Chris
vuelve a salir de su casa, esta vez con pañales y chupete. Tendrá que acompañar
a su madre al supermercado a comprar pañales. Por su parte, él sigue aceptando
los cambios en su vida… ¿hasta dónde llegarán?
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- INICIO
-
Vida de Chris
- Capítulo 1: Un pañal para dormir
- Capítulo 2: Noche en casa de los primos
- Capítulo 3: Sueño interrumpido
- Capítulo 4: Solo en casa
- Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial
- Capítulo 6: Un día más
- Capítulo 7: Mojado en el supermercado
- Capítulo 8: Visita al médico
- Capítulo 9: En la buhardilla
- Capítulo 10: El comienzo
- Epílogo
- Canción de Leche y Pañales
- Lucía quiere biberón
-
Los 2 Mundos de Robin Starkley
- Cap1. Todo lo demás
- Cap2. Pañal en una conversación
- Cap3. Nappynception
- Cap4. Mojados por la lluvia y por pipí (en mi caso)
- Cap5. Nada de lo que preocuparse
- Cap6. Avioncitos, helicópteros y cohetes
- Cap7. ¿Todavía nos hacemos pipí encima?
- Cap8. Plástico sobre piel
- Cap9. Mi verdaderos problema
- Cap10. Aguanta, Robin
- Cap11. Es lo que tienen los bebés
- Cap12. Tú mismo
- Cap13. El dolor de barriga
- Cap14. Compañero de pañales
- Cap15. Chupete sonoro
- Cap16. El bebé de Schrödinger
- Cap17. Cosas que pasan
- Cap18. Restos de pipí seco
- Cap19. ¿Pero vosotros sabíais que llevaba un pañal?
- Cap20. Esto es Halloween
- Cap21. Te he traído pañales
- Cap22. Las mejores partes
- Cap23. Así que era verdad
- Cap24. La soledad
- Cap25. Quince minutos
- Cap26. Las Aventuras de Elia y Robin
- Cap27. Una vida de bebé
- Cap28. Lo único que tiene sentido
- Historias cortas
6 de octubre de 2014
Sinopsis del séptimo capítulo de 'Vida de Chris'
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Vida de Chris
11 de septiembre de 2014
Vida de Chris - Capítulo 6: Un día más
Era el día
siguiente tras mi cambio de pañal en el centro comercial. Me había despertado y
mamá me estaba cambiando el pañal. Yo tenía la mirada perdida en el techo,
concentrado en lo que me había dado mamá y haciendo ese sonido tan
característico suyo cuando lo tienes en la boca puesto.
La noche había
sido movidita. Mamá me acababa de acostar y en seguida me quedé dormido
abrazando a Rhino. Soñé que estaba en un desierto parecido al que sale en el
Coyote y el Correcaminos con Rhino a mi lado, que era un rinoceronte de verdad
pero en pequeñito. Íbamos corriendo y saltando por las rocas que había por
allí. Éramos muy felices los dos. Estábamos en plena carrea hacia un cactus
cuando de repente se produjo un terremoto y el suelo empezó a temblar. Creía
que era mi fin, me asusté mucho, tanto que me hice pipí encima, pero no
importaba porque en el sueño también llevaba pañales. De pronto, una avalancha de piedras se nos
vino encima. Eché a correr hacia donde pude con Rhino detrás mía hasta que no
quedaba camino, pues teníamos un barranco delante. Estaba meditando si saltar o
no, cuando el suelo se desplomó a mis pies y me precipité hacia el vacío. De
pronto llegué al suelo y me desperté sobresaltado.
Estaba en el suelo
de mi habitación liado en las mantas y me había dado un fuerte golpe en la
cabeza. Rhino también se había caído y estaba en la otra punta de mi cuarto.
¡Me había caído de la cama! ¡No me lo podía creer!
En ese momento me
puse llorar desconsoladamente llamando a
mamá. En realidad podía haber subido yo solo a la cama pero la ansiedad, que
había vuelto muy fuerte y me había puesto muy nervioso, hizo que mi instinto
llamara a mi mamá para que viniera. De pronto, me di cuenta de que me había hecho
pipí. Ahora si tenía una razón para que viniese mamá. Me puse a llorar con más
ganas. Muy fuerte. Estuve llorando hasta que oí que mamá se levantaba. Cuando
entró en la habitación y encendió la luz, me vio hecho un lío de mantas en el suelo. Ella se acercó
enseguida y me aupó.
-¿Qué te ha
pasado, Chris? ¿Qué hacías en el suelo? -me preguntó con mucha ternura.
-¡ME HE CAÍDO DE
LA CAMA! -dije llorando.
-¿Tienes pipí?
-¡SIIIIII!
-Tranquilo,
relájate -dijo mientras me dejaba en la cama-. Voy a cambiarte y te vuelvo a
acostar.
Yo no podía
tranquilizarme, la ansiedad había vuelto fuertemente y no podía calmarme.
Pataleaba y me revolvía en la cama como un niño pequeño. Mamá intentaba
quitarme el pañal pero yo de lo nervioso que estaba no la dejaba. Había conseguido
por fin desabrochármelo cuando se dio cuenta de que no podía seguir. Salió de
la habitación y me dejó allí a medio cambiar. Yo me puse más nervioso aún y
lloré con más fuerza. Habría despertado ya a todos los vecinos, como si fuera un
bebé. Mamá vino enseguida con la bolsa de globos y ositos y extrajo el paquete
que llevaba dentro. Lo abrió. De su interior sacó un chupete azul y me lo puso
directamente en la boca. En ese momento me tranquilicé. La ansiedad despareció.
Sentí el chupete en mi boca y me concentré en chuparlo. Hacía un ruido muy
tranquilizador: chup, chup. Al principio lo chupaba
rápidamente. Luego se convirtió en un sonido más lento y monótono. Estaba tan a
gusto con él que ni me di cuenta de que mamá había terminado de cambiarme. Me miraba
desde arriba mientras veía como su hijo de 13 años se aferraba a un chupete
como si tuviera 2.
-¿A qué ahora
estás más tranquilo? -me preguntó.
-Shiii -dije yo. El chupete hacía que
dijera las eses de esa manera tan graciosa. Quiero decir, graciosha.
-Sí, ya sabía yo
que un chupete podía ayudarte, pero no me parecía lo más lógico para un niño de
tu edad. Aunque -continuó- ya que todavía llevabas pañal dije: total, por lo
menos que mi bebé esté a gusto.
Yo sonreí desde
detrás del chupete y estuve todo el rato haciendo chup chup mientras ella ponía bien las sábanas de mi cama. Me
sorprendí de lo mucho que había conseguido el chupete tranquilizarme. Cuando mamá
terminó, cogió a Rhino del suelo y lo puso a mi lado. Me arropó, me tiró
cariñosamente del asa del chupete de broma para quitármelo, yo lo agarré más
fuerte y puse cara de enfado, ella sonrió, apagó la luz y salió de mi
habitación
Con el chupete no me costó nada dormirme. Me concentraba
en ponerlo a hacer chup chup y
así…poco a poco…cerré los ojos…y me quedé dormido…
Ahora estaba
recién cambiado, con mi chupete nuevo en la boca y un peto vaquero puesto que
hacía que me pudiera mover con total comodidad por la casa. Mamá estaba muy
contenta, y yo también. Desde que había vuelto a llevar pañales por fin podía
tener una manera de vivir más cómoda. Antes no podía dormir con un pijama
normal, ahora tenía estos tan cómodos y calentitos; antes me daba una ansiedad
que me ponía muy nervioso, ahora tenía el chupete para calmarla; antes no podía
ir por casa con un pañal y ropa cómoda, ahora tenía toda la ropita nueva que me
había comprado mamá. Por fin era un niño de 13 años con pañales completamente
feliz.
Mamá se fue a
hacer las cosas de la casa y yo me quedé en la habitación. Me puse a jugar con
mis playmobil como hacía cuando era más pequeño. Pasé una mañana bastante
agradable. Hacía tiempo que no hacía esas cosas, también hacía tiempo que no
estaba en mi habitación llevando pañales y con un chupete en la boca.
Sin darme cuenta
dieron las 2. Mamá me llamó a comer. Dejé el chupete en la mesita al lado de mi
cama y fui a la cocina. Si mamá se
sorprendió porque no llevara el chupete no dio muestras de ello. Se comportó
con total normalidad, como si su hijo no llevará puesto un pañal que luego ella
tendría que cambiar. Cuando terminé de comer me entró sueño, mamá lo notó
porque me vio dar un par de cabezadas en la mesa.
-¿Tienes sueño,
Chris? ¿Quieres que te acueste? -me preguntó.
Dije que sí, que
quería echarme la siesta. Mamá entonces intentó tomarme en brazos pero le dije
que no, que ya iba yo a acostarme, que como ya llevaba puesto el pañal no hacía
falta que viniera, solo para ponerme el pijama. Cuando terminó, me metí en la
cama, me puse el chupete en la boca, cogí a Rhino, bajé la persiana para que no
entrara la luz de la tarde y me dormí.
Al despertarme, miré
el reloj de mi mesita de noche y vi que había dormido 2 horas. Me sorprendí
muchísimo porque en las siestas que dormía antes lo normal era que fuesen de
una hora como mucho. De lo que no me sorprendí fue de haber mojado el pañal,
pues era ya normal que lo mojase mientras dormía. También me sorprendió que no me pusiera nervioso por tener pipí. No
sé si se debía a llevar el chupete o a que ya me había acostumbrado a hacerme
pipí encima. Me quedé un rato en la cama jugando a la Nintendo DS. Cuando
llevaba ya un tiempo me entraron ganas de hacer caca. Acordándome de lo que me
pasó en el centro comercial, me levanté corriendo para decirle a mamá que me
quitara el pañal para ir al baño, pero en cuanto puse un pie en el suelo me la
hice encima. Me puse a berrear como un bebé. Me tire en la cama y me tapé con
las sábanas de la vergüenza que tenía. Pero mi llanto se tuvo que oír porque
mamá llegó enseguida.
-¿Por qué lloras
ahora, Chris? -preguntó al entrar- ¿Y qué haces debajo de las sábanas? -añadió
mientras intentaba destaparme, pues no podía porque yo tiraba de ellas hacia
abajo y me revolvía con ellas.
El chupete se me
había caído en un momento entre las sábanas y no lo encontraba. Mamá debió de
notar el olor a caca porque me preguntó si me había hecho. Le dije que sí y
lloré con más fuerza. Sentía la caca dentro de mi pañal, podía ponerme la mano
en el culete y sentirla dentro. Y cuando me movía de un sitio para otro la
sentía rozándome. Me había hecho caca encima como un bebé cagón. Mamá por fin
consiguió destaparme y me quedé tumbado en la cama bocarriba agitando mis
puñitos y mis piernecitas como si fuera un bebé. No paraba de llorar. Miraba a
mamá y no paraba de llorar. Me había hecho caca encima por segundo día
consecutivo y no podía soportarlo, me estaba convirtiendo en un bebé. Mamá por
fin encontró el chupete y me lo puso en la boca.
-Toma, que si no,
no voy a poder cambiarte -dijo.
No me tranquilicé
del todo, pero al menos dejé de llorar. Me concentré en mi chupete: chupchupchupchupchupchupchup.
Mamá empezó todo
el proceso del cambio. Me fue soltando uno a uno los botoncitos de mi pijama.
De esa manera el pañal quedó más descubierto mostrando los dibujitos que tenía
en las líneas de la cintura. Cuidadosamente y con mucha ternura, me desabrochó
las cintas de mi pañal. Lo extendió hacia delante y todo lo que me había hecho
quedó al descubierto. Yo miraba para otro lado concentrado en el chupete, que a
medida que mamá me iba cambiando hacía un ruido más pausado: chup, chup, chup, chup, chup.
A continuación,
mamá me levantó las piernas con una mano y extrajo el pañal de mi culito.
Después empezó a limpiarme cuidadosamente por todos los sitios en los que me
había manchado. La verdad es que lo estaba haciendo con mucha más calma que
cuando me la hice en el centro comercial. Cuando terminó de limpiarme, fue
hasta el armario para sacar un pañal limpio. Me lo puso también con mucho
cariño. Me levantó las piernecitas y echó mi cuerpo hacia atrás, me pasó la parte
del abultado pañal por el culete y luego lo pasó por delante. Cogió una de las
cintas para sujetarlo y la pegó fuertemente a la parte de delante del pañal,
luego hico lo propio con la otra dejándome más agarrado que otras veces. Yo
podía sentir el pañal limpio, bien sujeto y abultado en mi cuerpo, y me sentía
muy bien. Me puse a sonreír desde detrás del chupete y se me escapó una risita
como de bebé. Mamá entonces me aupó en brazos y me apretó junto a ella. Le
tiraba cariñosamente al asa de mi chupete y yo lo agarraba con más fuerza.
-Tranquilo, Chris,
que no te lo voy a quitar -me dijo acompañado de unos palitos en mi pañal.
Me llevó en brazos
al sofá y me sentó allí.
-¿Puedesh traerme a Rhino? -le dije, pues
no me gustaba estar sin él.
Ella llegó enseguida
con mi peluche, pero se fue a seguir haciendo cosas de la casa. Yo me quedé
toda la tarde viendo dibujos animados en la tele, ya los veía antes de empezar
a llevar pañales de nuevo, pero ahora los disfrutaba más. Miraba la televisión
mientras me tocaba distraídamente el asa del chupete, me lo quitaba a ratos y
me lo volvía a poner. En un momento dado me entraron ganas de hacer pipí, pero
ni me puse nervioso ni me inmuté. Dejé que saliera y que se quedará allí, en el
pañal. Fue una sensación muy guay. Estar en el sofá viendo la tele, hacerme
pipí encima y que no pasara nada. Tampoco llamé corriendo a mamá para que me
cambiara, pues el capítulo de Looney Tunes que estaban dando me gustaba y podía
esperar.
Al llegar la hora
de la cena, mamá vino a buscarme al salón y me preguntó si estaba mojado. Le
dije que sí y me llevó a mi habitación para el cambio. Salí de ella ya sequito
y preparado para cenar, andando con mi pijamita puesto.
Mamá había
preparado para cenar filete de ternera. Estaba cortándolo con el cuchillo
cuando este se me escapó y me corté. Me hizo un corte en el dedo, no muy profundo pero me empezó a salir
sangre. Yo me puse muy nervioso porque no me gusta la sangre y empecé a llorar.
Mamá enseguida me metió el chupete en la boca. Después me llevó en brazos al
cuarto de baño para curarme el corte. Me lo limpió con agua, yo lloraba porque
me escocía, pero me dijo que los niños grandes no lloran por eso, y, aunque yo llevara
pañales y chupete, era un niño grande
así que intenté parar, pero no podía. No hacía ruido porque llevaba el chupete
en la boca pero me seguían cayendo lágrimas por las mejillas. Solo cuando mamá
terminó de curarme y me puso una tirita pude tranquilizarme un poco. Ella me
dio un beso en el dedo para que se me curase como le hacen a los niños pequeños,
aunque no sirve para nada. A continuación, me levantó en brazos y me llevó a la
cocina, donde fue ella la que terminó de darme la cena, en parte porque yo
ahora no podía usar los cubiertos, pero también en parte porque creo que sentía
un poco de lástima por mí. Cortaba trocitos de ternera muy pequeñitos y me los
iba dando con el tenedor. Yo no decía nada, masticaba la comida mientras tenía
la mirada perdida.
En una de esas me
atraganté. Se me quedó el trozo de ternera en la garganta y no me lo podía
tragar. Lo intenté con agua, tampoco. Me empecé a poner muy nervioso y se me
escapó algo de pipí. Tosía y no podía. Me estaba poniendo rojo. Mamá también se
asustó y me dio golpes en la espalda. Al final conseguí echarlo. Me puse a
llorar. Me había asustado mucho y solo quería que mamá me abrazara. Lo hizo,
pero antes de eso me puso mi chupete en la boca. Yo lo agarré con fuerza, y
mientras ella me tenía en sus brazos yo hacía el ruido que tanto me calmaba,
muy rápidamente: chupchupchupchupchupchup.
Al final, mamá
tomó por misión imposible hacer que me comiera el resto de ternera, pues yo me
negaba y no me quitaba el chupete de la boca, y pasó a darme las natillas. Me
las tomé sentado en su regazo mientras caía en la cuenta de lo que estaba
pasando. Tenía 13 años y mi madre me estaba dando de comer sentado encima suya,
sabía que no era normal para alguien de mi edad, pero yo me sentía muy cómodo y
a gusto de esa manera. Tardé un poco en asimilarlo, pero lo acepté y terminé de
comerme las natillas tan ricamente. Cuando terminé, mamá me limpió la boca
porque me había manchado y me levantó en peso.
-¿Quieres que nos
pongamos a ver una película antes de acostarnos, Chris? -me preguntó.
-¿Puedesh cambiarme antesh de pañal? -le dije
-¡Claro! -contestó-.¿Qué
tienes, pipí?
-Shi…
Me llevó a mi habitación
y me dejó en la cama boca arriba. Cuando terminó todo el proceso del cambio me
hizo cosquillitas en la barriga cantándome una canción de un anuncio de pañales
y de lo secos que estaban siempre los bebés con ellos. Me puse serio y le dije
que se estaba pasando, que yo no era ningún bebé.
-Tienes razón,
Chris. Lo siento -me dijo ella.
Le contesté que no
pasaba nada, que nos fuéramos ya a ver la película. Nos pusimos una de Piratas
del Caribe, que duran bastante. Cuando terminó, y a pesar de haber dormido
mucho la siesta, yo estaba que me caía de sueño. No se me quedaban los ojos
abiertos y daba cabezadas. Mamá me llevó a la habitación para acostarme. Me había
hecho pipí durante la película así que me tuvo que cambiar de nuevo. Hoy había
batido mi récord, pues había usado 5 pañales. Mamá no dijo nada y me puso el
pañal como siempre, aunque desde que me hacía caca lo agarraba más fuerte para
que yo estuviera más seguro. Yo sonreí desde el chupete. Me encantaba que me
cambiaran el pañal, me gustaba estar sequito. Cuando mamá me metió en la cama y
puso a Rhino al lado mía, salió de la habitación sin apagar la luz.
-¡Mamá, she te ha olvidado apagarme la luz! -dije.
Pero ella volvió
enseguida con una caja más grande entre las manos. Por un momento me temí que
fueran más chupetes, pero entonces sacó unas especies de walkie-talkies, pero uno era más grande que el otro.
-¿Qué esh esho? -le pregunté.
-Esto es un vigila-bebés,
Chris -dijo tendiéndome el que era más pequeño-. Los compré esta tarde mientras
tú dormías la siesta. Este te lo pones aquí en la mesita de noche y este otro
me lo llevo yo a mi habitación, de manera que si por la noche te caes de la
cama o mojas el pañal, en lugar de gritar, con esto podré oírte desde mi
habitación.
La misma palabra
lo decía: vigila-bebés. Y yo no era ningún bebé.
-¡Pero eshto esh para vigilar a los bebés! ¡Y
yo no shoy ningún bebé! -protesté.
-Ya lo sé, Chris -contestó-.
Pero esto es más cómodo que pegar gritos en medio de la noche y que despiertes
a los vecinos -dijo cogiéndome de las manos el que me había dado-. Y que éstos
se enteren de que llevas pañales -añadió.
Como creía que
tenía razón, dejé que me pusiera el vigila-bebés en la mesilla. Me revolvió el
pelo, apagó la luz y salió de la habitación.En la oscuridad de mi habitación se veía el pilotito rojo del vigila-bebés brillando. No me gustaba mucho, así que me abracé más fuerte a Rhino, me di la vuelta y me dormí plácidamente con mi chupete: chup, chup, chup...
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Vida de Chris
6 de septiembre de 2014
Sinopsis del sexto capítulo de 'Vida de Chris'
Chris
sigue pasando nuevas etapas. Después de que le cambiasen el pañal en público, ha
aceptado más su nueva vida, aunque le siguen dando los ataques de nerviosismo.
Menos mal que su mamá piensa en todo….
¡La
nueva aventura de Chris ya está aquí!
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Vida de Chris
3 de septiembre de 2014
Sobre el apartado 'Historias Cortas'
Hola a todos!
Esta entrada es sólo para avisaros de que el apartado titulado Historias cortas aún no está disponible. Estoy viendo que estáis entrando muchos y sólo encontráis escrito 'Este apartado no está disponible'. Y se lo que fastidia eso jeje.
Os prometo que habrá una historia corta y que por supuesto será de pañales, de hecho ya la tengo en mente, pero hasta que no acabe con Vida de Chris no me pondré a escribirla.
De momento podéis seguir leyendo las aventuras de Chris en el blog, ya tengo casi terminado el próximo capítulo y os aseguro que viene algo importante. No puedo decir más ;)
Ah, y recordaros también que me encanta recibir vuestras opiniones sobre 'Vida de Chris', prefiero que me las dejéis como comentarios en el blog, pero también podéis mandármelas a mi dirección de correo: iwantmydummy@gmail.com o en mi perfil de Google +: Tony Prince.
Nada más, un saludo a todos y todas!
1 de septiembre de 2014
7 de agosto de 2014
Vida de Chris - Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial
Al día siguiente después de haberme quedado solo en casa me levanté muy
inquieto, me había vuelto a mojar el pañal pero no era por eso. Era porque
había vuelto a venirme la ansiedad. Necesitaba algo y no lo sabía, por más que
me esforzaba en estrujarme el cerebro para ver que podía ser no se me ocurría
nada. Parecía que me iba a volver loco. Estaba en la cama moviéndome de un lado
a otro con Rhino esperando a que mi madre viniera y me cambiara. Cuando por fin
entró por la puerta y me vio en el estado en el que estaba, intentó cogerme en
brazos pero yo me retorcía, aunque al final lo consiguió.
-¿Qué te pasa, Chris? ¿Por qué te mueves tanto?
-¡No lo sé! -contesté-. Necesito algo y no sé lo que es. Es como si me
faltara algo -dije contra su pecho.
-Vaya…Tranquilo, ¿vale? Voy a cambiarte y luego lo vemos.
Cuando ya estuve con un pañal limpio, fui a sacar mis juguetes de la
caja de cartón y a ponerlos en el viejo baúl donde habían estado siempre. Se me había pasado ya la inquietud, y me
sentía mejor. Oí que mi madre me llamaba para comer. Bajé corriendo las
escaleras (todo lo que me permitía el pañal) y me senté en la mesa.
-¡Vaya, que rápido has venido! ¿Tienes hambre, no? -me dijo mamá cuando
me vio entrar.
-¡Si! -contesté.
Mamá había hecho pescado y me sirvió dos trozos. Estaba terminándome el
primero cuando me atraganté con una espina. Empecé a toser, mamá enseguida lo
vio y me dio de beber agua. Esta vez se me pasó enseguida.
-¡Menudos sustos me estás dando para comer! -dijo al darme un trozo de
pan.
Era verdad, era la segunda vez que me atragantaba comiendo.
Estábamos terminando de comer, cuando mamá me dijo:
-Chris, ayer estuve con tu tía en el centro comercial y vi unas cosas
que te pueden venir bien. Era ropa para niños de tu edad, pero como la que
llevan los que son más pequeños. Habían petos vaqueros, pijamas como los que ya
tienes, camisetas y algunas cosas más. Les estuve echando un ojo y parecía que
te venían bien, que te los podría poner con el pañal, pero lo mejor será que vengas y te los pruebes tú, ¿vale?
La verdad era que no podía ir siempre con unos pantalones de deporte,
pero por otro lado la idea de salir de casa e ir a un sitio público en pañales
tampoco me gustaba nada, pero en algún momento tendría que ver el mundo
exterior. Podía intentar convencer a mamá de que me quitase el pañal para ir
pero ya sabía que no iba a querer, de hecho yo tampoco quería. Si me hacía pipí
encima lo vería todo el mundo pero si me ponía una chaqueta atada a la cintura
quizás, el bulto del pañal parecería más discretito. Le dije a mamá que vale,
que iría. Ella sonrió y me revolvió el pelo, pues sabía que salir de casa con
un pañal era un paso muy importante para mí en este momento.
Pasé la hora de la siesta jugando con mis juguetes a peleas en la
alfombra de mi habitación. Me dieron unos cuantos pinchazos en la barriga que
me causaron un dolor momentáneo pero pasaron enseguida.
A las 6, mamá se asomó por la puerta, me dijo que me preparase que nos
íbamos. Le contesté que ya estaba listo, pero ella pasó dentro y sacó 2 pañales
del armario y los metió en un bolso que llevaba colgado además del suyo.
-Por si tenemos que cambiarte -dijo.
Me puse muy nervioso porque no había contado con que me hiciera pipí y
mamá me cambiara en público.
-No te los lleves -dije-. Me cambias cuando volvamos a casa.
-Tranquilo, no te voy a cambiar en público, en un banco en medio de un
parque. Si te haces pipí te llevó a un sitio donde no haya mucha gente y allí
te pongo otro pañal.
Subimos al coche, yo me senté en la parte de atrás, mamá vino y me puso
el cinturón porque me estaba costando con el pañal puesto, y dejó la bolsa de
los pañales al lado mía.
Tardamos menos de lo que me hubiera gustado en llegar al centro
comercial. A mí ni siquiera me había dado tiempo a aceptar que iba a ir con
pañales a un lugar público. Ojalá que nadie se diera cuenta o peor aún, que no
viéramos a ningún conocido.
Me bajé del coche y lo primero que hice fue atarme la chaqueta en la
espalda. Caminaba detrás de mi madre con las manos disimuladamente puestas por
delante del pañal, que hacía frunch
frunch con cada paso mío, por no hablar que de lo abultado que era me hacía
andar de esa manera tan pomposa que llamaba mucho la atención. Cuando entramos
dentro, mamá dijo que quería ir a ver unos zapatos para ella, le contesté que
si podíamos ir directamente a ver mi ropa e irnos cuanto antes.
-¡No seas pesado, Chris! ¡Que siempre que venimos de compras empiezas a
dar mucho follón!
Tenía razón pero esta vez yo tenía un motivo bastante importante: tenía
13 años y llevaba un pañal puesto delante de mucha gente.
Cuando estaba ella viendo los zapatos me volvieron a dar pinchazos en
la barriga. De pronto me vinieron ganas de hacer caca, pero me aguanté, porque
si se lo decía a mamá me quitaría el pañal para que fuera a un aseo, y me había
propuesto estar toda la tarde con el mismo pañal y que mamá no me cambiara.
Después del interminable tiempo viendo zapatos, fuimos por fin a por mi
ropa. Yo notaba que la gente me miraba al andar, y que se me quedaban mirando
de una manera extraña pero preferiría creer que ignoraban que llevaba pañales.
En una ocasión, una niña pelirroja que tendría 2 años menos que yo y que iba
también con su madre se me quedó mirando bastante tiempo mientras mamá miraba
un escaparate. Yo intenté hacer que no me daba cuenta, pero cuando ya no pude
ignorarla más me giré para mirarla yo a ella y enseguida apartó la vista.
Por fin llegamos a la dichosa tienda donde comprar mi ropa. Lo que
había dicho mamá era verdad, había mucha ropa que sería para niños que tendrían
4 o 5 años, pero para más mayores.
-Es una promoción única -le dijo la vendedora a mamá-. La tendremos
solamente por esta vez.
Mamá no perdió el tiempo y empezó a buscarme la ropa. Yo la esperaba de
pie aguantando su bolso y la bolsa con mis pañales. Por fin se acercó a mí con
un buen motón de ropa.
-Ten, Chris -dijo-. Vete al probador y ponte esto. Yo iré a mirarte
unos petos de allí.
Llegué al probador tambaleándome por el peso de toda la ropa. Al entrar
la dejé toda encima del taburete que allí había. Pude verla más detenidamente y
me dí cuenta de que todo eran camisetas y pantalones, pero estos eran más
anchos que los normales. Las camisetas eran de mi talla pero con dibujos
infantiles. No me gustaban, pues yo ya tenía camisetas que estaban muy bien,
acordes con mi edad. Aún así, ya que estaba me las probaría.
Me quité la camiseta y el pantalón, con lo que me quedé desnudo
completamente a excepción del pañal. Cuando me acaché para coger un pantalón de
la montaña de ropa me vinieron de nuevo las ganas de hacer caca.
Rápido y en el acto.
No había terminado de darme cuenta de que quería hacer caca cuando ya
me la había hecho encima. Me puse nerviosísimo. Volvió la ansiedad multiplicada
por 1000. Estaba en un probador y con caca en el pañal. Era la primera vez que
me hacía caca encima. Al principio solo sollocé silenciosamente pero luego
acepté completamente la situación. Estaba cagado en público. Se me olvidó
completamente que estaba en un centro comercial donde había mucha gente y
empecé a llorar. Lloraba con muchas ganas. Ya no importaba nada, solo mi pañal
con caca. Mamá llegó enseguida.
-¿¡Se puede saber que te pasa para que estés llorando aquí de esa
manera?! -gritó al abrir la cortina del probador.
Sólo tuvo que mirarme para saber que había pasado algo muy grave.
Estaba en el suelo llorando a moco tendido y había un olor a caca muy fuerte en
el probador. Yo lloraba agarrándome el pañal. Ella entonces dejó los petos que
llevaba a un lado y me cogió en brazos y me levantó la parte de atrás del pañal
como yo había visto muchas veces que hacían a los bebés.
-¡Pero si te has hecho caca! -dijo.
Yo lloraba muy fuerte, no solo por la caca sino porque la ansiedad esta
vez era muy grande. Ya me daba igual todo, solo quería que mamá me cambiara de
pañal.
Mamá empezó a vestirme con la ropa nueva mientras yo le decía
agarrándome el pañal por detrás:
-Mamá…por favor, cámbiame el pañal…porfa, mami…tengo caca…
-Ya sé que tienes caca, Chris. Pero tengo que vestirte, no querrás
salir ahí fuera solo con un pañal.
Terminó de atarme las cordoneras, cogió toda la ropa y me llevó de la
mano para pagarla. Cuando salimos todo el mundo nos miraba, buscaban al niño
que había formado semejante espectáculo. A mí no me importaba, solo quería que
mamá me quitase el pañal y me pusiera uno limpio.
En la cola para pagar la ropa seguí igual de inquieto. No era
consciente de nada, solo de que tenía caca en el pañal.
-Cámbiame mami, tengo caca -le decía mientras le tiraba del pantalón.
-Ya lo sé, Chris. Pagamos la ropa y te cambio el pañal.
Se notaba que ella también estaba inquieta. Sería porque ella era la
madre del niño de 13 años que se había hecho caca encima. Terminamos de pagarlo
todo y salimos de la tienda. Si cuando llevaba el pañal limpio andaba ya con
las piernas separadas, en ese momento parecía un auténtico cowboy. Mamá me
llevaba de la mano. Yo estaba muy inquieto. Quería que me cambiara el pañal, y
pronto. Me había hecho caca encima. Era pensar eso y ponerme a llorar, ¿qué me
estaba pasando? Por no mencionar la ansiedad, que estaba más fuerte que nunca.
Mamá me llevó al aseo de chicas. Dentro había un cambiador para cambiar
el pañal a los bebés. Agradecí que no hubiera nadie dentro en el momento en que
mamá me subió encima. Estaba quitándome los pantalones cuando entró la niña que
había estado mirándome cuando yo estaba en el mostrador. Cuando me vio le
susurró algo a su madre, ella parecía que le estaba regañando y se la llevó
hacia los lavabos. Yo estaba muerto de la vergüenza, sentía más que en toda mi
vida. No sólo me había hecho caca encima sino que me la había hecho en público.
Y a mis 13 años estaba tumbado en un cambiador como un bebé esperando a que me
cambiaran. Pero yo quería que me cambiaran. No me gustaba tener pipí en el
pañal pues mucho menos me gustaba tener caca. Acepté que me tenían que cambiar
y me calmé bastante, aunque seguía sollozando cual bebé. Lo que quería era
quitarme esa ansiedad de una vez, me ponía muy nervioso y me daban ganas de
llorar. Mamá empezó a desabrocharme el pañal. Me levantó las piernas para
arriba y desabrochó las cintas. En ese momento empezó a entrar gente al aseo.
Se quedaban mirando al niño al que le estaban cambiando el pañal pero seguían
andando. Cuando mamá me estaba limpiando entró una mujer con un niño de 2 o 3
años en brazos y se acercó a ella.
-Perdone, ¿le falta mucho? -preguntó-. Es que mi hijo también se ha
hecho caca.
-No mucho-contestó mamá -. le pongo el pañal limpio y ya está.
Abrió la bolsa de los pañales y sacó uno nuevo. La señora que llevaba
al niño en brazos siguió hablándole a mamá.
-¿Y cómo es que un niño…ya mayor…se sigue haciendo caca?
-No es que se siga haciendo caca encima- contestó mamá mientras me
pasaba el pañal por debajo. Yo miraba al techo sollozante y con la mirada
perdida-. Es que lleva pañales porque se hace pipí pero hoy ha sido la primera
vez que se ha hecho caca-me abrochó las cintas del pañal-. Pero no pasa nada,
yo le cambio y listo, ¿a que si, Chris?
Me sentía increíblemente mejor con el pañal limpio, incluso llegué a
esbozar una sonrisa. Le dije que sí con la cabeza. Mamá tiro el pañal sucio a
la papelera y me subió los pantalones cortos. Me bajó del cambiador, se
despidió de la señora con la que había estado hablando, que ya empezaba a
cambiar a su hijo, me tomó de la mano y salimos del aseo.
Fuera le dije que yo sabía andar sin que me llevaran de la mano, mamá
me miró de una manera extraña y la soltó. Llegamos al coche y me sentó en la
parte de atrás. A continuación me abrochó el cinturón y metió las compras en el
maletero. Se subió al asiento de delante para arrancar pero justo antes giró la
cabeza y me miró. Yo estaba sollozando porque la ansiedad no se había ido
todavía. Sollozaba y miraba a mamá. Ella entonces salió del coche y me dijo que
la esperara allí. Echó los seguros a las puertas y volvió a entrar en el centro
comercial. Yo me quedé allí, sentado, en silencio, intentando no pensar en lo
que acababa de pasar. Me había hecho caca encima y me habían cambiado en
público. Yo miraba por la ventana mientras sentía el pañal puesto, como me
abultaba e impedía que pudiera cerrar las piernas. Me toqué la parte de delante
del pañal. De no ser por él me habría hecho caca en los pantalones.
Mamá vino a los 10 minutos, llevaba un paquete cuadrado pequeño dentro
de una bolsa con dibujos de globos y ositos. Cuando entró en el coche la guardó
dentro de su bolso.
-Venga, Chris. Ya podemos irnos -dijo.
-¿Qué has comprado? -quise saber yo.
-Lo verás si alguna vez te hace falta. Es para controlarte ese
nerviosismo que te entra a menudo. Se me ha ocurrido cuando hemos llegado al
coche y pienso que podría funcionar.Llegamos a casa y mamá me preparó la cena. Esta vez no me atraganté con la comida pero cada vez que me tenía que llevar un trozo a la boca me preocupaba un poco.Mamá creo que lo notó. Después de cenar, me preparó para irme a dormir. Me cambió el pañal con más ternura de la habitual y ella misma me metió en la cama. Puso a Rhino al lado mía y o enseguida lo abracé. ¡Cuánto había echado de menos a Rhino durante este día! Me acurruqué con él entre las sábanas preparado para dormir. Mamá me dio las buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación. Me sentía muy cómodo y seguro con Rhino y con el pañal. Sonreí en la oscuridad y me dormí. Aunque no tendría un sueño muy profundo...
15 de julio de 2014
Sinopsis del quinto capítulo de 'Vida de Chris'
En este
capítulo, Chris se tiene que enfrentar a una nueva experiencia: salir de su
casa llevando un pañal por primera vez. Su destino es el centro comercial y su
mayor temor es que le tengan que cambiar en público el pañal.
¡Lee la
peor experiencia de Chris hasta la fecha desde que le han vuelto a poner
pañales!
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