Este chiste solo lo pillaréis los que seáis de España...
Mañana nuevo capítulo de Lucía quiere biberón ;)
Bienvenidos a este rinconcito de Internet dedicado al mundo Little y AB/DL. Novelas, relatos cortos, artículos y muchas más cosas te están esperando! Entra y siéntete segurx^^
- INICIO
-
Vida de Chris
- Capítulo 1: Un pañal para dormir
- Capítulo 2: Noche en casa de los primos
- Capítulo 3: Sueño interrumpido
- Capítulo 4: Solo en casa
- Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial
- Capítulo 6: Un día más
- Capítulo 7: Mojado en el supermercado
- Capítulo 8: Visita al médico
- Capítulo 9: En la buhardilla
- Capítulo 10: El comienzo
- Epílogo
- Canción de Leche y Pañales
- Lucía quiere biberón
-
Los 2 Mundos de Robin Starkley
- Cap1. Todo lo demás
- Cap2. Pañal en una conversación
- Cap3. Nappynception
- Cap4. Mojados por la lluvia y por pipí (en mi caso)
- Cap5. Nada de lo que preocuparse
- Cap6. Avioncitos, helicópteros y cohetes
- Cap7. ¿Todavía nos hacemos pipí encima?
- Cap8. Plástico sobre piel
- Cap9. Mi verdaderos problema
- Cap10. Aguanta, Robin
- Cap11. Es lo que tienen los bebés
- Cap12. Tú mismo
- Cap13. El dolor de barriga
- Cap14. Compañero de pañales
- Cap15. Chupete sonoro
- Cap16. El bebé de Schrödinger
- Cap17. Cosas que pasan
- Cap18. Restos de pipí seco
- Cap19. ¿Pero vosotros sabíais que llevaba un pañal?
- Cap20. Esto es Halloween
- Cap21. Te he traído pañales
- Cap22. Las mejores partes
- Cap23. Así que era verdad
- Cap24. La soledad
- Cap25. Quince minutos
- Cap26. Las Aventuras de Elia y Robin
- Cap27. Una vida de bebé
- Cap28. Lo único que tiene sentido
- Historias cortas
8 de abril de 2017
Que no te engañen
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6 de abril de 2017
Yo no estoy muerto, mi ordenador sí
Hola a todas y a todos!
Ya sé que llevo ausente... Buff, ni se sabe. La razón no es sino que mi ordenador se estropeó. Llevaba renqueante un tiempo pero hace 3 semanas dijo Hasta aquí hemos llegado.
Lo llevé a arreglar (de ahí el cambiarme la foto de perfil, pues no me apetecía que el técnico me viese con chupete, sin embargo Batman le gusta a todo el mundo) pero me dijeron que no se podía hacer nada así que hubo que sacrificarlo.
Así que me quedé sin ordenador, pero seguí activo en mi cuenta de Twitter: @tony_abdlwriter :)
Así que me quedé sin ordenador, pero seguí activo en mi cuenta de Twitter: @tony_abdlwriter :)
Total, que he estado días ocupado buscando un ordenador nuevo y barato (soy estudiante y tengo que pagar un alquiler) e instalando las correspondientes aplicaciones para volver a ver pelis, editar vídeos, escribir y todo eso.
Así que aquí estoy, de vuelta con muchas ganas de seguir escribiendo.
En pocos días, el capítulo 6 de Lucía quiere biberón :)
Se os ha echado de menos, voy a responderos los comentarios^^
28 de febrero de 2017
Lucía quiere biberón - Capítulo 5: El Pañal
Ya en el piso,
Sara duchó a Lucía y le puso el pijama. La dejó sentada en el sofá viendo
Cartoon Network y salió para el supermercado en el que trabajaba. Tenía que ir
a renovar la baja por asuntos familiares y comprar los pañales para Lucía.
Lo único bueno que
tenía su trabajo era que podía ir andando, por lo que se ahorraba bastante
dinero en gasolina; por lo demás, trabajaba casi 10 horas al día y ganaba unos
míseros 500 euros, aunque quizá ahora que recibiría una pensión familiar de la
inigualable cifra de 150 euros –maldito gobierno, pensó-, podría reducir un
poco su jornada laboral para poder pasar más tiempo con su sobrina.
Llegó al súper y
sus compañeras la saludaron efusivamente. La echaban mucho de menos. En el
fondo, Sara también pero el trabajo no lo echaba para nada de menos. Le preguntaron
cuando se incorporaría y Sara les contestó que mientras su sobrina no empezase
el colegio, tendría que estar a cargo de ella. Les preguntó por la encargada y
sus compañeras le indicaron que se encontraba en su despacho.
Sara subió hasta
la planta de Recursos Humanos, llamó a la puerta del despacho y entró.
Su jefa era una
mujer baja, regordeta, solterona y con aspecto de sapo. Iba siempre vestida de
color rosa y hablaba con una voz falsamente dulce que no hacía sino que todo el
mundo le tuviera más asco.
-Hola, Sra.Toad
–saludó Sara al entrar.
-¡Blanc! –su jefa
levantó la vista de sus papeles y la miró-. ¡Me estaba preguntando si seguías
trabajando aquí!
-Tengo la baja por
asuntos familiares, señora.
-Sí, la baja. Ya.
Pasa, anda, y siéntate.
Sara entró y ocupó
una de las dos sillas vacías que había enfrente de su mesa. La Sra.Toad era una
mujer despiadada y explotadora, siempre intentando hacerle la vida imposible a
los que trabajaban para ella.
-Supongo que has
venido a decirme que te incorporas mañana, ¿verdad? –le preguntó con una falsa
sonrisa.
-Pues no, verá…
-empezó Sara-. La verdad es que mi sobrina aún no ha empezado el colegio… ya le
han dado plaza –se apresuró a aclarar-, pero aún no me han llamado del centro
para que lo empiece.
-Vaya, que
lástima… -dijo Toad suspirando-. ¿Sabe cuánta gente hay por ahí que estaría
deseando ocupar su puesto, Blanc?
-¿Un puesto de 10
horas al días y 500 euros al mes? ¿Quién? –Sara usó toda su ironía.
-No juegues conmigo,
Blanc. Podría despedirte ahora mismo si quisiese.
-Un despido
improcedente que yo denunciaría. Tengo contrato en vigor y la baja en regla.
-Puedo no
renovártela.
-Queda una semana
para que se caduque. Soy previsora.
-Podría no
renovártela en una semana.
-Podría ir a
renovarla a cualquier otro Departamento de Recursos Humanos de la cadena del
Supermercado. Sólo he venido aquí porque me pilla cerca de casa.
Toad sonrió,
aceptando su derrota.
-Eres más lista de
lo que creía, Blanc.
-Ni se lo imagina.
Sara había estado
algo más de un mes distraída en su puesto de trabajo. La perspectiva de tener
que hacerse cargo de su sobrina, unida a la falta de sueño, hacían que no
pudiera concentrase en lo que hacía. Eso le había dado cierta fama de ser una persona
no demasiado inteligente, lo que viéndolo ahora había hecho que la
subestimasen. Y que tu enemigo te subestime es una gran ventaja.
Sara salió del
despacho de la vieja bruja con la baja laboral a buen recaudo en el bolsillo de
su abrigo. Bajó las escaleras y se dirigió al pasillo de los pañales y de las
demás cosas de bebé.
Tenía que ser muy
cuidadosa. Lo que estaba a punto de hacer podría provocar que su sobrina no
volviese a dirigirle la palabra en su vida.
Tenía que elegir
unos pañales bonitos, no importaba si eran más caros. No podía llevarle unos
feos o de marca blanca. A Lucía le gustaba mucho el rosa, así que intentó
buscar en esa dirección. Finalmente encontró unos pañales de las princesas
Disney. Salían en el paquete Jazmín, Blancanieves, Cenicienta… Pero también
otras que le gustaban a Sara como Mulán, Pocahontas o Esmeralda.
Cogió el paquete
de pañales y se fue hasta la caja para pagarlos.
Pero… ¿Qué narices
estaba haciendo? Si la veían sus compañeras comprando pañales, todas sabrían
que eran para Lucía. Por no hablar de que si se encontraba a alguna vecina o a
algún conocido también sabrían que esos pañales eran para su sobrina.
Maldiciendo para
su adentro, dejó los pañales de nuevo en la estantería y salió del supermercado.
Por mucho que le fastidiase, no podría comprar los pañales ahí. También perdía
el descuento para trabajadoras, así que le fastidiaba doble; y esos pañales no
eran precisamente baratos.
Afortunadamente,
llevaba las llaves del coche en el bolso así que pudo conducir hasta el
supermercado más cercano sin tener que subir antes a su casa y tener que
inventarse una excusa para su sobrina de por qué tenía que salir otra vez.
Condujo varios
kilómetros, hasta que supuso que era una distancia sobradamente segura y fue
hasta un pequeño supermercado de barrio que pertenecía a una familia de
inmigrantes ecuatorianos.
-Buenas tardes,
amiga –le saludó amablemente una trabajadora-. Dígame, ¿en qué puedo ayudarla?
A Sara le
sorprendió ese trato tan familiar y cercano, más acostumbrada a los sitios en
los que los trabajadores trataban a los clientes como simple dinero.
-Verá, me gustaría
comprar unos pañales… Pero no me acuerdo de qué marca eran.
-Sígame, pues. Le
mostraré los que tenemos.
El pasillo de los
pañales era más bien la estantería de los pañales, pues todo en ese sitio era
más pequeño y acogedor que los otros supermercados que había visitado Sara.
Encontró los pañales que buscaba. La marca era Little Owl.
Pequeño búho, que
raro, pensó.
La trabajadora la
acompañó hasta la caja, en la que se encontraba un chico que no tendría más de
14 años.
-Camilo, cóbrale
esto a la señora, por favor.
A juzgar por el
tono que empleaba, la edad del niño y el parecido físico, Sara dedujo que el
niño era hijo de la trabajadora, y que toda la tienda debía pertenecer a la
misma familia.
-A ver… Donde
lleva esto el código de barras…
El chico movía el
paquete de pañales delante suya. A Sara le pareció que era muy inexperto, que
no debía llevar mucho tiempo trabajando ahí.
-No llevas mucho
tiempo trabajando, ¿verdad? –le preguntó Sara amablemente.
El chico le
devolvió la sonrisa.
-No, bueno… Estoy
echándole una mano a mis padres –dijo-. Acabamos de llegar y no tenemos aún
dinero para contratar a nadie.
Encontró el código
de barra, lo pasó por el lector y le dijo el precio. Algo más bajo de lo que
Sara esperaba.
Pagó los pañales,
le dejó un euro de propina al chico y salió de la tienda.
Le había gustado
bastante ir a un sitio tan diferente y cercano a comprar, además de que así
ayudaba al pequeño comercio. Seguro que volvía más veces.
Cuando llegó a
casa, pasó lo más rápido que pudo a su habitación y guardó los pañales en el
armario. Todavía no sabía cómo se lo diría a Lucía, pero de momento era
imprescindible que no los viera.
En ese momento
sonó el teléfono. Sara corrió a contestar y era del colegio Federico García
Lorca. Estaban terminando los últimos documentos, y Lucía empezaría en un par
de días.
Genial, pensó. Lucía
tendría que acostumbrarse a los pañales y a un nuevo colegio a la vez.
A Sara le habría
gustado que empezase el colegio cuando ya se hubiese hecho a dormir con pañal,
pero ahora vendrían las dos cosas de sopetón. Creía que tardarían más tiempo en
confirmarle la plaza, maldita sea.
Preparó para cenar
filetes de lomo y ensalada. Le dijo a Lucía que empezaría en el nuevo cole en
dos días.
-¿Es el mismo cole
que Esteban? –preguntó.
-Sí –contestó
Sara. Al menos algo tenía de bueno-. Pero él estará en el patio de los niños
pequeños y no creo que lo puedas ver mucho.
Vale, en realidad
no era tan bueno.
Terminaron de
cenar y Sara le dijo a Lucía que podía ver un poco la televisión. Eso le daba
el tiempo de ir hasta su habitación y pensar cómo iba a decirle que tenía que
dormir con un pañal.
Sacó el paquete de
su armario y llegó con él a hurtadillas hasta el cuarto de su sobrina. Se sentó
sobre la cama y lo abrió. Los pañales eran de color rosa y tenían dibujadas
sobre la cinta de arriba varias princesas Disney. Por lo demás, eran pañales un
poco más grandes que los de bebés, muy abultados y con dos cintas adhesivas a
los lados. De pronto, Sara se dio cuenta de que nunca en su vida había puesto
un pañal.
No tenía ni idea
cómo se hacía, aunque no parecía muy difícil y la teoría sí se la sabía.
También había visto a Laura alguna vez cambiarle los pañales a Esteban.
Por debajo del
culete, luego por arriba y luego abrocharlos con las cintas.
Joder, estaba
empezando a dudar ahora de si era buena idea ponérselos o no.
Maldita sea, Lucía
tenía 10 años y era mayor para llevar pañales. La pobre niña lo había pasado
fatal y ahora encima le tocaría dormir con un pañal.
Pero lo
necesitaba. Lucía mojaba la cama y no podía dormir bien.
El pañal haría que
estuviese sequita toda la noche.
Se armó de valor.
Suspiró.
Llamó a Lucía.
Su sobrina entró en
la habitación y la vio sobre la cama al lado de un paquete de pañales y
sosteniendo uno en su mano.
-¿Eso para qué es?
–preguntó su sobrina con voz triste.
-Lucía… –empezó Sara
-¿Vas aponerme un
pañal?
-Es sólo
provisional, mientras te haces pipí en la cama…
-¡Pero yo no quiero
llevar pañal! ¡¡No soy un bebé!!
-Ya lo sé… ya sé
que no eres un bebé…
-¡Mentira! ¡Crees
que soy un bebé! ¡Tú misma me llamaste bebé! -Lucía se puso a llorar- ¡Yo no
quiero llevar un pañal!
-Cariño… -Sara se
estaba empezando a sentir muy mal.
Pero sabía que era
lo necesario. Tenía que seguir adelante con eso.
-¡Creía que eras
mi amiga, Sara! –Lucía seguía llorando.
Eso no hizo que se
sintiese mejor. Sabía que la reacción de su sobrina iba a ser esa, pero ella
tenía que seguir adelante. Era lo mejor.
-Creía que eras mi
amiga… -repitió.
Sara no pudo
aguantarse más y también rompió a llorar. Dejó el pañal, se levantó de la cama
y fue hasta Lucía.
-Lucía… -la abrazó
cuidadosamente.
-No quiero llevar
pañales… -decía entre lágrimas.
-Cariño… Lo
siento, lo siento muchísimo… Créeme, por favor, Lucía…
Ella seguía
llorando, y Sara tampoco daba muestras de que fuese parar.
Joder, ¡¿por qué
tenía que hacer pasar por eso a su sobrina?!
Volvió a pensar
que era lo mejor. Que necesitaba dormir y que el pañal conseguiría eso.
Así que trató de
decírselo así. A pesar de que tuviera que ponerle un pañal, su sobrina era
mayor, así que le diría la verdad. Lucía era muy inteligente y acabaría por
comprender.
-Lucía… ¿Cuánto
tiempo llevas sin dormir bien?
La niña no
contestó. Siguió llorando.
-Cariño… -siguió-,
¿de verdad crees que quiero ponerte un pañal? ¿Lo crees en serio? –Lucía siguió
sin responder. Sara podía ver que estaba pensando y reflexionando-. Sabes que
no quiero ponerte un pañal, pero necesitas dormir, mi amor. El pañal hará que
si te haces pipí, no te despiertes… Dormirás tranquilamente toda la noche…
Guisantito.
-Yo… No… ¡Hip!
Quiero… Llevar… ¡Hip! Un pañal…
Su sobrina se
frotaba los ojos, había dejado de llorar pero aún le caían algunas lágrimas por
las mejillas.
Sara esperó a que
se le pasase un poco y fuese asumiendo que ponerse un pañal era lo mejor.
-Snif, snif…
¿Podré dormir toda la noche?
-Sí, cariño. Sí
–le dijo poniendo su cara a la altura de Lucía-. Y no le diremos a nadie que
llevas pañal, ¿vale? –añadió.
-¿A nadie a nadie?
-A nadie a nadie
- ¿Lo prometes?
-Lo prometo
–prometió Sara.
Lucía se serenó
bastante. Sara esperó a que ella le diera el consentimiento para empezar a
poner el pañal.
-Vale –dijo.
Lucía le dedicó la
más enorme de sus sonrisas.
-Ven, cielo –le
dijo con dulzura.
Sara la cogió de
la mano y la llevó hasta la cama.
-Túmbate encima,
cariño. Cuando tú digas, empiezo a ponértelo.
Lucía dejó de
llorar. Cerró los ojos, como si no quisiese verlo.
-Vale -volvió a
decir.
Sara le volvió a
sonreír, aunque Lucía no pudiese verlo.
Empezó a ponerle
el pañal, y todas las dudas volvieron a su cabeza.
-Ehh, sí, veamos…
-Sara estaba realmente en fuera de juego. No sabía cómo proceder.
Tenía una
sensación parecida a cuando descubrió que Lucía se había hecho pipí por la
noche. Ahora su sobrina se había tumbado a lo largo de la cama, pero ella
necesitaba que se tumbara a lo ancho para poder ponerle el pañal.
-A ver, cariño
–dijo mientras le cogía las piernecitas-, vamos a tumbarte de esta otra manera
para que sea más fácil.
Dejó el pañal a un
lado y, lenta y suavemente, cambió a su sobrina de postura, de manera que sus
piernas quedaron colgando por el borde de la cama.
-Voy a ponerte ya el
pañal, cariño –le dijo con dulzura.
Le bajó los pantaloncitos
del pijama y le levantó las piernecitas.
Le empezó a pasar
el pañal por debajo del culete pero le estaba costando bastante hacerlo con una
sola mano. Tampoco sabía a qué altura se debía quedar para luego al pasarlo por
delante que el pañal se quedase bien ajustado.
Cuando consideró una
altura que debía de ser apropiada, le bajó las piernecitas y le pasó el pañal
por delante. Pero se le quedaba demasiado corto.
Maldijo para sus
adentros y volvió a levantarle las piernas. Le bajó un poco el pañal por detrás
y le volvió a bajar las piernas.
Ahora el pañal por
delante quedaba más cerca de la cintura y la misma altura que la parte de
detrás, por lo que podía abrocharle las cintas.
Sabía que las
cintas se abrochaban a la parte de arriba del pañal porque había visto a Esteban
cuando era pequeño llevando pañales de esa manera.
Cogió una de las
cintas y la abrochó por delante. Luego hizo lo propio con la otra.
Pero el pañal
quedaba muy suelto. Sabía que tenía que estar mucho más ajustado al cuerpo.
Le desabrochó las
cintas y las pegó más hacia el centro de la parte delantera del pañal. Ahora si
quedaba bastante ajustado.
Le subió los
pantaloncitos a Lucía y la puso de pie.
-Bueno, ¿qué tal?
-No sé… -respondió
la niña.
-¿Estás cómoda? ¿Te
aprieta?
-No… Estoy bien…
- Si te aprieta
demasiado, puedes decírmelo y te lo suelto un poco…
-Nono… Está bien
así…
-¿Estás cómoda?
-Sí…
Lucía respiró
aliviada. Temía que su sobrina se pusiese a llorar y a berrear una vez tuviese
puesto el pañal, pero no fue para nada así. Su sobrina había hecho que ponerle
el pañal fuese más fácil. No protestó cuando lo llevó puesto ni se incomodó
cuando Sara se lo estuvo poniendo de una manera tan torpe. El siguiente pañal
se lo pondría mejor, estaba segura.
Lucía se había
portado como una campeona. Como una niña mayor que había aprendido que lo mejor
era dormir con pañal. Estaba orgullosa de ella.
Sara la miró. El
pañal le abultaba bastante en el pantalón del pijama y asomaba un poquito por
arriba. Lucía estaba de pie muy quieta.
Había superado la
prueba. Era momento de seguir con la típica rutina de dormir.
-Bueno, guisantito
–le dijo Sara-. Métete en la cama que yo voy a prepararte tu biberón.
Regresó con el
biberón lleno de leche calentita. Lucía estaba dentro de la cama.
-¿Me lo puedes dar
tú? –dijo.
-¡Claro que sí!
Se sentó en la
cama y Lucía se acomodó en su regazo. Sara le puso el biberón en la boca y Lucía
empezó a chupar de la tetina. Se tomaba la leche con mucha ansia. Tenía muchas
ganas de biberón ya que esa tarde no se había tomado el de la merienda. Lucía
se abrazó a su cintura y se pegó a ella mientras se seguía tomando su biberón. Se
aferraba a la tetina con la boquita y movía los labios para tomarse la leche.
Cuando terminó,
Sara la aupó para echarle los gases. Al cogerla del culete, pudo notar el pañal
debajo del pijama. Le dio varios golpecitos en la espalda y Lucía eructó un par
de veces. La dejó cuidadosamente sobre la cama; el pañal sonó cuando tocó el
colchón.
Dejó el biberón
vacío en el mesita de al lado y se sentó en el borde de la cama mientras Lucía
de metía entre las sábanas. El pañal sonó con cada movimiento de su sobrina.
-¿Me lees un
cuento, tía Sara, porfi? –preguntó.
-Por supuesto,
cariño –Sara le sonrío y le revolvió el pelo-. Nos quedamos terminando El Viaje
de Viento Pequeño, ¿no?
-¡Sí! –contestó
Lucía
Sara cogió el
libro, que estaba sobre la mesita, al lado del biberón, y siguió leyendo por
donde lo habían dejado la noche anterior.
-… Poco después
aparece una niña. En la mano lleva una cometa de colores con forma de águila.
La niña comienza a soltar cuerda. Pero en el parque no se mueve ni una hoja, y
el águila no consigue volar. Viento Pequeño mira a su alrededor: ‘¿Dónde está
el viento guardián de este parque?’, piensa. La niña sigue soltando cuerda, y
el águila, con las alas cerradas, va a dar contra la tierra. ‘Si nunca sopla el
viento, no me sirve de nada tener una cometa nueva –exclama la niña. Viento
Pequeño se levanta de un salto y comienza a soplar. La cometa vuela sobre los
árboles. El águila, con las alas abiertas, se convierte en reina de las aves. Y
a la niña se le abre una sonrisa tan ancha y tan brillante como la luna llena.
Era ya el final
del libro, pero no llegó a terminarlo. Lucía se había quedado durmiendo
abrazada a ella.
Sara había pensado
que con el pañal le iba a costar bastante conciliar el sueño, pero de nuevo se
equivocaba con su sobrina; Lucía estaba profundamente dormida.
Sara se separó
cuidadosamente de ella, dejó el libro sobre la mesita y cogió el biberón. Arropó
a su sobrina y le puso a Peppy entre sus brazos. Salió de la habitación no sin
antes lanzarle una última mirada a Lucía.
Estaba muy mona durmiendo
abrazada a su muñeca.
Y el hecho de saber que llevaba puesto un pañal hacía que estuviese aún más linda.
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10 de febrero de 2017
Lucía quiere biberón - Capítulo 4: La Solución
Sara abrió la
puerta de la habitación y el olor le volvió a entrar de repente por los
agujeros de la nariz.
No podía ser.
Lucía había vuelto a hacerse pipí.
No era de noche.
No había dormido más de dos horas.
Pensó que el
problema era más grave de lo que parecía. Si ni siquiera podía dormir dos horas
sin mojarse encima…
-Me he vuelto a
hacer pipí, Sara –le dijo Lucía.
-Ya lo sé, cariño…
Sara encendió la
luz de la lamparita del escritorio y se sentó a la vera de Lucía.
-¿Por qué me pasa
esto? –le preguntó su sobrina.
-No lo sé, cielo…
Ojalá lo supiera… -le contestó acariciándole el pelo.
-Hasta Peppy se ha
mojado –dijo.
Lucía levantó su
muñeca para que Sara la viese.
-¿Y no has podido
dormir? –le preguntó.
-No –contestó la
pequeña-. Cada vez que mojo la cama me despierto y no puedo volver a dormirme.
A Sara eso le
pilló de sorpresa, y le asustó mucho. Si eso era verdad, su sobrina llevaba ya
varios días sin dormir bien. Normal que hubiese querido echarse una siesta ese
día. Tenían que solucionar el problema del pipí por la noche. Y pronto.
-Jope, Lucía –le
dijo cariñosamente-. ¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Es que me da
mucha vergüenza hacerme pipí –dijo-. Y ahora encima he mojado a Peppy –y se
echó a llorar sobre la cama.
Sara la levantó,
no fuera a ser que se mojase también la cara. La aupó contra ella, al sacarla
de las sábanas le vino más fuerte el olor a pipí.
Esa no era manera
de vivir para una niña de 10 años. Se le ocurría una cosa que podía hacer, pero
no sabía si iba a ser peor el remedio que la enfermedad.
Una vez más, llevó
a Lucía al baño para ducharla. Ya se estaba convirtiendo en rutina y no podía
dejar que siguiese así. La lavó y la vistió con las ropitas nuevas que le había
comprado. Le cambió las sábanas y regresó con ella al salón.
-¿Has mojado la
cama para poder estrenar las cositas nuevas? –le preguntó riendo.
A Lucía no pareció
sentarle bien. Sara se apresuró a aclarar sus intenciones.
-Era una broma,
cielo –le dijo-. ¿Quieres tu biberón?
-Sí.
Fue a la cocina a
preparárselo y regresó con él al salón.
Lucía estaba realmente mal. Se encontraba hecha un ovillo en el sofá. A Sara le
dio mucha pena.
-¿Quieres que te
lo de yo? –le preguntó mientras agitaba el biberón con la mano.
-Sí, porfa.
Sara se sentó en
el sofá y se señaló su regazo para que Lucía fuese hasta él, pero la niña no
parecía querer moverse de donde se encontraba. De hecho, parecía que no tenía
ganas de moverse nunca más en la vida.
Lucía se empezó a
preocupar. El problema de su sobrina con el pipí en la cama empezaba a ser grave.
Tenía que solucionarlo ya.
-Ven, cariño –Sara
cogió suavemente a Lucía y empezó a incorporarla lentamente-. Ven, que vamos a
darte tu biberón, guisantito.
Delicadamente, se
trajo a Lucía hasta su regazo. Le apoyó su cabecita sobre su pecho y le acercó el
biberón a la boquita. Aún con los ojos cerrados, Lucía se aferró la tetina con
los labios y empezó a chupar. Tenía una expresión muy triste en la cara, y
sollozaba. Se iba tomando la leche entre sollozo y sollozo.
Chup… Chup… Chup… Chup…
Chup… Chup… Chup…
Se abrazó a Sara.
-Shhh… No llores,
mi amor –le dijo mientras le daba el bibe con una mano y con la otra le
acariciaba el pelo sosteniéndole la cabeza con ese brazo.
Pensó que aunque Lucía
estuviese mojando la cama, por lo menos ella había conseguido acercarse a su
sobrina y que la niña se sintiese cómoda en su nueva casa mucho antes de lo que
Sara o nadie hubiese esperado.
Entonces, ¿por qué
seguía mojando la cama? Sara no lo entendía.
Lucía terminó de
tomarse el biberón, Sara la aupó y empezó a darle golpecitos en la espalda para
que expulsase los gases. Al cabo de un ratito y varios eructos se sentó de
nuevo en el sofá con su sobrina y empezó a acunarla.
Parecía que iba a
quedarse dormida. Teniendo en cuentas las húmedas consecuencias de esto, Sara
se levantó con ella y empezó a moverse para que se despertase.
-Ale, ale,
pequeña. No es momento de dormirse –le dijo con dulzura.
Era increíble la
falta de sueño que tenía esa niña. Sara tenía que encontrar una solución. Y si
era ponerle un pañal, le pondría un pañal.
Estuvieron toda la
tarde jugando a las cartas en la mesa de la cocina. Sara pensó que sentada en
una silla (además bastante incómoda) y con la mente ocupada, Lucía no se
dormiría.
Estuvo en lo
cierto. Su sobrina permaneció despierta el resto de la tarde y además estuvo bastante
ocupada intentando ganarle a Sara alguna partida a la brisca. A Sara se le daba
increíblemente bien este juego. Había obtenido una gran soltura durante los dos
años que estuvo cursando Historia en la universidad. La carrera la había
dejado, pero la destreza en ese juego de cartas la había acompañado desde
entonces. No obstante, su sobrina era también bastante buena, y a punto estuvo
de ganarle un par de manos, pero finalmente, Sara acabó venciendo por la
mínima.
Sara pensó que con
esa habilidad para las cartas, Lucía encajaría muy bien en un campus
universitario. Se sorprendió pensando esas cosas, ya que la niña aún no había
acabado ni la escuela primaria, pero le gustaba imaginarse un buen futuro para
su sobrina.
A la hora de la
cena preparó puré de verduras y lomo a la plancha. Lucía se lo comió en seguida.
Una de las cosas que le preocupaban a Sara antes de adoptar a Lucía era que la
niña fuera problemática a la hora de comer, como muchoa niños de su edad, sin
embargo, Lucía comía estupendamente. Eran otro tipo de problemas los que le
daba su sobrina…
Quizás estaba exagerando.
Después de todo, Lucía sólo tenía 10 años. Algunos niños tardaban más en
madurar. Seguro que había muchos de 10, o incluso 11, 12, 13 o 14 años que todavía
se hacían pipí por la noche. Lo extraño de Lucía era que había vuelto a hacerse
pipí cuando ya llevaba varios años controlando sus esfínteres por la noche.
O eso creía saber
ella.
Se paró a pensar.
No había caído en eso. Había supuesto que si nadie le había dicho que Lucia se
hacía pipi en la cama era porque no se lo hacía. Sin embargo, nadie le había
dicho tampoco lo del biberón.
Después de la cena,
llevó a Lucía hasta su cuarto. Le puso el pijama y se la llevó hasta su habitación.
No tenía ninguna intención de que Lucía durmiese con ella en su cama. Esa no
era la solución para que dejara de hacerse pipí por la noche. Lo que quería era
que la niña eligiese uno de los libros que tenía en sus estanterías para
leérselo antes de dormir.
Dejó a Lucía
eligiendo libro y fue hasta la cocina para prepararle el biberón. ¡Que gusto no
tener que estar lavando el biberón siempre antes de dárselo!
Regresó a su
cuarto, Lucía estaba sobre la cama con varios cuentos esparcidos sobre ella.
-¿Has elegido ya
uno, cielo? –le preguntó.
-No –contestó la
niña. Y añadió-. ¡Tienes muchos cuentos!
-Sí, la verdad es
que sí –reconoció Sara-. ¿A ti te gusta leer, Lucía?
-¡Sí! –exclamó la
niña-. Aunque en casa no teníamos muchos cuentos –añadió.
-Oh, vaya… ¿Qué te
gusta leer a ti?
-Los libros de
Concha López Narváez y Carmelo Salmerón.
A Sara le
sorprendió que la niña conociese ya el nombre de los autores. Creía que le iba
a hablar de dos o tres cuentos que le gustaban.
Concha López Narváez
y Carmelo Salmerón, mujer y marido, era autores de literatura infantil y
juvenil. Tomás es distinto a los demás,
Parasubidas, La Leyenda del Viajero que no podía detenerse… Algunos de sus
libros habían sido bastante premiados y escribían para niños de todas las edades.
-¿Pues sabes qué,
Lucía? Creo que tengo por aquí algún libro de Concha López Narváez…
Buscó por las
estanterías más altas y polvorientas de su habitación, donde tenía los libros
que había leído de pequeña. Tras un rato en el que movió todos los libros que
le habían mandado leer en el colegio, por fin encontró el que había estado
buscando. Su título era El viaje de
Viento Pequeño, y estaba escrito por Concha López Narváez y su marido. Las
bonitas ilustraciones que llevaba corrían a cargo del hijo de éstos, Rafael
Salmerón López. La edad recomendada era a partir de 6 años, pero Sara pensó que
a Lucía le gustaría igual.
Cogió el libro y
la llevó en brazos hasta su habitación. Le dio el biberón y le dijo que se acomodara
para disfrutar de la lectura.
Se metió con ella
en la cama y comenzó a leerle.
-Viento Pequeño
había nacido arriba, en las montañas. En las montañas tiene todo lo necesario
para vivir contento: si le apetece, vuela. Se columpia en las ramas de los árboles.
Va a tumbarse en el prado…
Sara le leía a
Lucía mientras su sobrina se tomaba su biberón recostada junto a ella. Cuando se
lo terminó, lo apartó a un lado y se acurrucó junto a Sara para escuchar más
cómodamente.
Como era de
esperar, se quedó durmiendo enseguida. Lucía salió cuidadosamente de la cama, cogió
el biberón y arropó a Lucía. Le dio un beso en la frente y salió sin hacer
ruido cerrando la puerta tras de sí.
Ya en el pequeño
pasillo, suspiró. Otro día había pasado. Ser madre es mucho más duro de lo que
pensaba. Fue hasta su habitación y sacó las sábanas para cambiárselas a Lucía
por la mañana. Ya había aceptado que se haría pipí.
Y no se equivocó.
A la mañana siguiente, Lucía amaneció con la cama mojada. Seguía igual de
triste que siempre. Sara se dijo que había sido ya la última noche que su
sobrina pasaba mojada y sin poder dormir. La lavó como de costumbre y la llevó
hasta el salón. Tenía que terminar de una vez por todas con esta horrible
rutina matinal tan desagradable tanto para ella como para su sobrina.
Para la Lucía,
mucho peor.
No era sólo que se
sintiese avergonzada, sino que además no podía descansar y tenía que
enfrentarse todas las mañanas a la humillación de unas sábanas mojadas.
Esta era la razón
por la que Lucía pensaba que quizás el pañal no sería una buena solución. Su
sobrina podría verse más humillada llevando un pañal para dormir que
levantándose con pipí.
Esa tarde, Sara
tenía clase de interpretación. Había acordado con Laura que se llevarían a Esteban y Lucía para que se conociesen y
después irían todos al parque a tomar un helado.
Sara tenía muchas
ganas de que Lucía por fin pudiese tener un amigo de su edad. Bueno, más o
menos, ya que Esteban era 3 años menor que Lucía.
Por la mañana dejó
a Lucía viendo la tele después de darle su biberón y estuvo haciendo las tareas
de la casa. Bajó a la lavandería del sótano del edifico y subió con las sábanas
limpias. Tenía una sorpresa para Lucía: su muñeca Peppy estaba limpia.
Cuando se la dio,
su sobrina se puso muy contenta. Saltó en el sofá y le dio un fuerte abrazo a Sara.
Después siguió viendo la tele abrazada a ella.
A las cuatro de la
tarde, Sara y Lucía bajaron al rellano. En la puerta les estaba esperando Laura
dentro del coche. Esa tarde le tocaba a ella llevárselo; Sara y Laura se turnaban
para poder ahorrar en gasolina. Sara se había ofrecido a llevar a Laura porque
sí disponía de otro trabajo y Laura se dedicaba únicamente a actuar, pero su
amiga le había dicho que no quería ni oír hablar de eso.
Cuando salieron a
la calle, Laura les empezó a pitar y a saludar con la mano. Su amiga era muy
extrovertida, era una de las cosas que a Sara más le gustaban de ella.
Subieron al coche,
Lucía se sentó detrás con Esteban y Sara delante.
-Bueno, por fin os
conocéis, Esteban –le dijo Laura a su hijo-. Y por fin te conozco yo, Lucía
–añadió amablemente-. Tu tía me lo ha contado todo de ti. Antes de que vineras,
no paraba de enseñarme fotos tuyas y de decirme la sobrina tan guapa que tenía,
y ahora veo que no se equivocaba –dijo sonriendo.
Sara la miró.
Nunca le había enseñado ninguna foto ni nada por el estilo. Pero Laura era una
auténtica especialista a la hora de ayudar a Sara con su sobrina. Lucía, por su
parte, no dijo nada. Era la primera vez que veía a Laura y Esteban y se
encontraba un poco cohibida. Era una niña muy tímida.
-El que está al lado
tuya que tampoco dice nada es mi hijo Esteban –siguió Laura-. Es también
bastante tímido pero seguro que os acabaréis llevando muy bien.
Llegaron al local
de ensayo. Era una pequeña cochera que habían dispuesto a modo de escenario
para poder practicar las obras antes de representarlas en un teatro más grande.
Sara y Laura saludaron a los demás compañeros y comenzaron con los
estiramientos y los ejercicios de relajación. Les indicaron a Lucía y a Esteban
que podían sentarse en las sillas del fondo.
Lucía estaba sentada al lado de un niño al que
no había visto en su vida. Si ya de por sí se sentía incómoda con los chicos,
con uno al que no conocía era aún peor.
No le gustaba estar con gente desconocida. Al
principio había resultado un cambio muy fuerte irse a vivir con una persona a
la que había visto sólo dos veces en su vida.
Recordaba que antes de irse a vivir con su
tía, prefería irse a cualquier otro sitio. Creía que a lo mejor incluso con la
vecina, pero vino un señor bajo y con voz de pito a su casa y le dijo que tenía
que irse con la hermana de su madre.
Sabía que no podía estar con su mamá porque
se la llevaban al hospital. Por un momento, creyó que la iban a mandar con su
padre, un señor al que veía poco y que cada vez que lo hacía, éste estaba
siempre mareado y le pegaba. Su mamá intentaba protegerla, pero entonces su
papá le pegaba también a ella.
De todas formas, no podía irse a vivir con
él, porque la vecina le había dicho que su papá se encontraba de viaje y que no
sabían cuando iba a volver.
Sin embargo, la persona que la había acogido
resultó ser muy buena. Nunca la regañaba por hacerse pipí en la cama, cuando
sabía que su mamá le habría pegado y su papá también y más fuerte. Tía Sara era
una persona buena que jugaba con ella y le daba el biberón. A Lucía nunca le
habían dado el biberón, sólo se lo preparaba su madre porque con esa cantidad
de leche, estaba bien alimentada, ya que no tenían mucho dinero para comprar
muchos más alimentos.
Pero tía Sara no sólo le daba el biberón,
también la acunaba, le expulsaba los gases y le leía cuentos.
A Lucía nunca le habían leído un cuento.
Se daba cuenta de que estaba empezando a
querer a su tía, de que sentía mucho amor por ella. Una persona que realmente
trataba a Lucía como a una hija. Otra persona seguro que la habría castigado
por hacerse pipí en la cama, como había hecho su abuela con tía Sara. Sin
embargo, Lucía no tenía amigos que pudiesen ver sus sábanas llenas de pipí
tendidas en el balcón.
Hablando de amigos, ahora tenía un niño más pequeño
sentado a su lado. Ambos miraban como su madre y tía Sara hacían teatro. Aunque
en ese momento estaban haciendo una cosa muy extraña para Lucia: estaban
tumbadas en el suelo estirando los brazos y las piernas en posturas extrañas y
echando mucho aire por la boca.
-Mi mamá dice que Sara es ahora como si fuera
tu mamá –dijo de pronto el niño. Esteban se llamaba.
-Algo así. Es quien cuida de mí –respondió Lucía.
-¿Dónde está tu mamá? –le preguntó
-Me dijeron que estaba malita y que tenían
que llevársela al hospital.
-¿Y cuándo va a salir?
-No lo sé –Lucía se encogió de hombros.
-¿Te gustan los superhéroes? –le preguntó de
repente
-No, mucho. Soy más de anime.
-¿Cuál es tu anime favorito?
-Me gusta mucho Pokemon, Monster Rancher Y
Detective Conan.
-¿Has visto la película del castillo
ambulante?
-No.
-¿No has visto El Castillo Ambulante? –dijo incrédulo-.
Jo, pues tienes que verla. Está muy bien.
-Se lo diré a tía Sara.
Siguieron hablando de dibujos animados
durante todo el resto del ensayo. Laura y Sara dejaron las extrañas posturas
para empezar a hablar muy fuerte y con mucha entonación mientras se movían por
el local. Después de una hora y media volvieron a donde estaban ellos.
Sara y Laura
llegaron al sitio donde habían dejado a los niños. Durante el ensayo, estuvo
mirándolos de vez en cuando y se alegró al comprobar que estaban charlando.
-Bueno, ya hemos
terminado –dijo Laura-. ¿Qué tal vosotros dos? ¿Os habéis aburrido mucho?
-No –contestó Esteban-.
Hemos estado hablando de dibujos animados.
-Ya os he visto,
que no parabais de hablar –dijo Laura mirando a Sara y sonriéndole.
-Mamá, Lucía no ha
visto El Castillo Ambulante –dijo Esteban.
-¿No? –se extrañó
Laura mirando a Lucía-. ¿Y cómo es que tu tía no te la ha puesto?
Sara esperó a que
su sobrina contestase, pero viendo que no era así, tuvo que hacerlo ella.
-Hemos visto La
Princesa Mononoke, Terramar y Wolf Children. Poquito a poco.
-Yo esa de
Terramar no la he visto –dijo Esteban.
-¿No? Sara imitó a
Laura-. ¿Y cómo es eso? ¿Es que tu madre no te la ha puesto?
-Vale, lo he
pillado –contestó Laura.
Cuando llegaron al
parque, dejaron que los niños se fuesen a jugar a los columpios. Sara y Laura
los vigilaban desde el banco mientras apuraban sus cucuruchos.
-Bueno, ¿y qué tal
estos días con Lucía? –le preguntó Laura.
-Bien y mal
–contestó Sara mientras lamía su bola de vainilla-. Nos estamos uniendo bastante,
pero sigue haciéndose pipí en la cama.
-Joé, chica –dijo
su amiga- ¿Y cómo está ella?
-Pues fatal. Se levanta
llorando todas las mañanas y no duerme casi nada. El otro día quiso dormir la
siesta, la tarde que vino el asistente social, y se levantó también con pipí
–hizo una pausa-. No había dormido más de dos horas –añadió desolada.
Laura hizo un
ruido de disgusto.
-¿Y qué vas hacer?
–le preguntó.
-He pensado en
ponerle pañales –contestó Sara.
-¿Ponerle pañales?
Tiene 10 años –le dijo Laura.
-Sí… Ya lo sé… Y
es humillante para una niña de 10 años tener que llevar un pañal para dormir… Pero,
¿qué puedo hacer? Lucía se levanta mojada todos los días…
-¿No crees que eso
puede ser peor? –le preguntó.
-¿El qué?
-El tener que
llevar un pañal para dormir. Que si eso puede ser peor que levantarse con la
cama mojada.
-Yo también lo he pensado.
-¿Y?
-Y llegado a la conclusión
de que el pipí se lo va a hacer igual, así que mejor que se levante con pipí en su pañal pero que al menos pueda
dormir, que falta le hace.
Se produjo una
pausa.
-¿Y tú qué opinas?
–le preguntó a Laura.
-¿Yo? –Laura
estaba dándole lametazos a su cucurucho de fresa-. Pienso que como parche para
el problema está bien, pero no es una solución definitiva.
-¿A qué te
refieres?
-¿Cuál es el problema
de lucía? –preguntó retóricamente-. Que moja la cama. Que se hace pipí por la
noche. El pañal no va a conseguir que eso desaparezca, sólo que duerma cómoda.
Así es como tienes que enfocarlo; como un parche mientras solucionas el
verdadero problema.
-¿Entonces estás
de acuerdo en que debería de ponerle pañales?
-Sí –contestó-.
Pero aquí veo otro problema.
-¿Cuál?
-Lucía.
-¿Lucía?
-¿Cómo crees que
aceptará ella que le vas a poner un pañal para dormir? Recuerda que se enfadó
mucho cuando la llamaste bebé.
-Pues supongo que
al principio mal, pero tendré que convencerla de que es lo mejor.
-¿Y cómo vas a
hacer eso?
-Pues con lo mismo
que estamos hablando aquí. No quiero engañarla –contestó-. Le diré que es lo
mejor para que pueda dormir cómoda toda la noche. Cuando vea que ha logrado
pasar una noche entera durmiendo, verá que lo mejor es dormir con su pañal.
Laura río sarcásticamente.
-Buena suerte con
ello –le dijo. Miró la hora en el móvil-. Deberíamos irnos. Esteban tiene que
hacer los deberes.
-Sí… -Sara también
miró la hora-. Y yo tengo que pasarme por el trabajo a llevar la baja por
asuntos familiares.
-Hablando de
deberes, ¿cuándo va a volver Lucía al colegio?
-Pues espero que
pronto, porque la baja por asuntos familiares la tengo hasta que la matriculen
y pueda ir al colegio.
Llamaron a los
niños, pero tardaron en acudir y tuvieron que hacerlo varias veces. En el fondo
a Sara le gustó. Eso indicaba que se lo estaban pasando bien. Era justo lo que
Lucía necesitaba.
Laura los llevó en
coche hasta su edificio. Antes de bajarse, Lucia y Esteban preguntaron cuando
iban a poder verse otra vez.
Sara y Laura se miraron
y se sonrieron.
-Pronto si os
portáis bien –dijo Laura.
Se despidieron de ellos y se bajaron del coche.
31 de enero de 2017
Vuelta al trabajo! (No es trabajo cuando te gusta)
Hola a todas y a todos!
He terminado los exámenes, pero no me preguntéis mucho sobre ello hehehe...
Esta noche, cervezas y Heavy Metal y mañana a seguir escribiendo Lucía quiere biberón!
Os diría todo esto por Facebook pero el Señor Zuckerberg ha decido cancelarme la cuenta. Ha sido gracioso porque me ha puesto un test para ver si era una persona real y conocía a mis contactos, y después de pasarlo me ha dicho que subiese un documento personal rollo DNI o pasaporte y me he negado porque bastante privacidad nos roban ya.
En fin, mi andada en Facebook ha sido corta, y tampoco muy intensa. De hecho, ha sido una kk^^
En fin, bromas a parte. Espero que sigáis todos bien!
Os dejo que me voy de cerves!
(Mañana a escribir, lo prometo)
:)
He terminado los exámenes, pero no me preguntéis mucho sobre ello hehehe...
Esta noche, cervezas y Heavy Metal y mañana a seguir escribiendo Lucía quiere biberón!
Os diría todo esto por Facebook pero el Señor Zuckerberg ha decido cancelarme la cuenta. Ha sido gracioso porque me ha puesto un test para ver si era una persona real y conocía a mis contactos, y después de pasarlo me ha dicho que subiese un documento personal rollo DNI o pasaporte y me he negado porque bastante privacidad nos roban ya.
En fin, mi andada en Facebook ha sido corta, y tampoco muy intensa. De hecho, ha sido una kk^^
En fin, bromas a parte. Espero que sigáis todos bien!
Os dejo que me voy de cerves!
(Mañana a escribir, lo prometo)
:)
13 de enero de 2017
31 de diciembre de 2016
En busca de un agujero de gusano para meterme por él y escribir...
Hola a todas y a todos!
Quería aprovechar para felicitaros la navidad y el año nuevo como marca la costumbre social :)
Pero no sólo voy a limitarme a eso, sino que quiero comentaros algunas cosas sobre el blog y también sobre mí mismo.
Lo primero es que seguro que habréis notado que estoy tardando más en publicar las historias que otras veces. Se debe a lo que me pasa todos años: por esta época estoy estudiando para los exámenes de Enero de la Universidad, pero además este año ha venido con una complicación extra, pues estoy trabajando también por las mañanas porque el alquiler del piso no se paga sólo hehe
Debido a esto me resulta totalmente imposible sacar tiempo para escribir así que hasta finales de Enero, que ya habré terminado de estudiar y estaré más libre, podre volver a escribir y subiros el capítulo cuarto de Lucía quiere biberón.
Otra cosa que quería deciros es que valoro muchísimo que metáis prisa para publicar, se nota que os gustan mis historias y ese es el mejor regalo de navidad que me habéis hecho. Lo que pasa es que he tenido mucha suerte y he ganado lectores por encima de mis posibilidades para escribir, pues si os remontáis a los inicios del blog, los capítulos de Vida de Chris se publicaban cada mes y pico. Ahora, aunque no lo parezca, he aumentado la rapidez de publicación, pero también el número de lectores, sin embargo, tengo límites temporales para escribir y quedan lejos de vuestras ganas de leer, lo que es una suerte, repito :)
Así que eso, felices fiestas y tened paciencia :)
Se os quiere :)
Con una sonrisa detrás de mi chupete,
Tony P.
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