14 de mayo de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 19



Esther



Había llegado temprano a Modas Largue. Fue un insulto que la llamaran para una reunión con tan poca antelación; la noche anterior. Había sido esa insolente de Alicia Sanders, la mano derecha de Karen Largue en la empresa. Pero ya se habían quitado a Karen Largue de en medio. Sin embargo, la reunión había sido convocada por la última persona que esperaban tanto ella como los demás miembros del consejo que ahora dirigían Modas Largue.
John Largue Jr. llegó a la empresa sin carricoche. Andando, flanqueado por Alicia Sanders y la que decían que era su niñera. Iba vestido sólo con la parte de arriba del traje, de manera que el pañal se le veía completamente. Los trabajadores de la empresa giraban sus cabezas sin disimular para verlo mejor. Subió en el ascensor junto con sus dos acompañantes y se dirigieron hasta el antiguo despacho de Karen Largue, el que iban a echar a suertes entre los actuales miembros del consejo para decidir quién dispondría de él. De todo esto le había informado Robert McKenzie cuando llegó a la sala de juntas.
-¡¿Cuánto tiempo se cree ese crío que puede tenernos aquí sentados esperándole como idiotas?! –preguntó en voz alta Evan Lincert.
-Eso sí es que puede hacerlo –apuntó Flotrh Vincent-. ¿Por qué estamos aquí sentados esperándole como idiotas?
-Porque la reunión la ha convocado junto con la ayudante de Largue –contestó Esther-. Deberíamos haberla fulminado a ella también.
-Ahora le estoy empezando a ver algunas lagunas al plan –dijo Gillbert.
-¡SILENCIO! –gritó Vincent-. Nos hemos librado de Largue y mi amigo el juez nos ha garantizado la protección –dijo. El niño este sólo querrá alguna participación en Modas Largue. Se habrá traído a la mano derecha de su madre para impresionarnos y a su niñera para que le cambie los pañales, pero en el fondo no es más que eso: un niño que todavía lleva pañales.
-En realidad, Sr.Vincent –dijo una voz a sus espaldas. Se giraron y en el umbral de la puerta estaba John Largue Jr. acompañado de Sanders y su niñera-, no quiero una parte del capital de Modas Largue. Quiero todo el capital. Y enseguida verá que me corresponde.
-Has perdido la cabeza, niño. Vuelve a meterla entre las tetas de tu madre, que es donde debe estar –le dijo Vincent-. Ah, no. Que está en la cárcel.
Esther cerró los ojos y apretó el puño. Tenía la sensación de que la situación iba a ser complicada, y el estúpido de Florth Vincent no iba a hacer sino empeorarla más.
-Voy a pasar por alto ese comentario, Sr.Vincent –le dijo el niño con pañales mientras avanzaba hacia la mesa, siempre flanqueado por las dos mujeres.
Llegó hasta el asiento que antaño ocupaba Karen Largue presidiendo la mesa, ahora vacío.
Chasqueó los dedos y su niñera lo tomó en peso y lo dejó cuidadosamente sobre el asiento. Se sentó pero su cabeza apenas llegaba a la altura de la mesa. Carraspeó y la niñera le subió el asiento para que al menos pudiera verles.
El hijo de Karen Largue llevaba el pelo lacio peinado por detrás de las orejas. El traje azul con rayas blancas de ejecutivo le venía grande y la corbata roja desentonaba con él, ya no digamos con el pañal. Tenía las mangas del traje demasiado largas para sus brazos, así que le colgaban bastante.
-Buenos días, caballeros –les saludó-. Y buenos días, señora –se dirigió a ella.
A Esther la pareció que esa falsa complicidad era el preludio de algo muy gordo que estaba a punto de venir.
-¡¿Qué diablos quieres, Largue?! –le preguntó bruscamente. Enseguida se arrepintió. Ese niño tenía 12 años y todavía llevaba pañales, usaba chupete, dormía en cuna y tomaba teta. Era muy caprichoso y tenían que ir con cuidado. Aunque no tenían nada que temer. Legalmente, la empresa ya no era suya. Había desaparecido su parte junto con la reputación de su madre.
-Vengo a informarles de un pequeño documento legal que quizá hayan pasado por alto -les dijo-. Alicia…
-¡Vuélvete a tu cuna, bebé! –le gritó McKenzie, que era la primera vez que abría la boca.
-¡Yo no soy un bebé! –le gritó Largue agitando sus puños y golpeándolos sobre la mesa-. Dejé de ser un bebé el día que metisteis a mi mamá en la cárcel, monstruos.
-¡Ooh…! ¿El pequeño bebecito echa de menos a su mamacita? –le dijo Gillbert en tono irónico.
-¡¡Yo no soy un bebé!! ¡Soy un niño! ¡Un niño mayor! –gritó saltando sobre la silla.
-¿Un niño mayor que lleva pañales? –le dijo riéndose Lincert.
-¡No adelantes conclusiones, estúpido! –le dijo Largue agitando los brazos.
Su niñera carraspeó. El bebé pareció recordar por qué había ido allí y volvió a sentarse en su asiento.
-Bien –dijo-. Como les decía, mi nueva ayudante ha encontrado un documento que creo que podría ser de su interés. Alicia, cuando quieras.
La antigua ayudante de Karen Largue se acercó hasta la mesa, puso su maletín encima y sacó un papel.
-Buenos días, señores –lo extendió frente a ella y comenzó a leer-. Por la presente, si en algún momento Karen Largue, de ahora en adelante la propietaria, se viera incapacitada para seguir ejerciendo su dirección sobre la empresa por alguna razón que no sea enfermedad o cualquier otra indisposición médica, el capital, no sólo de la propietaria sino de toda la empresa pasará de forma íntegra a su hijo John Largue Jr., de ahora en adelante el sucesor. Si el sucesor fuera menor de edad, la propietaria deberá elegir a la persona o personas que ella considere oportunas para ayudar a su hijo en la tarea de dirigir la empresa. Firmado John Large Sr., a fecha de tal tal tal y el notario tal tal. Aquí les paso una copia del documento para que la lean, caballeros – Sanders les fue pasando unas hojas a todos que leyeron en silencio, pues se habían quedado mudos.
Esther no se lo podía creer. El documento parecía real. Era auténtico. Todo lo que habían planeado tan cuidadosamente se iba al garete por ese papel.
-¿Qué me impide quemar este papel y decirle a seguridad que os expulsen de aquí? –preguntó Vincent.
-Nada –respondió Alicia-. Pero dudo que te hagan caso, ya que el abogado de la familia Largue ya tiene este documento y lo ha puesto en manos de un juez que no haya jugado contigo al mus en la cafetería de la universidad, Florth.
-¿El abogado de la familia Largue? ¿Y quién coño es el abogado de la familia Largue? –preguntó McKenzie.
-Yo –respondió Alicia.
-¡Esto es una tontería! –gritó Vincent-. Demostraré que esto es falso y os pondré a todos de patitas en la calle. Empezando por el bebé este. ¡Tendrá que usar un periódico como pañal!
-¡¡¡YO NO SOY UN BEBÉ!!! –gritó Largue subido a la mesa, con los puños cerrados y dando saltos.
Su niñera corrió hacia él.
-Tranquilízate, Jackie –le dijo mientras lo sujetaba delicadamente.
-¡NO! ¡No quiero tranquilizarme! ¡Me ha llamado bebé! ¡Y yo no soy un bebé! ¡No soy un bebé! –se tiró sobre la mesa bocabajo y comenzó a patalear-. ¡No soy un bebé! ¡No lo soy! ¡No lo soy! ¡No soy un bebé!
Su niñera sacó un chupete de su bolso y se lo metió en la boca en uno de sus gritos.
-¡No soy un bebé! ¡No soy…! –y se calló de repente. Empezó a chupar muy fuerte su chupete con los ojos abiertos
La niñera lo cogió en peso y lo tomó.
-Ya está, Jackie –le decía-. Shh… Ya pasó.
Los miembros del consejo se quedaron de piedra. ya lo habían visto berrear en la televisión cuando le estaba lloviendo comida, pero verlo en directo era muy diferente. Ese niño era un completo bebé.
El niño se giró se movió inquieto en sus brazos y se giró para mirarles a ellos.
-¡Mirad lo que habéis conseguido! ¡Habéis hecho que me moje encima!
Los cinco se intercambiaron miradas de vergüenza ajena. El niño chasqueó los dedos y su niñera lo tumbó sobre la mesa. Sacó de su bolso un pañal y se dispuso a cambiarlo.
Le levantó un poco la chaqueta del traje y le desabrochó las cintas del pañal.
-Bien, como habéis podido comprobar –decía mientras le cambiaban-, ahora soy el nuevo propietario de Modas Largue –su niñera le extrajo el pañal levantándole las piernas-. Voy a hacer un cambio drástico en la producción con la que abarataré costes, que no personal –le empezó a limpiar-. Voy a lanzarme hacia un mercado que dominaré pues la competencia será mínima y cuento con buenos asesores –le levantó las piernas y le pasó el pañal nuevo. Se lo sujetó con las dos cintas y Jackie se incorporó de un salto-. Por cierto, vosotros cinco estáis despedidos –dijo-. Creo que eso estaba claro. ¿Dije que no iba a abaratar costes de personal? Ups, mentí.
-¿Crees que vas a echarnos sin más? –le preguntó en tono amenazador Vincent.
Jackie Largue fue andando sobre la mesa hasta donde estaba él. Esther vio como la niñera se movía nerviosa.
-No es que lo crea. Es que acabo de hacerlo –dijo.
Vincent le miró con odio. Parecía que estaba a punto de lanzarse sobre él.
-Con lo que nos ahorraremos en vuestro sueldo, salvaremos la compañía de la ruina en la que la habéis dejado –dijo Alicia mirando sus papeles-. Además, servirá para subirle el sueldo a los trabajadores y volver a contratar a todos los que despedisteis. Con la nueva línea de producción no necesitaremos la mitad de las plantas del edificio, por lo que podremos alquilarlas y sacar un beneficio extra que terminará por sanear la empresa.
John Largue se había vuelto a su asiento.
-Así es –continuó Sanders-. Las cosas van a cambiar. Con vuestra salida se acaba un periodo de oscuridad en Modas Largue en el que, no voy a negarlo, también participó Karen Largue. Pero ahora  va a volver a ver la luz, porque no sólo vamos a hacer las cosas bien, sino que las vamos a hacer con justicia.
-Un gran discurso, Sanders –le dijo Esther, que estaba ya cansada de estar callada-. Pero podemos comprar de nuevo nuestra participación en la empresa y mantener nuestros puestos.
-No, no podéis –les dijo el bebé desde su asiento-. Resulta que ya he adjudicado vuestra participación a otras personas. Alicia, si eres tan amable…
Sanders le pasó un documento que Jackie Largue empezó a leer.
-Un 50% del capital de Modas Largue me lo reservaré para mí, Jackie Largue, para no tener un control total de la empresa y hacer que las decisiones se tomen siempre de manera democrática. Un 40% será para Cindy Sarahson, aquí presente, por haber demostrado su cariño hacia mí, cuidarme como a un hermano pequeño y ser amable y buena de corazón. Un 16% será para Alicia Sanders, aquí presente, por haberle mostrado una fidelidad exquisita a mi madre y ser digna tanto de su confianza como de la mía, por su profesionalidad y su buen hacer. Stuart Smiler y Betty Bennett recibirán ambos un 2% de las acciones por haberse percatado de las pérdidas de Modas Largue antes que nadie y ser unos grandes responsables del departamento contable. Finalmente, el 5% restante será para Charlotte Sarahson, por ser simplemente una gran personita que lo ha pasado mal y para augurarle un futuro en el que no le falte de nada –terminó de leer y levantó la vista-. No veo su nombre en este papel, caballeros. Será mejor que se marchen de aquí.

8 de mayo de 2016

Se acerca el final de Canción de Leche y Pañales...

Hola, chicas y chicos!
Pues sí, cómo habéis leído en el título se acerca el final de Canción de Leche y Pañales; de hecho, quedan sólo dos capítulos que serán publicados en breve... El penúltimo lo tendréis la semana que viene, y no tardaré mucho en publicar después el último.
Canción de Leche y Pañales es la historia más larga que he escrito hasta la fecha y en la que un mayor número de personajes han salido. Le tengo un cariño especial y espero que disfrutéis leyendo el final tanto como yo escribiéndolo.
Quería deciros que estos dos capítulos que quedan van a servir ambos de conclusión, para cerrar la historia desde el punto de vista de dos personajes diferentes. Si toda la historia está claramente influenciada por las novelas de Juego de Tronos: Canción de Leche y Fuego (de hecho el primer capítulo es un homenaje total a la primera aparición de Robert Arryn en los libros), en el penúltimo capítulo he querido hacer un homenaje al Sr.B, un adulto en un cuerpo de bebé que aparece en la serie Código KND (KND Los Chicos del Barrio en Latinoámerica). Si no habéis visto ese capítulo, os lo recomiendo. El Sr.B es un Adult Baby total. Lo tenéis en una entrada del blog, de hecho. De todas formas, tenéis al Sr.B en la foto de la parte derecha del blog :)
Una última cosa: ya he actualizado la página con la historia completa de Canción de Leche y Pañales. Así que ya podéis leer la historia hasta la fecha en un mismo sitio.
Nada más!
Nos leemos!

30 de abril de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 18



Jackie



 Charlotte apagó la luz y Jackie se quedó abrazado a Ronnie, dentro de las sábanas, moviendo su chupete y pensando en la oscuridad. Pensaba en todo lo que le acababa de mostrar Charlotte. Le había enseñado un mundo completamente nuevo del que él no conocía nada en absoluto. Habían muchos más como él. Mucha más gente que llevaba pañales, usaban chupete o incluso dormían en cuna. Jackie siempre se había sentido único y la vez sólo por ser como era, pero conociendo a Charlotte y a todas las demás personas que le había mostrado, veía que eran como un pequeño grupo que tenían muchas cosas en común. Jackie quería conocerlos a todos. Era gente con la que podía encajar, como Charlotte. Eran bebés como ellos. A él no le interesaba todo eso de Adult Baby o Diaper Lover. Para él eran bebés.
Pero también había algo que le había entristecido. Jackie nunca se había dado cuenta de lo afortunado que era por tener todas esas cosas de bebé: pañales, bibes, cuna, carricoche… Pero había gente como él que no podían tener esas cosas porque eran muy grandes y ya no les cabían los pañales de bebés ni ellos cabían en las cunas de bebés. Y les resultaba muy difícil encontrar esas cosas de su talla. Eso ponía muy triste a Jackie. Ser bebé es genial. Es lo mejor del mundo. Y saber que había gente que no podía serlo porque no encontraba pañales de su talla lo entristecía mucho. Jackie llevaba unos días experimentando un sentimiento nuevo que no había conocido hasta ahora: la empatía.
Pensaba que bastantes problemas tenían ya algunos de esos bebés escondiendo su faceta por miedo a que la sociedad cruel los rechazase como para no poder experimentarla totalmente. Era muy injusto. Y había que hacer algo. Con ese pensamiento se dispuso a dormir, no sin antes palparse su pañal por fuera del pijama y recordarse a sí mismo lo afortunado que era.
Se despertó con un suave meneo en el hombro. Era Cindy. Lo zarandeaba delicadamente y le susurraba que ya era hora de despertarse, que iban a ver a su mami. Jackie se incorporó y miró hacia su derecha. Charlotte aún dormía abrazada a Mordisquitos. Cindy fue a despertarla también. Le tocó el hombro como a Jackie y le dio un beso de Buenos días en la frente. Charlotte se desperezó estirando sus bracitos con los puños cerrados y abriendo mucho la boca para bostezar. Cindy se incorporó y se apartó un mechón de pelo de la cara. Se dirigió hasta la cuna plegable de Jackie y le dio su biberón de leche calentita. Jackie lo aferró con sus manitas y comenzó a tomárselo. Cindy se dirigió hasta la cama de Charlotte y le preguntó cómo había amanecido.
-Tengo pipí –le contestó sonrojándose un poquito a la vez que se reía.
Cindy comenzó a cambiarle el pañal. La tumbó bocarriba y le bajó los pantaloncitos del pijama. Le desabrochó las cintas del pañal y se lo extrajo. Jackie miraba cómo le quitaban el pañal a Charlotte. En ese momento, ella lo miró. Jackie entendió su mirada y asintió mientras se tomaba el biberón.
-Cindy… -empezó Charlotte.
-Dime, cielo –le dijo su hermana mientras la limpiaba.
-¿Me puedes poner otro pañal? –le preguntó en voz bajita y muy rápido.
Pero Cindy la entendió. Y no puso ninguna cara de extrañeza.
-Claro que sí, mi vida –le dijo sonriendo.
Charlotte también sonreía, muy tímidamente, pero sonreía.
Cindy cogió otro pañal del armario y se dirigió hasta donde estaba Charlotte tumbada. Le levantó las piernas y le pasó el pañal por debajo. Luego le pasó la parte delantera entre las piernas y se lo sujetó con las dos cintas. Después la tomó en peso y le empezó a dar golpecitos cariñosos en el pañal.
-Ay, mi bebé –decía-. Que ya lleva pañalito de día.
La dejó sentada sobre la cama y fue hasta la cuna de Jackie. Lo sacó y lo puso sobre la cama de Charlotte.
-Venga, Jackie. Que ahora te toca a ti el cambio de pañal.
Le desabrochó los botoncitos del pijama y le extrajo con cuidado los brazos de las mangas. Jackie se pasó el biberón de una mano a otra para que Cindy lo tuviera más fácil. Después le sacó las piernecitas y Jackie se quedó desnudo a excepción del pañal. Cindy le desabrochó las cintas y le extrajo el pañal. Le levantó el culito tirándole hacia arriba de las piernas y comenzó a limpiarle. Todo esto mientras él se tomaba el biberón. A continuación, le volvió a levantar las piernas para pasarle el pañal nuevo por el culito. Cuando lo tuvo bien colocado, le pasó por la entrepierna la parte delantera del pañal y se lo sujetó fuertemente con las dos cintas adhesivas.
De esta manera, sobre la cama de Charlotte estaban ella y Jackie llevando los dos un pañal. Ella abrazada a Mordisquitos y él tomándose el biberón.
-Ooooooooh –exclamó Cindy con una ternura que Jackie no había oído nunca en su voz-. ¡Pero que monos que estáis! Esperad aquí que voy a por la cámara.
Volvió enseguida y cuando fue a echar la foto, Jackie le dijo que esperase, que no quería que el bibe le tapase la cara, y lo dejó a un lado. Charlotte hizo lo mismo con Mordisquitos y abrazó a Jackie. Éste, sorprendido en un principio, le devolvió el abrazo. Y mientras los dos miraban a cámara, Cindy sacó la foto.
-¡Pero que monos que salís! –exclamó de nuevo Cindy mientras veía la foto en la pantallita de la cámara.
Jackie y Charlotte se miraron, y él volvió a su bibe, que ya estaba casi vacío. Cindy tomó en peso a Jackie y a Charlotte de la mano y los llevó hasta la cocina. Allí, sentó a Jackie en una silla, le puso a Charlotte su tazón de leche con cereales y se preparó un café para ella.
Cuando acabaron los tres de desayunar, Cindy le dijo a Jackie que la secretaria de su mami, Alicia, iba a acompañarlos en su visita a la cárcel, que la había llamado anoche y tenía que decirles algo muy importante a los tres. Jackie asintió y a los diez minutos estaba vestido y esperando a Cindy junto a la puerta. Ella venía de darle las últimas instrucciones a Charlotte, que se iba a quedar sola.
-… Y si llaman al timbre, no abras. Miras primero por la mirilla y si es alguien que conoces entonces sí. No enciendas el gas. No cojas cuchillos… Y creo que eso es todo.
-No me has dicho que no queme la casa –Charlotte apareció detrás suya llevando sólo una camiseta y el pañal.
-Ah, se me olvidaba –contestó Cindy irónicamente, siguiéndole el juego a su hermana-. El extintor está en la cocina –hizo una pausa en la que le sonrió-. Ten cuidado anda.
Y salió con Jackie de la casa.
En el trayecto hasta la cárcel, Jackie iba sentado en la parte de atrás del coche. Miraba la carretera, nervioso y excitado, pues tenía muchas ganas de ver a su madre. Mientras, Cindy no dejaba de darle vueltas al hecho de haber dejado a su hermana en casa e iba pensando en voz alta.
-Que no abra la puerta, no encienda el calentador… Creo que se lo he dicho todo, y aún así, tengo la sensación de que me he olvidado de algo importante…
Llegaron a la puerta de la cárcel. Era un edificio rectangular con murallas muy altas y una alambrada de espino que coronaba la parte superior. Salieron los dos del coche. Alicia les estaba esperando en la puerta.
-Buenos días, Cindy. Hola, John –les saludó.
-Mejor Jackie –contestó él.
Alicia asintió.
-¿Pasamos? –dijo.
-Por supuesto –respondió Cindy.
Tuvieron que atravesar varios controles en los que todos fueron cacheados. Jackie se puso muy nervioso cuando le tocaban por la zona del pañal, avergonzado un poco de tener que llevar un pañal y ser un bebé en un sitio público, pero luego recordó que gracias a los periodistas de la prensa amarilla, todo el mundo sabía que llevaba pañales.
Llegaron a la sala de visitas y se sentaron en una de las mesas redondas que poblaban la habitación. Al poco, su madre apareció por la puerta del fondo, con una mono naranja, el pelo recogido en una coleta, esposada y flanqueada por dos guardias. Jackie se levantó para ir corriendo a darle un abrazo, pero Alicia lo sujetó.
-Espera un momento. Es mejor no hacer movimientos bruscos.
Su madre se acercaba, y al verlos, dirigió su mirada hacia él y sonrió. Se le escaparon unas lágrimas. Se sentó en la mesa y los guardias le quitaron las esposas.
-Tenéis quince minutos –dijo uno de ellos, y ambos se marcharon.
-¡Mi bebé! –dijo su mamá cuando se fueron.
Jackie se levantó y la abrazó. Ambos se cubrieron de besos por toda la cara, se abrazaron muy fuerte. Su madre, lo tomaba sobre su regazo y le daba golpecitos en su pañal.
-¡Aaaaay, mi bebé! –exclamó-. ¡Tenía tantas ganas de tenerte entre mis brazos! ¿Quieres teta, mi amor?
Jackie dudó un momento. Y esto le sorprendió, pues era la primera vez en su vida que no contestaba con un sí rotundo y feliz cuando su mami le preguntaba si quería teta. De todas formas, ya estaba mamando de su seno, succionando leche con sus labios pegados al pezón de su mami, así que ese pensamiento se le fue de la cabeza enseguida.
-Han tenido que darme un sacaleches para poder sacarme la leche durante estos días, porque las tetas me iban a reventar. Aunque últimamente parece que no producen tanta leche –le dijo a Cindy y Alicia.
Y era verdad. Jackie notaba las tetas de su madre más pequeñas de lo normal.
-Me alegro de verla, Karen –dijo Alicia.
-Y yo, señora –corroboró Cindy.
-No me llames señora, Cindy –le dijo su mami-. tengo entendido que mi hijo te ha nombrado jefa en funciones de la Mansión Largue.
-Así es, Karen –contestó Cindy. Jackie podía notar su voz un poco temblorosa-. Aún así, la última palabra la tiene siempre Jackie. Yo sólo intento darle los mejores consejos.
-Y muy bien que lo haces, Cindy. Y se nota que Jackie te escucha. Mi hijo no habría podido hacerlo sin ti. Y yo no habría podido elegir mejor a su niñera.
-Cindy es mi amiga –dijo Jackie sin despegar la boca de la teta, que estaba siguiendo la conversación, pues la teta de mami no la estaba disfrutando tanto como lo hacía antes.
-Bien, si podemos ponernos ya con el tema que nos ocupa… –dijo Alicia.
-Alicia es una mujer que vive para su trabajo, Cindy. Ya la irás conociendo –dijo su madre-. Y extraordinariamente bien que lo hace –añadió.
-Gracias, Karen –contestó. A continuación abrió su maletín y empezó a sacar papeles-. Bien, como ya sabemos, los únicos que tenían acceso a todas las cámaras de seguridad eran los miembros del consejo, cada uno de ellos controlaba una zona de las cámaras. Y como hemos perdido parte de la grabación de todas ellas, podemos afirmar que se trata de un complot. Y éste no tenía otro objetivo que desacreditar a Karen Largue. Que no haya imágenes en las cámaras de seguridad del día en el que asesinaron a Gertrudis y a Emma es la prueba de que cada miembro del consejo borró la parte de las cámaras que controlaba.
-¿Y la parte de Karen? –preguntó Cindy.
-¿Perdón?
-La parte de Karen. Las cámaras que controlaba ella. ¿Ahí no se ven pruebas de lo que pasó ese día?
-Las cámaras de Karen sólo están situadas en la planta en la que se encuentra su despacho. Y no la pisaron en ningún momento ese día.
-Qué lástima… -Cindy estaba decepcionada.
-Lo sé –Alicia continuó-. Sabiendo esto, podemos deducir que fueron ellos los que asesinaron a Gertrudis y a Emma, aunque no podemos demostrarlo, ya que la hora y la fecha de las cámaras de seguridad ha sido editada; y a ojos del juez y la fiscalía, no se ha producido ningún corte en la grabación, por lo que se puede deducir que durante esa parte de la grabación que ha sido borrada, fue cuando tuvo lugar el asesinato de Gertrudis y Emma.
-¿Cómo han editado la fecha y la hora de las grabaciones? –preguntó su madre.
-Al borrar una parte de la grabación, la hora que aparece en la pantalla sufre un corte. Lo que han hecho ha sido retrasarla, para que ese corte nunca se haya producido.
-¿No podemos demostrar que ha sido una manipulación? Por ejemplo, con los relojes de pared que hay por los pasillos. Si las cámaras los han grabado y éstos marcaban una hora distinta… -sugirió Cindy.
-Lo he pensado –contestó Alicia-. Pero he hablado con abogados y me han dicho que como mucho, eso podría considerarse una prueba circunstancial, ya que los relojes puede ser que vayan adelantados –hizo una pausa-. En cuanto a la muerte de Emma y Gertrudis, al no haberse encontrado el arma del crimen, el juez ha dictaminado que se mataron entre ellas por una discusión sobre fidelidad a la empresa que se les fue de las manos.
-¡¿Qué clase de gilipollez es esa?! –gritó su madre, que se movió y Jackie tuvo que volver a recostarse para seguir mamando, aunque ya lo hacía por inercia-. ¡¿De dónde ha salido ese juez?!
-He estado investigando. Se llama Cells Wolves. Tenía una sociedad hace unos años con Terry Gillbert y fue compañero de la universidad de Florth Vincent. Está untado hasta las cejas.
-¡Me cago en todo! –gritó su mami de nuevo.
Jackie también estaba furioso. Dejó de tomar teta y se sentó, aún sobre el regazo de su madre, para escuchar más atentamente.
-También he descubierto cual ha podido ser el móvil causante de todas estas desgracias contra su familia, Karen.
-¿No es suficiente con el odio que tiene a mi familia Florth Vincent? –Preguntó irónicamente mientras se guardaba la teta.
-El día que aparecieron los cadáveres de Emma y Gertrudis, fui a casa de ambas para darles el pésame a sus familias en nombre de Modas Largue. Y lo que pasó en casa de la última me dejó fría. Fui recibida de malos modos, me dijeron que Gertrudis odiaba a la familia Largue por tenerla como una esclava trabajando y por no haberle subido el sueldo ni un centavo durante todos sus años de servicio. Me dijeron, y aquí viene lo gordo, que lo mejor que pudo hacer Gertrudis fue traicionarla y decirle a Florth Vincent que su hijo todavía llevaba pañales, usaba chupete, dormía en cuna y… Bueno, todas esas cosas… Y que eso hizo que los miembros del consejo trazasen todo el plan de obligarte a mostrar a tu hijo en público. Ellos querían organizar un disturbio para que la verdadera faceta de Jackie saliese a la luz, pero que de eso te encargaste tú despidiendo a todos esos trabajadores que montaron el piquete en la puerta del hotel.
Jackie estaba realmente furioso. Esa panda de gente había arruinado a su madre, la habían separado de él y casi habían destrozado toda su vida. Sentía su sangre hervir.
-Quiero verlos fuera. Fuera de la empresa de mi familia, fuera de mi vida. Y quiero sus cabezas. Empezando por la de Vincent.
¿Quién había dicho eso? Jackie se sorprendió. ¡Un momento! ¡Había sido él! ¡Esas palabras salieron de su boca! ¿No era genial?
-Hay una posibilad –dijo Alicia mirando a su madre-. He estado rebuscando en los papeles de Modas Largue y he descubierto la solución –sacó un papel de su maletín y lo puso de manera que su madre pudiera leerlo-. Es un documento de John Largue Sr. y firmado por un notario, lo que le da validez legal, que establece que en el caso en el que su mujer no pudiese seguir al frente de Modas Largue, la empresa pasaría directamente a manos de su hijo Jonh Large Jr. y éste dispondría de todo el capital de la misma para hacer uso como considere oportuno. Y en el caso de que su hijo fuese aún menor de edad, éste podría disponer de alguien de confianza elegido por Karen Largue para que le ayudase en la tarea de dirigir Modas Largue.
-¿Mi ex-marido ha firmado eso? –se extrañó su madre.
-Sí, señora –respondió Alicia-. Es evidente que sabía que algo así podría pasar más pronto que tarde y quería asegurarse de que teníais las espaldas cubiertas.
Su madre parecía muy feliz. Increíblemente feliz. Y Jackie también. El cúmulo de emociones que acababa de sentir hizo que se hiciese pipí encima. Pero no le importó en ese momento. Ya le cambiarían el pañal luego. Lo importante era que podría deshacerse de todos los que casi le arruinan la vida.
-¿Dice ahí algo de que no pueda elegir a dos personas para que aconsejen a mi hijo para dirigir la empresa? –preguntó su madre.
Alicia lo leyó por encima.
-No, señora.
-Bien, porque quiero que seáis vosotras dos –hubo una pausa en la que Alicia y Cindy miraron a su madre-. Alicia ha demostrado que está más que capacitada para dirigir una empresa. Mirad toda la tierra que ha movido para salvarnos el pellejo, se lo merece. Y seguro que le dará a mi hijo los mismos buenos consejos que me ha dado a mí. Y Cindy es como una segunda madre para Jackie. Pero más que eso, es como su hermana, su confidente… Pero más importante que eso: es su amiga y se quieren. Confío en que sepa llevar siempre a mi hijo por el buen camino y que le dé un toque de atención cuando se desvíe del mismo para que no cometa los mismos errores que ello, como en el caso de Gertrudis.
Acordaron un nuevo reparto del capital de Modas Largue, ya que Jackie quería repartirlo entre las personas que a su juicio lo merecían. Él se limitó a decir  para quiénes quería que fuera, y su madre, Alicia y Cindy a darle el visto bueno. Sobre todo, estas dos últimas.
Se despidieron de su madre. Jackie le da un fuerte abrazo y promete venir a verla en cuanto pueda. Ella le dice que no es necesario. Que no le gusta que la vea así. Que sea muy bueno y que cuide de todo. Que ya no es el bebé que era, que ya es mayor.
-¡Yo no quiero dejar de ser bebé! –le dice mientras la abraza.
-Y no dejes nunca de serlo, mi amor. Pero ahora la gente te tiene que ver fuerte. Vas a entrar en un mundo difícil, y tienes que estar preparado.
Durante el trayecto de vuelta al piso de Cindy, Jackie no dijo nada. Iba en silencio pensando. Había algo que se le escapaba y no conseguía saber qué era. Cindy tampoco decía nada. Conducía en silencio, aunque Jackie sabía que estaba muy feliz.
Llegaron al apartamento, y al abrir la puerta, Charlotte se les echó encima.
-¡¡Cindy!! ¡¡Por fin habéis vuelto!! –y abrazó a los dos.
-¡Claro que sí, Charlikity! –contestó Cindy mientras le revolvía el pelo-. No hemos estado fuera tanto tiempo.
-¡Pero tengo pipí en el pañal y no había nadie para cambiarme! –y pegó la cabeza al cuerpo de Cindy y empezó a llorar.
-¡Oooh, Charlikity…! –Cindy se puso de rodillas para estar a su altura y la abrazó-. ¡Eso era lo que se me olvidaba! Ahora que llevas pañal, no te puedes quedar sola, mi vida. Necesitas a alguien para que te cambie. Pero no te preocupes, mi amor, que a partir de ahora no te voy a dejar sola nunca.
-¿Me lo prometes? –le preguntó Charlotte haciendo pucheros.
-Te lo prometo, mi vida –afirmó Cindy mientras levantaba la mano a la altura de su cara, en un gesto muy solemne-. Ale, vamos a cambiarte ese pañal, que mi bebecita tiene que estar sequita –y se fue de la mano con ella hacia su habitación.
-Eeeeh… -empezó Jackie-. Yo también tengo pipí.
Cindy rió.
-Pues venga, mi otro bebé –y lo cogió también de la mano-. Vamos a cambiarte a ti también el pañal, que mis bebecitos tienen que estar sequitos.
Cindy los cambió. Luego les dio la comida. Se comportaba con Charlotte como si fuera una bebé como Jackie: le dio de comer, le hizo mimitos, la tomó… Después pasaron ella y Jackie toda la tarde juagando sobre la alfombra del salón. Era la primera vez que tenía una amiga de su edad con la quien jugar. Cindy los cambió de pañal, les dio la cena y luego vieron los tres una película abrazados sobre el sofá. Cuando llegó la hora de dormir, Cindy llevó primero a Charlotte a su cama y luego a Jackie a su cuna. Les volvió a cambiar el pañal a los dos, y no fue hasta que Cindy le dijo a Charlotte que esos pañales se le iban a quedar pequeños enseguida cuando Jackie se acordó de lo que se le había escapado hasta ese momento.
Sonrió y dejó que Cindy le cambiase el pañal. 

9 de abril de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 17



Charlotte



Charlotte estaba ensimismada contemplando a Jackie. Su hermana ya le había hablado mucho de él y ella le había preguntado mucho por él. Pero una cosa era oír lo que le contaban y otra verlo con sus propios ojos.
Jackie parecía incapaz de valerse por sí mismo. Al llegar al piso, ella había tenido que ayudarle a quitarse el traje que llevaba, y luego él le pidió que le tumbase sobre la cama para ponerle el pijama, porque no sabía cómo hacerlo. Después, Jackie buscó en su maleta el chupete y el alce de peluche y los tomó consigo. Se puso el chupete en la boca rápidamente y abrazó a su peluche, muy parecido a como ella abrazaba a Mordisquitos. Se habían quedado un rato en silencio sin saber muy bien qué hacer, hasta que ella le sugirió para romper el hielo de ir a ver la televisión. Y allí permanecieron en un silencio roto únicamente por el ruido de la televisión y el chupeteo de Jackie.
Charlotte lo miraba de soslayo de vez en cuando con cierta admiración y envidia. Jackie era un bebé. Tenía que llevar pañales, usar chupete y tomar teta. Y todo el mundo lo veía como algo normal. A nadie le extrañaba que un niño de 12 años todavía se comportase como si fuera un bebé. Él podía ir por ahí llevando su pañal mientras ella tenía que esconderse para chuparse el dedo. Era injusto ver como nadie le repudiaba por ser un bebé y ella tenía que escondérselo a sus padres.
Sin embrago, lo suyo era diferente. Ella a ojos de la gente, llevaba pañales para dormir porque mojaba la cama. Nadie sabía que en realidad le gustaba jugar a que era una bebita y su hermana o su mami le cambiaba el pañal.
Por eso sentía fascinación por Jackie y siempre le preguntaba a su hermana por él. Y ahora lo tenía delante suya; llevando un pañal mientras su hermana le daba palitos en la espalda para que expulsase los gases.
-Es un bebé –le dijo sin mover los labios.
Cuando ya hubo eructado un par de veces, Cindy volvió a sentar a Jackie en la silla. Jackie se puso inmediatamente el chupete en la boca.
Charlotte lo contempló sin darse cuenta que el pescado que tenía en el plato se le estaba quedando frío.
-¡Charlotte! –dijo de pronto su hermana mientras daba una palmada al lado suya-. Cómete el pescado, vamos –le dio un beso en la frente muy suave.
Charlotte acachó la cabeza y siguió comiendo.
-A ver, Jackie –dijo su hermana al nuevo huésped de la casa-, ven aquí que te de las natillas –y lo sentó encima suya.
Charlotte sintió un poco de envidia. Ella también quería que su hermana le diera las natillas y la sentase sobre su regazo. Quería llevar pañal siempre y chuparse el dedo delante de todo el mundo. Quería que su madre le diese teta… Al acordarse de esto último, sintió un pinchazo en el corazón y se le empezaron a humedecer los ojos. Vio el pescado que tenía sobre el plato borroso, hipó y una lágrima le empezó a recorrer la mejilla. Y después de eso, dos torrentes de lágrimas le empezaron a caer de los ojos y lloraba desconsoladamente. Cindy dejó a Jackie rápidamente sobre la silla y corrió a abrazarla. Le sujetó la cabeza y la pegó contra su pecho mientras le acariciaba el pelo y lloraba con ella. Charlotte pensó que su hermana no le diría nada, y si lo hacía, a ella no le importaba, pero lo necesitaba. Así que empezó a chuparse el dedo.
Enseguida sintió otros brazos que la rodeaban. Jackie se había levantado de su sitio y las había abrazado a las dos, mientras lloraba en silencio con su chupete puesto. Los tres habían perdido a sus madres. Eran tres personas unidas por el dolor.
Lloraron en silencio un rato más. La primera en recomponerse fue su hermana. Se separó de ellos y los dejó abrazados mientras se secaba lo ojos.
-Bueno… Basta ya de llorar, que vamos a inundar la casa y le vamos a hacer goteras a la vecina de abajo –dijo-. Venga, vamos a recomponernos, chicos –dijo con dulzura.
Charlotte soltó el brazo con el que abrazaba a Jackie y se sacó el pulgar de la otra mano de la boca. Estaba un poco arrugado. Miró a su hermana, pero ella no le dijo nada. Sólo le sonrió.
Cindy trajo su silla al lado de la de Charlotte y sentó a Jackie encima. Abrió unas natillas y empezó a dárselas despacio. Jackie abría la boca dócilmente y dejaba que su hermana le diera de comer.
-Bueno, Charlotte –dijo su hermana de forma divertida sin dejar de mirar a Jackie-, ¿qué te parece nuestro invitado?
A Charlotte le pilló por sorpresa. Era muy tímida con la gente que no conocía.
-Bien… -dijo casi en un susurro.
-¿Habéis hablado algo? –siguió Cindy.
-No… -contestó Charlotte-. Bueno, le he ayudado a ponerse el pijama y nada más –dijo con la esperanza de que se hablase sobre Jackie y del porqué de que llevase pañales todavía, ya que no se atrevía a sacar el tema.
-¿Sí? –su hermana se dirigió ahora a Jackie-. ¿Te ha ayudado Charlotte a ponerte el pijama?
Jackie asintió en silencio mientras tragaba.
-Que bonica –dijo Cindy mientras le daba un beso en la mejilla.
En ese momento, Jackie habló. Era la primera vez que lo hacía desde que Charlotte lo conocía, ya que hasta ahora, sólo había hablado con gestos, pero lo que dijo era una de las cosas que Charlotte más curiosidad tenía por oír. No por la frase en sí, sino por lo que venía a continuación.
-Cindy, tengo pipí.
-¿Te has hecho pipí, Jackie? –le dijo su hermana. Obviamente era una pregunta retórica-. Pues venga, termínate las natillas y te cambio el pañal.
Cindy también se apresuró en terminarse su plato de pescado, en el que el aceite se había solidificado formando una película alrededor del mismo. Jackie se terminó la última cucharada de natillas y se movió inquieto encima de Cindy. Su hermana pareció entender lo que el bebé quería.
-Venga, te llevo ya a cambiarte.
Cindy se levantó con Jackie en peso y fue hasta su habitación. Charlotte esperó un momento y se levantó con la intención de ver cómo le cambiaban el pañal a Jackie. Se dirigió hasta la habitación de su hermana y abrió la puerta. Dentro, estaba sobre la cama Jackie, con el pijama mono abierto, acostado bocarriba y su hermana le sostenía las piernas en alto mientras le limpiaba. El pañal que le había quitado estaba hecho una bola en la esquina del cuarto.
-¿Qué pasa, Charlitikity? –le dijo su hermana mientras seguía cambiando de pañal a Jackie.
Charlotte se quedó congelada. No había previsto una respuesta para cuando su hermana le preguntase qué había ido a hacer a la habitación.
-Esto… Eh… No encuentro los yogures de coco –sabía perfectamente que su hermana no compraba nunca yogures de coco, por lo que fue una buena improvisación.
-Llevo meses sin comprar yogures de coco, Charlotte –contestó mientras le pasaba un pañal limpio por debajo del culete a Jackie. Él no dio muestras de percatarse de la presencia de Charlotte, simplemente siguió dócil mientras su hermana le cambiaba el pañal-. Coge uno de los de limón, son tus favoritos.
-Vale… -Charlotte cerró la puerta y volvió hasta la cocina.
Acababa de ver cómo le cambiaban el pañal a un niño mayor que ella. Se puso un poco celosa. A ella siempre le ponían o le quitaban el pañal, no se lo cambiaban como a los bebés. Esperó a que su hermana volviese con Jackie en brazos, pero en lugar de eso, ambos se dirigieron a su habitación. Se oyeron ruidos dentro mientras Charlotte intentaba averiguar a qué pertenecían. Se tomó el yogur y se quedó sentada en la mesa sin saber qué hacer. Hasta que tomó una decisión. La habitación era suya así que podía entrar cuando quisiera.
Cruzó el pequeño pasillo y abrió la puerta. Dentro se encontró con una cuna plegable al lado de su cama, por lo que no había sitio para llegar hasta la pared de enfrente. Jackie estaba sobre su cama agitando sus brazos y sus piernas mientras su hermana terminaba de prepararle su cuna.
-Ah, hola Charlotte. ¿Has terminado ya de cenar?
-Sí. ¿Qué haces? –le preguntó ella.
-Jackie va a dormir contigo. Quiero reunir en la misma habitación a los dos que llevan pañales de esta casa –dijo sonriendo-. Le estoy preparando su cuna.
Charlotte no dijo nada. Ni siquiera sabía si le había hablado alguna vez de ella a Jackie. Quizá Jackie se acabase de enterar de que ella también llevaba pañales, pero en cualquier caso, no parecía que el bebé que estaba acostado sobre su cama fuera a decir algo al respecto.
-Cindy, quiero bibe –dijo Jackie.
-Enseguida te lo preparo, cielo. Voy a terminar de ponerte las mantitas en tu cuna.
-¿Mañana iremos a ver a mami? –preguntó. Su voz salía algo amortiguada por su chupete.
-Sí, mañana iremos a ver a mami –respondió su hermana-. Charlotte –se dirigió ahora a ella-, ve poniéndote el pijama mientras yo le preparo el biberón a Jackie. Cuando vuelva, te pongo el pañal mientras él se lo toma.
Charlotte obedeció. No le importó desnudarse delante de Jackie, pues era un bebé y en ese momento sólo le prestaba atención a su alce de peluche. Su hermana volvió enseguida con un biberón de leche caliente en una mano. Se lo dio a Jackie, que inmediatamente lo aferró con sus manitas y comenzó a tomárselo. Cindy lo levantó en peso y lo dejó suavemente sobre la cuna. Después le llevó  su peluche y lo dejó a su lado.
-Venga, Charlotte. Ven que te ponga el pañal.
Charlotte se subió rápidamente sobre la cama y se acostó bocarriba. Su hermana sacó su pañal del armario y empezó a ponérselo. Le bajó el pantaloncito del pijama y le levantó las piernas con una mano mientras que con la otra le pasaba el pañal por debajo. Charlotte miraba de reojo a Jackie por si éste la miraba mientras le ponían el pañal, pero estaba concentrado en tomarse su bibe y no apartaba la vista del techo.
Cuando su hermana terminó de ponerle su pañal, le dio un golpecito cariñoso en el culito. Charlotte se rió y se metió debajo de las sábanas. Regresó a la superficie con Mordisquitos y lo puso junto a ella en la almohada. Su hermana estaba al lado de la cuna de Jackie y le sujetaba el biberón con la mano mientras él estiraba sus bracitos. Terminó de tomárselo y bostezó. Se le escapó un eructo y rió, muy parecido a como ella se había reído cuando le habían puesto el pañal, con un risita de bebé travieso. Su hermana le pellizcó la barriguita y Jackie se llevó las manos a la parte delantera del pañal mientras sonreía detrás de su chupete.
Charlotte se dio cuenta en ese momento de lo bebé que podía llegar a ser Jackie. Mucho más que ella.
Cindy le dio un beso en la frente, se dirigió hasta su cama y le dio un beso en la mejilla a Charlotte, luego recogió el biberón de Jackie y se dirigió hasta la puerta de la habitación.
-Que durmáis bien, mis bebés –dijo antes de salir. Apagó la luz y cerró la puerta.
Los pasos de su hermana se escuchaban alejarse en el pasillo. Dentro de la habitación sólo se oía el chupete de Jackie moviéndose en su boquita mientras intentaba conciliar el sueño. Aprovechando que su hermana había ido ya a su habitación, Charlotte pensó que era ahora o nunca.
Encendió la luz con el interruptor que estaba junto a su cama.
Se incorporó en la cama y miró a la cuna de Jackie. Éste la miraba acostado todavía bocarriba, moviendo su chupete. Se quedaron un rato mirándose, hasta que Jackie rompió el hielo.
-¿Qué pasa? –preguntó con voz tímida.
-¿Por qué llevas pañales? –fue la primera cosa que se le vino a Charlotte a la cabeza, que se había quedado en blanco.
-Porque me hago pipí y caca encima –contestó Jackie, que no había entendido muy bien a qué venía esa pregunta.
-¿Y los has llevado siempre? –volvió a preguntar Charlotte. En realidad sabía la respuesta a esas preguntas porque se lo había dicho su hermana, pero quería escucharlo de la boca de Jackie para corroborar que todo era verdad, aunque no había dudado de su hermana ni por un momento.
-Siempre –contestó Jackie-. No recuerdo un solo día de mi vida en el que no haya estado con pañales.
-¿Y por qué los llevas?
-Ya he contestado a esa pregunta –dijo en voz un poco alta.
-Baja la voz o mi hermana vendrá –le dijo flojito Charlotte-. Me refiero a por qué te gusta llevar pañales, si es que te gusta.
-No es que me guste o me deje de gustar –dijo en voz bajita-. Es que me hago pipí y caca encima y me tienen que poner un pañal. Lo veo normal. Como una persona cuando se pone calzoncillos o braguitas. Pues yo me pongo pañales.
-¿Y tomar teta? ¿Eso te gusta? –Charlotte se había sentado con las piernas cruzadas en la cama y miraba de frente a la cuna de Jackie.
-¿Cómo sabes que tomo teta? –Jackie se sentó también sobre sus mantitas y miró a Charlotte.
-Baja la voz –le volvió a decir-. Me lo ha contado mi hermana. Pero tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. Bueno, con nosotras. Puedes confiar en mi hermana, es la mejor persona que he conocido… Junto con mi madre… -se puso muy triste al acordarse de su madre.
-Pobrecita… -Jackie se percató de su tristeza-. ¿La querías mucho?
-¿Acaso no quieres tú a la tuya? –dijo mientras se le escapaban las lágrimas.
-Tienes razón –Jackie parecía molesto consigo mismo-. ¿Qué clase de pregunta te he hecho? Por favor, perdóname.
-No importa –Charlotte se secó las lágrimas con el puñito cerrado y se frotó los ojos.
-Escucha –empezó Jackie-. No hablemos de tu mami, ¿vale? Ni de la mía. Hablemos de ti… O de mí, ¿qué más quieres saber?
Charlotte se quedó pensativa, con lo que los recuerdos de su madre desaparecieron de su cabeza.
-Umm… -dijo mientras se le venía otra pregunta a la mente. Y se acordó de que Jackie no le había respondido a si le gustaba tomar teta-. ¿Te gusta tomar teta?
-Sí –respondió Jackie-. Me encanta acurrucarme junto a mami y tomar su teta… Pero… ¡Eh! Hemos dicho que no íbamos a hablar más de nuestras mamis. Pregúntame otra cosa, va.
-Tienes razón –Charlotte cogió a Mordisquitos y lo puso sobre sus piernas mientras pensaba.
-¿Tiene nombre? –le preguntó Jackie.
-¿Perdón?
-Tú peluche –dijo Jackie señalando a Mordisquitos-. Que si tiene nombre.
-Ah –exclamó Charlotte-. Sí, tiene nombre. Se llama Mordisquitos –dijo mientras lo levantaba para enseñárselo mejor a Jackie-. ¿Y el tuyo?
-También –contestó Jackie-. Se llama Ronnie.
-Que chuli. ¿Y desde cuándo lo tienes?
-Desde que he llevado pañales y tomado teta –dijo Jackie sonriendo.
-¿Desde siempre? –preguntó Cindy sonriendo también.
-¡Sí!
Y los dos rieron.
-¡A ver, los bebés parlanchines! –oyeron la voz de su hermana desde su habitación-. U os dormís, o uno se viene aquí conmigo.
Los dos rieron ahora por lo bajini. Charlotte mordiéndose el dedo, y Jackie su chupete.
-Jo, ¿sabes que te tengo mucha envidia? –le confesó Charlotte.
-¿Sí? –se sorprendió Jackie-. ¿Por qué?
-Pues porque a mí también me gusta ser un bebé… -Charlotte bajó la cabeza-. Y me gustaría que me cambiasen el pañal como a ti, y me dieran bibe, y me acostaran en una cunita y… Y bueno, todas esas cosas…
-¿Y por qué no se lo dices a Cindy? –le preguntó Jackie.
-Porque no sé cómo reaccionaría –le dijo-. A lo mejor le digo que quiero ser un bebé, se enfada y empieza a enseñarme a dormir sin pañal… Y a mí me encanta llevar pañal para dormir… Pero… Pero ojalá pudiera llevarlo todo el día…
Jackie se levantó y se apoyó en los barrotes de su cuna para acariciarla.
-No te pongas triste, Charlotte –le dijo mientras estiraba el brazo para pasarle la mano por el pelo-. A Cindy le encanta cambiarme el pañal y darme bibe. Estoy seguro que si le dices que te lo haga a ti, se pondrá igual de contenta, o más incluso. Al fin y al cabo, tú eres su hermana.
-Ya… Es posible… Pero es que te veo a ti y a los demás a los que vuestras mamis os cambian el pañal y… Y me pongo muy triste porque yo también quiero ser una bebita siempre.
-¿Los demás? –Jackie parecía extrañado-. ¿Hay más como yo?
Charlotte se quedó sorprendida, y se le esfumó la tristeza.
-¿No lo sabes?
-¿Si no sé qué?
-Todos los que hay como nosotros –le contestó Charlotte.
-No –respondió Jackie, y se quitó el chupete de la boca-. ¿Hay más como nosotros?
-¿No conoces el mundo AB/DL?
-No. ¿Qué es eso?
Charlotte estaba estupefacta. ¿Cómo era posible que Jackie Largue, que se había convertido en el Adult Baby más famoso del mundo no supiera a qué grupo pertenecía?
-¿Nunca has entrado en Internet? –le preguntó Charlotte.
-Nunca he tenido ordenador –respondió Jackie.
Charlotte no podía creer lo que oía. Jackie vivía en la total ignorancia. No había contado con tener que explicarle a Jackie lo que era. Estaba segura de que lo sabría.
-AB/DL son las siglas de Adult Baby y Diaper Lover –empezó-. Adult Baby significa que te gusta ser un bebé. Diaper Lover que te gusta sólo llevar pañal. En nuestro caso, como todavía no tenemos 18 años, no somos Adult Baby, sino Teen Baby. Pero vamos, viene a ser lo mismo.
-¿Entonces yo soy un Adult Baby? Es decir… ¿Un Teen Baby?
-Umm –pensó Charlotte-. Tampoco lo eres exactamente. Un Adult Baby es un hombre que quiere ser bebé. En tu caso no tienes elección. Pero también te gusta ser un bebé así que es complicado. No hay una palabra exacta para definirnos tampoco. Nos gusta ser bebés, pero además tenemos que llevar pañales, y en tu caso, tomar teta. Yo creo que nos podemos definir simplemente como bebés.
-Aaah… -Jackie estaba asombrado. Quizá era demasiada información para asimilarla de golpe-. Entonces, ¿dices que hay más como nosotros?
-Oh, claro –respondió Charlotte-. Muchísima gente. Y yo conozco a varios.
-¿Sí? –Jackie parecía realmente emocionado-. ¿Y me los podrías presentar?
Charlotte se hundió un poco.
-No… Lo siento… Es que sólo los conozco de Internet –se apresuró a añadir al ver la cara de Jackie.
-Oh, vaya…
-Pero sí quieres, te los puedo enseñar –dijo, pues lo veía muy triste.
-¡Sí!
-Baja la voz –le dijo de nuevo.
-Perdón –dijo Jackie en un susurro-. Sí –repitió en un susurro casi inaudible.
Charlotte gateo por la cama hasta su pequeño escritorio. La habitación era tan pequeña que ni siquiera tuvo que bajarse de la cama para coger su ordenador portátil de la mesa, pues llegaba estirando la mano. Volvió hasta donde estaba Jackie y lo ayudó a pasarse a su cama. Jackie se agarró a la barandilla de su cuna plegable y Charlotte tiró de sus manos para que cayera sobre su cama. Al hacerlo, el colchón hizo más ruido del que le hubiera gustado a los dos, y se quedaron un rato en silencio por si escuchaban la voz de su hermana, pero ésta parecía que se había quedado dormida ya.
 Charlotte encendió su ordenador y entró en Internet. Jackie nunca había entrado en Internet, así que todo era nuevo para él. Miraba asombrado la pantalla mientras Charlotte entraba en su correo electrónico.
-Mira –le dijo a Jackie mientras clicaba en la foto de uno de sus contactos-. Este es Robin. Tiene 13 años. Vive en Chicago. Lleva pañales para dormir porque se hace pipí en la cama, pero también se los pone cuando tiene que hacer caca. Le gusta ser un bebé, así que cuando llega a su casa después del cole, le pide a su mami que le ponga un pañal. A su madre no le importa que Robin sea un bebé. Le deja estar con chupeta por la casa y también le da biberón. Duerme en una cama, pero está intentando convencer a su mami para que le compre una cuna. Vive también con su hermana mayor, que también le cambia el pañal y le da el bibe.
Jackie miraba la foto de Robin, con ojos como platos. Aparecía tumbado sobre la cama llevando sólo un pañal y abrazado a su Coyote de peluche. Robin le había dicho en una de sus conversaciones que esa foto también la tenía su hermana en su habitación, pues tanto a ella como a su madre le gustaba la faceta de bebé de Robin.
Charlotte se volvió a poner triste. Envidiaba a Robin por la vida que llevaba y envidiaba también a Jackie. Ser una bebita era su sueño…
-También está Ady –dijo mientras entraba en el perfil de su otra amiga y clicaba la foto. Sólo iba a enseñarle a Jackie las fotos de perfil de sus amigos, ya que tenían las demás bloqueadas para que sólo pudieran verlas sus contactos, y Jackie ni siquiera tenía Internet-. Ella vive en Barcelona y también ha sido una bebé desde que nació. Duerme en una cuna, toma biberón y su mami la saca a pasear en un carricoche. Le gusta mucho el Heavy Metal, los cómics de superhéroes y Harry Potter.
Se puso más triste al ver la foto de Ady en su cuna mirando a la cámara mientras sonreía de forma traviesa, y decidió enseñarle a Jackie otra cosa del mundo AB/DL porque si seguía viendo fotos de sus amigos, se pondría más triste.
Estuvieron un rato más navegando por Internet; Charlotte le mostró toda la repercusión que había tenido su doble accidente a la entrada y a la salida del Wallace Place, que lo había convertido en una persona muy famosa dentro del mundo AB/DL. Le enseñó todos los comentarios de apoyo que había hacia él en Internet, ya que Charlotte estaba segura que sólo había oído los odiosos comentarios de la prensa amarilla. Le enseñó también la web de Andytalecorner, dónde había historias de pañales muy chulas; y un vídeo de You Tube de una chica de 18 años que todavía usaba chupete.
Cuando terminó le dijo que todavía quedaban muchas cosas AB/DL por enseñarle, pero que era muy tarde y ya no tenían tiempo. Aunque quería saber su opinión sobre todo lo que acababa de ver, así que se lo preguntó.
-¿Mi opinión? -Jackie parecía que quería decir muchas cosas pero no encontraba las palabras-. A ver… todo esto es nuevo para mí. Esos cometarios de apoyo, todas esas personas que también llevan pañales… En fin…
-¿Qué te ha parecido? –le preguntó sonriendo, pues creía saber ya su respuesta-. Con una palabra, defínelo.
-Maravilloso –contestó-. Saber que no estás sólo en el mundo es maravilloso.
Charlotte sonrió, pero Jackie se quedó mirando la última foto que había en la pantalla.
-¿Por qué ese chico lleva un pañal de bebé? Está claro que no le vale.
-¿Qué? –Charlotte estaba distraída, disfrutando de que Jackie por fin supiera lo que era, pero volvió a la realidad y miró a la pantalla del ordenador-. ¿Eso? Ah, no es nada. Sólo que mucha gente no tiene tanta suerte como nosotros y le cuesta encontrar pañales y cositas de bebé de su talla. Tú eres millonario así que Dodot los hace especiales para ti, y yo soy pequeñita y me valen los de bebé; pero otra gente no tiene tanta suerte.
Jackie se quedó pensativo, moviendo su chupete de un extremo a otro de su boca. Charlotte miró la hora en el reloj de su mesilla de noche y se dio cuenta de lo tarde que era.
-Bueno, será mejor que nos acostemos ya o mañana no podremos ni levantarnos –dijo.
Apagó su ordenador y ayudó a Jackie a volver a su cuna; le empujó por el pañal mientras él se agarraba a la barandilla y Jackie cayó sobre sus mantitas. Le pasó a Ronnie, que lo cogió entre sus brazos y se metió entre las sábanas con él.
-Buenas noches, Charlotte –le dijo antes de acurrucarse junto a Ronnie y prepararse para quedarse dormido.
-Buenas noches, Jackie -le contestó mientras le volvía a dar al interruptor de la luz.

4 de abril de 2016

Últimos 4 capítulos de Canción de Leche y Pañales

Hola a todas y a todos,
Se acerca el final de Canción de Leche y Pañales, sólo quedan 4 capítulos.
Todavía no hay nada resuelto y os prometo que ningún personaje acabará como empezó.
En el próximo capítulo tendrá lugar el encuentro entre Jackie y Charlotte; ambos tienen muchas cosas de las que hablar y la conversación entre los dos marcará un antes y un después en la vida de Jackie.
Dicho esto, podéis hacer vuestras teorías y conspiraciones sobre cómo creéis que acabará la historia hahaha
Nos vemos muy pronto en el siguiente capítulo! :)
Se os quiere!!!

18 de marzo de 2016

Canción de Leche y Pañales - Capítulo 16





Cindy





Cindy estaba de pie, la lluvia le caía sobre la cabeza, pegándole los mechones de pelo a la cara. El paraguas colgaba inerte de uno de sus brazos. No oía lo que decía el cura. Nunca había sido creyente. De hecho, era una atea consagrada, pero su madre siempre había querido un funeral religioso. Y tampoco se le ocurría ninguna otra manera de hacer un funeral.
Miro a su izquierda y vio a su hermana, sorbiéndose los mocos. Ella si sostenía el paraguas sobre su cabeza. Charlotte era demasiado pequeña para pasar por todo esto. A Cindy también le costaba soportarlo. Pero tendría que ser fuerte. Por ella misma y por su hermana. Miro a su alrededor. Podía mirar a cualquier lado menos al ataúd de su madre. Vio a muy pocas personas en el funeral; dos amigas de su madre; Gonzalo, el cocinero de la Mansión Largue; su hermana; Laura y Carla, sus dos mejores amigas…. Y a Jackie. El pequeño lactante estaba allí, de pie, sin carricoche y sin chupete, con una expresión seria en su rostro y mirando al suelo. No había ningún atisbo de comportamiento infantil en su pose, y el traje negro y sobrio que llevaba ayudaba también a ello. Hasta se había quitado el pendiente de la oreja. Dejó de pensar en él y volvió con su mente al funeral de su madre. El cielo estaba gris y llovía copiosamente. Muy apropiado. Era un día triste, el más triste en la vida de Cindy. Había perdido a su padre hace cuatro años en un accidente de coche, y ahora había perdido a su madre. Pero, sobre todo, le dolía por Charlotte. Había asistido a demasiados funerales para su edad, y era tan pequeña, tan dependiente… Era una injusticia que una personita como su hermana hubiera tenido que ver como sus dos padres morían.
Sentía que las lágrimas le empezaban a correr por las mejillas, aunque la lluvia las disimulaba. Aún así, sus ojos hinchados la delataban. Recordó como había empezado todo.
Estaba en la Mansión Largue guardando ropita de Jackie mientras éste mamaba de la teta de su madre cuando sonó el teléfono. La llamaban del hospital. A su madre le había dado un infarto en su casa y los vecinos, al escuchar el golpe que hizo al caer al suelo, llamaron a la ambulancia. Y le pedían que fuera corriendo para el hospital.
Salió todo lo deprisa que pudo de la casa, y condujo rápidamente hasta el hospital. Por el camino, llamó a Carla para que recogiera a Charlotte del cole y le diera la comida. Cuando se tranquilicen las cosas la llamaría ella para decirle que todo iba bien.
Porque en ese momento, Cindy creía que todo iba a ir bien.
Llegó al hospital y los médicos le dijeron que su madre estaba muy grave, que la habían sedado e iban a esperar a ver como pasaba la noche. Cindy les dio las gracias y salió a comer algo y llamar a Charlotte. La voz de su hermana sonó preocupada y llorosa. Le dijo lo que había pasado y entonces ella se echó a llorar. Cindy la consoló como pudo a través del teléfono y le pidió que le dijera a Carla que se pusiese. Le comunicó a Carla que su hermanita llevaba pañales para dormir y que esa noche le iba a tocar a ella ponérselos. Carla le dijo que no se preocupase, que ella se ocupaba de todo y que se quedase tranquila. Cindy le dio las gracias y colgó.
Fue entonces, para distraerse, cuando puso la televisión. Vio en todas las cadenas como Karen Largue entraba esposada en un coche de policía con una teta fuera. Se enteró de que la habían acusado del asesinato de Gertrudis y de que pedían 15 años de cárcel. Cindy, lejos de preocuparse por su trabajo, se atormentó pensando el suplicio que debería estar pasando el pobre Jackie. Le vinieron de golpe todos los pensamientos, como un obús incontrolable;  su madre, Jackie, su hermana, su trabajo, hasta Karen Largue…
Su jefa podía tener muchos defectos, pero Cindy estaba segura de que no era una asesina. Llamó a Alicia Sanders, la ayudante de su jefa. La encontró muy atareada, pues estaba intentando descubrir quién le había tendido la trampa a Largue. Sabía quién, pero necesitaba pruebas. Alicia la colgó sin casi despedirse y Cindy se quedó a oscuras en la habitación, con el móvil colgando de una mano, y sin menos compañía que el pitido del aparato que medía las constantes de su madre.
Al día siguiente, una manita la despertó zarandeándola. Era Charlotte, que había venido con Carla antes de ir al colegio. Le preguntó que cómo estaba su madre y Cindy le dijo la verdad: sin cambios.
Carla le dijo que Cindy se había portado muy bien. Se había comido toda la cena y dejó que le pusiera el pañal tranquilamente, aunque por la mañana se había levantado con pipí.
Charlotte rio tímidamente mientras se sonrojaba.
-Eso es normal –le dijo Cindy a Carla mientras acariciaba a su hermana.
Cindy aupó a Charlotte y su hermanita le dio un beso en la frente a su madre. Salió con Carla, y juntas se fueron al colegio. Cindy se quedó allí toda la mañana, esperando que llegase el médico.
Lo hizo casi dos horas más tarde de lo que le tocaba. Y es que Cindy, no tenía dinero para un hospital mejor.
Pero casi deseaba que el médico nunca hubiese llegado.
Las noticias que le dio no pudieron ser peores; su madre tenía obstruidas la vena cava superior y la aorta, que impedían que la sangre pudiese ser bombeada con la suficiente fuerza. Esto hacía que su corazón tuviese que trabajar el triple que uno sano. Y ya estaba cansado de hacerlo. Estaba en su último sprint. Le dijo que llamase a su familia porque a su madre le podían quedar horas.
Y tras darle una palmada en el hombro y decirle un ‘Lo siento’ que sonó a ‘En realidad me da igual’, el médico salió de la habitación.
Cindy no sabía qué hacer. Había fallado. Siempre encontraba una solución para todo pero ahora había fracasado. Su madre se estaba muriendo y no podía hacer nada. Se sentó en la silla que había junto a la cama y la observó durmiendo, con la respiración entrecortada. La máquina que medía su pulso cada vez tardaba más en hacer el siguiente pitido. Miró a la tele sin sonido que había colgada en la pared y vio a la criada Sara empujando el carrito de Jackie en la entrada del juzgado. Era el juicio de su jefa.
Apartó la vista de la televisión pensando que ya tendría tiempo de preocuparse de eso. ahora lo que le interesaba era no separarse ni un momento de su madre. Le cogió la mano, deseando que se despertase para poder decirle unas últimas palabras, decirle por última vez que la quería…
Pensó en todos los momentos buenos que había pasado con su madre: cuando venía corriendo a su cuarto porque se había despertado con una horrible pesadilla, y su madre la apretaba contra su pecho y le dejaba tomar un poco de teta a pesar de ser algo mayor, como se sentaba junto a ella en el suelo para jugar con sus juguetes, como le dejó llevar chupete hasta los 12 años, cuando le dijo que estaba embarazada y que iba a ser una hermana mayor, cuando nació Charlotte, lo unidas que estuvieron tras la muerte de su padre…
Pasó toda la mañana sujetándole la mano, hasta que los pitidos de las constantes desaparecieron por completo para convertirse en un único y largo pitido. Abrazó el cuerpo sin vida de su madre, se secó las lágrimas y llamó al médico. El doctor certificó el fallecimiento de su madre e hizo los preparativos para que se la llevasen al depósito. Cindy miró la televisión. Otra personita la necesitaba.
Cindy llegó al juzgado justo cuando Karen Largue salía acosada delante de un grupo de paparazzis.
Detrás de ellos, iba corriendo Jackie. Al encontrarse se abrazaron muy fuerte y ambos compartieron lágrimas por la pérdida de sus madres.
Subió junto con Benson y Jackie a la limusina que les llevaría de nuevo a la Mansión Largue. Benson todavía tenía el ojo morado pero condujo como siempre. Sara no subió a la limusina porque Cindy le había dado el día libre, y el siguiente también, y el siguiente, y el siguiente… Así hasta nuevo aviso.
Llegaron a una mansión más silenciosa que de costumbre. Estaban todos los criados esperando en el hall. Gonzalo, nada más verla, corrió a abrazarla. Era el único que estaba al tanto de los problemas familiares de Cindy. Jackie la cogió de la mano y le preguntó si podía cambiarle el pañal. Le dijo que por supuesto, así que lo aupó y lo llevó arriba. Les dijo a los demás trabajadores que esperasen ahí, y todos le hicieron caso.
Jackie estaba muy inquieto. Cindy tuvo que acunarle contra su pecho y mecerlo para que se tranquilizase. Cuando estuvo ya más calmado, le pudo cambiar el pañal.
-¿Cómo estás, Cindy? –le preguntó Jackie mientras ella le desabrochaba las cintas del pañal mojado.
-Mal, Jackie. ¿Y tú, mi amor?
-Mal también… -parecía muy triste. Echo de menos a mi mami.
-Y yo a la mía Jackie –Cindy le extrajo el pañal.
-Cindy… -empezó Jackie.
-Dime, cariño –comenzó a limpiarle.
-¿Qué va a pasar ahora?
Cindy pensó un momento. Iba improvisando sobre la marcha. Le había venido todo de golpe. Ahora tenía que cuidar del bebé al que le estaba cambiando el pañal. Después lloraría a su madre y cuidaría de su otro bebé.
-Ahora, vas a venirte a vivir conmigo. Al menos provisionalmente –le empezó a poner el pañal nuevo-. Le diremos a Benson que suba tu cuna plegable a la limusina. Les daré el día libre a los demás criados de la Mansión Largue hasta que sepamos a quien le pertenece ahora que tu madre está en la cárcel y cuál es tu nuevo papel en todo.
-¿Mi nuevo papel? –se extrañó Jackie.
-Sí –Cindy le abrochó el body y lo aupó para llevarlo hasta el parque de juegos-. Ahora es muy posible que te toque a ti hacerte cargo de Modas Largue, y de esta casa y de la gente que trabaja en ella.
-¿Hasta de ti?
-Hasta de mi, cielo. Ahora tú eres mi jefe.
Eso pareció poner a Jackie muy nervioso.
-Pero Cindy, yo no quiero ser tu jefe. Tú eres mi amiga. Quiero que seamos amigos.
-Y lo somos, Jackie. Pero las cosas están así.
-No, Cindy. Las cosas van a estar como yo quiera. De momento, te cedo el mando hasta que sepa que hacer, ¿vale? Que te he visto dar órdenes y lo haces muy bien.
Fue un comentario tan mono que Cindy le pellizcó la mejilla.
-Vale, Jackie –le dejó en el parque de juegos y salió- Coge los juguetes que quieras llevarte, ¿vale? Voy a prepararte la ropita para venirte a mi casa.
Bajó hasta el hall. Allí les dijo a los criados que no sabía que era lo que iba a pasar, pero que de momento, estaban de vacaciones hasta nuevo aviso. Gonzalo se acercó a ella y le dijo que para cualquier cosa que le necesitara, podría llamarla. Cuando Benson se iba, lo detuvo para darle las instrucciones de la que iba a ser su última tarea: llevarla a ella y a Jackie hasta su piso, pero antes tenía que ir al funeral de su madre.
Ahora, veía desfilar delante suya a las personas, dándole el pésame a ella y a su hermana. Pero no las oía hablar, sólo movían los labios. Llegó Jackie, vestido de manera solemne con el traje que Di Carlo le había tenido que hacer corriendo. Sabía que llevaba puesto un pañal porque se lo había cambiado ella, pero no tenía en ese momento ni una pizca de bebé. La abrazó y siguió andando detrás de Gonzalo, que era la única persona que conocía.
Cuando bajaron el ataúd de su madre, llovía más fuerte todavía. A Cindy le vino un pensamiento gracioso y absurdo a la cabeza; que pasaría si se llenaba de agua el agujero y su madre se quedaba flotando dentro de su caja de madera, como los muertos piratas que arrojaban por la borda.
Por fin terminó el entierro. El cura le pidió 50 dólares por haber dicho el nombre de su madre 4 veces, pero Cindy se negó a dárselos.
Llegó a su piso calada hasta los huesos, empujando el carrito de Jackie con una mano, y con su hermana Charlotte de la otra.
Sacó a Jackie del carrito y lo tomó. Él estaba seco, y Charlotte también, que iba aguantando un paraguas.
-Bueno chicos, voy a ducharme y os preparo la cena –dejó a Jackie en el suelo-. Jackie, le dije a Benson que dejase tu maleta sobre la cama. Ve y cámbiate de ropa que seguro que lo estás deseando. Charlotte –se dirigió a su hermana-, ayúdale tú si ves que él no puede.
Se dirigió al cuarto de aseo a darse una ducha caliente. Se quedó un rato debajo del agua. No pensaba en nada, era curioso. Pero de todas formas, le relajó enormemente.
Al salir, encontró a Jackie vestido con un pijama mono, con su chupete puesto y abrazando a Ronnie. Estaba sentado al lado de Charlotte en el sofá, y veían juntos la televisión en silencio.
Preparó para cenar pescado a la plancha para ella y para su hermana. Y a Jackie le hizo una papilla de cereales y fruta.
Charlotte comía mirando como ella le daba la cena a Jackie, y como lo aupó y le dio golpes en la espalda para que soltase los gases. Al estar Jackie de espaladas a Charlotte, aprovechó para decirle a su hermana moviendo sólo los labios: ‘Es un bebé’.