encajar.
-Sabíamos lo del hijo de Karen Largue.
-Sabíamos que lleva pañales, usa chupete, va en carricoche y… Ah, también sabemos que aún toma teta –dijo Esther sonriéndole.
-¿Cómo os enterasteis?
-Gertrudis, ¿quieres pasar, por favor? –Esther se giró en su asiento para mirar a la puerta que estaba detrás de la sala de juntas, que daba a un pequeño cuarto.
De su interior apareció una mujer mayor, con el pelo recogido en un moño y las manos juntadas delante a la altura de la cintura.
-Gertrudis lleva trabajando en la Mansión Largue 40 años –siguió Esther. Ha visto todos los secretos que esconde Largue dentro de sus protegidas cuatro paredes y se ofreció a compartir algunos conmigo a cambio de una generosa suma de dinero. Como sabéis, todo el mundo tiene un precio.
-La señora nunca me subió el sueldo en ninguno de mis años de servicio.
-Vaya, una criada despechada. Magnífico –río Lorrian.
-¿Lo sabíais todos? –les preguntó Robert.
-Así es –le dijo Esther.
-¿Por qué demonios nadie me dijo nada?
-Tienes el 30% de las acciones de la empresa. Era un plan muy arriesgado y no ibas a querer participar por si te arruinabas
-¡¡¡¿¿Y no estoy arruinado, maldición???!!! Las acciones han caído un 75%. ¡¡¡Estoy en la puta ruina, joder!!!
-Robert, cállate –le dijo seriamente Florth. Su amigo nunca le había hablado en ese tono-. Vamos a solucionar eso, te lo prometo. El plan ha salido a la perfección.
-¡Pues contadme como vais a arreglarlo, maldita sea. Qué. Todavía no. Vamos, que estoy esperando. Contádmelo –estaba realmente alterado.
Florth le dirigió una sonrisa y se giró hasta la criada.
-Gertrudis, realmente lo has hecho muy bien. Sin tu aportación, este plan no habría llegado ni siquiera a madurarse.
-Ha sonado como si fueras a decir ahora ‘’Pero tus servicios han llegado a su fin, ya no eres imprescindible’’ –dijo sonriendo muy nerviosa.
Florth empezó a reírse de forma muy exagerada.
-¿No creerás que esto es una película de mafiosos, verdad? – y volvió a reírse.
Los demás lo siguieron. Y hasta Gertrudis se río un poco.
¡BANG!
Florth tenía en su mano un revólver de la que salía humo del cañón. Gertrudis estaba tirada en el suelo, con un agujero en el estómago de donde salía sangre.
-Florth… Díos mío, Florth… -Robert se llevó las manos a la boca, horrorizado.
-¿Qué? Explícame porque es más noble dejar morir de hambre a las familias de tus trabajadores que pegarle un tiro a uno de ellos sin más.
-Has… Has perdido la cabeza… -no conseguía encontrar las palabras.
-Será mejor que alguien le dé un vaso de agua a nuestro amigo –dijo Esther.
Gillbert se lo llevó de inmediato.
-Bien, ahora que te has calmado un poco –prosiguió Esther-, vamos a explicarte el resto del plan.
-Karen ha caído. Está fuera del juego. El incidente con su hijo ha hecho que retiren sus acciones la mayoría de los brokers de Wall Street. No tiene ninguna excusa para permanecer en esta empresa, por mucho que lleve su nombre. Si quiere seguir viviendo dignamente, venderá su parte del capital por el precio que sea. Nosotros seremos quienes se lo compremos. Sacaremos la empresa a flote sin ella y los inversores volverán como cuervos a un festín de cadáveres. Tengo ya a tres seguros que van a invertir. La empresa saldrá adelante y nos habremos quitado al último miembro de la familia Largue.
-Te olvidas de su hijo, Florth –le dijo Robert.
-¡Por dios! –bufó-, ese crío todavía lleva pañales, ¿qué problema supone para nosotros?
-Es el heredero de Modas Largue.
-Si ni siquiera su padre ha mostrado el menor interés por la empresa que creó, dudo mucho que vaya a hacerlo su hijo –le dijo Lorrian.
-Además, no le queda ni un centavo a su familia para que pueda acceder como inversor. Si tienen suerte, podrá trasladarse con su mamacita a un pequeño apartamento.
Robert veía que el plan era muy inteligente. Y que había salido todo a pedir de boca. Pero aún había algo que se le escapaba.
-¿Cómo sabíais que se le vería el pañal en público?
-¿Qué quieres decir? –le preguntó Esther.
-¿Cómo sabíais que se le vería el pañal en público? –repitió. Es decir, sabíais que llevaba pañales, pero teníais que aseguraros de que se le iba a ver.
-Contábamos con la turba de ex trabajadores de la empresa –contestó Lincert-. Cuando Karen sugirió que despidiésemos a unos cuantos casi la hubiera besado. Eso ayudo a propiciar su caída.
Florth sonrió. Se dirigió hasta el aparador y sacó una botella de champán. Los cinco brindaron por una nueva era de Modas Largue.
Salían de la sala cuando se encontraron a Emma en la puerta.
-Me había parecido oír un sonido como de dispa… -se cayó cuando vio el cadáver de Gertrudis al fondo.

-Ay, Emma, ¿por qué no has mantenido la boca cerrada? –se lamentó sin mucha pena Florth. Sacó de nuevo su revólver y le disparó allí mismo.

5 de enero de 2016

Dos cositas, chicas y chicos...

Hola!
Acabo de publicar el décimo segundo capítulo de Canción de Leche y Pañales!
Leerlo y me comentáis qué os parece :)
Esta entrada es para comunicaros 2 cosas:
La primera, que por algún extraño motivo, Blogger no me deja añadir más texto en la página de Canción de Leche y Pañales. Mientras intento solucionar esto, recordad que no está actualizada. Sólo aparece hasta el capítulo 11...
La segunda es que comienza mi hibernación para estudiar los exámenes del primer cuatrimestre de la Universidad, al igual que hice el año pasado. Así que estaré un tiempo sin subir capítulos nuevos :(
A finales de Enero volveré con más capítulos de Canción de Leche y Pañales... Los siento, amigas y amigos, pero tengo que aprobar este maldito curso :P
Aprovecho también para desearos a todas y a todos un feliz año!!!!! :))))
Nos leemos! :)

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 12


Cindy



Cindy se despertó con un enorme dolor de cabeza. Abrió los ojos y vio a su alrededor, nublada, la habitación del hotel. Se giró en la cama, esperando encontrarse con el cuerpo de Ramiro, pero éste no estaba. En su lugar había una nota pegada a la almohada que parecía que había sido escrita muy apresuradamente. Cindy la cogió.
 ‘Anoche lo pasé muy vien. Adiós, Cristy’.
Ni siquiera estaba bien escrita. Ni se acordaba de su nombre. Cindy la arrugó, maldiciéndose a sí misma por su ignorancia. Tras haberle dado la oportunidad  a un hombre,  había resultado como la mayoría de los que había conocido en su vida. Estaba a punto de tirar la toalla con los tíos.
Suspiró. No era momento de pensar en eso. Tenía que entrar a trabajar en veinte minutos.
Saltó de la cama, hizo sus ejercicios diarios y se miró en el espejo de la habitación. Su imagen despeinada y con ojeras le devolvió la mirada. Tenía una enorme resaca y ganas de seguir en la cama, pero se acordó que había dos personitas que dependían de ella. Así que antes de ver a su jefa y darse una ducha, decidió llamarlas.
-¿Si? ¿Quién es? –le preguntó la voz de su madre desde el otro lado de la línea.
-Mamá, soy Cindy. En la pantallita te tiene que poner mi nombre.
-Ah. Sí, hija. Perdona. Últimamente no veo bien de cerca.
-Mamá, llevas diez años sin ver bien de cerca –suspiró-. ¿Cómo va todo?
-Bien, hija, bien. Charlotte se ha levantado mojada, no he podido dormir muy bien porque sufría por ella… Pero lo demás, bien.
-Mamá, Charlotte duerme muy segura con el pañal. Bastante tienes tú con lo tuyo para encima preocuparte por ella.
-Ay, hija –replicó su madre, molesta-. Me preocupo por ella como me preocupo por ti. Sois mis hijas y os quiero.
-Queee sí, pesada. ¿Cómo está ella?
-Pues preocupada como yo, ¿cómo va a estar? Después de lo que vimos que le pasó a al hijo de tu jefa como para no estarlo…
-Ah, ¿qué lo habéis visto? –Cindy hizo una mueca de disgusto. No le hacía ninguna gracia que su madre y su hermana hubieran visto las imágenes.
-Pero, cariño, ¡todo el mundo las ha visto! –le informó su madre-. Han salido en todas las noticias, en todos los programas de cotilleo.
-No he tenido mucho tiempo de ver la televisión, mamá.
-¿Por qué? ¿Qué hiciste anoche?
-¿Anoche?... Pues… Eh… Esto…dormir, mamá. Estaba muy cansada.
-Pues será mejor que hables con Charlotte. Está muy preocupada. Cree que te van a despedir.
-Pásamela, anda.
Cindy oyó como su madre llamaba a su hermana y como ella llegaba corriendo al teléfono.
-¡Hola Charlitiky! –saludó Cindy en tono alegre-. ¿Cómo estás?
Oyó como su hermana se sorbía la nariz.
-Mal.
-¿Mal? ¿Por qué?
-Creí que te iban a despedir. Vi lo que pasó en el hotel –se volvió a sorber la nariz.
-Oh, Charlotte –Cindy puso voz de empatía-. Eso no fue culpa mía. El fallo fue de seguridad. Yo solo cuido de Jackie. Nada más.
-Pero se vio como Largue te gritaba dentro del hotel. Y como saliste a buscar su bolso –Charlotte parecía a punto de echarse a llorar.
Cindy maldijo a todos los periodistas de la prensa amarilla. Su hermana era solo una niña. No se merecía sufrir tanto por unos seres rastreros que vivían de las desgracias ajenas.
-Charlotte, no van a despedir a nadie porque se le olvide un bolso. Ya lo verás cuando seas mayor y trabajes.
-¿Vas a venir a dormir esta noche? Quiero que seas tú la que me ponga el pañal.
Cindy sintió una oleada de cariño y conmiseración hacia su hermana pequeña.
-No, cielo. Hoy duermo en el trabajo.
-Me gusta más como me pones tú el pañal.
-Bueno, en el trabajo hago mucha práctica –dijo riendo.
-Pero me gusta más como lo haces tú.
Cindy se dio cuenta de que su hermana la había echado mucho de menos.
-Procura que mamá no te oiga decir eso, Charlotte.
Su hermana emitió un ruido parecido a una risa. Cindy se alegró. A su hermana le faltaba mucho reírse.
-Ahora tengo que colgar, Charlitiky. Te llamaré más tarde, ¿vale?
-¡Vale! –parecía más animada.
-Adiós. Te quiero.
-Y yo.
Y colgó.
Cindy casi se sentía peor después de hablar con su familia. Notó como se le escapaba alguna lágrima. Se la limpió con el dorso de la mano y fue a ducharse.
La ducha hizo que se espabilase del todo. Salió de su habitación, ya arreglada y con algo de maquillaje, a pesar de que no le gustaba nada, para taparse la ojeras y fue hasta la habitación de su jefa al final del pasillo. Dentro se oía una conversación entre dos personas. Llamó antes de entrar.
Alicia abrió la puerta.
-Es Cindy, señora –informó mirando hacia dentro de la habitación.
-Que pase –respondió Karen Largue.
Alicia se apartó y Cindy entró en la habitación. En un sillón estaba Karen Largue sentada, en camisón, con Jackie, con el pijama de una pieza que ella le había puesto, enganchado a una teta. Estaba desayunando.
-Hola Cindy –saludó su jefa mientras sujetaba a su hijo, que estaba acurrucado en su regazo-. ¿Una noche provechosa? -Cindy se sintió enrojecer. Su jefa lo encontró divertido-. No hace falta que te avergüences, Cindy. Todos necesitamos echar una canita al aire de vez en cuando –hizo una pequeña pausa en la que acomodó a su hijo, que seguía mamando sin hacer ningún caso a la conversación-. Le decía a Alicia antes de que llegases que a qué pudo deberse el fallo de anoche.
A que su hijo todavía lleva pañales y chupete, quiso responderle Cindy.
-No sé, señora. Sólo estoy aquí para cuidar de Jackie.
-Y lo haces estupendamente, Cindy. Pero quiero conocer tu opinión –hizo una pausa y al ver que Cindy no respondía siguió-. ¡Oh, pero que tonta soy! Con el estrés de ayer no os he presentado. Cindy, está es Alicia, mi ayudante personal y mi mano derecha en Modas Largue.
-Un placer –dijo Cindy, sonriéndole.
-Lo mismo digo –contestó Alicia en tono seco.
Cindy se dio cuenta de que Alicia se sentía muy incómoda, con Jackie mamando de la teta de su jefa.
-Bueno, viendo lo conversadoras que estáis esta mañana lo mejor será, Cindy, que te lleves a Jackie a tu habitación para vestirlo. El pañal se lo he cambiado yo está mañana nada más levantarse. Tengo que arreglarme y hablar de asuntos con Alicia.
-Por supuesto, señora –Cindy se acercó para coger a Jackie.
-Espera que termine de desayunar, Cindy –le dijo su jefa, mirando a su hijo-. Últimamente Jackie toma mucha leche –hizo una larga pausa en la que contempló como su hijo le mamaba-. Ya, ya Jackie, ya –dijo mientras lo separaba -. A ver si vas a dejar seca a mami.
Jackie se movió inquiero al separarse del pezón y Karen le puso el chupete. Se guardó la teta y le pasó el bebé a Cindy, quien lo recibió y lo acomodó contra su cuerpo.
-Ahí tienes su maleta –le señaló su jefa-. Cuando termines, llama a Benson para que venga a desmontar la cuna. Cindy salió con Jackie colgado de su cuello y la maleta cogida con la otra mano. Al llegar a su habitación y abrir a duras penas la puerta, pasó con la maleta y el niño dentro. La maleta la dejó en la entrada y a Jackie lo dejó en la cama.
Éste estaba en silencio, moviendo su chupete y mirando al techo, como cuando esperaba su cambio de pañal. Cindy sacó una camiseta de la maleta con un estampado en el centro del símbolo de Superman y unos pantalones rojos.
-¡Mira, Jackie! –le dijo al llegar de nuevo a la cama. Las habitaciones de ese hotel eran casi tan grandes como todo el piso de Cindy-. ¡Vas a parecer Superman!
Jackie la miró y siguió moviendo el chupete. Cindy comprendió que todavía se sentía triste por los sucesos de ayer. Cindy estaba teniendo una mañana difícil. Intentó contener las lágrimas mientras le quitaba el pijamita a Jackie pero cuando le sacó el último brazo no pudo contenerse más y rompió a llorar. Jackie, sorprendido, se incorporó y se dirigió hacia ella, que estaba sentada en el borde de la cama, con las manos tapándose la cara. Sintió como Jackie la abrazaba por detrás.
-Cindy –se había quitado el chupete-, joo… No llores… Si lloras tú, lloro yo… Por favor, Cindy… No llores…
Cindy no se esperaba esa reacción. Siguió llorando y tapándose con las palmas de las manos las lágrimas que le caían.
-¿Qué te pasa, Cindy? –le preguntó Jackie tirándole de un brazo.
Cindy se secó las lágrimas con el torso de la muñeca y sonrió al bebé, que arrodillado en la cama junto a ella, parecía más grande que nunca.
-Nada… Nada, cariño… Sólo que echo de menos a mi familia –le sonrió.
-¿Tienes familia?
-Sí, cielo –Cindy volvió a secarse las lágrimas mientras miraba a Jackie -. Una madre enferma y una hermana pequeña… y viven en un piso que no puedo terminar de pagar… En fin, me voy a callar que esto parece la trama de una película dramática.
-Jooo Cindy, no tenía ni idea … -Jackie la volvió a abrazar-. Pero no te preocupes, ya verás como todo saldrá bien.
Cindy rió un poquito. La manera de decirlo de Jackie se parecía mucho a la que usaba ella con su hermana.
-Eso es lo que siempre se dice, Jackie.
-¡Pero ya verás cómo esta vez sí que se cumple! ¡Yo haré todo lo que pueda para ayudarte! –y le dio un fuerte abrazo.
-Vaya, Jackie… No tenía ni idea de que… No sé… De que fueras de esta manera –le dijo al tiempo que lo abrazaba también con fuerza.
-Gracias por todo, Cindy –le dijo mientras estaban los dos abrazados-. Sé que no te lo digo, pero muchas gracias por todo lo que haces por mí.
-No cielo. Gracias a ti, que me das la vida en este trabajo –Jackie sonrió. Cindy intentó recomponerse-. Y ahora, vamos a dejar de llorar, o yo también voy a necesitar un chupete –Jackie se lo ofreció, lo que provocó que Cindy se riera-. No, gracias, cielo. Muy amable, pero no, gracias.
Jackie se volvió a tumbar bocarriba en la cama, desnudo a excepción del pañal, para que Cindy le vistiese.
-¿Tienes pipí? –le preguntó antes.
-No, ya me han cambiado –dijo llevándose las manos al pañal.
Cindy comenzó a ponerle la camiseta de Superman.
-Entonces, Cindy, ¿tienes una hermana pequeña? –le preguntó mientras le pasaba la cabeza por el cuello de la camiseta.
-Sí, tiene 7 años.
-¿Y la quieres mucho?
-Un montón. Y a mi madre también.
-¿Tú mami también vive contigo?
-Sí. Necesita que cuiden de ella y no podía vivir sola –le contestó al tiempo que terminaba de pasarle los bracitos por las mangas.
-¿Y no tenéis dinero?
-Bueno, Jackie –Cindy no quería que Jackie le dijera nada a su madre sobre su sueldo. Por si Karen pensaba que quería cobrar más y en ese caso, prescindir de sus servicios-, vamos tirando con mi sueldo, pero no somos tan ricos como tú.
-Lo siento mucho, Cindy -Jackie la miraba, dócil mientras Cindy le ponía los pantalones.
-Eh, no te preocupes, cariño, que todavía eres muy pequeño para preocuparte por estas cosas.
-¡Pero no soy un bebé!
-¡Cierto! Hoy te has portado como un niño grande! –Cindy lo cogió en brazos-. ¡Ven aquí, niño grande, que te voy a dar un besazo! –y le dio un sonoro beso en la mejilla.
Se acomodó a Jackie en brazos y sacó su móvil para mandarle un mensaje a Benson. Dejó a Jackie sobre la cama y comenzó a recoger sus cosas y a echarlas en su maleta. Llegó a la habitación de Karen con Jackie en brazos y las dos maletas arrastradas con una mano. en la habitación ya estaba Benson desmontando la cuna y el carricoche de Jackie le esperaba en la entrada.
Jackie miró a Cindy con cara de ‘No me quiero subir’ y Cindy le respondió con una cara de ‘Sabes que es lo mejor’, de modo que metió a Jackie dentro. recorrió la habitación con los ojos. Sabía que se le escapaba algo. Y de pronto lo vió. Ronnie estaba tirado de cualquier manera sobre la cama en la que había dormido Karen Largue. Cindy lo cogió y se lo dio a Jackie, que lo asió con el brazo y se lo pegó a él.
Fuera del carrito, su jefa daba instrucciones.
-Benson, baja con Cindy y Jackie. Coge también su cuna –Benson obedeció y se dirigió a coger la cuna de Jackie-. Cindy, procura que no os vean. Alicia me ha dicho que siguen habiendo paparazzis abajo, así que tened cuidado. Salid por la puerta de atrás.
-Sí, señora.
-Benson –se volvió a dirigir al chófer-. Cuando los hayas dejado a los dos en el coche, subes a acompañarnos a Alicia y a a mí y a bajar el resto de maletas, ¿de acuerdo?
-Como ordene la señora.
-Bien –se dirigió a Cindy-. Ya puedes irte.
Cindy abrió la puerta de la habitación y salió empujando el carrito. Dentro, Jackie movía inquieto su chupete. Cindy le sonrió para que se relajase. Jackie iba hecho un ovillo, abrazado a Ronnie y mirando a Cindy. Se volvía a comportar como un bebé. No había ni rastro de la determinación en su mirada que cindy le había visto en su habitación.
Subieron los tres en el ascensor. Cindy nunca había intercambiado con Benson más de dos palabras. No era un hombre muy hablador. Estaban los tres en silencio. Sólo se oía el chupeteo de Jackie.
Se abrieron las puertas y salieron a la recepción del hotel. Tras los cristales, se adivinaban un gran grupo de fotógrafos y periodistas.
La encargada del hotel los condujo por una puerta de emergencias del fondo, que daba a la parte trasera del hotel. Al final del pequeño patio de asfalto estaba la limusina de la familia Largue.
-¡Eh! ¡Aquí están el chófer de Karen y la niñera de su hijo!¡ Va empujando un carricoche! –oyeron gritar de pronto.
Cindy se fijó en el autor, que era un periodista que estaba montando guardia junto a la esquina del patio del hotel. En ese momento llegaron corriendo como si de una estampida de la sabana africana se tratase una horda de paparazzis que se dirigían hacia ellos. Benson le puso un brazo en la espalda y la empujó para que andase más deprisa, pero empujando el carrito de Jackie, no lo tenía demasiado fácil. Los fotógrafos se agolparon en torno a ellos. Comenzaron a asomar su cabeza dentro del carricoche.
-¡Es el! –gritaban
-¡Es John Largue!
Y comenzaron a echarle fotos. Jackie se tapaba la cara con las sabanitas del carrito, pero los paparazzis tiraban de ellas con fuerza con una mano mientras que con la otra sujetaban la cámara. Cindy trataba de avanzar hasta la limusina lo más deprisa que podía, pero a ella la tenían agarrada de los brazos para que no se moviera. Benson trataba de apartar a los paparazzis. Todos ellos tomaban instantáneas de John Largue con chupete, abrazado a un peluche y dentro de un carrito para bebés.
Entre Cindy intentando avanzar y los fotógrafos reteniéndola y empujándose entre ellos, el carricoche volcó. Jackie salió rodando y se quedó tumbado bocarriba sobre el asfalto agitando sus bracitos y sus piernecitas mientras lloraba desconsoladamente. Los paparazzi lo rodearon y comenzaron a echarle fotos. Cindy también estaba en el suelo, pero la habían olvidado para ir a fotografiar al hijo de Karen largue llorando en como un bebé en el suelo. Unos cuantos paparazzis habían empezado a tirarle de los pantalones hacia abajo para dejar al descubierto su pañal, hasta que finalmente consiguieron quitárselo del todo. Jackie dejó de agitar los brazos para llevarse las manos a la parte delantera del pañal, en un gesto inútil tratando de tapárselo. A Cindy solo le preocupaba que Jackie no sufriera ninguna humillación más ni ningún daño. Se levantó rápidamente. Benson peleaba mientras contra otro paparazzi. Vaya inútil. En lugar de ir a por el hijo de su jefa estaba enredado a puñetazos con uno solo de esos imbéciles. Cindy vio en el suelo a Ronnie, entre el y el tumulto de paparazzis que rodeaban a Jackie, pero ni rastro del chupete. Se colgó el bolso de los pañales que iba en las asas del carrito en un brazo, rescató al alce antes de que alguien lo pisase y, de algo le tenía que servir hacer ejercicio todas las mañanas, soltó varios puñetazos a los que tenía delante hasta que se abrió paso hasta Jackie. lo encontró bocabajo golpeando y pataleando en el suelo, sin dejar de llorar. Cindy se agachó, lo cogió en brazos y lo llevó corriendo hasta la limusina. Los paparazzi la seguían pero Cindy era bastante rápida. Abrió la puerta de la limusina, dejó a Jackie sobre el asiento como pudo y tiró dentro también a Ronnie y el bolso, y volvió a cerrar la puerta.
-Aquí ya no hay nada que ver! Largaos si no queréis que os suelte otro puñetazo!
-¿Es cierto que John largue también duerme en cuna? –le preguntó uno mientras sacaba una pequeña libreta y un boli dispuesto a escribir su respuesta
-¿Es usted la niñera del hijo de Karen largue?
Le había avisado. Cindy volvió a soltarles puñetazos a lo que tenía delante. Cogió un par de cámaras y las estrelló contra el suelo.
Benson ya había tumbado al otro fotógrafo y se dirigía corriendo hacia ella. Llevaba un ojo morado y el uniforme de chófer raído por varios sitios
-¡Por fin vienes, pedazo de imbécil! –le gritó Cindy-. ¡Arranca el coche de una vez y vámonos de aquí!
-Pero… La señora …-balbuceo tontamente.
-¡A Largue ya se lo explicaré yo! –estalló Cindy-. ¡¿QUIERES SUBIRTE EN EL COCHE Y ARRANCAR DE UNA PUÑETERA VEZ?!
Benson se metió por la puerta del copiloto y Cindy hizo lo propio por la de detrás. Dentro del coche, Jackie estaba sentado abrazándose las rodillas y mirando a Cindy con cara de pánico. Cuando el coche por fin comenzó a moverse mientras los paparazzi golpeaban los cristales teñidos, Cindy corrió las cortinas que separaban los asientos de atrás de los de delante.
Abrazó a Jackie, que estaba en un estado de shock.
-Necesito un cambio de pañal –le dijo
Cindy le olió el culete y se dio cuenta de que tenía caca.
Normal. Pobrecito. Se había llevado el mayor susto de su vida. Jackie había pasado dos días horrorosos. Sólo era un bebé. No se merecía todo esto. Su madre nunca debió de haberlo expuesto al mundo. Cindy le abrazó y Jackie se abrazó a ella y lloro contra su pecho. Habían perdido el chupete.
De pronto Cindy cayó en la cuenta. Un paparazzi le había preguntado si Jackie todavía dormía en cuna. Se giró y vio por la ventanilla de atrás la maleta que contenía la cuna plegable de Jackie abierta en el suelo y ésta fuera, y como los paparazzi se arremolinaban en torno a ella para sacarle fotos.
Cindy suspiró resignada, tumbó a Jackie en el asiento, sacó un pañal del bolso y se dispuso a cambiarlo.