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- INICIO
-
Vida de Chris
- Capítulo 1: Un pañal para dormir
- Capítulo 2: Noche en casa de los primos
- Capítulo 3: Sueño interrumpido
- Capítulo 4: Solo en casa
- Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial
- Capítulo 6: Un día más
- Capítulo 7: Mojado en el supermercado
- Capítulo 8: Visita al médico
- Capítulo 9: En la buhardilla
- Capítulo 10: El comienzo
- Epílogo
- Canción de Leche y Pañales
- Lucía quiere biberón
-
Los 2 Mundos de Robin Starkley
- Cap1. Todo lo demás
- Cap2. Pañal en una conversación
- Cap3. Nappynception
- Cap4. Mojados por la lluvia y por pipí (en mi caso)
- Cap5. Nada de lo que preocuparse
- Cap6. Avioncitos, helicópteros y cohetes
- Cap7. ¿Todavía nos hacemos pipí encima?
- Cap8. Plástico sobre piel
- Cap9. Mi verdaderos problema
- Cap10. Aguanta, Robin
- Cap11. Es lo que tienen los bebés
- Cap12. Tú mismo
- Cap13. El dolor de barriga
- Cap14. Compañero de pañales
- Cap15. Chupete sonoro
- Cap16. El bebé de Schrödinger
- Cap17. Cosas que pasan
- Cap18. Restos de pipí seco
- Cap19. ¿Pero vosotros sabíais que llevaba un pañal?
- Cap20. Esto es Halloween
- Cap21. Te he traído pañales
- Cap22. Las mejores partes
- Cap23. Así que era verdad
- Cap24. La soledad
- Cap25. Quince minutos
- Cap26. Las Aventuras de Elia y Robin
- Cap27. Una vida de bebé
- Cap28. Lo único que tiene sentido
- Historias cortas
1 de septiembre de 2014
7 de agosto de 2014
Vida de Chris - Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial
Al día siguiente después de haberme quedado solo en casa me levanté muy
inquieto, me había vuelto a mojar el pañal pero no era por eso. Era porque
había vuelto a venirme la ansiedad. Necesitaba algo y no lo sabía, por más que
me esforzaba en estrujarme el cerebro para ver que podía ser no se me ocurría
nada. Parecía que me iba a volver loco. Estaba en la cama moviéndome de un lado
a otro con Rhino esperando a que mi madre viniera y me cambiara. Cuando por fin
entró por la puerta y me vio en el estado en el que estaba, intentó cogerme en
brazos pero yo me retorcía, aunque al final lo consiguió.
-¿Qué te pasa, Chris? ¿Por qué te mueves tanto?
-¡No lo sé! -contesté-. Necesito algo y no sé lo que es. Es como si me
faltara algo -dije contra su pecho.
-Vaya…Tranquilo, ¿vale? Voy a cambiarte y luego lo vemos.
Cuando ya estuve con un pañal limpio, fui a sacar mis juguetes de la
caja de cartón y a ponerlos en el viejo baúl donde habían estado siempre. Se me había pasado ya la inquietud, y me
sentía mejor. Oí que mi madre me llamaba para comer. Bajé corriendo las
escaleras (todo lo que me permitía el pañal) y me senté en la mesa.
-¡Vaya, que rápido has venido! ¿Tienes hambre, no? -me dijo mamá cuando
me vio entrar.
-¡Si! -contesté.
Mamá había hecho pescado y me sirvió dos trozos. Estaba terminándome el
primero cuando me atraganté con una espina. Empecé a toser, mamá enseguida lo
vio y me dio de beber agua. Esta vez se me pasó enseguida.
-¡Menudos sustos me estás dando para comer! -dijo al darme un trozo de
pan.
Era verdad, era la segunda vez que me atragantaba comiendo.
Estábamos terminando de comer, cuando mamá me dijo:
-Chris, ayer estuve con tu tía en el centro comercial y vi unas cosas
que te pueden venir bien. Era ropa para niños de tu edad, pero como la que
llevan los que son más pequeños. Habían petos vaqueros, pijamas como los que ya
tienes, camisetas y algunas cosas más. Les estuve echando un ojo y parecía que
te venían bien, que te los podría poner con el pañal, pero lo mejor será que vengas y te los pruebes tú, ¿vale?
La verdad era que no podía ir siempre con unos pantalones de deporte,
pero por otro lado la idea de salir de casa e ir a un sitio público en pañales
tampoco me gustaba nada, pero en algún momento tendría que ver el mundo
exterior. Podía intentar convencer a mamá de que me quitase el pañal para ir
pero ya sabía que no iba a querer, de hecho yo tampoco quería. Si me hacía pipí
encima lo vería todo el mundo pero si me ponía una chaqueta atada a la cintura
quizás, el bulto del pañal parecería más discretito. Le dije a mamá que vale,
que iría. Ella sonrió y me revolvió el pelo, pues sabía que salir de casa con
un pañal era un paso muy importante para mí en este momento.
Pasé la hora de la siesta jugando con mis juguetes a peleas en la
alfombra de mi habitación. Me dieron unos cuantos pinchazos en la barriga que
me causaron un dolor momentáneo pero pasaron enseguida.
A las 6, mamá se asomó por la puerta, me dijo que me preparase que nos
íbamos. Le contesté que ya estaba listo, pero ella pasó dentro y sacó 2 pañales
del armario y los metió en un bolso que llevaba colgado además del suyo.
-Por si tenemos que cambiarte -dijo.
Me puse muy nervioso porque no había contado con que me hiciera pipí y
mamá me cambiara en público.
-No te los lleves -dije-. Me cambias cuando volvamos a casa.
-Tranquilo, no te voy a cambiar en público, en un banco en medio de un
parque. Si te haces pipí te llevó a un sitio donde no haya mucha gente y allí
te pongo otro pañal.
Subimos al coche, yo me senté en la parte de atrás, mamá vino y me puso
el cinturón porque me estaba costando con el pañal puesto, y dejó la bolsa de
los pañales al lado mía.
Tardamos menos de lo que me hubiera gustado en llegar al centro
comercial. A mí ni siquiera me había dado tiempo a aceptar que iba a ir con
pañales a un lugar público. Ojalá que nadie se diera cuenta o peor aún, que no
viéramos a ningún conocido.
Me bajé del coche y lo primero que hice fue atarme la chaqueta en la
espalda. Caminaba detrás de mi madre con las manos disimuladamente puestas por
delante del pañal, que hacía frunch
frunch con cada paso mío, por no hablar que de lo abultado que era me hacía
andar de esa manera tan pomposa que llamaba mucho la atención. Cuando entramos
dentro, mamá dijo que quería ir a ver unos zapatos para ella, le contesté que
si podíamos ir directamente a ver mi ropa e irnos cuanto antes.
-¡No seas pesado, Chris! ¡Que siempre que venimos de compras empiezas a
dar mucho follón!
Tenía razón pero esta vez yo tenía un motivo bastante importante: tenía
13 años y llevaba un pañal puesto delante de mucha gente.
Cuando estaba ella viendo los zapatos me volvieron a dar pinchazos en
la barriga. De pronto me vinieron ganas de hacer caca, pero me aguanté, porque
si se lo decía a mamá me quitaría el pañal para que fuera a un aseo, y me había
propuesto estar toda la tarde con el mismo pañal y que mamá no me cambiara.
Después del interminable tiempo viendo zapatos, fuimos por fin a por mi
ropa. Yo notaba que la gente me miraba al andar, y que se me quedaban mirando
de una manera extraña pero preferiría creer que ignoraban que llevaba pañales.
En una ocasión, una niña pelirroja que tendría 2 años menos que yo y que iba
también con su madre se me quedó mirando bastante tiempo mientras mamá miraba
un escaparate. Yo intenté hacer que no me daba cuenta, pero cuando ya no pude
ignorarla más me giré para mirarla yo a ella y enseguida apartó la vista.
Por fin llegamos a la dichosa tienda donde comprar mi ropa. Lo que
había dicho mamá era verdad, había mucha ropa que sería para niños que tendrían
4 o 5 años, pero para más mayores.
-Es una promoción única -le dijo la vendedora a mamá-. La tendremos
solamente por esta vez.
Mamá no perdió el tiempo y empezó a buscarme la ropa. Yo la esperaba de
pie aguantando su bolso y la bolsa con mis pañales. Por fin se acercó a mí con
un buen motón de ropa.
-Ten, Chris -dijo-. Vete al probador y ponte esto. Yo iré a mirarte
unos petos de allí.
Llegué al probador tambaleándome por el peso de toda la ropa. Al entrar
la dejé toda encima del taburete que allí había. Pude verla más detenidamente y
me dí cuenta de que todo eran camisetas y pantalones, pero estos eran más
anchos que los normales. Las camisetas eran de mi talla pero con dibujos
infantiles. No me gustaban, pues yo ya tenía camisetas que estaban muy bien,
acordes con mi edad. Aún así, ya que estaba me las probaría.
Me quité la camiseta y el pantalón, con lo que me quedé desnudo
completamente a excepción del pañal. Cuando me acaché para coger un pantalón de
la montaña de ropa me vinieron de nuevo las ganas de hacer caca.
Rápido y en el acto.
No había terminado de darme cuenta de que quería hacer caca cuando ya
me la había hecho encima. Me puse nerviosísimo. Volvió la ansiedad multiplicada
por 1000. Estaba en un probador y con caca en el pañal. Era la primera vez que
me hacía caca encima. Al principio solo sollocé silenciosamente pero luego
acepté completamente la situación. Estaba cagado en público. Se me olvidó
completamente que estaba en un centro comercial donde había mucha gente y
empecé a llorar. Lloraba con muchas ganas. Ya no importaba nada, solo mi pañal
con caca. Mamá llegó enseguida.
-¿¡Se puede saber que te pasa para que estés llorando aquí de esa
manera?! -gritó al abrir la cortina del probador.
Sólo tuvo que mirarme para saber que había pasado algo muy grave.
Estaba en el suelo llorando a moco tendido y había un olor a caca muy fuerte en
el probador. Yo lloraba agarrándome el pañal. Ella entonces dejó los petos que
llevaba a un lado y me cogió en brazos y me levantó la parte de atrás del pañal
como yo había visto muchas veces que hacían a los bebés.
-¡Pero si te has hecho caca! -dijo.
Yo lloraba muy fuerte, no solo por la caca sino porque la ansiedad esta
vez era muy grande. Ya me daba igual todo, solo quería que mamá me cambiara de
pañal.
Mamá empezó a vestirme con la ropa nueva mientras yo le decía
agarrándome el pañal por detrás:
-Mamá…por favor, cámbiame el pañal…porfa, mami…tengo caca…
-Ya sé que tienes caca, Chris. Pero tengo que vestirte, no querrás
salir ahí fuera solo con un pañal.
Terminó de atarme las cordoneras, cogió toda la ropa y me llevó de la
mano para pagarla. Cuando salimos todo el mundo nos miraba, buscaban al niño
que había formado semejante espectáculo. A mí no me importaba, solo quería que
mamá me quitase el pañal y me pusiera uno limpio.
En la cola para pagar la ropa seguí igual de inquieto. No era
consciente de nada, solo de que tenía caca en el pañal.
-Cámbiame mami, tengo caca -le decía mientras le tiraba del pantalón.
-Ya lo sé, Chris. Pagamos la ropa y te cambio el pañal.
Se notaba que ella también estaba inquieta. Sería porque ella era la
madre del niño de 13 años que se había hecho caca encima. Terminamos de pagarlo
todo y salimos de la tienda. Si cuando llevaba el pañal limpio andaba ya con
las piernas separadas, en ese momento parecía un auténtico cowboy. Mamá me
llevaba de la mano. Yo estaba muy inquieto. Quería que me cambiara el pañal, y
pronto. Me había hecho caca encima. Era pensar eso y ponerme a llorar, ¿qué me
estaba pasando? Por no mencionar la ansiedad, que estaba más fuerte que nunca.
Mamá me llevó al aseo de chicas. Dentro había un cambiador para cambiar
el pañal a los bebés. Agradecí que no hubiera nadie dentro en el momento en que
mamá me subió encima. Estaba quitándome los pantalones cuando entró la niña que
había estado mirándome cuando yo estaba en el mostrador. Cuando me vio le
susurró algo a su madre, ella parecía que le estaba regañando y se la llevó
hacia los lavabos. Yo estaba muerto de la vergüenza, sentía más que en toda mi
vida. No sólo me había hecho caca encima sino que me la había hecho en público.
Y a mis 13 años estaba tumbado en un cambiador como un bebé esperando a que me
cambiaran. Pero yo quería que me cambiaran. No me gustaba tener pipí en el
pañal pues mucho menos me gustaba tener caca. Acepté que me tenían que cambiar
y me calmé bastante, aunque seguía sollozando cual bebé. Lo que quería era
quitarme esa ansiedad de una vez, me ponía muy nervioso y me daban ganas de
llorar. Mamá empezó a desabrocharme el pañal. Me levantó las piernas para
arriba y desabrochó las cintas. En ese momento empezó a entrar gente al aseo.
Se quedaban mirando al niño al que le estaban cambiando el pañal pero seguían
andando. Cuando mamá me estaba limpiando entró una mujer con un niño de 2 o 3
años en brazos y se acercó a ella.
-Perdone, ¿le falta mucho? -preguntó-. Es que mi hijo también se ha
hecho caca.
-No mucho-contestó mamá -. le pongo el pañal limpio y ya está.
Abrió la bolsa de los pañales y sacó uno nuevo. La señora que llevaba
al niño en brazos siguió hablándole a mamá.
-¿Y cómo es que un niño…ya mayor…se sigue haciendo caca?
-No es que se siga haciendo caca encima- contestó mamá mientras me
pasaba el pañal por debajo. Yo miraba al techo sollozante y con la mirada
perdida-. Es que lleva pañales porque se hace pipí pero hoy ha sido la primera
vez que se ha hecho caca-me abrochó las cintas del pañal-. Pero no pasa nada,
yo le cambio y listo, ¿a que si, Chris?
Me sentía increíblemente mejor con el pañal limpio, incluso llegué a
esbozar una sonrisa. Le dije que sí con la cabeza. Mamá tiro el pañal sucio a
la papelera y me subió los pantalones cortos. Me bajó del cambiador, se
despidió de la señora con la que había estado hablando, que ya empezaba a
cambiar a su hijo, me tomó de la mano y salimos del aseo.
Fuera le dije que yo sabía andar sin que me llevaran de la mano, mamá
me miró de una manera extraña y la soltó. Llegamos al coche y me sentó en la
parte de atrás. A continuación me abrochó el cinturón y metió las compras en el
maletero. Se subió al asiento de delante para arrancar pero justo antes giró la
cabeza y me miró. Yo estaba sollozando porque la ansiedad no se había ido
todavía. Sollozaba y miraba a mamá. Ella entonces salió del coche y me dijo que
la esperara allí. Echó los seguros a las puertas y volvió a entrar en el centro
comercial. Yo me quedé allí, sentado, en silencio, intentando no pensar en lo
que acababa de pasar. Me había hecho caca encima y me habían cambiado en
público. Yo miraba por la ventana mientras sentía el pañal puesto, como me
abultaba e impedía que pudiera cerrar las piernas. Me toqué la parte de delante
del pañal. De no ser por él me habría hecho caca en los pantalones.
Mamá vino a los 10 minutos, llevaba un paquete cuadrado pequeño dentro
de una bolsa con dibujos de globos y ositos. Cuando entró en el coche la guardó
dentro de su bolso.
-Venga, Chris. Ya podemos irnos -dijo.
-¿Qué has comprado? -quise saber yo.
-Lo verás si alguna vez te hace falta. Es para controlarte ese
nerviosismo que te entra a menudo. Se me ha ocurrido cuando hemos llegado al
coche y pienso que podría funcionar.Llegamos a casa y mamá me preparó la cena. Esta vez no me atraganté con la comida pero cada vez que me tenía que llevar un trozo a la boca me preocupaba un poco.Mamá creo que lo notó. Después de cenar, me preparó para irme a dormir. Me cambió el pañal con más ternura de la habitual y ella misma me metió en la cama. Puso a Rhino al lado mía y o enseguida lo abracé. ¡Cuánto había echado de menos a Rhino durante este día! Me acurruqué con él entre las sábanas preparado para dormir. Mamá me dio las buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación. Me sentía muy cómodo y seguro con Rhino y con el pañal. Sonreí en la oscuridad y me dormí. Aunque no tendría un sueño muy profundo...
15 de julio de 2014
Sinopsis del quinto capítulo de 'Vida de Chris'
En este
capítulo, Chris se tiene que enfrentar a una nueva experiencia: salir de su
casa llevando un pañal por primera vez. Su destino es el centro comercial y su
mayor temor es que le tengan que cambiar en público el pañal.
¡Lee la
peor experiencia de Chris hasta la fecha desde que le han vuelto a poner
pañales!
13 de julio de 2014
Pañales y verano
Hola!
Hago una pausa en la escritura de Vida de Chris porque me gustaría hablaros de un tema.
Yo duermo con un pañal porque por las noches me hago pipí. De día también llevo pero por gusto, pero bueno, eso es otra historia.
El caso es que ahora que empieza a hacer más calor me resulta imposible dormir. El pañal hace que todavía tengas más calor. Y si a eso le añadimos que duermo abrazado a mi peluche ya no digamos....
No sé si vosotros dormís con pañal y si tenéis que soportar el calor que hace, aunque viviendo en España estemos acostumbrados al calor, me gustaría veros con un pañal puesto en pleno agosto. Esta noche me he despertado 3 veces porque creía que estaba mojado y sólo era sudor. Se le ha pasado también a mi peluche y ahora tendré que lavarlo, con lo poco que me gusta hacerlo -.-
En fin, aquí son ahora las 9 y media de la mañana y he dormido muy mal. No he parado de dar vueltas en la cama moviendo a Ronnie y la almohada de un sitio a otro intentando coger la postura (Ronnie es mi peluche. Es un alce).
En fin, a ver si mañana tengo más suerte.
Saludos!
19 de junio de 2014
Vida de Chris - Capítulo 4: Sólo en casa
La noche tras la de mi sueño
interrumpido la pasé bien. Dormí tranquilamente y mojé mi pañal. Pero cuando me
desperté la sensación de que necesitaba algo me vino de nuevo. Estaba intranquilo
en mi cama cuando entró mi madre. Enseguida me destapó y me tumbó bocarriba en
la cama. Normalmente, cuando viene a quitarme el pañal yo me comporto
dócilmente porque ansío que me lo quite, pero esa mañana estaba incómodo y me
movía más de lo normal.
-¿Qué te pasa, Chris? Te noto inquieto -dijo-.
Estate quieto que te quito el pañal enseguida.
Yo me calmé, pues parecía que la
ansiedad ya se estaba yendo. Dejé que mi madre me quitase el pañal con el mismo
procedimiento que de costumbre: me desabrochó los botoncitos del pijama, me
abrió las cintas del pañal, lo extrajo y me limpió.
En ese momento yo iba a incorporarme
pero mi madre me aguantó con una mano en el pecho y me dijo:
-Espérate que te tengo que poner otro.
¡¿Otro pañal?! ¡¿De día?! Yo no daba
crédito. Había tenido 2 accidentes pero creía que no eran suficientes como para
tener que llevar pañales durante el día.
-¿Por qué? -pregunté.
-Porque ayer te hiciste pipí 2 veces -contestó-.
Pero no te preocupes. El pañal es solo por si se te escapa. Si tú quieres ir al
baño a hacer pipí o caca me lo dices y yo te lo quito.
Dejé que me pusiera de nuevo un pañal.
Cuando terminó me levanté de la cama fui al armario a por la ropa. El pañal era
tan abultado que no podía cerrar las piernas y me daba unos andares muy
patosos, como ya he comentado anteriormente.
-Date prisa en vestirte y en desayunar
que me tienes que ayudar a hacer limpieza en el desván -dijo mamá cuando salió
por la puerta de mi habitación.
Yo me puse a elegir mi ropa pero me di
cuenta de que si no podía ponerme unos pantalones de pijama tampoco iba a poder
ponerme unos de andar por casa. Entonces vi un pantalón corto de deporte que
tenía el elástico de la cintura roto y que me entraba perfectamente. Me lo
puse, satisfecho de mi suerte, y bajé a desayunar.
Me sentía muy raro con un pañal de día.
No estaba acostumbrado y me sentía un poco indefenso con él puesto, pero
también avergonzado por tener 13 años y tener que estar con un pañal por si se
me escapaba el pipí.
Enseguida me reuní con mi madre en el
desván. Había amontonado todas cajas viejas a un lado y buscaba cosas en las
más nuevas para pasarlo a las viejas. También teníamos que coger todo lo que ya
no valiese de los 2 montones de cajas y tirarlo a la basura. Fue una tarea dura
que nos llevó casi toda la mañana hasta la hora de comer.
En un momento dado, sentí ganas de hacer
pipí. Como no quería hacérmelo en el pañal nada más sentir las ganas le dije a
mi madre que me lo quitara para que pudiera ir al baño. Lo hizo tumbándome en el
mismo suelo de madera del desván. Fui al baño a hacer pipí y cuando volví ya me
estaba esperando con el pañal en la mano para ponérmelo otra vez.
Cuando dieron las 2 de la tarde, mi
madre consideró que ya era hora de que nos tomarnos un descanso y comer. Había
hecho filetes de cordero y me sirvió 3 en mi plato. Estaba masticando un trozo
del último filete y cuando me disponía a tragármelo, me atraganté, me empezó a
entrar una tos que creía que me iba a quedar en el sitio. Por más que intentaba
tragármelo no podía, me estaba empezando a poner rojo. Mamá se levantó
corriendo y me dio golpes en la espalda para ver si lo echaba pero como parecía
que no, llegó corriendo y me dio un trago de agua. Al final, y poco a poco,
noté como el trozo de carne descendía por mi garganta. Me puse a llorar contra
ella del susto que tenía en el cuerpo y enseguida me volvió a venir la
sensación de que necesitaba algo. Mi madre me apretó a ella y sollocé contra su
pecho. Al final estaba tan nervioso que no probé más bocado y fue ella la que
me dio las natillas con una cuchara.
Después de comer volvimos al trabajo.
Estuvimos moviendo cajas y sacando cosas de ellas toda la tarde. En un momento
dado, mamá estaba sacando cosas de una caja en la que ponía ‘’Chris’’ y extrajo
un rinoceronte de peluche. Yo lo reconocí al instante. Era el rinoceronte que
me acompañaba a todos sitios cuando yo era pequeño, incluso a dormir. Se
llamaba Rhino.
-¡Mira lo que he encontrado, Chris! -dijo
mi madre cuando lo sacó.
Me puse muy contento porque no sabía que
había sido de él y lo había dado ya por perdido. Hacía tantos años…
-¿Qué quieres que hagamos con él? ¿lo
guardamos o lo tiramos?
Le dije que quería guardarlo y ponerlo
encima de mi cama, que era su sitio cuando yo no lo tenía entre mis brazos.
Bajé a mi habitación a dejarlo allí, y
después de ver lo bien que quedaba sobre la almohada volví arriba a seguir
moviendo cajas.
Hubo un momento en que a mi madre se le
iba a caer una caja que pesaba mucho y yo corrí todo lo que me permitía el
pañal y logré sujetarla.
-¿Puedes aguantarla un poquito más, Chris?
Tengo que sacar una cosa -dijo mi madre.
Le contesté que si pero que se diera
prisa, que la caja pesaba mucho. En ese momento, me dieron ganas de hacer pipí.
No podía bajar al baño porque tenía que estar aguantando la caja así que decidí
aguantarme, pero no pude. No había pasado ni un segundo desde que sintiera las
ganas de hacer pipí cuando ya me lo estaba haciendo encima, en mi pañal.
Me puse a llorar de nuevo y dejé caer la
caja, con que lo que había dentro ya se terminó de romper. Lloraba de pie agarrándome
la parte de delante del pañal como si quisiera detener el chorro de pis. Pero
no podía. El pipí seguía saliendo y yo
llorando. Cuando terminé me dejé caer en el suelo y miré a mamá con ojos
llorosos.
-Me he hecho pipí -dije simplemente.
Mi madre ya lo había deducido. Me tomó
en brazos y me bajó como pudo hasta mi habitación.
-No llores más Chris, eres un nene
grande. ¿Ves cómo llevando un pañal no pasa nada si te haces pipí? ¿Para qué te
crees que es si no? Ahora yo te cambio y no pasa nada -decía mientras
llegábamos a mi cuarto.
Al entrar me tumbó en la cama y empezó a
buscar las cosas necesarias para el cambio. Yo me volví a agarrar el pañal por
delante mientras miraba perdidamente al techo. Ni me di cuenta cuando empezó a
cambiarme. Me bajó los pantalones y me dejó el pañal al aire. Luego me
desabrochó las cintas y me quitó el pañal mojado. Me limpió cuidadosamente y
con mucha ternura.
-No te preocupes, Chris. ¿Ves? Ya estas
sequito.
Yo sabía que ahora me iba a poner otro
pañal pero una parte pequeña de mí cerebro aún creía que no. Esa parte se
equivocaba porque mamá me levantó las piernas con una mano y me pasó un pañal
limpio por debajo. A continuación, me lo pasó por delante y me lo sujetó muy
fuertemente con las cintas. Fue la vez que más seguro me sentí con un pañal.
Mamá me subió los pantalones y me bajó de la cama.
-Ahora ya estas mejor, ¿a qué si? -me
preguntó.
Yo no pude contener una sonrisa. Me
sentía más cómodo con el pañal y se debía de notar en la cara, porque mamá
también sonrió y me revolvió el pelo.
En ese momento sonó el timbre y mi madre
fue a abrir. Yo me di cuenta de que si alguien entraba en casa me vería en
pañales así que tenía que esconderme. Instintivamente cogí a Rhino y me fui a
un rincón de detrás de una puerta y me senté a escuchar quién había llamado al
timbre. Parecía una amiga de mi madre porque estaban hablando de salir al
centro comercial. Al poco oí que las dos entraban en casa y que mamá me
llamaba.
-¡Chris, ven aquí! ¡Es la tía Marian y
quiere darte un beso!
La tía Marian, menos mal. Aunque tampoco
me hacía gracia que me viera llevando pañales de día. Salí de mi escondite
abrazando a Rhino y las vi las 2 en el recibidor. Lo primero que hizo mi tía es
fijarse en el bulto de mis pantalones.
-¿Es que ahora lleva pañales también de
día o se acaba de levantar de la siesta?-preguntó.
-No, que va-dijo mi madre-. Ahora se
está haciendo pipí durante el día así que le estoy poniendo pañales.
-¿Y cuándo tiene que hacer caca?
-Cuando tenga que hacer caca viene, le
quito el pañal, va al baño y cuando vuelve se lo pongo otra vez -contestó y me miró-.
Escucha Chris, tía Marian y yo vamos a acercarnos un rato al centro comercial.
Sabes que en su pueblo no hay y siempre viene aquí. Te vas a quedar solo un
ratito, ¿vale? Si te haces pipí te esperas a que yo vuelva y te cambio, ¿okey?
Asentí. Ella cogió el bolso y las 2
salieron de casa.
-Adiós, Chris -dijo mi tía ya casi
fuera.
Me iba a quedar solo. Sus voces cada vez
se estaban oyendo menos.
-¿…Y te vas a volver en coche luego? Qué
valor tienes hija, hacerte tantos kilómetros en un día y conduciendo de
noche…-decía mi madre.
Luego mi tía le contestó algo que no
llegué a oír.
En ese momento me di cuenta de que me
había quedado solo en casa por primera vez desde que empecé a llevar pañales de
nuevo. Me puse nervioso por si me hacía pipí, pero enseguida me di cuenta de
que si no lograba tranquilizarme me haría pis seguro así que decidí pensar en
otra cosa. Me di cuenta de que tenía a Rhino entre mis brazos por primera vez en
mucho tiempo. Olía mal, tal vez mamá pudiera meterlo en la lavadora. Pero en
seguida cambié de opinión. Rhino no había pisado nunca el interior de una
lavadora y no iba a empezar ahora. Además, no olía mal, olía a él.
Me fui a mi habitación y me tumbé en la
cama con él. Me puse a mirarlo fijamente a la cara recordando todos sus
detalles: Sus ojos en blanco sin la pupila negra ahora borrada, su sonrisa
grande sin enseñar dientes debajo del cuerno, su descosido por la parte de
abajo (eso si le podía decir a mamá que lo cosiera), sus pequeñas orejitas…..No
podía contenerme más y le di un abrazo bien fuerte. Había pasado tanto tiempo,
Rhino…
En ese momento caí en la cuenta de que
si Rhino había estado en una caja del desván, también estarían mis viejos
juguetes. Subí todo lo deprisa que me permitía el pañal y empecé a buscarlos
por las cajas que tenían mi nombre escrito con rotulador negro. Enseguida los
vi. Se me llenó el cuerpo de emoción. Estaban todos: el Spiderman súper
articulado, el Buzz Lightyear, el Sr. Patata Suave, los indios y vaqueros,
todos. Me bajé la caja entera a mi habitación, los eché sobre las alfombra y me
puse a jugar con ellos. Estuve varias horas ahí tirado como si tuviera 10 años
menos, con un pañal y jugando a muñecos. De pronto me vinieron ganas de hacer
pipí, me tranquilicé y deje que éste se saliera para quedarse en el pañal. En
un momento me vi con el pañal mojado y sin nadie que me cambiara. Me entraron
nervios y me puse inquieto. Volvió la ansiedad. Necesitaba calmarla y no sabía
con qué. Ni siquiera sabía porque me venía. Me intenté tranquilizar, pues era
una tontería que llorase ya que no había nadie allí. Pero tenía el pañal
mojado, y como ya sabéis, no me gusta nada estar mojado. Me levanté y empecé a andar
de un lado para otro. Consideré la idea de cambiarme yo solo, pero no era capaz
ni de ponerme el pijama así que mucho menos de cambiarme el pañal.
Me fui al salón a ver la tele y a
esperar que mi madre viniera y me cambiara. A la media hora oí que entraba por
la puerta.
-¿Dónde estás, Chris? -dijo al entrar.
-En el salón, mamá -contesté.
-¿Qué tal? -preguntó nada más entrar.
-Me he hecho pipí.
-Vaya… ¿Y hace mucho que te lo has
hecho?
-2 horas -contesté. Quería que se
sintiera mal por haberme dejado solo y que no lo hiciera más así que mentí.
-Aaaay lo siento, Chris -dijo. Y vino
corriendo a auparme. Con lo poco que yo pesaba no le resultaba muy costoso-. No
volverá a pasar, te lo prometo. Venga, vamos a cambiarte este pañal mojadito
que lo estarás deseando.
Me llevó hasta mi cuarto en brazos y al
entrar tropezó con los juguetes que se habían quedado por el suelo.
-¡Vaya!-exclamó-. ¿Es qué has vuelto a
sacar los juguetes del desván?
Como era una pregunta retórica no me
molesté en contestarle. Dejé que me tumbara en la cama, y entonces cogió a
Rhino y me lo puso al lado. Ella se sentía mal por haber dejado a su hijo solo
y con un pañal puesto y se mostraba muy cariñosa. Yo se lo agradecí, pues aunque
no hubiera estado mojado las 2 horas que le había dicho, había estado muy
molesto el tiempo que había llevado mi pañal con pipí.
-Venga, ahora te bajo los pantaloncitos -dijo
ella al tiempo que lo hacía-, te desabrocho el pañal mojadito -acompañaba cada
acto que hacía con una voz llena de ternura- y te limpio, ¿te gusta, a que si? -sonreí-.
Ahora cogemos el pañal limpito y te lo ponemos. Y ahora lo sujetamos con las
cintas y te volvemos a subir el pantaloncito. ¿Ahora ya estás mejor, verdad?
La verdad es que me sentía mucho mejor.
Con mi pañal limpio y con Rhino conmigo. Mamá me bajó de la cama y me llevó a
la cocina a cenar.
Ella, o bien porque quería mimarme o
porque no quería que me volviera a atragantar, me partió los trozos del filete
ella misma y muy pequeños. Luego hizo puré de calabacín, que sabía todo lo que
me gustaba. Después de cenar nos pusimos a ver una película y luego me acompañó
a mi cuarto a ponerme el pijama y acostarme. Antes me tuvo que volver a cambiarme
el pañal, pues durante la película me había vuelto a mojar, pero ahora ya no me
ponía tan nervioso como antes. Cuando estuve ya cambiado y con el pijama
puesto, mamá cogió a Rhino y lo puso conmigo entre las sábanas.
-No te vayas a dejar a tu amiguito -dijo.
Me dio las buenas noches y salió de mi
cuarto. Yo abracé a Rhino, pues hacía ya mucho tiempo que no dormía conmigo y
lo echaba de menos. Lo abracé bien fuerte y no tardé en quedarme dormido.
Mañana sería otro día.
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Vida de Chris
16 de junio de 2014
Sinopsis del cuarto capítulo de 'Vida de Chris'
Chris
ha vuelto a llevar pañales de día. Su madre se lo ha tenido que poner porque se
hace pipí también cuando está despierto y se lo quita cuando tiene que hacer
caca. Ahora tendrá que enfrentarse a un nuevo reto: quedarse solo en su casa
por primera vez desde que ha vuelto a llevar pañales.
¡Un
nuevo capítulo de esta historia de pañales!
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Vida de Chris
11 de junio de 2014
Comunicado de Tony Prince
Hola! Que tal??
Muchííííííísimas gracias a todos los lectores que os pasáis por el blog, la verdad es que me hace mucha ilusión que leáis lo que escribo, ya que es para vosotros :))))))))))))
Quería deciros que me interesaría muchísimo conocer vuestra opinión acerca del blog o de la historia de Chris, así que os animo a todos a comentad (anonimamente, no hay ningún problema), en esta entrada o en la que queráis para así hacerme una idea de si voy en buen camino o no ;)
Nada más, seguid disfrutando de los pañales, de los chupones y los biberones!!
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