11 de septiembre de 2014

Vida de Chris - Capítulo 6: Un día más

Era el día siguiente tras mi cambio de pañal en el centro comercial. Me había despertado y mamá me estaba cambiando el pañal. Yo tenía la mirada perdida en el techo, concentrado en lo que me había dado mamá y haciendo ese sonido tan característico suyo cuando lo tienes en la boca puesto.
La noche había sido movidita. Mamá me acababa de acostar y en seguida me quedé dormido abrazando a Rhino. Soñé que estaba en un desierto parecido al que sale en el Coyote y el Correcaminos con Rhino a mi lado, que era un rinoceronte de verdad pero en pequeñito. Íbamos corriendo y saltando por las rocas que había por allí. Éramos muy felices los dos. Estábamos en plena carrea hacia un cactus cuando de repente se produjo un terremoto y el suelo empezó a temblar. Creía que era mi fin, me asusté mucho, tanto que me hice pipí encima, pero no importaba porque en el sueño también llevaba pañales.  De pronto, una avalancha de piedras se nos vino encima. Eché a correr hacia donde pude con Rhino detrás mía hasta que no quedaba camino, pues teníamos un barranco delante. Estaba meditando si saltar o no, cuando el suelo se desplomó a mis pies y me precipité hacia el vacío. De pronto llegué al suelo y me desperté sobresaltado.
Estaba en el suelo de mi habitación liado en las mantas y me había dado un fuerte golpe en la cabeza. Rhino también se había caído y estaba en la otra punta de mi cuarto. ¡Me había caído de la cama! ¡No me lo podía creer!
En ese momento me puse  llorar desconsoladamente llamando a mamá. En realidad podía haber subido yo solo a la cama pero la ansiedad, que había vuelto muy fuerte y me había puesto muy nervioso, hizo que mi instinto llamara a mi mamá para que viniera. De pronto, me di cuenta de que me había hecho pipí. Ahora si tenía una razón para que viniese mamá. Me puse a llorar con más ganas. Muy fuerte. Estuve llorando hasta que oí que mamá se levantaba. Cuando entró en la habitación y encendió la luz, me vio hecho  un lío de mantas en el suelo. Ella se acercó enseguida y me aupó.
-¿Qué te ha pasado, Chris? ¿Qué hacías en el suelo? -me preguntó con mucha ternura.
-¡ME HE CAÍDO DE LA CAMA! -dije llorando.
-¿Tienes pipí?
-¡SIIIIII!
-Tranquilo, relájate -dijo mientras me dejaba en la cama-. Voy a cambiarte y te vuelvo a acostar.
Yo no podía tranquilizarme, la ansiedad había vuelto fuertemente y no podía calmarme. Pataleaba y me revolvía en la cama como un niño pequeño. Mamá intentaba quitarme el pañal pero yo de lo nervioso que estaba no la dejaba. Había conseguido por fin desabrochármelo cuando se dio cuenta de que no podía seguir. Salió de la habitación y me dejó allí a medio cambiar. Yo me puse más nervioso aún y lloré con más fuerza. Habría despertado ya a todos los vecinos, como si fuera un bebé. Mamá vino enseguida con la bolsa de globos y ositos y extrajo el paquete que llevaba dentro. Lo abrió. De su interior sacó un chupete azul y me lo puso directamente en la boca. En ese momento me tranquilicé. La ansiedad despareció. Sentí el chupete en mi boca y me concentré en chuparlo. Hacía un ruido muy tranquilizador: chup, chup. Al principio lo chupaba rápidamente. Luego se convirtió en un sonido más lento y monótono. Estaba tan a gusto con él que ni me di cuenta de que mamá había terminado de cambiarme. Me miraba desde arriba mientras veía como su hijo de 13 años se aferraba a un chupete como si tuviera 2.
-¿A qué ahora estás más tranquilo? -me preguntó.
-Shiii -dije yo. El chupete hacía que dijera las eses de esa manera tan graciosa. Quiero decir, graciosha.
-Sí, ya sabía yo que un chupete podía ayudarte, pero no me parecía lo más lógico para un niño de tu edad. Aunque -continuó- ya que todavía llevabas pañal dije: total, por lo menos que mi bebé esté a gusto.
Yo sonreí desde detrás del chupete y estuve todo el rato haciendo chup chup mientras ella ponía bien las sábanas de mi cama. Me sorprendí de lo mucho que había conseguido el chupete tranquilizarme. Cuando mamá terminó, cogió a Rhino del suelo y lo puso a mi lado. Me arropó, me tiró cariñosamente del asa del chupete de broma para quitármelo, yo lo agarré más fuerte y puse cara de enfado, ella sonrió, apagó la luz y salió de mi habitación
 Con el chupete no me costó nada dormirme. Me concentraba en ponerlo a hacer chup chup y así…poco a poco…cerré los ojos…y me quedé dormido…
Ahora estaba recién cambiado, con mi chupete nuevo en la boca y un peto vaquero puesto que hacía que me pudiera mover con total comodidad por la casa. Mamá estaba muy contenta, y yo también. Desde que había vuelto a llevar pañales por fin podía tener una manera de vivir más cómoda. Antes no podía dormir con un pijama normal, ahora tenía estos tan cómodos y calentitos; antes me daba una ansiedad que me ponía muy nervioso, ahora tenía el chupete para calmarla; antes no podía ir por casa con un pañal y ropa cómoda, ahora tenía toda la ropita nueva que me había comprado mamá. Por fin era un niño de 13 años con pañales completamente feliz.
Mamá se fue a hacer las cosas de la casa y yo me quedé en la habitación. Me puse a jugar con mis playmobil como hacía cuando era más pequeño. Pasé una mañana bastante agradable. Hacía tiempo que no hacía esas cosas, también hacía tiempo que no estaba en mi habitación llevando pañales y con un chupete en la boca.
Sin darme cuenta dieron las 2. Mamá me llamó a comer. Dejé el chupete en la mesita al lado de mi cama  y fui a la cocina. Si mamá se sorprendió porque no llevara el chupete no dio muestras de ello. Se comportó con total normalidad, como si su hijo no llevará puesto un pañal que luego ella tendría que cambiar. Cuando terminé de comer me entró sueño, mamá lo notó porque me vio dar un par de cabezadas en la mesa.
-¿Tienes sueño, Chris? ¿Quieres que te acueste? -me preguntó.
Dije que sí, que quería echarme la siesta. Mamá entonces intentó tomarme en brazos pero le dije que no, que ya iba yo a acostarme, que como ya llevaba puesto el pañal no hacía falta que viniera, solo para ponerme el pijama. Cuando terminó, me metí en la cama, me puse el chupete en la boca, cogí a Rhino, bajé la persiana para que no entrara la luz de la tarde y me dormí.
Al despertarme, miré el reloj de mi mesita de noche y vi que había dormido 2 horas. Me sorprendí muchísimo porque en las siestas que dormía antes lo normal era que fuesen de una hora como mucho. De lo que no me sorprendí fue de haber mojado el pañal, pues era ya normal que lo mojase mientras dormía. También me sorprendió  que no me pusiera nervioso por tener pipí. No sé si se debía a llevar el chupete o a que ya me había acostumbrado a hacerme pipí encima. Me quedé un rato en la cama jugando a la Nintendo DS. Cuando llevaba ya un tiempo me entraron ganas de hacer caca. Acordándome de lo que me pasó en el centro comercial, me levanté corriendo para decirle a mamá que me quitara el pañal para ir al baño, pero en cuanto puse un pie en el suelo me la hice encima. Me puse a berrear como un bebé. Me tire en la cama y me tapé con las sábanas de la vergüenza que tenía. Pero mi llanto se tuvo que oír porque mamá llegó enseguida.
-¿Por qué lloras ahora, Chris? -preguntó al entrar- ¿Y qué haces debajo de las sábanas? -añadió mientras intentaba destaparme, pues no podía porque yo tiraba de ellas hacia abajo y me revolvía con ellas.
El chupete se me había caído en un momento entre las sábanas y no lo encontraba. Mamá debió de notar el olor a caca porque me preguntó si me había hecho. Le dije que sí y lloré con más fuerza. Sentía la caca dentro de mi pañal, podía ponerme la mano en el culete y sentirla dentro. Y cuando me movía de un sitio para otro la sentía rozándome. Me había hecho caca encima como un bebé cagón. Mamá por fin consiguió destaparme y me quedé tumbado en la cama bocarriba agitando mis puñitos y mis piernecitas como si fuera un bebé. No paraba de llorar. Miraba a mamá y no paraba de llorar. Me había hecho caca encima por segundo día consecutivo y no podía soportarlo, me estaba convirtiendo en un bebé. Mamá por fin encontró el chupete y me lo puso en la boca.
-Toma, que si no, no voy a poder cambiarte -dijo.
No me tranquilicé del todo, pero al menos dejé de llorar. Me concentré en mi chupete: chupchupchupchupchupchupchup.
Mamá empezó todo el proceso del cambio. Me fue soltando uno a uno los botoncitos de mi pijama. De esa manera el pañal quedó más descubierto mostrando los dibujitos que tenía en las líneas de la cintura. Cuidadosamente y con mucha ternura, me desabrochó las cintas de mi pañal. Lo extendió hacia delante y todo lo que me había hecho quedó al descubierto. Yo miraba para otro lado concentrado en el chupete, que a medida que mamá me iba cambiando hacía un ruido más pausado: chup, chup, chup, chup, chup.
A continuación, mamá me levantó las piernas con una mano y extrajo el pañal de mi culito. Después empezó a limpiarme cuidadosamente por todos los sitios en los que me había manchado. La verdad es que lo estaba haciendo con mucha más calma que cuando me la hice en el centro comercial. Cuando terminó de limpiarme, fue hasta el armario para sacar un pañal limpio. Me lo puso también con mucho cariño. Me levantó las piernecitas y echó mi cuerpo hacia atrás, me pasó la parte del abultado pañal por el culete y luego lo pasó por delante. Cogió una de las cintas para sujetarlo y la pegó fuertemente a la parte de delante del pañal, luego hico lo propio con la otra dejándome más agarrado que otras veces. Yo podía sentir el pañal limpio, bien sujeto y abultado en mi cuerpo, y me sentía muy bien. Me puse a sonreír desde detrás del chupete y se me escapó una risita como de bebé. Mamá entonces me aupó en brazos y me apretó junto a ella. Le tiraba cariñosamente al asa de mi chupete y yo lo agarraba con más fuerza.
-Tranquilo, Chris, que no te lo voy a quitar -me dijo acompañado de unos palitos en mi pañal.
Me llevó en brazos al sofá y me sentó allí.
-¿Puedesh traerme a Rhino? -le dije, pues no me gustaba estar sin él.
Ella llegó enseguida con mi peluche, pero se fue a seguir haciendo cosas de la casa. Yo me quedé toda la tarde viendo dibujos animados en la tele, ya los veía antes de empezar a llevar pañales de nuevo, pero ahora los disfrutaba más. Miraba la televisión mientras me tocaba distraídamente el asa del chupete, me lo quitaba a ratos y me lo volvía a poner. En un momento dado me entraron ganas de hacer pipí, pero ni me puse nervioso ni me inmuté. Dejé que saliera y que se quedará allí, en el pañal. Fue una sensación muy guay. Estar en el sofá viendo la tele, hacerme pipí encima y que no pasara nada. Tampoco llamé corriendo a mamá para que me cambiara, pues el capítulo de Looney Tunes que estaban dando me gustaba y podía esperar.
Al llegar la hora de la cena, mamá vino a buscarme al salón y me preguntó si estaba mojado. Le dije que sí y me llevó a mi habitación para el cambio. Salí de ella ya sequito y preparado para cenar, andando con mi pijamita puesto.
Mamá había preparado para cenar filete de ternera. Estaba cortándolo con el cuchillo cuando este se me escapó y me corté. Me hizo un corte en el  dedo, no muy profundo pero me empezó a salir sangre. Yo me puse muy nervioso porque no me gusta la sangre y empecé a llorar. Mamá enseguida me metió el chupete en la boca. Después me llevó en brazos al cuarto de baño para curarme el corte. Me lo limpió con agua, yo lloraba porque me escocía, pero me dijo que los niños grandes no lloran por eso, y, aunque yo llevara pañales y chupete,  era un niño grande así que intenté parar, pero no podía. No hacía ruido porque llevaba el chupete en la boca pero me seguían cayendo lágrimas por las mejillas. Solo cuando mamá terminó de curarme y me puso una tirita pude tranquilizarme un poco. Ella me dio un beso en el dedo para que se me curase como le hacen a los niños pequeños, aunque no sirve para nada. A continuación, me levantó en brazos y me llevó a la cocina, donde fue ella la que terminó de darme la cena, en parte porque yo ahora no podía usar los cubiertos, pero también en parte porque creo que sentía un poco de lástima por mí. Cortaba trocitos de ternera muy pequeñitos y me los iba dando con el tenedor. Yo no decía nada, masticaba la comida mientras tenía la mirada perdida.
En una de esas me atraganté. Se me quedó el trozo de ternera en la garganta y no me lo podía tragar. Lo intenté con agua, tampoco. Me empecé a poner muy nervioso y se me escapó algo de pipí. Tosía y no podía. Me estaba poniendo rojo. Mamá también se asustó y me dio golpes en la espalda. Al final conseguí echarlo. Me puse a llorar. Me había asustado mucho y solo quería que mamá me abrazara. Lo hizo, pero antes de eso me puso mi chupete en la boca. Yo lo agarré con fuerza, y mientras ella me tenía en sus brazos yo hacía el ruido que tanto me calmaba, muy rápidamente: chupchupchupchupchupchup.
Al final, mamá tomó por misión imposible hacer que me comiera el resto de ternera, pues yo me negaba y no me quitaba el chupete de la boca, y pasó a darme las natillas. Me las tomé sentado en su regazo mientras caía en la cuenta de lo que estaba pasando. Tenía 13 años y mi madre me estaba dando de comer sentado encima suya, sabía que no era normal para alguien de mi edad, pero yo me sentía muy cómodo y a gusto de esa manera. Tardé un poco en asimilarlo, pero lo acepté y terminé de comerme las natillas tan ricamente. Cuando terminé, mamá me limpió la boca porque me había manchado y me levantó en peso.
-¿Quieres que nos pongamos a ver una película antes de acostarnos, Chris? -me preguntó.
-¿Puedesh cambiarme antesh de pañal? -le dije
-¡Claro! -contestó-.¿Qué tienes, pipí?
-Shi
Me llevó a mi habitación y me dejó en la cama boca arriba. Cuando terminó todo el proceso del cambio me hizo cosquillitas en la barriga cantándome una canción de un anuncio de pañales y de lo secos que estaban siempre los bebés con ellos. Me puse serio y le dije que se estaba pasando, que yo no era ningún bebé.
-Tienes razón, Chris. Lo siento -me dijo ella.
Le contesté que no pasaba nada, que nos fuéramos ya a ver la película. Nos pusimos una de Piratas del Caribe, que duran bastante. Cuando terminó, y a pesar de haber dormido mucho la siesta, yo estaba que me caía de sueño. No se me quedaban los ojos abiertos y daba cabezadas. Mamá me llevó a la habitación para acostarme. Me había hecho pipí durante la película así que me tuvo que cambiar de nuevo. Hoy había batido mi récord, pues había usado 5 pañales. Mamá no dijo nada y me puso el pañal como siempre, aunque desde que me hacía caca lo agarraba más fuerte para que yo estuviera más seguro. Yo sonreí desde el chupete. Me encantaba que me cambiaran el pañal, me gustaba estar sequito. Cuando mamá me metió en la cama y puso a Rhino al lado mía, salió de la habitación sin apagar la luz.
-¡Mamá, she te ha olvidado apagarme la luz! -dije.
Pero ella volvió enseguida con una caja más grande entre las manos. Por un momento me temí que fueran más chupetes, pero entonces sacó unas especies de walkie-talkies, pero uno era más grande que el otro.
-¿Qué esh esho? -le pregunté.
-Esto es un vigila-bebés, Chris -dijo tendiéndome el que era más pequeño-. Los compré esta tarde mientras tú dormías la siesta. Este te lo pones aquí en la mesita de noche y este otro me lo llevo yo a mi habitación, de manera que si por la noche te caes de la cama o mojas el pañal, en lugar de gritar, con esto podré oírte desde mi habitación.
La misma palabra lo decía: vigila-bebés. Y yo no era ningún bebé.
-¡Pero eshto esh para vigilar a los bebés! ¡Y yo no shoy ningún bebé! -protesté.
-Ya lo sé, Chris -contestó-. Pero esto es más cómodo que pegar gritos en medio de la noche y que despiertes a los vecinos -dijo cogiéndome de las manos el que me había dado-. Y que éstos se enteren de que llevas pañales -añadió.
Como creía que tenía razón, dejé que me pusiera el vigila-bebés en la mesilla. Me revolvió el pelo, apagó la luz y salió de la habitación.En la oscuridad de mi habitación se veía el pilotito rojo del vigila-bebés brillando. No me gustaba mucho, así que me abracé más fuerte a Rhino, me di la vuelta y me dormí plácidamente con mi chupete: chup, chup, chup...

6 de septiembre de 2014

Sinopsis del sexto capítulo de 'Vida de Chris'

Chris sigue pasando nuevas etapas. Después de que le cambiasen el pañal en público, ha aceptado más su nueva vida, aunque le siguen dando los ataques de nerviosismo. Menos mal que su mamá piensa en todo….
¡La nueva aventura de Chris ya está aquí!

3 de septiembre de 2014

Sobre el apartado 'Historias Cortas'

Hola a todos!
Esta entrada es sólo para avisaros de que el apartado titulado Historias cortas aún no está disponible. Estoy viendo que estáis entrando muchos y sólo encontráis escrito 'Este apartado no está disponible'. Y se lo que fastidia eso jeje.
Os prometo que habrá una historia corta y que por supuesto será de pañales, de hecho ya la tengo en mente, pero hasta que no acabe con Vida de Chris no me pondré a escribirla.
De momento podéis seguir leyendo las aventuras de Chris en el blog, ya tengo casi terminado el próximo capítulo y os aseguro que viene algo importante. No puedo decir más ;)
Ah, y recordaros también que me encanta recibir vuestras opiniones sobre 'Vida de Chris', prefiero que me las dejéis como comentarios en el blog, pero también podéis mandármelas a mi dirección de correo: iwantmydummy@gmail.com o en mi perfil de Google +: Tony Prince.
Nada más, un saludo a todos y todas!

7 de agosto de 2014

Vida de Chris - Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial

Al día siguiente después de haberme quedado solo en casa me levanté muy inquieto, me había vuelto a mojar el pañal pero no era por eso. Era porque había vuelto a venirme la ansiedad. Necesitaba algo y no lo sabía, por más que me esforzaba en estrujarme el cerebro para ver que podía ser no se me ocurría nada. Parecía que me iba a volver loco. Estaba en la cama moviéndome de un lado a otro con Rhino esperando a que mi madre viniera y me cambiara. Cuando por fin entró por la puerta y me vio en el estado en el que estaba, intentó cogerme en brazos pero yo me retorcía, aunque al final lo consiguió.
-¿Qué te pasa, Chris? ¿Por qué te mueves tanto?
-¡No lo sé! -contesté-. Necesito algo y no sé lo que es. Es como si me faltara algo -dije contra su pecho.
-Vaya…Tranquilo, ¿vale? Voy a cambiarte y luego lo vemos.
Cuando ya estuve con un pañal limpio, fui a sacar mis juguetes de la caja de cartón y a ponerlos en el viejo baúl donde habían estado siempre.  Se me había pasado ya la inquietud, y me sentía mejor. Oí que mi madre me llamaba para comer. Bajé corriendo las escaleras (todo lo que me permitía el pañal) y me senté en la mesa.
-¡Vaya, que rápido has venido! ¿Tienes hambre, no? -me dijo mamá cuando me vio entrar.
-¡Si! -contesté.
Mamá había hecho pescado y me sirvió dos trozos. Estaba terminándome el primero cuando me atraganté con una espina. Empecé a toser, mamá enseguida lo vio y me dio de beber agua. Esta vez se me pasó enseguida.
-¡Menudos sustos me estás dando para comer! -dijo al darme un trozo de pan.
Era verdad, era la segunda vez que me atragantaba comiendo.
Estábamos terminando de comer, cuando mamá me dijo:
-Chris, ayer estuve con tu tía en el centro comercial y vi unas cosas que te pueden venir bien. Era ropa para niños de tu edad, pero como la que llevan los que son más pequeños. Habían petos vaqueros, pijamas como los que ya tienes, camisetas y algunas cosas más. Les estuve echando un ojo y parecía que te venían bien, que te los podría poner con el pañal,  pero lo mejor será que vengas  y te los pruebes tú, ¿vale?
La verdad era que no podía ir siempre con unos pantalones de deporte, pero por otro lado la idea de salir de casa e ir a un sitio público en pañales tampoco me gustaba nada, pero en algún momento tendría que ver el mundo exterior. Podía intentar convencer a mamá de que me quitase el pañal para ir pero ya sabía que no iba a querer, de hecho yo tampoco quería. Si me hacía pipí encima lo vería todo el mundo pero si me ponía una chaqueta atada a la cintura quizás, el bulto del pañal parecería más discretito. Le dije a mamá que vale, que iría. Ella sonrió y me revolvió el pelo, pues sabía que salir de casa con un pañal era un paso muy importante para mí en este momento.
Pasé la hora de la siesta jugando con mis juguetes a peleas en la alfombra de mi habitación. Me dieron unos cuantos pinchazos en la barriga que me causaron un dolor momentáneo pero pasaron enseguida.
A las 6, mamá se asomó por la puerta, me dijo que me preparase que nos íbamos. Le contesté que ya estaba listo, pero ella pasó dentro y sacó 2 pañales del armario y los metió en un bolso que llevaba colgado además del suyo.
-Por si tenemos que cambiarte -dijo.
Me puse muy nervioso porque no había contado con que me hiciera pipí y mamá me cambiara en público.
-No te los lleves -dije-. Me cambias cuando volvamos a casa.
-Tranquilo, no te voy a cambiar en público, en un banco en medio de un parque. Si te haces pipí te llevó a un sitio donde no haya mucha gente y allí te pongo otro pañal.
Subimos al coche, yo me senté en la parte de atrás, mamá vino y me puso el cinturón porque me estaba costando con el pañal puesto, y dejó la bolsa de los pañales al lado mía.
Tardamos menos de lo que me hubiera gustado en llegar al centro comercial. A mí ni siquiera me había dado tiempo a aceptar que iba a ir con pañales a un lugar público. Ojalá que nadie se diera cuenta o peor aún, que no viéramos a ningún conocido.
Me bajé del coche y lo primero que hice fue atarme la chaqueta en la espalda. Caminaba detrás de mi madre con las manos disimuladamente puestas por delante del pañal, que hacía frunch frunch con cada paso mío, por no hablar que de lo abultado que era me hacía andar de esa manera tan pomposa que llamaba mucho la atención. Cuando entramos dentro, mamá dijo que quería ir a ver unos zapatos para ella, le contesté que si podíamos ir directamente a ver mi ropa e irnos cuanto antes.
-¡No seas pesado, Chris! ¡Que siempre que venimos de compras empiezas a dar mucho follón!
Tenía razón pero esta vez yo tenía un motivo bastante importante: tenía 13 años y llevaba un pañal puesto delante de mucha gente.
Cuando estaba ella viendo los zapatos me volvieron a dar pinchazos en la barriga. De pronto me vinieron ganas de hacer caca, pero me aguanté, porque si se lo decía a mamá me quitaría el pañal para que fuera a un aseo, y me había propuesto estar toda la tarde con el mismo pañal y que mamá no me cambiara.
Después del interminable tiempo viendo zapatos, fuimos por fin a por mi ropa. Yo notaba que la gente me miraba al andar, y que se me quedaban mirando de una manera extraña pero preferiría creer que ignoraban que llevaba pañales. En una ocasión, una niña pelirroja que tendría 2 años menos que yo y que iba también con su madre se me quedó mirando bastante tiempo mientras mamá miraba un escaparate. Yo intenté hacer que no me daba cuenta, pero cuando ya no pude ignorarla más me giré para mirarla yo a ella y enseguida apartó la vista.
Por fin llegamos a la dichosa tienda donde comprar mi ropa. Lo que había dicho mamá era verdad, había mucha ropa que sería para niños que tendrían 4 o 5 años, pero para más mayores.
-Es una promoción única -le dijo la vendedora a mamá-. La tendremos solamente por esta vez.
Mamá no perdió el tiempo y empezó a buscarme la ropa. Yo la esperaba de pie aguantando su bolso y la bolsa con mis pañales. Por fin se acercó a mí con un buen motón de ropa.
-Ten, Chris -dijo-. Vete al probador y ponte esto. Yo iré a mirarte unos petos de allí.
Llegué al probador tambaleándome por el peso de toda la ropa. Al entrar la dejé toda encima del taburete que allí había. Pude verla más detenidamente y me dí cuenta de que todo eran camisetas y pantalones, pero estos eran más anchos que los normales. Las camisetas eran de mi talla pero con dibujos infantiles. No me gustaban, pues yo ya tenía camisetas que estaban muy bien, acordes con mi edad. Aún así, ya que estaba me las probaría.
Me quité la camiseta y el pantalón, con lo que me quedé desnudo completamente a excepción del pañal. Cuando me acaché para coger un pantalón de la montaña de ropa me vinieron de nuevo las ganas de hacer caca.
Rápido y en el acto.
No había terminado de darme cuenta de que quería hacer caca cuando ya me la había hecho encima. Me puse nerviosísimo. Volvió la ansiedad multiplicada por 1000. Estaba en un probador y con caca en el pañal. Era la primera vez que me hacía caca encima. Al principio solo sollocé silenciosamente pero luego acepté completamente la situación. Estaba cagado en público. Se me olvidó completamente que estaba en un centro comercial donde había mucha gente y empecé a llorar. Lloraba con muchas ganas. Ya no importaba nada, solo mi pañal con caca. Mamá llegó enseguida.
-¿¡Se puede saber que te pasa para que estés llorando aquí de esa manera?! -gritó al abrir la cortina del probador.
Sólo tuvo que mirarme para saber que había pasado algo muy grave. Estaba en el suelo llorando a moco tendido y había un olor a caca muy fuerte en el probador. Yo lloraba agarrándome el pañal. Ella entonces dejó los petos que llevaba a un lado y me cogió en brazos y me levantó la parte de atrás del pañal como yo había visto muchas veces que hacían a los bebés.
-¡Pero si te has hecho caca! -dijo.
Yo lloraba muy fuerte, no solo por la caca sino porque la ansiedad esta vez era muy grande. Ya me daba igual todo, solo quería que mamá me cambiara de pañal.
Mamá empezó a vestirme con la ropa nueva mientras yo le decía agarrándome el pañal por detrás:
-Mamá…por favor, cámbiame el pañal…porfa, mami…tengo caca…
-Ya sé que tienes caca, Chris. Pero tengo que vestirte, no querrás salir ahí fuera solo con un pañal.
Terminó de atarme las cordoneras, cogió toda la ropa y me llevó de la mano para pagarla. Cuando salimos todo el mundo nos miraba, buscaban al niño que había formado semejante espectáculo. A mí no me importaba, solo quería que mamá me quitase el pañal y me pusiera uno limpio.
En la cola para pagar la ropa seguí igual de inquieto. No era consciente de nada, solo de que tenía caca en el pañal.
-Cámbiame mami, tengo caca -le decía mientras le tiraba del pantalón.
-Ya lo sé, Chris. Pagamos la ropa y te cambio el pañal.
Se notaba que ella también estaba inquieta. Sería porque ella era la madre del niño de 13 años que se había hecho caca encima. Terminamos de pagarlo todo y salimos de la tienda. Si cuando llevaba el pañal limpio andaba ya con las piernas separadas, en ese momento parecía un auténtico cowboy. Mamá me llevaba de la mano. Yo estaba muy inquieto. Quería que me cambiara el pañal, y pronto. Me había hecho caca encima. Era pensar eso y ponerme a llorar, ¿qué me estaba pasando? Por no mencionar la ansiedad, que estaba más fuerte que nunca.
Mamá me llevó al aseo de chicas. Dentro había un cambiador para cambiar el pañal a los bebés. Agradecí que no hubiera nadie dentro en el momento en que mamá me subió encima. Estaba quitándome los pantalones cuando entró la niña que había estado mirándome cuando yo estaba en el mostrador. Cuando me vio le susurró algo a su madre, ella parecía que le estaba regañando y se la llevó hacia los lavabos. Yo estaba muerto de la vergüenza, sentía más que en toda mi vida. No sólo me había hecho caca encima sino que me la había hecho en público. Y a mis 13 años estaba tumbado en un cambiador como un bebé esperando a que me cambiaran. Pero yo quería que me cambiaran. No me gustaba tener pipí en el pañal pues mucho menos me gustaba tener caca. Acepté que me tenían que cambiar y me calmé bastante, aunque seguía sollozando cual bebé. Lo que quería era quitarme esa ansiedad de una vez, me ponía muy nervioso y me daban ganas de llorar. Mamá empezó a desabrocharme el pañal. Me levantó las piernas para arriba y desabrochó las cintas. En ese momento empezó a entrar gente al aseo. Se quedaban mirando al niño al que le estaban cambiando el pañal pero seguían andando. Cuando mamá me estaba limpiando entró una mujer con un niño de 2 o 3 años en brazos y se acercó a ella.
-Perdone, ¿le falta mucho? -preguntó-. Es que mi hijo también se ha hecho caca.
-No mucho-contestó mamá -. le pongo el pañal limpio y ya está.
Abrió la bolsa de los pañales y sacó uno nuevo. La señora que llevaba al niño en brazos siguió hablándole a mamá.
-¿Y cómo es que un niño…ya mayor…se sigue haciendo caca?
-No es que se siga haciendo caca encima- contestó mamá mientras me pasaba el pañal por debajo. Yo miraba al techo sollozante y con la mirada perdida-. Es que lleva pañales porque se hace pipí pero hoy ha sido la primera vez que se ha hecho caca-me abrochó las cintas del pañal-. Pero no pasa nada, yo le cambio y listo, ¿a que si, Chris?
Me sentía increíblemente mejor con el pañal limpio, incluso llegué a esbozar una sonrisa. Le dije que sí con la cabeza. Mamá tiro el pañal sucio a la papelera y me subió los pantalones cortos. Me bajó del cambiador, se despidió de la señora con la que había estado hablando, que ya empezaba a cambiar a su hijo, me tomó de la mano y salimos del aseo.
Fuera le dije que yo sabía andar sin que me llevaran de la mano, mamá me miró de una manera extraña y la soltó. Llegamos al coche y me sentó en la parte de atrás. A continuación me abrochó el cinturón y metió las compras en el maletero. Se subió al asiento de delante para arrancar pero justo antes giró la cabeza y me miró. Yo estaba sollozando porque la ansiedad no se había ido todavía. Sollozaba y miraba a mamá. Ella entonces salió del coche y me dijo que la esperara allí. Echó los seguros a las puertas y volvió a entrar en el centro comercial. Yo me quedé allí, sentado, en silencio, intentando no pensar en lo que acababa de pasar. Me había hecho caca encima y me habían cambiado en público. Yo miraba por la ventana mientras sentía el pañal puesto, como me abultaba e impedía que pudiera cerrar las piernas. Me toqué la parte de delante del pañal. De no ser por él me habría hecho caca en los pantalones.
Mamá vino a los 10 minutos, llevaba un paquete cuadrado pequeño dentro de una bolsa con dibujos de globos y ositos. Cuando entró en el coche la guardó dentro de su bolso.
-Venga, Chris. Ya podemos irnos -dijo.
-¿Qué has comprado? -quise saber yo.
-Lo verás si alguna vez te hace falta. Es para controlarte ese nerviosismo que te entra a menudo. Se me ha ocurrido cuando hemos llegado al coche y pienso que podría funcionar.Llegamos a casa y mamá me preparó la cena. Esta vez no me atraganté con la comida pero cada vez que me tenía que llevar un trozo a la boca me preocupaba un poco.Mamá creo que lo notó. Después de cenar, me preparó para irme a dormir. Me cambió el pañal con más ternura de la habitual y ella misma me metió en la cama. Puso a Rhino al lado mía y o enseguida lo abracé. ¡Cuánto había echado de menos a Rhino durante este día! Me acurruqué  con él entre las sábanas preparado para dormir. Mamá me dio las buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación. Me sentía muy cómodo y seguro con Rhino y con el pañal. Sonreí en la oscuridad y me dormí. Aunque no tendría un sueño muy profundo...

15 de julio de 2014

Sinopsis del quinto capítulo de 'Vida de Chris'

En este capítulo, Chris se tiene que enfrentar a una nueva experiencia: salir de su casa llevando un pañal por primera vez. Su destino es el centro comercial y su mayor temor es que le tengan que cambiar en público el pañal.

¡Lee la peor experiencia de Chris hasta la fecha desde que le han vuelto a poner pañales!

13 de julio de 2014

Pañales y verano

Hola!
Hago una pausa en la escritura de Vida de Chris porque me gustaría hablaros de un tema.
Yo duermo con un pañal porque por las noches me hago pipí. De día también llevo pero por gusto, pero bueno, eso es otra historia.
El caso es que ahora que empieza a hacer más calor me resulta imposible dormir. El pañal hace que todavía tengas más calor. Y si a eso le añadimos que duermo abrazado a mi peluche ya no digamos....
No sé si vosotros dormís con pañal y si tenéis que soportar el calor que hace, aunque viviendo en España estemos acostumbrados al calor, me gustaría veros con un pañal puesto en pleno agosto. Esta noche me he despertado 3 veces porque creía que estaba mojado y sólo era sudor. Se le ha pasado también a mi peluche y ahora tendré que lavarlo, con lo poco que me gusta hacerlo -.-
En fin, aquí son ahora las 9 y media de la mañana y he dormido muy mal. No he parado de dar vueltas en la cama moviendo a Ronnie y la almohada de un sitio a otro intentando coger la postura (Ronnie es mi peluche. Es un alce).
En fin, a ver si mañana tengo más suerte.
Saludos!