7 de agosto de 2014

Vida de Chris - Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial

Al día siguiente después de haberme quedado solo en casa me levanté muy inquieto, me había vuelto a mojar el pañal pero no era por eso. Era porque había vuelto a venirme la ansiedad. Necesitaba algo y no lo sabía, por más que me esforzaba en estrujarme el cerebro para ver que podía ser no se me ocurría nada. Parecía que me iba a volver loco. Estaba en la cama moviéndome de un lado a otro con Rhino esperando a que mi madre viniera y me cambiara. Cuando por fin entró por la puerta y me vio en el estado en el que estaba, intentó cogerme en brazos pero yo me retorcía, aunque al final lo consiguió.
-¿Qué te pasa, Chris? ¿Por qué te mueves tanto?
-¡No lo sé! -contesté-. Necesito algo y no sé lo que es. Es como si me faltara algo -dije contra su pecho.
-Vaya…Tranquilo, ¿vale? Voy a cambiarte y luego lo vemos.
Cuando ya estuve con un pañal limpio, fui a sacar mis juguetes de la caja de cartón y a ponerlos en el viejo baúl donde habían estado siempre.  Se me había pasado ya la inquietud, y me sentía mejor. Oí que mi madre me llamaba para comer. Bajé corriendo las escaleras (todo lo que me permitía el pañal) y me senté en la mesa.
-¡Vaya, que rápido has venido! ¿Tienes hambre, no? -me dijo mamá cuando me vio entrar.
-¡Si! -contesté.
Mamá había hecho pescado y me sirvió dos trozos. Estaba terminándome el primero cuando me atraganté con una espina. Empecé a toser, mamá enseguida lo vio y me dio de beber agua. Esta vez se me pasó enseguida.
-¡Menudos sustos me estás dando para comer! -dijo al darme un trozo de pan.
Era verdad, era la segunda vez que me atragantaba comiendo.
Estábamos terminando de comer, cuando mamá me dijo:
-Chris, ayer estuve con tu tía en el centro comercial y vi unas cosas que te pueden venir bien. Era ropa para niños de tu edad, pero como la que llevan los que son más pequeños. Habían petos vaqueros, pijamas como los que ya tienes, camisetas y algunas cosas más. Les estuve echando un ojo y parecía que te venían bien, que te los podría poner con el pañal,  pero lo mejor será que vengas  y te los pruebes tú, ¿vale?
La verdad era que no podía ir siempre con unos pantalones de deporte, pero por otro lado la idea de salir de casa e ir a un sitio público en pañales tampoco me gustaba nada, pero en algún momento tendría que ver el mundo exterior. Podía intentar convencer a mamá de que me quitase el pañal para ir pero ya sabía que no iba a querer, de hecho yo tampoco quería. Si me hacía pipí encima lo vería todo el mundo pero si me ponía una chaqueta atada a la cintura quizás, el bulto del pañal parecería más discretito. Le dije a mamá que vale, que iría. Ella sonrió y me revolvió el pelo, pues sabía que salir de casa con un pañal era un paso muy importante para mí en este momento.
Pasé la hora de la siesta jugando con mis juguetes a peleas en la alfombra de mi habitación. Me dieron unos cuantos pinchazos en la barriga que me causaron un dolor momentáneo pero pasaron enseguida.
A las 6, mamá se asomó por la puerta, me dijo que me preparase que nos íbamos. Le contesté que ya estaba listo, pero ella pasó dentro y sacó 2 pañales del armario y los metió en un bolso que llevaba colgado además del suyo.
-Por si tenemos que cambiarte -dijo.
Me puse muy nervioso porque no había contado con que me hiciera pipí y mamá me cambiara en público.
-No te los lleves -dije-. Me cambias cuando volvamos a casa.
-Tranquilo, no te voy a cambiar en público, en un banco en medio de un parque. Si te haces pipí te llevó a un sitio donde no haya mucha gente y allí te pongo otro pañal.
Subimos al coche, yo me senté en la parte de atrás, mamá vino y me puso el cinturón porque me estaba costando con el pañal puesto, y dejó la bolsa de los pañales al lado mía.
Tardamos menos de lo que me hubiera gustado en llegar al centro comercial. A mí ni siquiera me había dado tiempo a aceptar que iba a ir con pañales a un lugar público. Ojalá que nadie se diera cuenta o peor aún, que no viéramos a ningún conocido.
Me bajé del coche y lo primero que hice fue atarme la chaqueta en la espalda. Caminaba detrás de mi madre con las manos disimuladamente puestas por delante del pañal, que hacía frunch frunch con cada paso mío, por no hablar que de lo abultado que era me hacía andar de esa manera tan pomposa que llamaba mucho la atención. Cuando entramos dentro, mamá dijo que quería ir a ver unos zapatos para ella, le contesté que si podíamos ir directamente a ver mi ropa e irnos cuanto antes.
-¡No seas pesado, Chris! ¡Que siempre que venimos de compras empiezas a dar mucho follón!
Tenía razón pero esta vez yo tenía un motivo bastante importante: tenía 13 años y llevaba un pañal puesto delante de mucha gente.
Cuando estaba ella viendo los zapatos me volvieron a dar pinchazos en la barriga. De pronto me vinieron ganas de hacer caca, pero me aguanté, porque si se lo decía a mamá me quitaría el pañal para que fuera a un aseo, y me había propuesto estar toda la tarde con el mismo pañal y que mamá no me cambiara.
Después del interminable tiempo viendo zapatos, fuimos por fin a por mi ropa. Yo notaba que la gente me miraba al andar, y que se me quedaban mirando de una manera extraña pero preferiría creer que ignoraban que llevaba pañales. En una ocasión, una niña pelirroja que tendría 2 años menos que yo y que iba también con su madre se me quedó mirando bastante tiempo mientras mamá miraba un escaparate. Yo intenté hacer que no me daba cuenta, pero cuando ya no pude ignorarla más me giré para mirarla yo a ella y enseguida apartó la vista.
Por fin llegamos a la dichosa tienda donde comprar mi ropa. Lo que había dicho mamá era verdad, había mucha ropa que sería para niños que tendrían 4 o 5 años, pero para más mayores.
-Es una promoción única -le dijo la vendedora a mamá-. La tendremos solamente por esta vez.
Mamá no perdió el tiempo y empezó a buscarme la ropa. Yo la esperaba de pie aguantando su bolso y la bolsa con mis pañales. Por fin se acercó a mí con un buen motón de ropa.
-Ten, Chris -dijo-. Vete al probador y ponte esto. Yo iré a mirarte unos petos de allí.
Llegué al probador tambaleándome por el peso de toda la ropa. Al entrar la dejé toda encima del taburete que allí había. Pude verla más detenidamente y me dí cuenta de que todo eran camisetas y pantalones, pero estos eran más anchos que los normales. Las camisetas eran de mi talla pero con dibujos infantiles. No me gustaban, pues yo ya tenía camisetas que estaban muy bien, acordes con mi edad. Aún así, ya que estaba me las probaría.
Me quité la camiseta y el pantalón, con lo que me quedé desnudo completamente a excepción del pañal. Cuando me acaché para coger un pantalón de la montaña de ropa me vinieron de nuevo las ganas de hacer caca.
Rápido y en el acto.
No había terminado de darme cuenta de que quería hacer caca cuando ya me la había hecho encima. Me puse nerviosísimo. Volvió la ansiedad multiplicada por 1000. Estaba en un probador y con caca en el pañal. Era la primera vez que me hacía caca encima. Al principio solo sollocé silenciosamente pero luego acepté completamente la situación. Estaba cagado en público. Se me olvidó completamente que estaba en un centro comercial donde había mucha gente y empecé a llorar. Lloraba con muchas ganas. Ya no importaba nada, solo mi pañal con caca. Mamá llegó enseguida.
-¿¡Se puede saber que te pasa para que estés llorando aquí de esa manera?! -gritó al abrir la cortina del probador.
Sólo tuvo que mirarme para saber que había pasado algo muy grave. Estaba en el suelo llorando a moco tendido y había un olor a caca muy fuerte en el probador. Yo lloraba agarrándome el pañal. Ella entonces dejó los petos que llevaba a un lado y me cogió en brazos y me levantó la parte de atrás del pañal como yo había visto muchas veces que hacían a los bebés.
-¡Pero si te has hecho caca! -dijo.
Yo lloraba muy fuerte, no solo por la caca sino porque la ansiedad esta vez era muy grande. Ya me daba igual todo, solo quería que mamá me cambiara de pañal.
Mamá empezó a vestirme con la ropa nueva mientras yo le decía agarrándome el pañal por detrás:
-Mamá…por favor, cámbiame el pañal…porfa, mami…tengo caca…
-Ya sé que tienes caca, Chris. Pero tengo que vestirte, no querrás salir ahí fuera solo con un pañal.
Terminó de atarme las cordoneras, cogió toda la ropa y me llevó de la mano para pagarla. Cuando salimos todo el mundo nos miraba, buscaban al niño que había formado semejante espectáculo. A mí no me importaba, solo quería que mamá me quitase el pañal y me pusiera uno limpio.
En la cola para pagar la ropa seguí igual de inquieto. No era consciente de nada, solo de que tenía caca en el pañal.
-Cámbiame mami, tengo caca -le decía mientras le tiraba del pantalón.
-Ya lo sé, Chris. Pagamos la ropa y te cambio el pañal.
Se notaba que ella también estaba inquieta. Sería porque ella era la madre del niño de 13 años que se había hecho caca encima. Terminamos de pagarlo todo y salimos de la tienda. Si cuando llevaba el pañal limpio andaba ya con las piernas separadas, en ese momento parecía un auténtico cowboy. Mamá me llevaba de la mano. Yo estaba muy inquieto. Quería que me cambiara el pañal, y pronto. Me había hecho caca encima. Era pensar eso y ponerme a llorar, ¿qué me estaba pasando? Por no mencionar la ansiedad, que estaba más fuerte que nunca.
Mamá me llevó al aseo de chicas. Dentro había un cambiador para cambiar el pañal a los bebés. Agradecí que no hubiera nadie dentro en el momento en que mamá me subió encima. Estaba quitándome los pantalones cuando entró la niña que había estado mirándome cuando yo estaba en el mostrador. Cuando me vio le susurró algo a su madre, ella parecía que le estaba regañando y se la llevó hacia los lavabos. Yo estaba muerto de la vergüenza, sentía más que en toda mi vida. No sólo me había hecho caca encima sino que me la había hecho en público. Y a mis 13 años estaba tumbado en un cambiador como un bebé esperando a que me cambiaran. Pero yo quería que me cambiaran. No me gustaba tener pipí en el pañal pues mucho menos me gustaba tener caca. Acepté que me tenían que cambiar y me calmé bastante, aunque seguía sollozando cual bebé. Lo que quería era quitarme esa ansiedad de una vez, me ponía muy nervioso y me daban ganas de llorar. Mamá empezó a desabrocharme el pañal. Me levantó las piernas para arriba y desabrochó las cintas. En ese momento empezó a entrar gente al aseo. Se quedaban mirando al niño al que le estaban cambiando el pañal pero seguían andando. Cuando mamá me estaba limpiando entró una mujer con un niño de 2 o 3 años en brazos y se acercó a ella.
-Perdone, ¿le falta mucho? -preguntó-. Es que mi hijo también se ha hecho caca.
-No mucho-contestó mamá -. le pongo el pañal limpio y ya está.
Abrió la bolsa de los pañales y sacó uno nuevo. La señora que llevaba al niño en brazos siguió hablándole a mamá.
-¿Y cómo es que un niño…ya mayor…se sigue haciendo caca?
-No es que se siga haciendo caca encima- contestó mamá mientras me pasaba el pañal por debajo. Yo miraba al techo sollozante y con la mirada perdida-. Es que lleva pañales porque se hace pipí pero hoy ha sido la primera vez que se ha hecho caca-me abrochó las cintas del pañal-. Pero no pasa nada, yo le cambio y listo, ¿a que si, Chris?
Me sentía increíblemente mejor con el pañal limpio, incluso llegué a esbozar una sonrisa. Le dije que sí con la cabeza. Mamá tiro el pañal sucio a la papelera y me subió los pantalones cortos. Me bajó del cambiador, se despidió de la señora con la que había estado hablando, que ya empezaba a cambiar a su hijo, me tomó de la mano y salimos del aseo.
Fuera le dije que yo sabía andar sin que me llevaran de la mano, mamá me miró de una manera extraña y la soltó. Llegamos al coche y me sentó en la parte de atrás. A continuación me abrochó el cinturón y metió las compras en el maletero. Se subió al asiento de delante para arrancar pero justo antes giró la cabeza y me miró. Yo estaba sollozando porque la ansiedad no se había ido todavía. Sollozaba y miraba a mamá. Ella entonces salió del coche y me dijo que la esperara allí. Echó los seguros a las puertas y volvió a entrar en el centro comercial. Yo me quedé allí, sentado, en silencio, intentando no pensar en lo que acababa de pasar. Me había hecho caca encima y me habían cambiado en público. Yo miraba por la ventana mientras sentía el pañal puesto, como me abultaba e impedía que pudiera cerrar las piernas. Me toqué la parte de delante del pañal. De no ser por él me habría hecho caca en los pantalones.
Mamá vino a los 10 minutos, llevaba un paquete cuadrado pequeño dentro de una bolsa con dibujos de globos y ositos. Cuando entró en el coche la guardó dentro de su bolso.
-Venga, Chris. Ya podemos irnos -dijo.
-¿Qué has comprado? -quise saber yo.
-Lo verás si alguna vez te hace falta. Es para controlarte ese nerviosismo que te entra a menudo. Se me ha ocurrido cuando hemos llegado al coche y pienso que podría funcionar.Llegamos a casa y mamá me preparó la cena. Esta vez no me atraganté con la comida pero cada vez que me tenía que llevar un trozo a la boca me preocupaba un poco.Mamá creo que lo notó. Después de cenar, me preparó para irme a dormir. Me cambió el pañal con más ternura de la habitual y ella misma me metió en la cama. Puso a Rhino al lado mía y o enseguida lo abracé. ¡Cuánto había echado de menos a Rhino durante este día! Me acurruqué  con él entre las sábanas preparado para dormir. Mamá me dio las buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación. Me sentía muy cómodo y seguro con Rhino y con el pañal. Sonreí en la oscuridad y me dormí. Aunque no tendría un sueño muy profundo...

15 de julio de 2014

Sinopsis del quinto capítulo de 'Vida de Chris'

En este capítulo, Chris se tiene que enfrentar a una nueva experiencia: salir de su casa llevando un pañal por primera vez. Su destino es el centro comercial y su mayor temor es que le tengan que cambiar en público el pañal.

¡Lee la peor experiencia de Chris hasta la fecha desde que le han vuelto a poner pañales!

13 de julio de 2014

Pañales y verano

Hola!
Hago una pausa en la escritura de Vida de Chris porque me gustaría hablaros de un tema.
Yo duermo con un pañal porque por las noches me hago pipí. De día también llevo pero por gusto, pero bueno, eso es otra historia.
El caso es que ahora que empieza a hacer más calor me resulta imposible dormir. El pañal hace que todavía tengas más calor. Y si a eso le añadimos que duermo abrazado a mi peluche ya no digamos....
No sé si vosotros dormís con pañal y si tenéis que soportar el calor que hace, aunque viviendo en España estemos acostumbrados al calor, me gustaría veros con un pañal puesto en pleno agosto. Esta noche me he despertado 3 veces porque creía que estaba mojado y sólo era sudor. Se le ha pasado también a mi peluche y ahora tendré que lavarlo, con lo poco que me gusta hacerlo -.-
En fin, aquí son ahora las 9 y media de la mañana y he dormido muy mal. No he parado de dar vueltas en la cama moviendo a Ronnie y la almohada de un sitio a otro intentando coger la postura (Ronnie es mi peluche. Es un alce).
En fin, a ver si mañana tengo más suerte.
Saludos!

19 de junio de 2014

Vida de Chris - Capítulo 4: Sólo en casa

La noche tras la de mi sueño interrumpido la pasé bien. Dormí tranquilamente y mojé mi pañal. Pero cuando me desperté la sensación de que necesitaba algo me vino de nuevo. Estaba intranquilo en mi cama cuando entró mi madre. Enseguida me destapó y me tumbó bocarriba en la cama. Normalmente, cuando viene a quitarme el pañal yo me comporto dócilmente porque ansío que me lo quite, pero esa mañana estaba incómodo y me movía más de lo normal.
-¿Qué te pasa, Chris? Te noto inquieto -dijo-. Estate quieto que te quito el pañal enseguida.
Yo me calmé, pues parecía que la ansiedad ya se estaba yendo. Dejé que mi madre me quitase el pañal con el mismo procedimiento que de costumbre: me desabrochó los botoncitos del pijama, me abrió las cintas del pañal, lo extrajo y me limpió.
En ese momento yo iba a incorporarme pero mi madre me aguantó con una mano en el pecho y me dijo:
-Espérate que te tengo que poner otro.
¡¿Otro pañal?! ¡¿De día?! Yo no daba crédito. Había tenido 2 accidentes pero creía que no eran suficientes como para tener que llevar pañales durante el día.
-¿Por qué? -pregunté.
-Porque ayer te hiciste pipí 2 veces -contestó-. Pero no te preocupes. El pañal es solo por si se te escapa. Si tú quieres ir al baño a hacer pipí o caca me lo dices y yo te lo quito.
Dejé que me pusiera de nuevo un pañal. Cuando terminó me levanté de la cama fui al armario a por la ropa. El pañal era tan abultado que no podía cerrar las piernas y me daba unos andares muy patosos, como ya he comentado anteriormente.
-Date prisa en vestirte y en desayunar que me tienes que ayudar a hacer limpieza en el desván -dijo mamá cuando salió por la puerta de mi habitación.
Yo me puse a elegir mi ropa pero me di cuenta de que si no podía ponerme unos pantalones de pijama tampoco iba a poder ponerme unos de andar por casa. Entonces vi un pantalón corto de deporte que tenía el elástico de la cintura roto y que me entraba perfectamente. Me lo puse, satisfecho de mi suerte, y bajé a desayunar.
Me sentía muy raro con un pañal de día. No estaba acostumbrado y me sentía un poco indefenso con él puesto, pero también avergonzado por tener 13 años y tener que estar con un pañal por si se me escapaba el pipí.
Enseguida me reuní con mi madre en el desván. Había amontonado todas cajas viejas a un lado y buscaba cosas en las más nuevas para pasarlo a las viejas. También teníamos que coger todo lo que ya no valiese de los 2 montones de cajas y tirarlo a la basura. Fue una tarea dura que nos llevó casi toda la mañana hasta la hora de comer.
En un momento dado, sentí ganas de hacer pipí. Como no quería hacérmelo en el pañal nada más sentir las ganas le dije a mi madre que me lo quitara para que pudiera ir al baño. Lo hizo tumbándome en el mismo suelo de madera del desván. Fui al baño a hacer pipí y cuando volví ya me estaba esperando con el pañal en la mano para ponérmelo otra vez.
Cuando dieron las 2 de la tarde, mi madre consideró que ya era hora de que nos tomarnos un descanso y comer. Había hecho filetes de cordero y me sirvió 3 en mi plato. Estaba masticando un trozo del último filete y cuando me disponía a tragármelo, me atraganté, me empezó a entrar una tos que creía que me iba a quedar en el sitio. Por más que intentaba tragármelo no podía, me estaba empezando a poner rojo. Mamá se levantó corriendo y me dio golpes en la espalda para ver si lo echaba pero como parecía que no, llegó corriendo y me dio un trago de agua. Al final, y poco a poco, noté como el trozo de carne descendía por mi garganta. Me puse a llorar contra ella del susto que tenía en el cuerpo y enseguida me volvió a venir la sensación de que necesitaba algo. Mi madre me apretó a ella y sollocé contra su pecho. Al final estaba tan nervioso que no probé más bocado y fue ella la que me dio las natillas con una cuchara.
Después de comer volvimos al trabajo. Estuvimos moviendo cajas y sacando cosas de ellas toda la tarde. En un momento dado, mamá estaba sacando cosas de una caja en la que ponía ‘’Chris’’ y extrajo un rinoceronte de peluche. Yo lo reconocí al instante. Era el rinoceronte que me acompañaba a todos sitios cuando yo era pequeño, incluso a dormir. Se llamaba Rhino.
-¡Mira lo que he encontrado, Chris! -dijo mi madre cuando lo sacó.
Me puse muy contento porque no sabía que había sido de él y lo había dado ya por perdido. Hacía tantos años…
-¿Qué quieres que hagamos con él? ¿lo guardamos o lo tiramos?
Le dije que quería guardarlo y ponerlo encima de mi cama, que era su sitio cuando yo no lo tenía entre mis brazos.
Bajé a mi habitación a dejarlo allí, y después de ver lo bien que quedaba sobre la almohada volví arriba a seguir moviendo cajas.
Hubo un momento en que a mi madre se le iba a caer una caja que pesaba mucho y yo corrí todo lo que me permitía el pañal y logré sujetarla.
-¿Puedes aguantarla un poquito más, Chris? Tengo que sacar una cosa -dijo mi madre.
Le contesté que si pero que se diera prisa, que la caja pesaba mucho. En ese momento, me dieron ganas de hacer pipí. No podía bajar al baño porque tenía que estar aguantando la caja así que decidí aguantarme, pero no pude. No había pasado ni un segundo desde que sintiera las ganas de hacer pipí cuando ya me lo estaba haciendo encima, en mi pañal.
Me puse a llorar de nuevo y dejé caer la caja, con que lo que había dentro ya se terminó de romper. Lloraba de pie agarrándome la parte de delante del pañal como si quisiera detener el chorro de pis. Pero no podía. El pipí  seguía saliendo y yo llorando. Cuando terminé me dejé caer en el suelo y miré a mamá con ojos llorosos.
-Me he hecho pipí -dije simplemente.
Mi madre ya lo había deducido. Me tomó en brazos y me bajó como pudo hasta mi habitación.
-No llores más Chris, eres un nene grande. ¿Ves cómo llevando un pañal no pasa nada si te haces pipí? ¿Para qué te crees que es si no? Ahora yo te cambio y no pasa nada -decía mientras llegábamos a mi cuarto.
Al entrar me tumbó en la cama y empezó a buscar las cosas necesarias para el cambio. Yo me volví a agarrar el pañal por delante mientras miraba perdidamente al techo. Ni me di cuenta cuando empezó a cambiarme. Me bajó los pantalones y me dejó el pañal al aire. Luego me desabrochó las cintas y me quitó el pañal mojado. Me limpió cuidadosamente y con mucha ternura.
-No te preocupes, Chris. ¿Ves? Ya estas sequito.
Yo sabía que ahora me iba a poner otro pañal pero una parte pequeña de mí cerebro aún creía que no. Esa parte se equivocaba porque mamá me levantó las piernas con una mano y me pasó un pañal limpio por debajo. A continuación, me lo pasó por delante y me lo sujetó muy fuertemente con las cintas. Fue la vez que más seguro me sentí con un pañal. Mamá me subió los pantalones y me bajó de la cama.
-Ahora ya estas mejor, ¿a qué si? -me preguntó.
Yo no pude contener una sonrisa. Me sentía más cómodo con el pañal y se debía de notar en la cara, porque mamá también sonrió y me revolvió el pelo.
En ese momento sonó el timbre y mi madre fue a abrir. Yo me di cuenta de que si alguien entraba en casa me vería en pañales así que tenía que esconderme. Instintivamente cogí a Rhino y me fui a un rincón de detrás de una puerta y me senté a escuchar quién había llamado al timbre. Parecía una amiga de mi madre porque estaban hablando de salir al centro comercial. Al poco oí que las dos entraban en casa y que mamá me llamaba.
-¡Chris, ven aquí! ¡Es la tía Marian y quiere darte un beso!
La tía Marian, menos mal. Aunque tampoco me hacía gracia que me viera llevando pañales de día. Salí de mi escondite abrazando a Rhino y las vi las 2 en el recibidor. Lo primero que hizo mi tía es fijarse en el bulto de mis pantalones.
-¿Es que ahora lleva pañales también de día o se acaba de levantar de la siesta?-preguntó.
-No, que va-dijo mi madre-. Ahora se está haciendo pipí durante el día así que le estoy poniendo pañales.
-¿Y cuándo tiene que hacer caca?
-Cuando tenga que hacer caca viene, le quito el pañal, va al baño y cuando vuelve se lo pongo otra vez -contestó y me miró-. Escucha Chris, tía Marian y yo vamos a acercarnos un rato al centro comercial. Sabes que en su pueblo no hay y siempre viene aquí. Te vas a quedar solo un ratito, ¿vale? Si te haces pipí te esperas a que yo vuelva y te cambio, ¿okey?
Asentí. Ella cogió el bolso y las 2 salieron de casa.
-Adiós, Chris -dijo mi tía ya casi fuera.
Me iba a quedar solo. Sus voces cada vez se estaban oyendo menos.
-¿…Y te vas a volver en coche luego? Qué valor tienes hija, hacerte tantos kilómetros en un día y conduciendo de noche…-decía mi madre.
Luego mi tía le contestó algo que no llegué a oír.
En ese momento me di cuenta de que me había quedado solo en casa por primera vez desde que empecé a llevar pañales de nuevo. Me puse nervioso por si me hacía pipí, pero enseguida me di cuenta de que si no lograba tranquilizarme me haría pis seguro así que decidí pensar en otra cosa. Me di cuenta de que tenía a Rhino entre mis brazos por primera vez en mucho tiempo. Olía mal, tal vez mamá pudiera meterlo en la lavadora. Pero en seguida cambié de opinión. Rhino no había pisado nunca el interior de una lavadora y no iba a empezar ahora. Además, no olía mal, olía a él.
Me fui a mi habitación y me tumbé en la cama con él. Me puse a mirarlo fijamente a la cara recordando todos sus detalles: Sus ojos en blanco sin la pupila negra ahora borrada, su sonrisa grande sin enseñar dientes debajo del cuerno, su descosido por la parte de abajo (eso si le podía decir a mamá que lo cosiera), sus pequeñas orejitas…..No podía contenerme más y le di un abrazo bien fuerte. Había pasado tanto tiempo, Rhino…
En ese momento caí en la cuenta de que si Rhino había estado en una caja del desván, también estarían mis viejos juguetes. Subí todo lo deprisa que me permitía el pañal y empecé a buscarlos por las cajas que tenían mi nombre escrito con rotulador negro. Enseguida los vi. Se me llenó el cuerpo de emoción. Estaban todos: el Spiderman súper articulado, el Buzz Lightyear, el Sr. Patata Suave, los indios y vaqueros, todos. Me bajé la caja entera a mi habitación, los eché sobre las alfombra y me puse a jugar con ellos. Estuve varias horas ahí tirado como si tuviera 10 años menos, con un pañal y jugando a muñecos. De pronto me vinieron ganas de hacer pipí, me tranquilicé y deje que éste se saliera para quedarse en el pañal. En un momento me vi con el pañal mojado y sin nadie que me cambiara. Me entraron nervios y me puse inquieto. Volvió la ansiedad. Necesitaba calmarla y no sabía con qué. Ni siquiera sabía porque me venía. Me intenté tranquilizar, pues era una tontería que llorase ya que no había nadie allí. Pero tenía el pañal mojado, y como ya sabéis, no me gusta nada estar mojado. Me levanté y empecé a andar de un lado para otro. Consideré la idea de cambiarme yo solo, pero no era capaz ni de ponerme el pijama así que mucho menos de cambiarme el pañal.
Me fui al salón a ver la tele y a esperar que mi madre viniera y me cambiara. A la media hora oí que entraba por la puerta.
-¿Dónde estás, Chris? -dijo al entrar.
-En el salón, mamá -contesté.
-¿Qué tal? -preguntó nada más entrar.
-Me he hecho pipí.
-Vaya… ¿Y hace mucho que te lo has hecho?
-2 horas -contesté. Quería que se sintiera mal por haberme dejado solo y que no lo hiciera más así que mentí.
-Aaaay lo siento, Chris -dijo. Y vino corriendo a auparme. Con lo poco que yo pesaba no le resultaba muy costoso-. No volverá a pasar, te lo prometo. Venga, vamos a cambiarte este pañal mojadito que lo estarás deseando.
Me llevó hasta mi cuarto en brazos y al entrar tropezó con los juguetes que se habían quedado por el suelo.
-¡Vaya!-exclamó-. ¿Es qué has vuelto a sacar los juguetes del desván?
Como era una pregunta retórica no me molesté en contestarle. Dejé que me tumbara en la cama, y entonces cogió a Rhino y me lo puso al lado. Ella se sentía mal por haber dejado a su hijo solo y con un pañal puesto y se mostraba muy cariñosa. Yo se lo agradecí, pues aunque no hubiera estado mojado las 2 horas que le había dicho, había estado muy molesto el tiempo que había llevado mi pañal con pipí.
-Venga, ahora te bajo los pantaloncitos -dijo ella al tiempo que lo hacía-, te desabrocho el pañal mojadito -acompañaba cada acto que hacía con una voz llena de ternura- y te limpio, ¿te gusta, a que si? -sonreí-. Ahora cogemos el pañal limpito y te lo ponemos. Y ahora lo sujetamos con las cintas y te volvemos a subir el pantaloncito. ¿Ahora ya estás mejor, verdad?
La verdad es que me sentía mucho mejor. Con mi pañal limpio y con Rhino conmigo. Mamá me bajó de la cama y me llevó a la cocina a cenar.
Ella, o bien porque quería mimarme o porque no quería que me volviera a atragantar, me partió los trozos del filete ella misma y muy pequeños. Luego hizo puré de calabacín, que sabía todo lo que me gustaba. Después de cenar nos pusimos a ver una película y luego me acompañó a mi cuarto a ponerme el pijama y acostarme. Antes me tuvo que volver a cambiarme el pañal, pues durante la película me había vuelto a mojar, pero ahora ya no me ponía tan nervioso como antes. Cuando estuve ya cambiado y con el pijama puesto, mamá cogió a Rhino y lo puso conmigo entre las sábanas.
-No te vayas a dejar a tu amiguito -dijo.
Me dio las buenas noches y salió de mi cuarto. Yo abracé a Rhino, pues hacía ya mucho tiempo que no dormía conmigo y lo echaba de menos. Lo abracé bien fuerte y no tardé en quedarme dormido. Mañana sería otro día.

16 de junio de 2014

Sinopsis del cuarto capítulo de 'Vida de Chris'

Chris ha vuelto a llevar pañales de día. Su madre se lo ha tenido que poner porque se hace pipí también cuando está despierto y se lo quita cuando tiene que hacer caca. Ahora tendrá que enfrentarse a un nuevo reto: quedarse solo en su casa por primera vez desde que ha vuelto a llevar pañales.

¡Un nuevo capítulo de esta historia de pañales!

11 de junio de 2014

Comunicado de Tony Prince

Hola! Que tal??
Muchííííííísimas gracias a todos los lectores que os pasáis por el blog, la verdad es que me hace mucha ilusión que leáis lo que escribo, ya que es para vosotros :))))))))))))
Quería deciros que me interesaría muchísimo conocer vuestra opinión acerca del blog o de la historia de Chris, así que os animo a todos a comentad (anonimamente, no hay ningún problema), en esta entrada o en la que queráis para así hacerme una idea de si voy en buen camino o no ;)
Nada más, seguid disfrutando de los pañales, de los chupones y los biberones!!

31 de mayo de 2014

El Chico de la Jungla necesita que le cambien el pañal

Este vídeo pertenece a una de las series de mi infancia, Johnny Bravo. En él podemos ver al Chico de la Jungla en uno de los cortos que aparecían en la serie. Intentaré traducirlo haciendo un gran uso (abuso) de mi inglés.


Sra.Antílope: Y una vez más, el Chico de la Jungla es el hombre del momento...Chico de la Jungla, has tenido un día un poquito ajetreado, ¿cómo te sientes?
Chico de la Jungla: Eeehh...mojado.
Sra.Antílope: Hahahaha... ¿mojado?
Chico de la Jungla: ¿Me cambias el pañal?
Sra.Antílope: Eeehh...¿hay alguién más?